Frases de la película The Broken Circle Breakdown

The Broken Circle Breakdown

Frases de la película dirigida por Felix Van Groeningen, estrenada en 2012, también conocida como Alabama Monroe.

- ¿Por qué tocas el banjo?
- Demasiado torpe para tocar la guitarra y demasiado tonto para la mandolina. No, no. Antes era punk y el banjo tiene ese lado furioso típico del movimiento punk.

Miserables buscadores de oro venidos del mundo entero, estaban ahí, en los Apalaches, sobre ese esquisto que era muy difícil de extraer. El español tenía una guitarra, el italiano, una mandolina, el judío, un violín, y el africano, un laúd, que es el origen del banjo actual. Hostigados por el hambre y la miseria, se pusieron a cantar canciones sobre el sueño de una tierra prometida, sobre el miedo a la muerte, muy a menudo la esperanza de una vida mejor en el más allá y sobre sus penas, sobre la crueldad de la vida.

Yo no quiero decidir sobre la vida de otra persona.

Tampoco vamos a vivir con un niño en ese remolque.

- ¿Y si construyéramos una veranda delante de la casa?
- ¿Una qué? ¿Una veranda? Francamente, no hay nada más inútil que una veranda. Nunca te sientas en ella. ¿Compraste filete tártaro?
- Pero es genial. ¿No es cierto?
- Una veranda es genial.
- Por favor, mi amor. En verano vas afuera cuando hace calor y en invierno permaneces adentro, cerca de la estufa.
- Excepto que en Bélgica hace demasiado frío para quedarse afuera y demasiado calor para encerrarse.
- De verdad compraste filete tártaro... ¡Esto no es filete tártaro!
- Es vegetariano. Es bueno, ¿cierto? ¡Pero vamos, por favor! No me gusta estar expuesta al viento y al bebé tampoco.
- No queda otra, necesitas una veranda.
- De acuerdo, tendrás la veranda, pero deja de utilizar ese pretexto.
- Gracias.
- ¿Qué? Es sólo una veranda.
- ¿Y? ¿Ya sabes qué es?
- Un niño, imagino. Aunque un semental como Didier puede engendrar un potrillo.

- Eso no es una veranda, mi amor.
- No... No, es una "terranda". La combinación perfecta entre una terraza y una veranda.

- ¿Por qué el pajarito está muerto, papá?
- Bueno... El pájaro chocó contra el cristal y... Los pájaros no saben lo que es el cristal. Creen que si pueden ver a través, también pueden volar a través. No es muy listo de su parte.
- ¿Dónde va el pájaro cuando muere?
- Hay que... Ahora hay que tirarlo al bote de basura. ¿Sí, Maybelle? No se puede poner en el montón de abono, porque es como el pollo, está lleno de huesitos. Debemos, pues, tirarlo en el bote de basura.

¡Mierda! ¡Malditos pájaros! Con el tiempo, esperarías que eso se inscriba en sus genes. Que contraigan una especie de instinto pasado de madre a polluelo, que cuando vean un marco lo esquiven en lugar de volar a través. Pero aparentemente, es preciso que generaciones de pájaros se estrellen contra este vidrio antes de que lo entiendan.

Francamente, ve tú a tratar de explicarle a un niño por qué ese pajarito ya no se mueve.

Quieres decirle que la gente ha inventado muchas cosas para afrontarlo. Que algunos creen que ese pajarito tiene un alma que nunca muere y que sube al cielo. Y que va a reencontrar a sus padres y que volará por la eternidad en un lugar donde el sol brilla siempre y sin ventanas. Que otros creen que es un mártir en la lucha contra las ventanas. Que después de su muerte tendrá diez pajaritas que nunca se han apareado y a las que puede hacerles todo lo que quiera. Pero papá no cree en nada de todo eso. Pues papá cree que todo acaba muriendo y se queda muerto. Pero... Pero no puedes decir eso.

Puede que los nuevos glóbulos ataquen su organismo. Esto no sucede con células madre idénticas pero para eso se necesitan gemelos idénticos o embriones clonados. Por desgracia, la ciencia aún no ha llegado tan lejos.

