Frases de la película Yo antes de ti (Me Before You)

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Frases de la película dirigida por Thea Sharrock, estrenada en 2016

- No puedes andar con la cara larga. Los mejores emprendedores luchan desde lo más abajo. ¡Mírame a mí!
- Pero, Pat, yo no soy tú. Yo tuesto bollos. ¿No puedes ir más despacio? Tengo puesto el sostén equivocado.

La moda cambia, cariño pero la elegancia, no.

- ¿Tiene experiencia con cuadripléjicos?
- No.
- Estamos hablando de pérdida completa de las piernas y uso muy limitado de brazos y manos. ¿Eso le molestaría?
- No tanto como a él. ¡Obviamente!

- Según su empleador anterior es una presencia cálida, parlanchina e inspiradora con mucho potencial.
- Sí, le pagué.

- Srta. Clark, ¿por qué debería contratarla a usted en lugar de al candidato anterior? ¿No se le ocurre ni una razón por la cual deba emplearla a usted?
- No. Sí, Sra. Traynor. Aprendo rápido. Nunca me enfermo. Vivo del otro lado del castillo. Soy más fuerte de lo que parezco. Y hago un té muy rico. No hay mucho que no se solucione con una buena taza de té. Con eso no quiero decir que la paraplejia--Cuadriplejia de su esposo, se resuelva con--
- ¿Mi esposo? Es mi hijo.
- Su hijo.
- Will sufrió un accidente automovilístico hace dos años.
- Lo siento. Cuando estoy nerviosa, digo estupideces.

- Srta. Clark, Nathan le mostrará las rutinas y los equipos de Will.
- No hables como si yo no estuviera, madre. No tengo paralizado el cerebro. Aún.

- ¿Y si necesita...?
- No te preocupes. No estás para hacer nada relacionado con lo físico.
- ¿Para qué estoy?
- Para alegrarlo, supongo.

- ¿Qué suele hacer?
- Yo no hago nada, Srta. Clark. Me siento y solo existo.

- Cada vez que hablo, me mira como si fuera estúpida.
- Para ser sincera, eres bastante estúpida.
- Sí, pero él aún no lo sabe. Quizá es así con todo el mundo hasta estar seguro de que vas a quedarte.
- Solo pasaron 10 días. Parece una eternidad.
- No puedes renunciar, Lou.

Lo intenté durante meses. Me alejó. No me quería aquí. Solo puedes ayudar a alguien si quiere que lo ayuden.

- No puedes culparla. ¿Acaso te quedarías conmigo si estuviera paralizado?
- Por supuesto que sí.
- No me gustaría que te quedaras por lástima. Que un desconocido te limpie el trasero. ¡Dios! Y todas las cosas que no podrías hacer. Nada de correr ni de andar en bicicleta. Nada de sexo.
- Claro que podrías tener sexo. Solo que la chica tendría que estar arriba.
- Estaríamos perdidos entonces.

- Por favor, nada de psicología barata. Vaya y saquee el clóset de su abuela o lo que sea que hace cuando no hace té.
- ¡No hace falta que sea un desgraciado! Trató mal a sus amigos. Bien. Se lo merecen. Yo solo intento hacer mi trabajo lo mejor que puedo. Sería bueno que dejara de martirizarme como se ve que hace con todos los demás.
- ¿Y si dijera que no la quiero aquí?
- A mí no me contrató usted. Me contrató su madre. Así que, a menos que ella diga que no me quiere más, yo me quedo. No porque me importe usted o disfrute de su compañía sino porque necesito el dinero. De verdad necesito el dinero.

- Creo que está para ver un DVD. Des Hommes Et Des Dieux. ¿Algo sobre los hombres? Sí, es porno gay francés. No le gusta el sarcasmo, ¿verdad?
- El sarcasmo no me molesta. No me gusta la superioridad.
- Entonces, debe odiarme.
- Nunca odié a nadie.

- Me sorprende que hayas llegado a la edad de... ¿cuántos?
- Veintiséis.
- Veintiséis y nunca viste una película con subtítulos.
- A mí me sorprende que tú hayas llegado a la edad de 31 sin que te encerraran en un armario por ser tan esnob.

