Frases de la película Rush

Rush

Frases de la película dirigida por Ron Howard, estrenada en 2013, también conocida como Rush, pasión y gloria.

Veinticinco pilotos inician cada temporada en Fórmula 1 y cada año, dos mueren. ¿Qué clase de persona tiene un trabajo así? No la gente normal, seguro. Los rebeldes... los lunáticos... los soñadores. Gente desesperada por dejar huella y dispuesta a morir en el intento.

Mi nombre es Niki Lauda y en el automovilismo me conocen por dos cosas. La primera es mi rivalidad con él... La otra cosa por la que me recuerdan es lo que pasó el 1o. de agosto de 1976 cuando iba persiguiéndolo como un imbécil.

- ¿Qué pasa? ¿Nunca habían visto una mancha de sangre?
- ¿Se encuentra bien?
- Totalmente.
- Creímos que habías sufrido un accidente.
- Así fue. Si llamas accidente un desacuerdo con otro piloto.

Tengo una teoría sobre el gusto de las mujeres por los pilotos. No es porque respeten lo que hacemos... conducir dando vueltas y vueltas en círculos. A la mayoría les parece patético y tal vez tengan razón. Es nuestra cercanía con la muerte. Entre más cerca estés de ella, más vivo te sientes. Más vivo estás. Y ellas perciben eso en ti. Lo sienten en ti.

Nunca lo habrían imaginado los pioneros que inventaron el automóvil que nos poseería así, nuestra imaginación, nuestros sueños. Enfermerita, a los hombres nos gustan las mujeres pero aún más que eso ¡los hombres amamos los autos!

- Era mi línea. Yo tenía esa curva.
- ¿Esa en la que giraste y acabaste en sentido contrario? Creo que esa curva te tenía a ti.

- Las carreras son para playboys y diletantes. Para amateurs frívolos sin nada en la cabeza. El apellido Lauda es de políticos y economistas, para las primeras planas.
- ¿Y si es lo único que sé hacer?
- Entonces necesitas mi dinero más que nunca así que hazme caso y entra al negocio familiar.
- Bien. Quédate con tu dinero. No inviertas en mí. Pero cuando sea campeón mundial y mi nombre aparezca en las primeras planas te arrepentirás.

Las carreras son para playboys y diletantes. Para amateurs frívolos sin nada en la cabeza.

Mis padres siempre quisieron que fuera doctor, corredor de bolsa o algo así. Me dieron una educación de primera, pero todo salió terrible y terminé aquí, con ustedes... Soy impetuoso... incapaz de tolerar la disciplina... Peleo con la gente a diestra y siniestra. Las únicas criaturas que he amado o que he tratado con honor son los periquitos. En cualquier área de la vida, sería, o soy un verdadero estorbo. Mi única virtud es conducir autos rápido. Así que les agradezco que lo reconozcan. Se lo daré a mi padre para que lo ponga en una repisa e imagine que es un título en medicina.

- ¿Fue más rápido en mi auto? Lo fue, ¿no es así? ¿Corrió 2 segundos más rápido?
- Dos punto tres.
- Entonces, piénselo bien, defina sus prioridades y luego hablamos.

Es buen piloto pero parece que es un inmortal en la cama.

Sin patrocinios, Superestrella. Espero que lo apruebes. Nada de logos vulgares de cigarros o condones. Solo blanco y las banderas. Y trajes de carreras que dicen: "Sexo, desayuno de campeones".

Cuando empezó la temporada, la gente se preguntaba si Lord Hesketh y su equipo de entusiastas de clase alta le traerían glamour a la comunidad automovilística o solo comedia. Ciertamente, es la primera vez que se ve a un mayordomo servir ostras y caviar en los pits. Pero han tenido un gran impacto.

- Qué terrible.
- Deberían cancelarla.
- ¿Por qué? Cometió un error, tomó la curva muy rápido. Fue culpa suya.
- ¿Sí?
- Es obvio. Mira las marcas de los neumáticos.
- Lo dice el don nadie, que tuvo que pagar por un lugar. ¿Cómo te va con eso, por cierto?
- Bien. ¿Qué tal es ir atrás?
- No planeo estar ahí por mucho tiempo.

- Personalmente, siempre he creído en llegar... pisar el acelerador y retar a todos a moverse primero. Pero no quieren eso... quieren mi cuerpo como un templo y mi mente como un monje.
- ¿Qué hay de tu alma, de tu corazón?
- También tienen ideas sobre eso. Quieren que deje de jugar, que siente cabeza y me case con la próxima chica que vea. Creen que me haría bien.
- ¿Tú qué crees?
- ¡Suena espantoso, carajo! Pero, como suelen tener razón en casi todo quizá también la tengan en eso. Tú no tienes ganas de casarte, ¿o sí?

- Es terrible. Se maneja como un cerdo.
- No puedes decir eso.
- ¿Por qué no?
- ¡Es un Ferrari!
- ¡Es una basura!
- Da las vueltas como loco y la distribución del peso es un desastre. Increíble, todas estas instalaciones y hacen una porquería como esta.