- El pajarito ahora se convirtió en una estrella.
- De acuerdo, cielo. Si quieres creer que ese pájaro se convirtió en una estrella, así es. ¿Sabes cuál? Elige una.
- Ésa.
- ¿Ésa? ¿La grande que brilla allá? ¿Sí? De acuerdo. Adiós, pajarito.
- Adiós, pajarito.

- ¿No quieres dormir, Maybelle?
- No, tengo 6 años, tengo derecho a despertarlos.
- Sí, es cierto, es tu cumpleaños.

- ¿Qué sucede?
- La perderemos.
- No la perderán. ¿Entendido? No la perderán.

La gente muere por las razones más idiotas.

- ¿Qué puede uno querer ponerse en el cuerpo sabiendo que eso no se irá nunca más? ¿No te arrepientes de ninguno de tus tatuajes?
- Claro que sí. Pero no es un problema. En el peor de los casos, te pones otro arriba.

- Muchas cosas valen la pena en mi vida. De ahí a grabarlas sobre mi cuerpo...
- Cuenta, ¿cuáles?
- Lo que me apasiona desde siempre es Estados Unidos.
- ¿Estados Unidos?
- Sí, Estados Unidos. Es el mejor lugar del mundo. Vengas de donde vengas, cuando llegas ahí puedes volver a empezar de cero. Es un país de soñadores.
- Un águila.
- Eso es, sí. De veras quieres encajarme un tatuaje.
- Tengo que ganarme la vida. Elvis.
- ¿Qué, Elvis?
- Un tatuaje de Elvis. Elvis es el más grande músico de todos los tiempos.
- ¿Elvis? ¿Elvis Presley?
- Sí.
- Por favor.
- Sí, fantástico. Es una de las más grandes canciones. Pero no es de Elvis. Es de Hank Williams.
- Hank-- ¿El vaquero?
- El vaquero, sí. Hank Williams.
- Elvis es un marica. El más grande músico del mundo es Bill Monroe.
- ¿Quién?
- Bill Monroe. Bill Monroe.
- No lo conozco.
- El padre de la música bluegrass. El bluegrass.
- ¿Algo que ver con la música country?
- Es música country en estado puro. Un violín, un contrabajo, una mandolina, una guitarra y un banjo. Sólo cuerdas, la pureza acústica. Y voces. Es absolutamente sublime. Hay un concierto el viernes de un muy buen conjunto de bluegrass. Yo estaré ahí. Me llamo Didier, por cierto.
- Elise.

- ¿Esto qué es?
- Es... Un autoadhesivo de un halcón. Un halcón autoadhesivo de bricolaje. Debería asustar a los pájaros y les impedirá estrellarse contra el vidrio de la terranda. Genial, ¿no? ¿Qué?
- Nada. Eres consciente de que, a largo plazo, esto no les resolverá nada a esas aves. ¿Sí, mi amor?
- Hablas en serio, ¿no es cierto?
- Sí, claro. ¿Cómo quieres que un día aprendan lo que es el vidrio? Tienen miedo del halcón, pero hay un engaño, es una ilusión.
- ¿Por qué siempre tienes que--
- No hay halcón, sino un autoadhesivo. Hay vidrio aquí.
- Es una solución, ¿de acuerdo? A cada problema, su solución.

Durante meses estuvimos rodeados por las células madre y teníamos la sensación de que la medicina no iba lo suficientemente lejos. De que estaba frenada. Es una sensación que no puedes explicar, y tu hija muere y ahora escuchas que idiotas semejantes lentifican todo desde hace años en el nombre de la religión.

Se supone que están a favor de la vida. Para inventar armas no hay límites pero cuando se trata de curar es más posible. Ni hablar de cultivar embriones fuera del matrimonio. Embriones del tamaño de la cabeza de un alfiler. Desgraciados hipócritas.

- Alabama.
- ¿Alabama?
- Sí, he cambiado de nombre, como hacen los indios cuando ellos quieren. En fin, cuando sienten que han superado una etapa de su vida.

