Frases de la película Los 8 más odiados (The Hateful Eight)

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Frases de la película dirigida por Quentin Tarantino, estrenada en 2015

- Eres un negro que conozco. Eres el Cnel. Warren o algo, ¿no?
- El mayor Marquis Warren. Yo también te conozco. Cenamos filetes juntos una vez, en Chattanooga. Eres John Ruth, "El Verdugo".
- Soy yo. ¿Hace cuánto fue? ¿Desde aquellos filetes?
- Hace ocho meses.
- ¿Por qué no me explicas qué hace un cazarrecompensas africano deambulando por la nieve en medio de Wyoming?
- Quiero llevar a un par de criminales a Red Rock.

- Mayor Marquis Warren, ella es Daisy Domergue. Domergue, para ti es el mayor Warren.
- ¿Qué tal, negro?
- Es una fiera, ¿no?
- Mujer, ¿no sabes que a los oscuros ya no les gusta que les digan "negro"? Les parece ofensivo.
- Me han dicho cosas peores.
- Eso te lo puedo creer.
- ¿No has oído de ella?
- ¿Debería?
- No es ningún John Wilkes Booth. Pero quizá sepas del precio que tiene su cabeza.
- ¿Cuánto?
- $10.000.
- ¡Caray! ¿Qué hizo, mató a Lily Langtry?
- No exactamente. Esos 10.000 prácticamente están en mi bolsillo. Por eso no estoy muy ansioso de dar paseos. Especialmente a profesionales activos.
- Lo entiendo, pero no tengo ningún interés en ella. Uno de mis tipos por allá vale 4.000 otro vale tres, y uno de ellos vale uno. Con eso me basta.

- ¿Entonces qué le pasó a tu caballo?
- Era medio viejo. Ya lo había tenido un tiempo. Cuando el clima empeoró, pues hizo lo que pudo, pero no aguantó.
- Qué lástima.
- Sí, lo es. Lash y yo cabalgamos muchos kilómetros juntos. Se podría decir que era mi mejor amigo si considerara amigos a animales estúpidos, y no es así. No obstante, lo voy a extrañar. ¿Quién es esta Daisy Domergue?
- Es una perra asesina buena para nada.
- Veo que no tienes reparos en llevar una mujer a la horca.
- Al decir "mujer", ¿te refieres a ella? No, no tengo ningún reparo.

- ¿La llevas a Red Rock para colgarla?
- Ya lo creo.
- ¿Vas a esperar para ver?
- Claro que sí.
- Quiero oír su cuello tronar con mis propios oídos. ¿Nunca esperas para ver cómo los cuelgan?
- A mis criminales nunca los cuelgan porque nunca los llevo vivos.
- ¿Nunca?
- Nunca jamás. Hablamos de esto en Chattanooga. Llevar a hombres desesperados vivos es buena manera de ser matado.
- No me puedes agarrar dormido si no cierro los ojos.
- No quiero trabajar tan duro.
- Nadie dijo que el trabajo era fácil.
- Nadie dijo que tenía que ser tan difícil tampoco. Pero por eso, señorita, lo llaman El Verdugo. Cuando el volante dice: "Vivo o Muerto" los demás te damos un tiro en la espalda desde un lugar elevado y te llevamos muerto en montura. Pero cuando John Ruth El Verdugo te atrapa no mueres de un balazo en la espalda. Cuando El Verdugo te atrapa, cuelgas.
- Lo sobreestimas, negro.

- Es cierto que tiene agallas, pero en cuanto a cerebro es como un hombre que se tiró un clavado en un pozo bajo.
- Daisy, quiero que desarrollemos un sistema de comunicación.
- Cuando te dé un codazo muy duro en la cara eso quiere decir "cállate".
- ¿Entiendes?
- Entiendo.

- ¿Sabes qué es esto, zorra? Es una carta de Lincoln. Una carta de Lincoln dirigida a él.
- Sí.
- Correspondieron durante la guerra. Eran amigos de correspondencia. Y esta es sólo una de las cartas.

