Frases de la película Tiburón

Frases de la película dirigida por Steven Spielberg, estrenada en 1975, también conocida como Jaws.

Puedo nadar. Sólo no puedo caminar o desvestirme.

- ¿Martin? ¿Vas a cerrar las playas bajo tu propia autoridad?
- ¿Qué otra autoridad necesito?

Martin, es todo psicológico. Si gritas: "¡Barracuda!", todos dicen: "¿Qué?". Si gritas: "¡Tiburón!"... el cuatro de julio se desatará el pánico aquí.

Todos ustedes me conocen. Saben cómo me gano la vida. Atraparé a este bicho, pero no va a ser fácil. Es un pez malo. No es como ir al lago a pescar bacalaos y abadejos. Este tiburón los tragaría enteros. Los sacudiría un poco, los mordería un poco y se los tragaría. Hay que matarlo rápido para que regresen los turistas. Eso les dará ganancias a todos sus negocios. Pero no va a ser fácil. Mi vida vale mucho más
que $3.000 dólares, jefe. Lo encontraré por $3.000, pero lo atraparé y lo mataré por $10.000. Ustedes tienen que decidir. ¿Quieren vivir bien y pagarme? ¿O quieren ahorrar y pasar hambre todo el invierno? No quiero voluntarios ni compañeros. Hay demasiados capitanes en esta isla. $10.000 sólo para mí. Por eso, les traeré la cabeza, la cola, todo el condenado tiburón.

Bueno, esto no fue un accidente de bote. No fue ninguna hélice, no fue ningún arrecife de coral... y no fue Jack, el Destripador. Fue un tiburón.

Miren, señores. Seamos razonables. Éste no es ni el momento ni el lugar para hacerle una especie de autopsia ridícula a un pescado. ¡Y no me quedaré aquí parado para ver cómo abren esa cosa y ver al niño Kintner caer en pedazos por todo el muelle!

Cuando tenía 12 años, mi padre me regaló un bote y fui a pescar a Cape Cod. Pesqué un pagel y cuando lo traía pesqué un tiburón de un metro y medio que procedió a devorar mi bote. Devoró mis remos y mis almohadillas. Dio vuelta todo el bote. Casi muero de medio. Nadé de regreso a la costa. Cuando llegué a la playa, me di vuelta y vi que estaba destruyendo mi bote y desde entonces, he estudiado a los tiburones.

- ¿Es verdad que los tiburones casi siempre atacan a un metro de profundidad y a tres metros de la playa?
- Sí.
- ¿Y que antes de que la gente nadara por diversión antes de que los tiburones supieran lo que se perdían muchos ataques no se reportaban?
- Así es.

Sólo es una isla si la miras desde el agua.

¡Espera! ¡Hay dos maneras de solucionar esto! O mata al animal o lo deja sin comida.

Se acabó. Adiós. No voy a discutir con un hombre que quiere convertirse en almuerzo.

Lo que tenemos aquí es una máquina perfecta. Una máquina devoradora. En realidad, es un milagro de la evolución. Lo único que hace esta máquina es
nadar y comer y hacer tiburoncitos y eso es todo.

Amity siempre ha sido conocida por su aire puro, agua cristalina y playas hermosas de arena blanca. Pero en estos días apareció una nube en el horizonte
de este hermoso lugar. Una nube en la forma de un tiburón asesino.

- ¿Tienes una pluma, Larry?
- Sí, una pluma.
- Porque vas a hacer lo que mejor sabes. Firmarás esto para que yo contrate un profesional.

¡Oiga, no necesito esta porquería de héroe de la clase obrera!

¿La jaula entra al agua? ¿Ud. entra al agua? El tiburón está en el agua. Nuestro tiburón.

♫ Adiós, me despido,
Bellas damas españolas
Adiós, me despido,
Damas de España
Porque hemos recibido órdenes
Para regresar a Boston
Y volver a verlas
Sería una imposible hazaña ♫

- ¿Quién pilotea este bote?
- Nadie. La marea.

Una vez pesqué uno de cinco metros. Tuve que darle dos barriles para agotarlo y traerlo a bordo. Hoy en día, estos muchachos usan de todo. Radar, sonar,
cepillos de dientes eléctricos. Válgame Dios.

No sé si él es muy inteligente o muy tonto, jefe.

- Quint, eso no prueba absolutamente nada.
- Prueba una cosa. Ustedes, los universitarios ricos no tienen la educación para reconocer sus errores.
- ¿Qué discuten? ¿Anzuelos y cordeles?

Va a necesitar un bote más grande.

- ¿Quieres brindar por tu pierna?
- Yo brindaré por la tuya.

Un submarino japonés acertó dos torpedos en el blanco, jefe. Estábamos regresando de la isla de Tinian a Leyte. Acabábamos de entregar la bomba, la bomba de Hiroshima. 1.100 hombres cayeron al agua. La nave se hundió en 12 minutos. Vimos el primer tiburón después de media hora. Un alecrín de cuatro metros. ¿Sabe cómo se calcula eso en el agua, jefe? Se calcula mirando desde la aleta dorsal a la caudal. Lo que no sabíamos... era que nuestra misión de entregar la bomba era tan secreta que no se podía enviar una señal de socorro. Hasta tardaron más de una semana en darnos por desaparecidos. En cuanto salió el sol, jefe, vinieron más tiburones. Entonces nos formamos en grupos bien unidos. Como los cuadros que se formaban antes como en la Batalla de Waterloo. Cuando el tiburón se acercaba al primer hombre él empezaba a patalear y a gritar. A veces, el tiburón se iba y a veces, no se iba. A veces, ese tiburón lo miraba a uno lo miraba directamente a los ojos. ¿Sabe una cosa sobre los tiburones? Tienen ojos sin vida. Ojos negros, como los de un muñeco. Cuando se acercan a uno, parecen estar sin vida... hasta que muerden, y esos ojos negros se vuelven blancos y entonces... Entonces se oyen esos gritos de terror terribles y el océano se vuelve rojo. A pesar de todo el pataleo y el griterío, ellos vienen y lo despedazan a uno. Cuando terminó ese primer amanecer habían muerto 100 hombres. No sé cuántos tiburones. Tal vez 1.000. No sé cuántos hombres. Devoraban a seis por hora. El jueves por la mañana,
me topé con un amigo mío Herbie Robinson, de Cleveland. Un jugador de béisbol. Segundo contramaestre. Pensé que estaba dormido. Me acerqué para despertarlo. Estaba flotando en el agua como una especie de corcho puesto verticalmente. Lo habían mordido por la mitad, debajo de la cintura. Al mediodía del quinto día, nos vio un avión...un avión voló bajo y nos vio. Era un piloto mucho más joven que el Sr. Hooper. Bueno, voló bajo y nos vio y tres horas después aterrizó un hidroavión grande y nos empezó a recoger. Fue entonces cuando tuve más miedo mientras esperaba mi turno. Nunca volveré a ponerme un chaleco salvavidas. Así que 1.100 hombres cayeron al agua y 316 hombres salieron. Los tiburones se encargaron del resto el 29 de junio de 1945. De todos modos, entregamos la bomba.

Cuando empiece a correr, suelta esa soga o perderás las manos. He visto gente perder los dedos. El mar está lleno de ellos.

¡En la ciudad hay un taxidermista que va a tener un ataque cardíaco cuando vea lo que le traigo!

- ¿Qué día es hoy?
- Es miércoles. Es martes, creo.
- Creo que la marea nos está ayudando. Sigue pataleando. Yo detestaba el agua. No me imagino por qué.

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