- Dime, Alabama... ¿Puedo hacerte una pequeña pregunta? Yo, ¿quién soy? Si tú eres Alabama, ¿quién soy yo?
- Monroe.
- Bill Monroe.

¿Saben quiénes me causan pena? Los científicos que, desde Darwin, se han ocupado de la biología. Que trataron de explicar ese bello mundo, de describirlo y de estudiarlo. Que han consagrado su vida en las condiciones más difíciles. Y que ahora se dan cuenta de que aún hay tarados poniendo en duda la teoría de la evolución. Porque fue Yahvé. Yahvé ha creado el mundo en sólo seis días. Y no en 4.500 millones de años. Es para vomitar. Montón de tarados. Pero quiero decirles algo sobre Yahvé. El Dios del Antiguo Testamento por quien más del 80% del mundo se prosterna es de lejos el personaje más malévolo de la literatura. Verifiquen en sus Biblias. Léanla cuidadosamente. Yahvé es un manipulador, sádico, asesino, racista, misógino, homófobo, colérico y vanidoso que hizo una limpieza étnica, que pide sacrificios de hijos y juega juegos sádicos para probar la fe. Un dictador que se supone creó el cielo, la tierra y los hombres para que nos prosternemos humildemente a sus pies y para que, con deferencia,cantemos su gloria. Yo no fui creado a esa imagen. No recibo órdenes de un Dios así. Valgo más que eso. Soy... Soy un mono. Y tengo miedo. Sé que debo ser bueno hacia mi prójimo, si no, me rompe la cara. No necesito a un Dios para saber eso. Nosotros creamos a los dioses porque teníamos miedo. Por miedo e ignorancia. Pero si hoy viniera a decirles que el rayo es la cólera de Dios ¿qué me dirían ustedes? Se me reirían en la cara. Más que un Dios que destruir. Más que un Dios que destruir. Más que un Dios que destruir.

Mi hija, Maybelle. Mi pequeña hija está muerta porque ciertas investigaciones no son éticas según la comunidad religiosa. Pero eso es sólo un detalle. Millones de personas mueren porque el desgraciado del Papa se niega a que cojamos con preservativo. En la escala de la historia, es sólo un detalle pero no para mí. No para mí.

Si tengo ganas de creer que Maybelle es una estrella en el cielo es mi derecho. Si quiero creer que es un pájaro que picotea en el alféizar, una mariposa que se posa en mi hombro o una maldita rana que--
- Maybelle está muerta, mi amor. Está muerta, se fue. Ya no está aquí. Pero nosotros estamos aquí. Yo estoy aquí. Debemos proseguir juntos.
- He tapado tu nombre, Didier.
- Cobarde. No eres más que una cobarde. ¡Una cobarde! Maybelle nunca habría querido eso. ¿Por qué lo hiciste?
- Lo sabía. De hecho, siempre lo he sabido. Que era demasiado hermoso para ser cierto. Que no podía durar. Que la vida no es generosa. No tenemos derecho a amar, no podemos encariñarnos pues la vida no hace obsequios. Vuelve a llevarse todo riéndose en tu cara, te traiciona.
- Mi amor, no seas tan--
- No me llames así, Didier. Ya no soy tu amor. Se acabó.

- Papá, ¿quieres volver a contarme la historia de las estrellas?
- Sí, ¿qué historia?
- La historia de cuando ellas se apagan.
- ¿Se apagan?
- Ésa que ya me has contado.
- Bueno. Una pequeña estrella como ésta, de hecho es...
- Un sol.
- Sí. Muy bien, Maybelle.
- Es un sol que se encuentra muy, muy lejos. Y su luz debe caminar y correr desde muy lejos y por mucho tiempo para llegar hasta tus ojitos. Y entonces, a veces pasa que esta estrella ya se fue, se apagó antes de que su luz llegue a tus ojitos. Puede ocurrir, pues, que veas algo que ya no está ahí. Pero no pasa nada, porque la luz de una estrella continúa siempre avanzando más allá de tus ojitos. Siempre más lejos. Y entonces, la estrella seguirá siempre existiendo. Por siempre jamás.

Adiós, mi amor. Tú... ¿Le darás un beso a Maybelle por mí cuando la veas?

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