- ¿Qué te pone en mi camino, Chris Mannix?
- Bueno, Sr. Cara iba cabalgando a Red Rock y mi yegua pisó un hoyo de topo en la nieve. Se rompió la pierna, y la tuve que matar.
- ¿Tienes asuntos en Red Rock?
- Sí, sí tengo.
- ¿Cuáles?
- Soy el nuevo alguacil.
- Mentira.
- Me temo que no.
- ¿Dónde está tu estrella?
- Aún no soy el alguacil. Cuando llegue, prestaré juramento.
- Eso aún no ha pasado. Es cuando te dan la estrella. ¿Tienes algo con qué respaldar eso?
- Sí. Cuando lleguemos a Red Rock. Y por la pinta de esos tres tipos congelados eres un cazarrecompensas activo. Supongo que estás llevando esos tres cadáveres para cobrar. Tres muertos. Una viva.

- De una cosa estoy seguro. Este enemigo de los negros no es tu socio. Yo te ayudaré a proteger tus 8.000. Tú me ayudas a proteger mis diez. ¿Trato hecho?
- ¿No es fabuloso el amor?
- ¿Quieren acostarse en la nieve y hacer ángeles juntos?

- ¿Sabes quién es él?
- ¿Que si sé de la recompensa de $30.000 que la Confederación ofreció por la cabeza del mayor? Sí.
Los montañeses fueron a cazar negros. Pero nunca cazaron la cabeza correcta, ¿verdad?
- No, no la cazaron. Pero no fue porque no intentaran. Esos tarados dejaban sus casas y sus familias y subían a esta montaña nevada en busca de mí y de fortuna. Ninguno encontró fortuna. La gente de la que ya no oíste más me encontró a mí. No se quedó en 30.000 toda la guerra. Cuando se calmaron las pasiones bajó a ocho, luego a cinco.
- Pero apuesto que aún cuando eran 5.000 seguro te buscaban chicos del campo.
- Ya sabes que sí.
- ¿Por qué te pusieron recompensa?
- Los confederados objetaron a mi capacidad para matarlos. Después de que hui de Wellenbeck el Sur tomó mi existencia como una afrenta personal. Y la Causa ofreció una recompensa por mi cabeza.
- ¿Qué es Wellenbeck?
- ¿Nunca oíste hablar del Campo de Prisioneros Wellenbeck, West Virginia?
- No, rebelde, nunca he escuchado de ello. ¿Te escapaste?
- El mayor Marquis hizo más que escaparse. El mayor Marquis tuvo una idea brillante. Tan brillante que era como para preguntarse por qué a nadie se le había ocurrido. Dile a John Ruth tu idea brillante.
- Todo el maldito lugar estaba hecho de madera muy combustible. Así que lo quemé. Había un regimiento de novatos durmiendo en el campo. ¡47 hombres, achicharrados! Chicos sureños, hijos de granjeros, la crema y nata. Y yo digo: "Que ardan". ¿Tengo que pedir perdón por matar rebeldes? Te uniste a la guerra para mantener encadenados a los negros. Yo me uní para matar a los blancos tarados del Sur. Eso significa matarlos de cualquier manera. A tiros, a puñaladas ahogándolos, quemándolos echándoles rocas grandes en la cabeza. Lo que fuera necesario para enterrar a los blancos del Sur. Por eso me uní a la guerra. Y eso fue lo que hice.

- No digas nada de mi papi. Peleó por conservar la dignidad en la derrota y contra la rendición incondicional.
¡No éramos bárbaros extraños atacando las paredes de la ciudad! ¡Éramos sus hermanos! Nos merecíamos dignidad en la derrota.
- ¿Cuántos pueblos de negros saquearon en su lucha por una derrota digna?
- Bastantes, mayor negro. Porque cuando los negros tienen miedo es cuando los blancos están a salvo.
- Si hablas odiosamente así de los negros puedes viajar arriba, con O.B.

- Transportar a un prisionero desesperado y hostil como ella parece trabajo duro. ¿No sería más fácil transportarla muerta? Nadie dijo que el trabajo fuera fácil. ¿Por qué le importa tanto que la cuelguen?
- No me gusta timar al verdugo. También tiene que ganarse el pan.
- Se lo agradezco. Permítame presentarme como debe de ser. Yo soy Oswaldo Mobray, el verdugo en estas partes.
- Caray.
- Sí.
- Parece que te traje un cliente.
- Parece que sí.
- ¿Has pasado un día o dos encerrado con un cliente?
- Le verdad, no.

