Frases de la película Rompiendo las olas

Dirección: Lars von Trier.
Actuación: Emily Watson, Katrin Cartlidge, Stellan Skarsgård.
Género: Drama, Romance.
Estreno: 1996.
Otros títulos: Contra viento y marea y Breaking the Waves.

- No aprobamos los matrimonios con extraños. ¿Sabes siquiera lo que es el matrimonio?
- Es cuando dos personas se unen en Dios.
- ¿Te crees capaz de afrontar la responsabilidad no solo de tu matrimonio en Dios sino del de otra persona?
- Sé que soy capaz.
- ¿Se te ocurre algo realmente valioso que nos hayan traído los extraños?
- Su música.

- Un gran sermón, Padre. Que suenen las campanas.
- Nuestra iglesia no tiene campanas.
- No es muy alegre, ¿no?

Querida Bess...
Te conozco desde hace seis años y puedo decir que nadie tiene un corazón tan grande. Esto no fue fácil para mí cuando me casé con Sam pero tú me aceptaste enseguida y nunca lo olvidaré. Tu generosidad no tiene límites como cuando prestaste una bicicleta a Jack. Porque la suya estaba rota. Pero era mía, yo tuve que ir andando. Me puse furiosa contigo pero ahora me arrepiento porque tú eres así. Lo das todo. Al morir Sam yo perdí un marido, y tú un hermano. Lo pasamos juntas y prometimos cuidarnos mutuamente. Tú eres la razón--Perdón. Tú eres la razón de que me haya quedado en este lugar tan frío. Y ahora tu calidez ha abrazado a otro extraño. Se llama Jan y no sé mucho de él pero reconozco su derecho a estar aquí debido a ti, Bess. Si no te cuida y no te da todo lo que necesitas lo mataré.
Gracias por todo lo que me has dado, Bess.

- ¿De qué te ríes? ¿Cómo has aguantado? ¿Cómo podías estar lejos de los chicos?
- Te estaba esperando. No, no te rías.
- Sí. Debías sentirte sola.

Gracias por el mayor don del mundo, el don del amor.

- Es absurdo que solo puedan hablar los hombres.
- Cuida tu lengua, mujer.

- Si no puedes controlar tu carácter, tendrás que volver al hospital, hija.
- Lo siento, lo siento, lo siento.
- ¿Por qué vas a ser distinta? Aquí todas aprenden a estar solas cuando su hombre está en el mar o en las plataformas de petróleo. Hasta tú puedes aprender a soportar eso.

- No sé ni quién eres. No sé nada de ti. Y, sinceramente lamento decirlo, pero no confío en ti. Es muy sensible y tú podrías-- Tú podrías obligarla a hacer lo que quisieras.
- No, no creo.
- ¿Cómo la voy a cuidar ahora? ¿Qué pretendes? ¿Tenerla aquí... encerrada para siempre? No es fuerte.
- Es más fuerte que tú y yo.
- No lo entiendes, ¿verdad? No está bien de la cabeza.
- Vamos. Lo quiere todo, nada más.

- Bess. Bess. ¿Eres tú, Bess?
- Hola.
- Lamento no haber podido llamar antes.
- No te preocupes.
- ¿Ya no me quieres?
- Claro que sí.
- Entonces dilo.
- Había decidido no decírtelo. Todo el mundo dice que te quiero demasiado y que si supieras cuánto te quiero te disgustarías porque ahora no estamos juntos.
- Bess, nunca dejes de decirme que me quieres. ¿Entendido?
- Sí.
- Digan lo que digan.
- Sí.
- Dilo, entonces.
- ¡Te quiero tanto!
- Yo también te quiero.
- Te oigo respirar.
- ¿Me oyes tú a mí? ¿En qué piensas?
- En que estás aquí.
- ¿Y qué haces?
- Te estoy tocando los brazos y el pecho y el vientre y el pito. ¡La tienes tan grande!