- ¿Qué haces de tu vida cuando no estás aquí, Louisa Clark?
- Paso tiempo con mi familia. Y voy al bar. Miro televisión. Miro correr a Patrick.
- ¿Patrick es tu novio?
- Sí.
- Pero ¿no corres con él?
- No es lo mío.
- Es una lista impresionante de pasatiempos.
- No. Leo un poco. Y me gusta la ropa.
- ¿Te gusta la ropa?
- No hago muchas cosas. Voy al trabajo, regreso a casa y es todo.
- ¡Vaya! Tu vida es más aburrida que la mía.

- Will, ¿puedo preguntarte algo?
- Sospecho que vas a hacerlo.
- ¿Qué sucedió?
- ¿Mi madre no te contó? Es su historia favorita.
- Un accidente de tránsito...Una motocicleta.
- ¿Tú la conducías?
- En realidad, no.
- La moto me atropelló a mí.
- Lo siento, estoy siendo charlatana otra vez y tú necesitas descansar.
- No. Quédate. Cuéntame algo bueno.
- Yo solía decirle eso a mi padre. Pero si te cuento qué me respondía, pensarás que estoy loca.
- Ya es tarde para evitar eso, Clark.
- Cuando yo tenía pesadillas, él solía cantarme.
- Continúa.
- Solía cantarme la canción de Molahonkey.
- ¿La qué?
- La canción de Molahonkey. Creí que era conocida.
- Créeme, Clark. No sé nada de Molahonkey.
- ¿Harás que te la cante?
- Estás loca. Toda tu familia está loca. Y eres una cantante espantosa.

- Cuando era niña mi mamá me compró botas de lluvia con brillos y yo no quería quitármelas. Las usé en la cama en el baño todo el verano. Mi atuendo preferido era esas botas, con mis medias de abejita.
- ¿Medias de abejita?
- Negras con rayas amarillas.
- Santo Dios.
- Me encantaba tener piernas rayadas.
- ¿Qué pasó con esas botas y las medias rayadas?
- Me quedaron chicas. Me rompió el corazón. Ya no hacen esas medias. Al menos, para adultos.
- ¡Qué raro!
- Búrlate. ¿Tú no quisiste mucho algo?
- Sí. Claro que sí.

- No me sonrías así.
- ¿Por qué no?
- Porque no sé qué significa.
- ¿De dónde sacaste ese gusto exótico?
- ¿A qué te refieres?
- No puede haber sido de aquí.
- ¿Por qué no?
- Porque a este lugar viene la gente cuando se cansó de vivir de verdad. Gente que cree que emocionante es un cartel de "Silencio" en la biblioteca. Deberías estar ahí, llevándote el mundo por delante. Mostrándole tus zapatos de duende a hombres raros.
- Me gusta mi vida.
- Te gusta todo.
- Aquí soy feliz.
- No deberías serlo.
- ¿Quieres que sea más parecida a las chicas que conoces? Que vaya a Londres y me case con alguien como Rupert.
- Creo que él ya tiene novia.
- E ignorar que en cinco años se acostará con su secretaria. Y quejarme de él en las fiestas sabiendo que no me dejará para no pagar manutención y tener relaciones cada seis semanas y escucharlo decir cuánto ama a los niños mientras no hace nada por ellos. Y tener el cabello perfecto pero el rostro desencajado por nunca decir lo que realmente pienso y desarrollar un vicio loco por Pilates y comprar un perro o un caballo enamorarme del instructor de equitación y ver a mi esposo comenzar a correr a los 40 y comprarse una Harley y saber que cada día que va a la oficina y mira a los jóvenes siente que, de alguna manera, ¡lo engañaron! Y abandonarlo de todos modos y regresar aquí para que los niños tengan una infancia feliz.
- ¡Vaya!

- ¿Cómo terminaste en ese café?
- Treena apostó que yo no conseguiría un empleo en 24 horas. Le demostré que estaba equivocada.
- Y te quedaste allí seis años. ¡Muy bien!
- Se suponía que me iría. Tenía una vacante en Manchester.
- ¿Qué ibas a estudiar?
- Moda.
- Y... ¿por qué no fuiste? ¿Sabes lo que veo cuando te miro?
- No digas "potencial".
- Potencial. Amplía tus horizontes, Clark. Solo tienes una vida. Es tu deber vivirla al máximo.
- ¡Y tú necesitas afeitarte! Si esa barba crece más, tendré que limpiarte la comida. Y demandarte por angustia injustificada en el trabajo.
- Estás cambiando de tema.
- Sí.
- Así es.
- Está bien. Te dejaré que lo hagas.
- ¿De verdad harás esto?
- De verdad. Mi madre estará muy feliz.
- Sí, bueno no dejaremos que eso nos desanime.

