Frases de la película Un monstruo viene a verme

Frases de la película dirigida por J.A. Bayona, estrenada en 2016, también conocida como A Monster Call.

¿Cómo comienza esta historia? Comienza como muchas historias con un niño demasiado maduro para ser un niño demasiado joven para ser un hombre. Y una pesadilla.

- Qué hato de imbéciles. ¿Por qué tratan de matar a King Kong?
- A la gente no le gusta lo que no pueden entender. Se asustan.

- Te volveré a visitar en noches venideras, Conor O'Malley y sacudiré las paredes hasta que despiertes. Y luego te contaré tres historias.
- ¿Me vas a contar historias?
- Así es. Te contaré tres historias. Y cuando haya acabado mis historias, tú me contarás una cuarta.
- No sé ninguna historia.
- Me contarás la cuarta y será la verdad.
- ¿De qué estás hablando?
- Esa verdad que escondes. La verdad que sueñas. Me contarás tu pesadilla.
- No.
- Sí. Esa será tu verdad.

- Sé todo sobre ti, Conor O'Malley.
- No, no lo sabes. Si así fuera sabrías que no tengo tiempo para escuchar historias estúpidas de un estúpido árbol que es solo un sueño.
- ¿Un sueño? ¿Qué es un sueño, Conor O'Malley? ¿Y quién dice que todo lo demás no es un sueño?

- Es una historia horrible. Y un engaño.
- Es una historia real. Muchas cosas reales se sienten como un engaño. Los reinos tienen los príncipes que se merecen. Hijas de granjeros mueren sin razón alguna. Y a veces, hay brujas que merecen ser salvadas. Muy a menudo, de hecho. Te sorprenderías.

- No entiendo. ¿Quién es el bueno aquí?
- No siempre hay un bueno, Conor O'Malley ni tampoco hay siempre un malo. La mayoría de la gente está en un punto intermedio.

Las historias son criaturas salvajes, Conor O'Malley. Cuando las liberas, ¿quién sabe el daño que pueden provocar?

Creer es la mitad de la sanación. Creer en la cura, creer en el futuro que nos espera. Tu creencia es valiosa así que debes tener cuidado donde la depositas y en quien.

- Tu madre quería ir a la universidad de Bellas Artes.
- ¿En serio?
- Sí.
- No fue, pero quería.
- ¿Qué pasó?
- Porque mamá se embarazó de mí.
- Tu madre nunca se arrepintió de tenerte. Fuiste una gran alegría. Y lo sé bien porque de lo único que se arrepintió fue de casarse conmigo.
- Entonces ¿por qué se casó contigo?
-Porque soy apuesto. Tu madre era increíble. Y lo sigue siendo. Y estábamos enamorados. Digo, aún la amo. Pero, verás, el asunto es que el amor no basta. No te ayuda a superarlo todo.
- O sea que no vivieron felices por siempre.
- No, pero así es la vida. Con el tiempo, las cosas se complican. Y eso está bien. Sin embargo, me alegro de que hayas salido parecido a ella.

- Ojos.
- Ojos. Eso es. La vida siempre está en los ojos. Si captas eso serás un buen artista.

- El nuevo tratamiento... no está dando buenos resultados.
- ¿El del tejo?
- Sí.
- ¿Cómo puede ser que no dé buenos resultados?
- Las cosas se están acelerando. Más de lo que pensábamos.
- ¿Cómo puede ser que no funcione?
- No sé.
- Tiene que hacerlo. ¿Y ahora qué pasará? ¿Cuál será el próximo tratamiento?
- Lo siento mucho. Nunca en mi vida lamenté tanto algo. Está bien que te enojes, Con. En serio. Yo también estoy muy enojada, para serte sincera. Pero Con...Con, ¿estás escuchando? Un día si miras atrás y te sientes mal por haberte enojado tanto. Tanto que ni siquiera quisiste hablarme. Tienes que saber que eso estuvo bien. Que te entendí. Porque sé todo lo que tienes que decirme sin que lo expreses con palabras. Y si sientes la necesidad de romper cosas pues, adelante, rómpelas. Rómpelas con todas tus fuerzas. Y yo estaré allí, Con. Ojalá tuviera cien años más. Cien años para darte.

- Dijiste que el tejo la haría reponerse pero no fue así. Haz que mejore.
- Fuiste tú quien me llamó, Conor O'Malley.
- Si te llamé, fue para que la salvaras. Fue para que la sanaras.
- No vine a curarla.
- Sí, viniste para eso.
- Vine para sanarte a ti.

- Conor. Di la verdad.
- No.
- Dirás la verdad o nunca te irás de aquí.
- ¿Qué verdad? No sé a qué te refieres.
- Debes contarme la cuarta historia, Conor O'Malley. Debes relatarme tu pesadilla antes de que sea demasiado tarde. Sí. Cuéntamela, Conor. Dime la verdad.
- Me matará si lo hago.
- Te matará si no lo haces. Di la verdad.
- No.
- La verdad, Conor O'Malley. Dime la verdad, muchacho.
- No.
- Di la verdad.
- No.
- Di la verdad, muchacho.
- Quiero que se termine. No soporto saber que ella no estará más. Quiero que se termine de una vez. La dejaré partir. La dejaré morir.
- Fuiste muy valiente, Conor.

Al fin lo dijiste.

- Desde un principio supe que ella no lo lograría. En todo momento me decía que estaba mejorando porque eso era lo que yo quería escuchar. Y le creí. Salvo que, en realidad, no fue así. Y empecé a pensar en lo mucho que deseaba que terminara de una vez. No podía soportar lo solo que me haría sentir.
- Parte de ti deseaba que terminara, aunque eso significara perderla.
- La dejé morir. No pude seguir aguantando por mucho más tiempo y siempre la dejé marchar.
- Y esa es la verdad, Conor O'Malley.
- Sin embargo, no quiero que eso pase. Ahora está pasando de verdad. Ahora ella morirá y la culpa es mía.
- Pues, eso no es verdad. Simplemente deseaste que cesara el sufrimiento. Tu propio sufrimiento. Es el deseo más humano que existe.

- ¿Cómo podrían ser ciertas ambas cosas? ¿Cómo podría un príncipe ser un asesino y amado por su pueblo? ¿Cómo podría un boticario ser tentado por el mal, siendo una persona de bien? ¿Cómo podrían los hombres invisibles volverse más solitarios siendo vistos?
- No sé. Tus historias nunca tuvieron sentido para mí.
- Porque los humanos son bestias complicadas. Crees en mentiras piadosas, sabiendo muy bien la dolorosa verdad que hacen necesarias esas mentiras. Al fin y al cabo, Conor, no tiene importancia lo que pienses. Lo único importante es lo que haces.

- Sabes, Conor. Tú y yo no nos llevamos naturalmente bien, ¿no?
- No. Supongo que no.
- Yo tampoco lo creo. Pero tendremos que aprender.
- Lo sé.
- Lo sabes, ¿no?
- Por supuesto que sí.
- Pero hay una cosa que tenemos en común. Tu mamá Eso es lo que tenemos en común.

- ¿Qué hago?
- Ahora lo único que tienes que hacer es hablar con el corazón.
- No quiero que te vayas.
- Lo sé, dulzura.
- No quiero que te vayas.
- ¿Cómo termina la cuarta historia?
- Termina con el niño abrazando a su madre. Y haciendo eso por fin puede dejarla partir.

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