John Ruth quiere llevarla a Red Rock a que la juzguen por asesinato. Y si la declaran culpable la gente de Red Rock la colgará en la plaza del pueblo. Y, como verdugo yo realizaré la ejecución. Y si todas esas cosas se llevan a cabo eso es lo que la sociedad civilizada llama "justicia". Pero si los familiares y seres amados de la persona que asesinó estuvieran a la puerta ahora mismo y después de tirar la puerta la sacaran a la nieve y la colgaran del cuello, eso sería justicia fronteriza. Lo bueno de la justicia fronteriza es que es muy gratificante. Lo malo es que puede estar tan equivocada como correcta. En tu caso, no. En tu caso, te lo merecerías. Pero otra gente, quizá no tanto. Pero a fin de cuentas, ¿cuál es la diferencia entre las dos? La verdadera diferencia... soy yo. El verdugo. A mí no me importa lo que haya hecho. Su muerte no me dará ninguna satisfacción. Es mi trabajo. La cuelgo en Red Rock me voy al siguiente pueblo cuelgo a alguien más allá. El hombre que jala la palanca que le rompe el cuello será un hombre desapasionado. Y esa falta de pasión es la esencia de la justicia. Porque la justicia entregada sin esa falta de pasión siempre corre el peligro de no ser justicia.

- No voy a Red Rock.
- ¿A dónde vas?
- A unos 15 km en las afueras de Red Rock.
- ¿Qué hay ahí?
- Mi madre.
- ¿Tu madre?
- Sólo soy un vaquero. Acabo de volver de un largo arreo de ganado. Esta vez no fue sólo un trasero en una silla de montar. Fui un socio. Por primera vez en mi vida gané buen dinero. Quise volver a casa y pasar tiempo con mi madre. En Navidad.
- Qué chistoso. No pareces ser de los que vuelven a casa para Navidad.
- Sí, bueno...Las apariencias pueden engañar. Porque definitivamente soy de los que vuelven a casa a pasar Navidad con su madre.

Pasar Navidad con la mamá es una cosa maravillosa.

- ¿Cómo dijiste que te llamas?
- Bob.
- ¿Están Minnie y el Dulce Dave?
- Se fueron a visitar a la mamá de ella en el lado norte de la montaña.
- ¿Qué?
- Sí.
- ¿Minnie no está?
- Están visitando a su mamá.
- ¿A su mamá?
- Sí.
- No sabía que Minnie tuviera madre.
- Todos tienen una madre.
- Sí, supongo. ¿Y te dejó encargado a ti? No parece algo que Minnie haría.
- ¿Me llamas mentiroso?
- Todavía no. Pero me suena raro.
- ¿Qué suena raro?
- Primero, Minnie nunca me ha parecido sentimental. Además, no me imagino al Dulce Dave levantándose de su silla ni siquiera para ir al pozo por agua sin que Minnie le estuviera dando sartenazos ya no digamos para ir al lado norte.
- Parece que me estás llamando mentiroso, mi negro amigo.
- Sí, eso parece, ¿verdad?
- Pero aún no lo he hecho.

- Capitán Mannix, dígale al negro que yo no reconozco a negros con uniformes del norte.
- Usted capturó toda una unidad de gente de color ese día. Pero ni un soldado negro llegó al campamento, ¿verdad?
- No teníamos el tiempo ni la comida ni el deseo de cuidar a caballos del norte y, mucho menos ¡a negros del norte! ¡Así que los matamos donde estaban!
- ¡Caballeros! Caballeros. Yo sé que los americanos no son propensos a dejar que un detalle como una capitulación incondicional les eche a perder una buena guerra. Pero fuertemente les sugiero que no recreemos la Batalla de Baton Rouge durante una ventisca en la Mercería Minnie's. Ahora, mi amigo nubio mientras que entiendo que es un tema apasionado eso fue hace tiempo. Y si mata a este viejo desarmado le garantizo que lo colgaré del cuello hasta que muera cuando lleguemos a Red Rock.
- Yo también te lo garantizo.
- Sí, Warren, ese es el problema con los viejos. Los puedes tirar por las escaleras y decir que fue un accidente pero no puedes matarlos a tiros.