- ¡No puedo creer que quieras ayudar a nuestro hijo a terminar con su vida!
- Prefiero eso a que se arriesgue a hacerlo solo otra vez. No fue un llamado de atención, Camilla. Tenía toda la intención. Lo sabes. De este modo, podemos estar con él apoyándolo, dándole nuestro amor.
- ¡Es mi hijo!
- ¡Sí, también es mío! Es su opción. Esto es lo que quiere. Sabes cuánto sufre.
- Me dio seis meses. Aún podemos persuadirlo.
- Y crees que esa linda camarera va a lograrlo.

- Sé que necesitamos el dinero, pero esto es horrible. Estoy allí para cuidar que no se suicide. No regresaré.
- Sí.
- ¿Qué?
- Vamos. Dilo.
- Estaba pensando en él. Lou, no puedes abandonarlo. Tienen dinero, ¿no?
- ¡No quiero su dinero!
- No, no para ti, ¡tonta! Si esto es lo que en realidad quiere entonces usa el tiempo que le queda. Hazlo especial. Pídeles dinero a los Traynor y vuélvete loca. No sé, organiza ir a nadar con delfines, caída libre un lindo y sexi baile privado. A los chicos de la ciudad les gusta eso.

- Muéstrale lo bueno que pueden ser estos meses. Llévalo a lugares. Haz que se ría.
- ¡Santo cielo! Pero, Treen, ¿y si esa lista logra algo más? ¿Y si hace que cambie de opinión?

Deja que lo haga él mismo. Will necesita poder sentirse un hombre.

- Por favor, ¿vienes conmigo? Compré las entradas hace una semana. No puedes decir que no.
- ¿Un concierto de vientos?
- Me aseguraron que no tiene nada que ver con pedos.
- ¿No podemos ir a ver a Jay-Z?
- Lamentablemente, se agotaron las entradas.
- Entonces, será Mozart.

- Sácate el chal.
- ¿El chal? ¿Por qué?
- Si vas a lucir un vestido así, Clark debes hacerlo con confianza.
- Solo tú, Will Traynor le dirías a una mujer cómo usar un maldito vestido.

- Mejor te llevo adentro.
- Espera un minuto, Clark.
- ¿Estás bien?
- Todavía no quiero entrar. Quiero ser un tipo que fue a un concierto con una chica con vestido rojo. Solo unos minutos más.

- Ojalá Treena estuviera aquí. Ella es el cerebro de la familia. Adelantó dos años de escuela, ¿no, Bernard? Superó a nuestra Lou.
- No tan inteligente como para evitar que le llenaran el horno.

- Y, Patrick, gracias por el consejo de fitness.
- Solo intento que mi novia haga lo mejor en su trabajo. Eres un hombre afortunado. Es muy buena dando baños en la cama.
- Qué gracioso. Me gusta.

- ¿Puedo yo llevarte a un lugar? Mi primer beso fue en esa muralla.
- Ayudó un poco que fueras el dueño del castillo.
- Quizá debí decírselo a ella. Me dejó a la semana por un muchacho que trabajaba en la tienda local.

- Cuando era niño, este era mi lugar favorito. ¿Caminabas por aquí simulando ser un príncipe guerrero?
- Hasta robé una espada de las vitrinas. Pesaba una tonelada.
- Creo que este aún sería mi lugar favorito.
- Porque no has estado en otro lugar.
- ¿Dónde es mejor que aquí? ¿En Val d'Isére?
- París. La plaza Dauphine, junto al Pont Neuf. Sentarte en un café, bebiendo café fuerte con un croissant tibio con manteca sin sal y mermelada de fresa.
- ¡Vamos! Podemos tomar el Eurostar ahora mismo.
- No.
- Pero acabas de decir...
- No lo entiendes, Clark. Quiero estar en París siendo el que fui. Mi antiguo yo. Que lindas chicas francesas me coqueteen.
- Es algo a lo que puedes aspirar.
- Si ahora cierro los ojos sé exactamente cómo se siente estar en esa plaza. Recuerdo todas las sensaciones. No quiero olvidar eso por la lucha por poder sentarme a una mesa que los taxis se nieguen a llevarme y que la batería de mi silla no se cargue en los enchufes franceses. Pero te diré adónde iremos.
- ¿Adónde?
- A la boda de Alicia.
- ¿De veras?
- ¿Vendrías conmigo?
- Si tú quieres.

