Frases de la película Langosta (The Lobster)

Frases de la película dirigida por Yorgos Lanthimos, estrenada en 2015

Decidió que lo mejor que podía ponerse eran sus zapatos marrones de cuero. Le dolía un poco la espalda, pero no como en otras ocasiones que el dolor era casi insoportable. Pensaba que su mujer ya no lo amaba en absoluto. No se echó a llorar tampoco pensaba que lo primero que la mayoría hace cuando se da cuenta de que ya no son amados es llorar.

- ¿Hay alguna opción bisexual disponible?
- Esa opción ya no está disponible desde el verano pasado debido a varios problemas operativos. Tiene que decidir ahora si quiere registrarse como homosexual o heterosexual.
- Supongo que debería registrarme como heterosexual.

- ¿Tiene hijos, señor?
- No.
- ¿Y el perro?
- Es mi hermano. Estuvo aquí hace un par de años, pero no lo consiguió.

Puede alojarse en el hotel hasta un máximo de 45 días. En una habitación individual. Si todo sale bien y lo logra, se le cambiará a una doble.

Echó un vistazo por la ventana. Los cuerpos inconscientes de los solteros capturados yacían sobre el pavimento húmedo. "Gracias a Dios que llevaban puesto ponchos impermeables", pensó.

- Espero que el hecho de convertirse en animal si no logra enamorarse durante su estancia no sea algo que le disguste o lo desanime. Piense que como animal tendrá una nueva oportunidad de encontrar compañera. Pero ahí también debe ser cauteloso. Debe elegir a una compañera que sea de la misma especie animal que usted. Un lobo y un pingüino nunca podrían convivir. Ni un camello y un hipopótamo. Sería absurdo, ¿no lo cree? Comprendo que esta conversación sea poco agradable para usted pero es mi deber prepararlo psicológicamente para cualquier resultado posible. ¿Pensó qué animal le gustaría ser si acabase solo?
- Sí, una langosta.
- ¿Por qué una langosta?
- Porque las langostas viven más de cien años tienen la sangre azul como los aristócratas y son fértiles toda su vida. También me gusta el mar, mucho. Soy muy bueno en esquí acuático y natación desde pequeño.
- Debo felicitarlo. Lo primero que piensa la mayoría es en un perro. Por eso el mundo está lleno de perros.
Pocos eligen un animal poco común, por eso están en peligro de extinción. Una langosta es una elección excelente.

Mi madre entró en el hotel pero no lo logró y se convirtió en un lobo. La extraño mucho. Averigüé que la habían trasladado a un zoo. Fui varias veces a visitarla. Le daba carne cruda. Sabía que a los lobos les gusta la carne cruda pero nunca supe qué lobo era mi madre así que le llevaba un poco a cada uno. Un día decidí entrar en el recinto. La extrañaba mucho y necesitaba un abrazo. Escalé la valla y salté adentro. Todos los lobos se me echaron encima y me atacaron. Todos menos dos, que permanecieron inmóviles. Supuse que uno de esos dos debía ser mi madre. El guarda del zoo me recogió rápidamente y me llevó al hospital. Por suerte, no perdí la pierna, sólo me dejó una cojera que también es la característica que más me define.
Mi mujer murió hace seis días. Era muy hermosa y la amaba muchísimo. Ella también cojeaba.

- ¿Su habitación es la 168?
- Cí, ací ez.
- Sabe que la masturbación no está permitida en las habitaciones o cualquier área del hotel, ¿verdad?
- Cí.
- Aun así me han informado que usted sigue practicándola. ¿Miraba alguna fotografía mientras se masturbaba?
- Cí.
- ¿Qué salía en la fotografía?
- Una mujer deznuda montada en un caballo en el campo.
- Si yo fuera usted no miraría a la mujer desnuda, sino al caballo. Seguro que una vez el caballo fue un hombre cobarde y débil como usted. Una mujer pasea sola.
- Ayuda. Ayuda. Ayuda. Ezto no ez necezario, por favor. Fue cin querer. Me dejé llevar.
- Por favor. No ez necezario. Por favor.
- Coloque la mano en la tostadora.
- Que cea zólo un avizo. Oiga, he cido ejemplar en todo lo demáz. Lo ciento mucho, lo ciento de verdad.
Por favor, duele mucho.