- Caballeros como quizá estemos atrapados aquí juntos durante algunos días ¿me permiten sugerir una solución? Dividimos Minnie's a la mitad. El lado norte y el lado sur. Con la mesa del comedor representando territorio neutral. Podemos decir que el lado de la chimenea del cuarto será una representación simbólica de Georgia. Mientras que el bar representará ¡Filadelfia!
- Mientras que el bar sea Filadelfia estoy de acuerdo.

- ¿Sigue en pie el trato que hicimos en la diligencia? ¿Yo te ayudo a proteger tus 8.000 y tú me ayudas a proteger mis diez?
- Sí, supongo.
- Uno de estos tipos no es lo que dice ser.
- ¿Qué es?
- Es un compinche de ésta, eso es lo que es. Uno de ellos, quizá hasta dos está aquí para liberar a Domergue. Para lograr esa meta, matarán a quienes estén aquí. Tienen un par de días, así que sólo tienen que sentarse y esperar la oportunidad. Y entonces atacarán. ¿Verdad, perra?
- Si tú lo dices, John. ¿Seguro que no te entró la paranoia?

- John Ruth, ¿de verdad crees que un negro expulsado de la caballería con una tira amarilla en la espalda era prácticamente amigo del Presidente de EE. UU.? John Ruth, odio ser el que te lo tenga que decir pero no hay nadie en la Mercería Minnie's que se haya correspondido con Abraham Lincoln. ¡Y menos ese negro!
- ¿Todo eso fue mentira?
- Por supuesto.
- ¡Muy bueno, Warren! ¡Eres un descarado, negro! ¡Eres un descarado! Ha de ser verdad lo que dicen de tu gente. No se puede confiar en nada de lo que salga de sus bocas.
- ¿Qué pasa, John Ruth? ¿Herí tus sentimientos?
- La verdad, sí los heriste.
- Yo sé que soy el único negro hijo de puta con el que has conversado así que voy a ser tolerante. No sabes lo que es ser un negro enfrentándose a EE. UU. Los negros sólo estamos seguros si los blancos están desarmados. Y esta carta tuvo el efecto deseado de desarmar a los blancos.
- Llámalo como gustes. Yo lo llamo una maldita jugarreta.
- ¿Te digo por qué mentiría sobre algo así, blanco? Me ayudó a abordar esa diligencia, ¿no?