Eres familiar y amigo del commendatore mientras ganes. En cuanto pierdes, ciao, ciao.

Dios me dio una mente buena pero un excelente trasero que siente todo en un auto.

Es una porquería. Una pedacera. Pero si tú lo conduces, me harás feliz, Niki, ¿eh? ¡Nadie me creerá que Niki Lauda está conduciendo mi auto!

- No hace falta ir rápido. Solo incrementa el porcentaje de riesgo. No hay prisa. No me están pagando. Ahora mismo, sin incentivos ni pagos ¿por qué iría rápido?
- Porque yo te lo pido.
- ¿Y siempre consigues lo que quieres?
- Generalmente.

Es una increíble batalla entre Niki Lauda en el Ferrari rojo, y James Hunt en el Hesketh blanco.

Para ser campeón se necesita más que solo ser rápido. Es todo el paquete. Tú solo eres un corcel y un fiestero. Por eso les agradas a todos.

- Todo ese cariño, todas esas sonrisas son señales de falta de respeto. No te temen. Mientras que a mí...
- Sí, a ti, quien no le agrada a nadie.
- Cierto.
- Ni aun a sus compañeros.
- Cierto. Porque soy serio. Me acuesto temprano, me cuido, cuido mi auto.
- Sí, qué bien portado.
- Voy a trabajar, arraso y luego, tras la carrera, me voy a casa en lugar de a bares a hablar de estupideces con esos imbéciles.
- ¿Imbéciles?
- Tú también deberías irte a casa más seguido.
- Escuché que te casaste.
- Sí, así es.
- ¿Y dónde está, esa esposa misteriosa?
- En Nueva York, trabajando.
- ¿Sabes? Nunca te he visto con ella.
- ¿No? Tal vez es porque siempre estás en casa, tú solo, cuidándote... siendo un niño bueno.

- No busques normalidad en hombres dispuestos a matarse conduciendo en círculos.
- Nunca esperé normalidad. Dios sabe que hice esto conscientemente. ¡Solo esperaba un esposo la mitad de impresionante por dentro de lo que es por fuera!

- ¿Qué quieren, un piloto o un vendedor de cepillos?
- Queremos triunfar.
- Sí, yo también. Pero eso significa vencer a Niki Lauda no ser un títere para los patrocinadores.

Es todo aquello por lo que entramos en esto. Nueve de cada diez días los sacará de quicio pero en el décimo, James será invencible. Y ese será el día que lo querrán en su auto. Nunca ganarán el campeonato con Jacky Ickx. Con James tal vez sí.

Claro, es magia. Tomamos un gran auto, una gran obra de ingeniería, y la convertimos en un enorme pedazo de mierda.

- ¿Tú conduces un auto ilegal y yo soy el tramposo? Patético.
- Las reglas son las reglas.
- Sí, y las ratas, ratas.
- ¿De veras crees que me molesta, James... que me digas "rata" porque parezco una? No me importa. Las ratas son feas, sí, y a nadie le gustan pero son muy inteligentes y tienen un fuerte instinto de supervivencia.

- Y quién sabe si, de haber sido solo la bebida o la droga, la infidelidad o el carácter hubiera funcionado. Pero cuando es todo...
- Sí, lo sé, soy terrible.
- No, no eres terrible. Solo eres quien eres en este punto de tu vida.

Mi esposa se encontró un nuevo promotor... digo, amante, que la hace feliz. Y el Sr. Burton, una forma de sentirse joven otra vez que lo hace feliz. Ojalá tenga bolsillos grandes. Los necesitará. Y yo hallé la manera de tener una ex esposa sin gastar un centavo, que tiene que ser una de mis mayores victorias.

- Hasta ahora tienes un gran margen sobre los demás ¿cómo lograste esa ventaja?
- Con pelotas.

La felicidad es el enemigo. Te debilita. Te hace dudar. De pronto, tienes algo que perder. Cuando crees que la felicidad es el enemigo ya es muy tarde. Ya lo has perdido todo.

- Niki, ¿un autógrafo?
- Con fecha, por favor.
- ¿Con fecha? ¿Por qué?
- Nunca se sabe. Podría ser el último.

- Si se cancela, no nos dan nuestro bono.
- Cierto, te irías sin tu bono pero con tu vida.

Sí, claro que estoy asustado y ustedes también. Acepto que cada vez que subo a mi auto existe un 20% de probabilidad de que muera, y vivo con eso pero ni uno por ciento más.

¿Sabes, Niki? De vez en cuando sirve que le agrades a la gente.

Lo peligroso no son las quemaduras del rostro sino las de los pulmones.

Despertó y acaba de hablar. Dijo: "Dígale al padre que se largue; sigo vivo!".