- ¿Podría ir a tu habitación alguna vez para hablar? Podría hacerte una mamada o también podrías cogerme.
Siempre me lo trago después de una felación y no tengo ningún problema con el sexo anal, si es lo que te va.
Mi exmarido decía que tengo los muslos más bonitos que había visto. Pero no hablemos de él. Mi habitación es la 180. Así que mi extensión es la 180. Espero atrapar algún soltero hoy. No he cazado ninguno últimamente. Espero que tú también atrapes muchos.
- Muchas gracias.
- Si no encuentro una pareja adecuada pronto me voy suicidar tirándome de una habitación. Por la ventana.
Quería que lo supieras.

- ¿Haz penzado qué animal quierez cer ci no lo lograz?
- Una langosta.
- Ci no lo concigo, quiero cer un loro. ¿Por qué no eligen loroz también? Ací eztaremos juntoz.
- Eres un pedazo de idiota. Vas y eliges uno que habla, cuando tienes un defecto al hablar. Cecearás hasta siendo un animal. Y a ti te agarrarán y te meterán en una olla con agua hirviendo hasta que te mueras. Luego te partirán las pinzas con unas tenazas y te chuparán lo que te quede de carne. Son ridículos, los dos.
Yo no me voy a convertir en un animal. Pero vendré a visitarlos con mi pareja mientras estemos paseando por algún parque o mientras estemos nadando en el mar o mientras estemos de viaje.

- Te voy a hacer una pregunta y quiero que seas sincero.
- ¿Qué es peor: morir de hambre y frío en el bosque convertirse en un animal que será cazado y devorado por otro más grande o que te sangre la nariz de vez en cuando?
- Convertirse en un animal cazado y devorado por otro.

- Estoy muy contenta porque tenemos una nueva pareja. Se conocieron hace sólo dos días pero están muy enamorados y se compenetran muy bien. Ambos tienen el mismo problema les sangra la nariz de repente.
Mañana se instalarán en una habitación doble con un armario más grande y un baño más grande. Se alojarán allí durante dos semanas luego se los trasladará al yate dos semanas más. Les deseamos que tengan mucha suerte y que vuelvan a la ciudad como pareja.
- Estoy muy contento.
- Yo también.
- Felicitaciones. Su relación estará vigilada con atención tanto por nuestros empleados como por mí personalmente. Si hay problemas tensión o discusiones que no puedan resolver por ustedes mismos se les asignarán hijos. Esto suele ayudar. Mucho.

- Buenos días, señoritas. Bueno, hoy es su último día y como es costumbre tiene derecho a elegir qué hacer en su última noche. Siempre recomiendo elegir con sentido común algo que no se pueda hacer siendo animal. Por ejemplo, leer un clásico de la literatura o cantar una canción que le guste mucho. Sería poco sensato elegir por ejemplo, un paseo por el jardín o tener relaciones sexuales porque son cosas que puede hacer siendo animal. Pero antes de nada, su mejor amiga le ha escrito algo que le gustaría leerle y que es muy conmovedor.
- Siempre nos sentábamos juntas en clase y cada vez que tenía un problema te lo contaba a ti porque dabas los mejores consejos. Cuando no encontrábamos pareja para el baile del colegio el hecho de enfrentarnos juntas a esa situación tan difícil me hacía más fuerte. Siento que las cosas vayan a acabar así. Estoy segura de que si tuvieras algunos días más encontrarías a alguien como lo he hecho yo porque eres una persona admirable con un pelo muy bonito y un pecho precioso. Siempre me dio envidia tu pelo, eso ya lo sabes.
Fuiste, eres y serás siempre mi mejor amiga y me acordaré mucho de ti. Y me pondré siempre los pendientes plateados que me regalaste para mi cumpleaños. Te extrañaré. Y aunque haga muchas amigas nuevas en unos días cuando me mude a la ciudad creo que nunca encontraré una tan buena--
- Me gustaría ver la película Cuenta conmigo de River Phoenix, Kiefer Sutherland y Richard Dreyfuss. Sola.
- Excelente elección. Una película preciosa.