- ¿Conociste a mi hijo?
- ¿Que si lo conocí? Sí. Sí, lo conocí.
- Tú no conociste a mi hijo.
- Como guste.
- ¿Conociste a mi hijo?
- Sé en qué día murió. ¿Y usted?
- No.
- ¿Quiere saber qué día fue?
- Sí.
- El día que me conoció. Vino aquí a cazar unas cuantas cabezas de negros. La recompensa entonces era de 5.000 y el derecho a presumir. Pero para los rebeldes ¿5.000 por cortarle la cabeza a un negro? Era buen dinero. Los rebeldes escalaron esta montaña en busca de fortuna. Pero no había ninguna fortuna. Sólo me encontraron a mí. Todos los blancos que venían cambiaban de opinión al encontrarse a merced de la pistola de un negro. "Mejor lo olvidamos. Me voy por mi lado y tú por el tuyo". Eso me dijo su hijo Chester.
- ¡Eres un maldito mentiroso!
- "Si solo me dejas irme a casa con mi familia te juro que no volveré jamás a Wyoming". Eso decían todos.
Rogando por su vida su hijo me contó la historia de su vida. Y usted estaba en esa historia, general.
Cuando supe que tenía al hijo del maldito Asesino de Negros de Baton Rouge supe que me iba a divertir.
- ¡Cállate la boca, negro mentiroso!
- General Smithers, no le haga caso. Él no conoció a su hijo. Sólo lo oyó a usted decir por qué estaba aquí.
- Hacía frío el día que maté a su hijo. Y no frío como en una montaña nevada de Wyoming. Hacia más frío que eso. Y en ese día tan frío con su hijo viendo la boca del cañón de mi rifle hice que se desvistiera hasta su trasero desnudo. Luego le dije que caminara. Lo hice caminar desnudo dos horas hasta que el frío lo hizo desplomarse.
- ¿Tú nunca conociste a mi hijo?
- ¡No, no lo conoció! ¡Sólo es un negro taimado que quiere que agarre esa pistola!
- Luego empezó a rogarme de nuevo. Pero esta vez, no me rogaba que lo dejara irse a casa. Sabía que jamás volvería a ver su hogar. Tampoco rogaba por su vida porque sabía que la iba a perder. Lo único que quería era una cobija. No juzgue a su hijo muy severamente, general. Nunca ha tenido tanto frío como el que tenía su hijo ese día. Le sorprendería lo que un hombre con tanto frío haría por una cobija. ¿Quiere saber lo que hizo su hijo? Me saqué mi gran salchicha negra de los pantalones y lo obligué a gatear en la nieve hasta llegar a él. Luego agarré un manojo de su pelo negro desde atrás de su cabeza y le metí mi gran pito negro en su maldita garganta. Y como estaba lleno de sangre, estaba caliente. Puede apostar su culo que estaba caliente. ¡Y Chester Charles Smithers chupó ese pájaro negro caliente todo el tiempo que pudo! ¿Está empezando a ver imágenes? Su hijo con el pito de un negro en la boca. Él temblando, él llorando. Yo riéndome y él, sin comprender. Pero tú lo comprendes, ¿verdad, Sandy? Nunca le di a tu hijo la cobija aún después de todo lo que hizo. E hizo todo lo que le pedí. Ni media cobija. Esa cobija era una promesa de mentiroso. Como los uniformes que la Unión le dio a las tropas de color que tú decidiste no reconocer. ¿Entonces qué vas a hacer, viejo? ¿Vas a pasar los próximos dos o tres días ignorando al negro que mato a tu hijo? ¿Ignorando cómo lo hice sufrir? ¿Ignorando cómo lo hice lamerme por todo el pito? Lo más tonto que hizo tu hijo fue decirme que era tu hijo.

- Chris Mannix, ven aquí, de este lado. Ven. Saca la pistola de mi funda. Apúntales a ellos. Como les dije si alguien hace algo, lo que sea lo matas.
- Entonces ¿decidiste que dije la verdad sobre ser el alguacil de Red Rock?
- No es para tanto. Pero sé que no eres el que envenenó el café porque casi te lo tomaste.

¿Qué encantos tiene esta perra para hacer que un hombre desafíe una ventisca y mate a sangre fría?