- Pensé que estarías contenta.
- ¡No, sí, lo estoy! Estoy contenta. Es solo que... No sé. Me siento rara.
- No te sientas rara.
- Tu padre necesitaba trabajo, el mío, un jefe de mantenimiento.
- Sí, pero la situación. Es un poco.
- Está bien. Tu padre lo hará genial. Y significa...
- ¿Qué significa?
- Significa que un día podrás abrir tus alas sin preocuparte por nadie más. Pensar en ti primero, por una vez.

- Debería haber una ley en contra de los ingleses en pistas de baile. ¿Amiga de la novia o del novio?
- De ninguno. ¿Usted?
- Madrina de la novia. Lo que me hace moralmente responsable por ella. No es uno de mis mejores logros.
- ¿No la aprecia mucho?
- Esto es un poco deprimente. Aún no puedo hacer estas cosas sobria.
- Espere, ¿esto tiene alcohol?
- Por supuesto, querida. Y te aconsejo que te embriagues lo más que puedas. Escuché el rumor de que el padre de la novia va a torturarnos con otro discurso.
- No puedo, debo conducir a Will a casa.
- Sí, el joven Will. Él era su oportunidad. El único de ese grupo que valía la pena. Una verdadera lástima.
- Bueno, no se murió.
- Me refería a ella, no a él. No, Rupert es un desgraciado.
- Cuídalo. Él es bueno. Escucha a alguien que sabe. Cuatro matrimonios, hasta ahora.

- ¿Qué dices? ¿Vas a bailar conmigo?
- ¿Qué? ¿Cuántos de esos te tomaste?
- Vamos a darles a estos tontos algo de qué hablar.
- Está bien.
- Él está arruinando todo.
- Y ella.
- ¿Están todos escandalizados?
- Sí.
- Sí. Acércate. Hueles increíble. Nunca hubiera tenido esos pechos tan cerca si no estuviera en esta silla.
- ¿De veras? Nunca habrías mirado estos pechos de no estar en una silla de ruedas.
- ¿Qué? Por supuesto que sí.
- No, no lo habrías hecho.
- Habrías estado ocupado con rubias de piernas largas. Esas que huelen el dinero a 50 metros. Yo habría estado allí sirviendo las bebidas. Una de las invisibles. ¿Tengo razón?
- Sí, pero en mi defensa yo era un desgraciado.
- Sí.
- ¿Sabes algo, Clark? Tú eres casi lo único por lo que quiero levantarme en la mañana.
- Entonces vayamos a algún lugar. A cualquier lugar del mundo. Solo tú y yo. ¿Qué dices? Di que sí, Will.
- Vamos.

- Sabes, ¿no?
- Sí.
- Hace dos años que estoy con él. Su vida es difícil. Cuando está contigo esconde su dolor. Pero hubo veces en que me quedé y lo oí gritar. En sus sueños, aún corre o esquía hace cosas y cuando se despierta no hay nada que pueda decirle. No puedo juzgarlo por lo que quiere hacer. Es su elección.
- Pero eso fue antes de mí.

- ¿Qué es esto?
- Es el viaje del que te hablé.
- Pensé que habías dicho Lourdes o algo así. "Jacuzzi bajo las estrellas". "Masajes. Nado con delfines". Mira. "Lujo cinco estrellas, servicio de habitación las 24 horas". Esto no es trabajo. ¿Esperas que me siente aquí mientras te vas con otro hombre de luna de miel? Su otro asistente también va. Dos hombres. Entonces, sí.
- Patrick, esto es muy importante.
- ¿Sabes cómo me siento?
- Es como correr todo el tiempo apenas detrás de los demás. Es como si hubiera algo malo después de la curva y todos lo saben, menos yo.
- Patrick...
- Hace siete años que estamos juntos, Lou. A él lo conoces hace cinco meses.
- Pero él me necesita.
- ¿Y yo no?
- Lo siento.

No regreses a tu habitación esta noche, Clark.