- Esa carrera nunca debió correrse.
- No, no debió correrse.
- Así que me siento responsable por lo que pasó...
- Lo eres. Pero, créeme, tras verte ganar esas carreras mientras luchaba por mi vida fuiste igualmente responsable de hacerme volver al auto.

Ahora, sé que no se ve bien pero una ventaja inesperada es que es imposible transpirar por un injerto así que nunca más me caerá sudor en los ojos, algo bueno para un piloto.

- James Hunt y McLaren se han acercado mucho mientras no estuviste.
- Sí. ¿Tienes alguna pregunta o solo quieres fastidiarme?

- ¿Y qué dijo tu esposa cuando te vio el rostro?
- Me dijo: "Cariño no necesitas rostro para correr, solo el pie derecho".

- James, ¿crees poder soportar la presión?
- Nunca entendí qué significa eso. Amo mi trabajo. Amo competir. Amo correr. Deberías preguntarle a Niki, el campeón mundial que tiene todo que perder.
- Mr. Lauda, ¿siente presión?
- ¿Parece que siento presión? Soy campeón mundial y estoy a punto de volver a serlo. Ahora Hunt tiene la oportunidad de ganar pero no es tan fácil convertirse en campeón. Hay que creérselo para hacerlo posible.
- James, ¿quisieras agregar algo?
- Si Niki sucio quiere jugar y satisfacción lograr con un juego mental, perfecto, me ha de halagar. Lo cierto es que yo estoy mejor. Nunca me sentí mejor. Seguramente a la próxima conferencia vendré como campeón mundial.

Está alcanzando a Regazzoni, pero con este clima una cosa es alcanzar y otra muy distinta rebasar.

- ¡Campeón del mundo, carajo!
- Dinos, James, ¿qué harás?
- Me embriagaré.

- ¿Tú piloteas?
- No. No me darían seguro.
- Deberías intentarlo. Sirve para la disciplina. Hay que seguir las reglas, las normas, suprimir el ego. Ayuda con las carreras.

- Eres incansable.
- Gracias.
- No sé si lo dije como cumplido.

No gané lo más grande de mi vida para regresar a trabajar.

- Debes demostrarles a los que dicen que ganaste por--
- ¿Por qué? ¿Por tu accidente? Niki, ¿lo dicen los demás o tú? Yo gané, ¿de acuerdo? En el día importante, cuando valía corrimos en igualdad, con autos iguales. Y arriesgué mi vida y me salvé.
- ¿A eso le llamas ganar?
- Sí.
- Los riesgos eran totalmente inaceptables. Estabas dispuesto a morir. Para mí, eso es perder.
- Así fue, y lo admito. Estaba dispuesto a morir con tal de vencerte. Y eso es lo que me provocas. Me llevaste a ese límite. ¡Y se sintió genial! Diablos, ¿no es por eso que estamos en esto? ¿Para mirar a la muerte a los ojos y engañarla? Vamos, eso es nobleza. Es como ser caballeros.
- Ustedes los ingleses son unos imbéciles. Conoces mi postura. 20% de riesgo.
- No, Niki, no me salgas con porcentajes. No te pongas profesional. En cuanto lo haces, matas todo lo bueno. Matas el deporte.

- En el hospital, lo más duro que pasé fue la succión. Me bombeaban la mierda de los pulmones. Fue un infierno. Y mientras lo hacían, yo veía la televisión. A ti, ganándote mis puntos.
- ¿Tus puntos?
- "Ese maldito Hunt", decía. "¡Lo detesto!". Y un día, el doctor me dijo: "Sr. Lauda, ¿me permite darle un consejo? Deje de creer que el tener un enemigo en la vida es una maldición. Puede ser una bendición". "Un sabio saca más de sus enemigos que un tonto de sus amigos". ¿Y sabes qué? Tenía razón. Míranos. Éramos unos niños cuando nos conocimos. Idiotas impulsivos en Fórmula 3. Repudiados por nuestras familias. Sin rumbo. Y ahora ambos somos campeones del mundo.

Así que no me decepciones. Necesito que me fastidies.

Parte de la vida debe ser para el placer. ¿Qué caso tiene tener miles de trofeos, medallas y aviones si no te diviertes? ¿Cómo puede ser eso "ganar"?

- Te veré el día de la carrera, campeón.
- Así será... campeón.

Te ves bien, Niki. Eres el único que se quemó el rostro y le quedó mejor.

Para James un título mundial era suficiente. Había demostrado
lo que tenía que demostrar a sí mismo y a todo aquel que dudaba de él. Y dos años después, se retiró.

Cuando lo vi en Londres siete años después, yo como campeón de nuevo, él como comentarista, iba descalzo en una bicicleta, con un neumático pinchado. Seguía viviendo cada día como si fuera el último. Cuando supe que murió a los 45, de un paro cardíaco no me sorprendió, solo me entristeció. La gente siempre piensa que éramos rivales pero él era de los pocos que me agradaban y de los muy pocos que respetaba. Sigue siendo la única persona que envidié.

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