- ¿Hace cuánto tiempo dices que se fue Minnie? ¿Hace una semana? Verás mi mamá hacía guisado y siempre sabía igual, sin importar qué carne usara. Y había otro tipo en la plantación, el tío Charlie. Él también hacía guisado. Y al igual que el de mi mamá comí su guisado desde que era un niño pequeño hasta ser un hombre maduro. Sin importar la carne siempre sabía al guisado del tío Charlie. No he comido guisado de Minnie en 6 meses, no soy un experto. Pero por seguro ése es el guisado de Minnie. Así que si Minnie está en el lado norte visitando a su mamá una semana ¿cómo hizo ese guisado esta mañana ? Y este...Éste es el sillón del Dulce Dave. Cuando me senté en él, no lo podía creer. Nadie se sienta en el sillón del Dulce Dave.
Quizá ésta sea la casa de Minnie pero este es el sillón del Dulce Dave por seguro...Y si él hubiera ido al lado norte estoy bastante seguro que se hubiera llevado el sillón. ¿Qué hay en el sillón? Justo lo que pensé. La maldita sangre del Dulce Dave.
- ¿De verdad me estás acusando de asesinato?
- A mi manera de ver, señor Bob el que está colaborando con ella no es quien dice ser. Y si eres tú entonces Minnie y su hombre no están con su mamá. Están tirados allá afuera, muertos en algún lado.
O si eres tú, hombrecito británico el verdadero Oswaldo Mobray está en alguna zanja y tú eres un inglés usando sus papeles. O aceptamos mi teoría que el tipo más feo lo hizo. Lo que significa que fuiste tú, Joe Gage.
- ¿Entonces dedujiste que envenenaron el café mientras tú asesinabas al viejo?
- Sí.
- Bueno, mi negro amigo durante todo ese incidente yo estaba en ese lado del cuarto tocando "Noche de Paz" en el piano. No dije que tú hayas envenenado el café. Dije que tú no hiciste el guisado.
Mi teoría es que tú colaboraste con el tipo que envenenó el café y que los dos mataron a Minnie, al Dulce Dave y a cualquiera que haya visitado este malhadado día a la Mercería. Y en algún momento ustedes tenían la intención de matar a John Ruth y liberar a Daisy. Pero no contaban con la ventisca y no contaban con nosotros dos. Hasta ahí he llegado. ¿Cómo me va?
- Eres un negro con mucha imaginación, ¿no? ¿Entonces me quieres asesinar a mí basándote en una teoría descabellada o la puedes probar?
- No es tan descabellada, señor Bob. Y es un poco más que una teoría. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando para Minnie? Cuatro meses. Si hubieras estado aquí hace dos años y medio sabrías de aquel letrero que había encima del bar. ¿Te lo mencionó Minnie?
- No.
- ¿Quieres saber qué decía el letrero, señor Bob?
- "No se admiten perros ni mexicanos". Minnie colgó ese letrero el día que abrió esta mercería. Y estuvo colgado sobre ese bar todos los días hasta que lo quitó hace más de dos años.
- ¿Sabes por qué lo quitó?
- Permitió que entraran perros. A Minnie le agradaba casi todo el mundo pero no le agradaban los mexicanos. Así que cuando me dices que Minnie fue al norte a visitar a su mamá me parece muy improbable. Pero, está bien. Quizá. Pero cuando me dices que Minnie Mink tomó su mercería que para ella era la cosa más preciada del mundo y la dejó en manos de un maldito mexicano...Eso fue lo que quise decir en el granero cuando dije que no parecía algo que Minnie haría. Ahora sí te estoy llamando mentiroso, señor Bob.

- Pónganse cómodos. Caliéntense junto al fuego.
- Nos vamos a calentar junto a la estufa, si está bien.
- Estufa, chimenea, donde sea. Caliéntense.
- Judy dijo algo del mejor café del mundo.
- Sí, Judy dijo algo acerca del mejor café del mundo.
- Eso no lo sé, pero les diré lo que es. Está caliente, es fuerte y es bueno. Y con esta nieve, seguro les calentará el trasero.

- Merci beaucoup, mademoiselle Minnie.
- Qué bonito. ¿Qué es eso?
- Es francés.
- ¿Hablas francés?
- Oui.
- ¿Oui? ¿Qué significa eso?
- Significa "sí".
- Oui, sí.
- Dave, pregúntame si mi trasero está gordo.
- ¿Qué?
- Pregúntame si mi trasero está gordo.
- Lo está.
- Dije "pregúntame".
- ¿Por qué?
- ¡Hazlo!
- ¿Tu trasero está gordo?
- Oui. ¡Miren, sé hablar francés!

- Lo que haya hecho Minnie para hacerlos enojar yo no tuve nada que ver.
- Bueno, viejo. Si fueras un gato lo que acaba de pasar aquí contaría como una de tus 9 vidas. ¿Sabes que por poco acabaste sobre una pila de negros? Sí. Y tratándose de la pila de negros que estamos haciendo atrás sería fácil volverte general de ella. ¿Me crees? No esperaba menos. No tan rápido, viejo. Todavía te puedes salvar de esto. Más tarde un hijo de perra cochino va a venir aquí. Y va a traer a mi hermana con él. Y la va a tener encadenada. La lleva a Red Rock a que la cuelguen. ¿Sabes por qué?
- No.
- Por $10.000.
- Por eso. Y cuando llegue aquí mataré al tipo y soltaré a mi hermana. ¿Hay alguna razón por la cual quisieras impedir que salve a mi hermana de la cuerda del verdugo?
- No.
- ¿No tienes?
- No, no tengo.
- ¿Estás seguro que no? Matamos a Minnie y al Dulce Dave. El Dulce Dave y tú parecían ser grandes amigos.
- ¡Acabo de conocer a esa gente! ¡Ellos no me importan! Ni tú, ni tu hermana. Ni de ningún hijo de puta en Wyoming, de hecho.
- Esa fue una buena respuesta, viejo.