- Eres increíble, Clark.
- Bueno...Tengo que decirte algo.
- Lo sé.
- Ya sé lo de Suiza. Hace meses que lo sé. Escucha, sé que no es como hubieras querido pero yo puedo hacerte feliz.
- No. ¿Qué? No, Clark. Sé que esta podría ser una buena vida. Pero no es mi vida. Ni siquiera es parecida. No me viste antes. Yo amaba mi vida. De verdad. No soy el tipo de hombre que solo acepta esto.
- No le estás dando una oportunidad. No me das a mí una oportunidad. En estos seis meses me convertí en otra persona gracias a ti.
- Lo sé. Por eso no puedo atarte a mí. No quiero que te pierdas todas las cosas que otro podría darte. Y soy egoísta, pero no quiero que un día me mires y sientas arrepentimiento o lástima.
- ¡Nunca sentiría eso!
- Eso no lo sabes. No puedo verte caminando por el anexo con tus locos vestidos. O verte desnuda y no...No poder... Dios, Clark, si tuvieras idea de lo que tengo ganas de hacerte ahora mismo. No puedo vivir así.
- Por favor, Will, por favor. Escucha.
- Esto esta noche poder estar contigo es lo más maravilloso que podrías haber hecho por mí. Pero necesito que termine aquí. No más dolor ni cansancio ni levantarme cada mañana deseando que se termine. No voy a mejorar. Los doctores lo saben, yo lo sé. Cuando regresemos, iré a Suiza. Así que te pido que si sientes lo que dices sentir vengas conmigo.
- ¡Pensé que estaba haciéndote cambiar de idea!
- Nada haría que cambiara de idea. Les prometí seis meses a mis padres y eso es lo que les di.
- ¡No! No. No digas una palabra más. Eres muy egoísta. Abrí mi corazón frente a ti y lo único que puedes decir es no.
Y ahora quieres que vaya a ver lo peor que podrías imaginarte. ¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo? ¡Desearía no haber aceptado este estúpido empleo! Desearía no haberte conocido.

- Lo intenté, papá. Lo intenté mucho pero fracasé.
- ¿Quién dice que fracasaste? No sé si alguien en el mundo podría persuadir a ese hombre una vez que decidió algo. No puedes cambiar a la gente.
- Entonces ¿qué puedes hacer?
- Los amas. Nadie podría haber hecho más que tú. Tienes un corazón grande como ese castillo y yo te amo por eso.

- Viniste a hacerme mi última taza de té.
- En realidad, no. Vine a secuestrarte. Voy a robarte y te llevaré a...
- ¿Adónde?
- A Río. O a casa de mis padres. Aún no lo decidí.
- Abre las puertas, Clark. Ven aquí. Más cerca. Mírame. Por favor, mírame.
- No puedo.
- Mala suerte. Necesito ver ese rostro. Necesito ver tu rostro. Aunque esté rojo e hinchado.
- Eres imposible, Will Traynor.
- Y el mundo estará definitivamente mejor sin mí.
- No. No es cierto.
- No estés triste, Clark. Cuéntame algo bueno. ¿Te quedarás?
- Todo el tiempo que quieras.

Clark:
Cuando leas esto, habrán pasado algunas semanas. Si seguiste las instrucciones, estarás en París en una de esas sillas que nunca se apoyan bien en la vereda. Espero que aún esté soleado. Del otro lado del puente, a tu derecha verás L'Artisan Parfumeur. Prueba el perfume Papillons Extréme. Siempre pensé que iría bien contigo. Hay algunas cosas que quería decir y no pude porque te ponías muy emocional y no me dejabas terminar. Así que, aquí van. Cuando regreses a casa Michael Lawler te dará acceso a una cuenta con fondos suficientes para que comiences de nuevo. No entres en pánico. No alcanza para que no hagas nada por el resto de tu vida pero te dará libertad. Al menos para salir de ese pueblito que ambos llamamos hogar. Vive al máximo, Clark. Exígete. No te conformes. Lleva esas piernas rayadas con orgullo. Saber que tienes posibilidades es un lujo. Saber que quizá yo te las di me ha hecho las cosas más fáciles a mí.
Así que esto es todo. Dejaste una marca en mi corazón, Clark. Desde el primer día que llegaste con tu dulce sonrisa y tu ropa ridícula. Tus chistes malos y tu incapacidad para ocultar tus sentimientos. No pienses mucho en mí. No quiero que te pongas triste. Vive bien. Solo vive. Yo caminaré a tu lado en todo momento. Con amor, Will.

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Dibujante, amante de las perrujas Klo, Mose y Tota. Trago harto chocokrispis y martinis. Ando por la vida al lado de mi Jos Velasco. ¡Sígueme en fb!


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