Un día mientras jugaba al golf pensó que era más difícil fingir que sientes algo por una persona cuando no lo sientes que fingir que no cuando sí lo sientes. También pensó que le gustaba su acento y que siempre había preferido a mujeres con el pelo corto. Así que decidió que ella sería la elegida. Durante la caza, él la seguiría y en cuanto ella disparase a un soltero, él le diría: "Ojalá tuviésemos rifles de verdad en vez de estos estúpidos tranquilizantes. ¿Por qué no lo matas con tus manos?" Y en cuanto pusiera sus manos alrededor de la garganta del soltero él diría: "Espero que muera de inmediato".

- ¿Qué pasó?
- Se tiró de la ventana de la habitación 180. Hay sangre y galletas por todos lados. Espero que no tarde en morirse. Pensándolo mejor confío en que sufra un poco antes de morir. Y ojalá que sus ridículos chillidos no se oigan desde mi habitación porque estaba pensando en acostarme un rato y necesito tranquilidad y silencio.
- Estuve jugando al golf y estoy agotado. Lo último que necesito es a una mujer muriendo lentamente y a grito pelado.
- No te oigo bien con tanto grito. Hablaremos en otro momento cuando haya más silencio.

- Buenos días.
- Buenos días. Maté a tu hermano. Dejé que muriera lentamente. Puede que aún siga vivo en este instante.
Le estuve dando patadas un montón de rato.
- No pasa nada.
- Estuvo gimoteando durante un tiempo. Una especie de ladrido. Algo así. Debe haber sido por el dolor. ¿No escuchaste nada?
- No.
- Sí que tienes el sueño profundo.

- No son lágrimas, es agua. Me acabo de lavar la cara.
- Sabía que me estabas mintiendo. No entiendo por qué lo hiciste cuando sabes mejor que nadie que una relación no se puede construir con mentiras. Vamos a ir a ver a la directora del hotel. Recibirás el castigo que mereces.
- ¿Qué castigo conlleva esto?
- Te convertirán en el animal que nadie quiere ser.

Al principio la quiso matar de alguna manera horrible y dolorosa como la muerte que ella le había causado a su hermano. Pensó en darle patadas en el estómago una y otra vez y luego apuñalarla en el mismo lugar en el estómago. Pero luego pensó que eso no tenía mucho sentido porque estaba inconsciente y no sentiría ningún dolor por las patadas o el cuchillo. Una sirvienta del hotel lo ayudó. No entendía por qué lo hizo.
Decidió convertirla en un animal. La arrastró a la habitación donde se realizaban las transformaciones.
Le pregunté muchas veces en qué animal la convirtió pero siempre me contestaba de la misma manera:
"No es de tu incumbencia".

Comenzó a huir sin saber a dónde dirigirse. Pero se dirigía hacia nosotros. Éste era el principio de su nueva vida. Entonces aún no era consciente de lo que duele estar solo. De lo mucho que duele cuando no llegas con la pomada al punto donde te duele en la espalda y sientes dolor constantemente.

- Bienvenido. Puedes quedarte con nosotros hasta cuando quieras. Puedes estar soltero hasta el día que mueras. No hay una fecha límite.
- Muchísimas gracias.

- Por cierto cualquier relación romántica o sexual entre solteros no está permitida. Y cualquiera de esos actos será castigado, ¿entendido?
- ¿Puedo mantener conversaciones con otros?
- Por supuesto mientras no coquetees ni nada por el estilo. Esto se extiende también a las noches de baile.
Bailamos en solitario por eso sólo ponemos música electrónica.

- ¿Qué le pasó en la boca?
- No puede hablar. Es por el beso sangriento.
- ¿Qué es el beso sangriento?
- Le cortamos los labios con una cuchilla también a los de otra soltera, y los obligamos a besarse. Fue hace algunos días pero los cortes fueron profundos y aún les duelen. Estaban coqueteando, ya sabes. Algunos castigos son peores que otros. Que te corten un pulgar es peor que que te afeiten la cabeza. Y que te pongan un huevo hervido abrasador bajo tu axila es peor que que te peguen patadas en la pierna. El castigo al que temo no es el beso sangriento sino otro, que se llama el coito sangriento. Nunca lo he llegado a ver pero no es difícil imaginarse de qué se trata. Madre mía, me aterroriza.