- ¿Cómo estás, viejo?
- Me volaron las pelotas. Estoy helándome y ardiendo a la vez. Sangrando como un cerdo acuchillado. Creo que me voy a morir. Y fueron estos hijos de puta. Así es como estoy. ¿Cómo estás tú?
- La pierna me duele mucho. Pero creo que si pongo todo mi peso en mi pie derecho...Estaba siendo sarcástico. Me importa un bledo tu pierna.

- ¿Cómo estás, tonta?
- Mejor... ya que vi tu fea cara.

- ¡Mannix! Escogiste un mal momento para volverte un amante de negros. ¿No ves que ese negro y John Ruth te pusieron justo en peligro? ¡Te van a asesinar en casa de la negro Minnie y ni sabes por qué!
- Está bien... perra. Me trago el señuelo. ¿Por qué?
- Estoy trabajando con los tres. No porque estén enamorados de mí sino porque todos somos de una pandilla. La Pandilla de Jody Domingre. ¡El tipo que mataron en el sótano era Jody Domingre! ¡Mi hermano!
- ¿Quién demonios es Jody Domingre?
- ¿Quieres decírselo, hombre?
- Era un tipo famoso que valía $50.000. Y cada miembro de su pandilla valía mínimo diez. Lo cual por fin explica por qué tú vales diez.
- ¿Y qué va a pasar cuando salga el sol, negro?
- Los 15 hombres de mi hermano vendrán derecho aquí por nosotros. ¡Dile, Grouch!
- Jody tiene 15 hombres esperando en Red Rock. Si no podíamos matar a John Ruth y liberar a Daisy aquí su misión era saquear el pueblo matar a John Ruth y liberar a Daisy allá.
- Con la muerte de mi hermano, yo dirijo esta pandilla. ¿Verdad, chicos?
- Así es, Daisy.
- Sí. Y Chris, te digo no has hecho nada todavía que no podamos perdonar. Entonces, hagamos un trato.
- Nada de tratos, perra.
- ¿Vas a dejar que ese negro hable por ti, Chris?
- Espera, Warren. Dado que ella no tiene nada que vender tengo curiosidad sobre su presentación de ventas. Sígueme la corriente. Está bien... perra. ¿Cuál... es... tu trato?
- Fácil. Toma tu pistola y mata a ese negro. Luego nos quedamos aquí, amablemente los próximos dos días.
Cuando se derrita la nieve, nos vamos a México. Tú vas a Red Rock y te pondrán esa estrella en el pecho.
Oye, Pete. ¿Cuánto le podemos pagar?
- Pues, le podríamos dar a Marco. El nombre verdadero de Bob es Marco el Mexicano. Vale $12.000.
- ¿Ése es Marco el Mexicano?
- Precisamente, sí.
- Caray. Ahora que le volé la cara, Marco no vale ni un peso.
- Bueno, si yo me muero en los próximos dos días lo cual es muy probable, te puedes quedar conmigo.
Bajo el nombre del Inglés Pete Hicox hay una recompensa federal de $15.000 por mi cabeza. Es toda tuya, Chris.
- Sigue hablando, Pete. Vas a hablar hasta morir. Joe Gage, ¿quién eres tú?
- Grouch Douglass.
- ¿Has oído hablar de él?
- Sí, he oído hablar de Grouch Douglass. Vale diez, igual que Daisy.
- Recuérdame por qué no deberíamos matarlos a todos y cobrar.
- Puedes matarnos a todos pero nunca gastarás un centavo de la recompensa y nunca te irás vivo de esta montaña. Porque cuando se derrita la nieve el resto de la pandilla de Jody los 15 que nos están esperando en Red Rock vendrán aquí. Digamos que nos matas a todos. Si quieres toda esa recompensa por la pandilla Domingre tienes que llevar todos los cadáveres a Red Rock. Y eso no va a ser fácil. Porque dudo que puedas manejar a cuatro caballos. Y esa diligencia es demasiado pesada para dos caballos. Así que tendrás que conducir una recua de caballos a Red Rock. Y con la nieve profunda después de una ventisca no vas a poder escaparte con más de un cuerpo por caballo. Entonces tú vas a conducir una recua de cuatro caballos a Red Rock. Y con todos esos caballos en esa nieve y tú solo, vas a andar un poco lento. Y te vas a topar directamente con la pandilla Domingre. Y otra vez, Grouch, ¿cuántos son?
- 15 asesinos.
- Y cuando esos 15 asesinos se topen contigo con todos esos cadáveres no sólo los van a matar a ti y a ese negro. ¡Van a regresar a Red Rock y a matar a cada hijo de puta en ese pueblo!
- ¿Realmente eres el alguacil de Red Rock? ¿Quieres salvar el pueblo? ¡Entonces mata a ese negro! ¡Dios!
- ¿Ahora sí crees en Dios, perra?