- Ci le cuentaz a la directora lo de tu hermano...ceguramente te perdone.
- No. Es más cómodo estar solo. Nadie te tiene atado. Escuchas música cuando te apetece te masturbas cuando quieres paseas cuando se te antoja hablas con quien quieres. Para nada extraño la compañía. Sólo a ti, porque eres mi único amigo. ¿Vas a dispararme?
- Me temo que cí. Zólo me quedan doz díaz.
- ¿Qué has dicho? Hablas raro, no te entiendo.
- Te voy a dizparar. Zólo me quedan doz díaz. Nececito máz tiempo.
- ¿Crees que un día más cambiará algo? ¿Has visto lo feo que eres? No tienes ninguna oportunidad.

- ¿Cuándo te diagnosticaron miopía?
- Cuando tenía 16 años. ¿Y tú?
- Con 12 años.
- ¿De qué marca eran tus primeros anteojos?
- No me acuerdo.
- ¿Tienes también astigmatismo?
- Sí.
- ¿Quieres que te ponga pomada en la espalda? En la parte a la que no llegas.
- Me encantaría.

Tengo que decirte una cosa. Su nariz no sangra por sí sola. Se golpea contra la pared, un trozo de madera o algo así. O se corta con una navaja cuando no estás mirando. No son adecuados.

- Tú, si esta mujer muere ¿crees que te las arreglarías solo o necesitarías a otra persona?
- No, yo puedo vivir solo. Ella no. Paso muchas horas solo mientras ella se encarga del hotel. Me gusta quedarme en la habitación. Me relaja y me tranquiliza. Me gusta mucho. Sin lugar a dudas, podría vivir por mi cuenta.

- ¿Ya cavaste tu tumba?
- Aún no.
- No quiero meterte presión o ser una aguafiestas ahora que estamos de celebración pero en algún momento tendrás que hacerlo. No esperes que nadie la cave por ti o que carguen con tu cuerpo. Te echaremos un poco de tierra pero ya está. Mañana tienes que buscar un sitio que te guste donde el suelo no sea demasiado rocoso y comienzas. Disfruta del resto de la noche.
- Gracias.

Desarrollamos un código para comunicarnos entre nosotros ni siquiera delante de los demás, pueden saber lo que estamos diciendo. Cuando giramos la cabeza a la izquierda quiere decir: "Te quiero más que a nada en el mundo". Cuando giramos la cabeza hacia la derecha, quiere decir: "Cuidado, estamos en peligro".
Al principio teníamos que tener mucho cuidado para no mezclar "te quiero más que a nada en el mundo" con "cuidado, estamos en peligro". Cuando levantamos el brazo izquierdo quiere decir: "Quiero bailar en tus brazos". Cuando desplazamos el puño detrás de la espalda significa: "Vamos a coger".
El código crecía y crecía con el paso del tiempo y en unas semanas podíamos hablar de casi todo sin abrir la boca.

- Tengo que decirte algo pero espero que no te enfades.
- De acuerdo, cuéntamelo.
- No puedo ver nada. Estoy ciega.
- ¿A qué te refieres?
- No tiene sentido mentirte. Lo averiguarás tarde o temprano. La líder hizo que me cieguen en la ciudad.
Se habrá dado cuenta de que te amo y de que tú a mí también y de que nos íbamos a escapar juntos a la ciudad. Lo siento.
- ¿No ves nada de nada?
- Nada de nada.
- ¿Y cuando me preguntaste si me había cortado el pelo?
- Sólo lo dije para que no te dieras cuenta de que no puedo ver. Lo siento.
- No llores. Si lloras te van a doler más los ojos. Lo superaremos.

- ¿Crees que estás preparado para hacer eso?
- Sí, por supuesto. Si no lo estuviera, no te lo diría.
- ¿Cuándo?
- Mañana.

- ¿Me trae un cuchillo y un tenedor, por favor? No un cuchillo para untar. Uno de cocina.
- Por supuesto.
- Gracias.
- Lo voy a hacer con un cuchillo.
- ¿Quieres que te acompañe?
- Preferiría que no.
- No te preocupes. Es una sensación extraña al principio, pero te acostumbras. Y los otros sentidos se te agudizan. El tacto, por ejemplo. Y el oído.
- Lo sé. No tardaré.
- Muchísimas gracias.

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