- ¿Vas a hacer un trato con esta perra diabólica?
- No digo que vaya a hacer un trato. Sólo estamos hablando. Cálmate. ¿Qué pasa con el cuerpo de Jody y los 50.000?
- No seas avaricioso. No hay trato. Nos llevamos el cuerpo de Jody con nosotros. Tiene hijos.
- Entonces yo mato a Warren ¿y todos somos amigos?
- Sí.
- No hay trato, zorra.
- ¡Chris! ¡Estás cometiendo el error más grande de tu vida! ¡Cuando lleguen los muchachos en unos días te van a cortar las pelotas! ¡Y no quedará un palo en ese pueblo sin quemar!
- Entonces debería estar muerto de miedo.
- ¡Si tuvieras sesos, lo estarías!
- Verás éste es el problema, Daisy. Para que tus amenazas me asusten tengo que creer en esos 15 pandilleros más que están esperando en Red Rock. Y, caray... caray no te creo. Lo que creo es que Joe Gage o Grouch Douglas o como quiera diablos que se llamaba envenenó el café. Y tú lo viste envenenarlo. Y me viste servirme una taza ¡y no dijiste nada! Y... yo creo que eres lo que siempre has sido. Una perra mentirosa, que hará lo que sea para evitar la soga que la espera en Red Rock. Incluyendo cagar 15 pandilleros más cuando sea necesario. Y creo que tratándose de lo que queda de la pandilla de Jody Do-min-gre lo estoy viendo.
Aquí y ahora muertos sobre este maldito piso.
- Tienes toda la razón. Entonces vas a morir en esta montaña, Chris.

- Hemos llegado a la parte de la historia en la que te vuelo la maldita cabeza.
- ¡No, no dispares!
- ¿Por qué demonios no?
- John Ruth. John Ruth era un gran hijo de puta. Pero lo último que hizo ese hijo de puta antes de morir fue salvarte la vida. Vamos a morir, blanquito. No tenemos voz en ello. Pero hay una cosa en la cual sí tenemos voz. Y es cómo matar a esta perra. Yo diría que un balazo es demasiado bueno para ella. John Ruth pudo haberla matado en cualquier momento en el camino. John Ruth era "El Verdugo". Y cuando El Verdugo te atrapa no mueres de un tiro. Cuando El Verdugo te atrapa te cuelga.
- "Sólo tienes que colgar a los desgraciados malos. Pero a los desgraciados malos, los tienes que colgar". Como mi primer y último acto como alguacil de Red Rock ¡te sentencio, Domergue a colgar del cuello hasta que mueras!
- ¡Aguanta, Daisy! Quiero ver. Esa fue una danza linda.
- Fue muy hermosa.

- Oye. ¿Puedo ver la carta de Lincoln?
- "Estimado Marquis: Espero que esta carta te encuentre bien de salud y de fortuna. Yo estoy bien aunque quisiera que hubiera más horas en el día. Hay tanto que hacer. Los tiempos están cambiando lentamente pero seguramente y hombres como tú harán una diferencia. Tú éxito militar es motivo de orgullo no sólo para ti sino también para tu raza. Me lleno de orgullo siempre que oigo noticias de ti. Todavía nos falta mucho pero juntos yo sé que llegaremos. Sólo quiero informarte que estás en mis pensamientos. Espero que nuestros caminos se crucen en el futuro. Hasta entonces seguiré siendo tu amigo. La buena de Mary Todd me llama así que supongo que es hora de dormir. Respetuosamente Abraham Lincoln".
- "La buena de Mary Todd". Qué buen toque.
- Sí. Gracias.

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