- Bess McNiell has rezado muchos años para que llegara el amor. ¿Acaso debo quitártelo otra vez? ¿Es eso lo que quieres?
- No... Sigo agradecida por tener amor.
- Entonces, ¿qué quieres?
- Rezo para que Jan vuelva a casa.
- Volverá a casa dentro de diez días. Tienes que aprender a esperar, lo sabes.
- No puedo esperar.
- Eso no es propio de ti, Bess. Hay gente que necesita a Jan y su trabajo.
- ¿Qué hay de ellos? No importan. No importa nada más. Solo quiero que Jan vuelva a casa. ¡Te lo suplico! ¡Por favor! ¿Puedes mandarlo a casa?
- ¿Seguro que es lo que deseas?
- Sí.

- Hemos estabilizado la situación de su esposo por el momento.
- ¿Vivirá?
- Sí. Sí, Bess, vivirá. Su esposo ha sufrido graves lesiones. La vida no siempre debe conservarse a cualquier precio.
- ¿Qué quiere decir?
- Bess, el doctor quiere decir que a veces en algunos casos, si la vida no merece la pena entonces tal vez sea mejor morir.
- No conoce a Jan. Sino, no diría algo así.
- Su esposo tal vez no vuelva a caminar. Creemos que quedará paralítico.
- ¿Pero vivirá?
- Sí, parece que vivirá.

- ¿No me va a dar unas pastillas?
- Probablemente, no soy como tu otro médico. No creo que haya que recetar pastillas si la gente hace lo que es natural. Tal vez donde tú vives no demuestren lo que sienten, pero...
- No es una enfermedad. Lo que pasó en la plataforma fue culpa mía.
- ¿Cómo?
- Le pedí a Dios que lo mandara a casa.
- Bueno... Bueno... ¡Qué poderes tienes! ¿De verdad crees que tienes esos poderes? Sé que ustedes se creen especiales.

- El amor es poderoso.
- ¿Verdad?
- Si muero será porque el amor no puede mantenerme vivo. Pero casi no recuerdo lo que es hacer el amor. Y si olvido eso moriré. ¿Recuerdas cuando te llamé desde la plataforma? Hicimos el amor sin estar juntos.
- ¿Quieres que te hable así de nuevo? Me encantaría.
- Bess. Quiero que busques un hombre para hacerle el amor. Y que luego vengas a contármelo. Sería como si volviéramos a estar juntos. Eso... Eso hará que siga viviendo.
- No puedo.
- Esta mañana, cuando cuando te dije que te buscaras un amante no era por ti. Era por mí. Porque no quiero morir. Tengo miedo. ¿Entiendes?
- Sí.
- Seremos tú y yo, Bess. Hazlo por mí.

- ¿Crees que nos volvemos personas distintas al acercarnos al abismo? ¿Y que nos volvemos malos cuando vamos a morir?
- No vas a morir. Sé que no morirás. Te lo prometo.

- El Dr. Richardson dice que Jan puede empeorar.
- Yo soy la que le salvó la vida. Puedo volver a hacerlo.
- Bess, ¿de qué estás hablando?
- Le conté historias a Jan. Historias de amor. Era casi como estar juntos... él y yo. El amor puede salvar a Jan. No debe olvidarse del amor. Me lo dijo él.
Me dice lo que debo hacer.
- Bess, me alegra que hayas escuchado a Jan. Pero no te dejes dominar por él. La enfermedad es algo muy poderoso.
- He salvado a Jan.
- ¡No digas eso, es una estupidez!
- Siempre has dicho que no era estúpida.
- ¡Pero lo eres si dices esas cosas!
- ¿Por qué me llamas estúpida ahora?
- Porque veo que te estás perdiendo en un mundo falso y me preocupa. Me indignaba que te llamaran estúpida pero eres estúpida.

- Te ves malditamente horrible. ¿Por qué te vistes así? Pareces una viuda. Todavía no me he muerto.
- Tal vez lo estás deseando.
- No... No, no...
- No has hecho lo que te pedí.
- ¡Lo he hecho!
- Te pedí que estuvieras con un hombre.
- Y he estado.
- ¿A eso le llamas estar con un hombre? Es un chiste.
- Te quiero a ti. No amo a ningún otro hombre.

- ¿Te acuestas con otros para alimentar sus fantasías?
- Se puso mejor.
- ¡No, no se puso mejor! Así son las cosas, Bess. ¡Unas veces está mejor y otras, peor! ¡No tiene que ver con lo que haces! ¡Esas son tus imaginaciones!

Te amo, sin importar lo que haya dentro de tu cabeza.

- Vamos, Bess. Ya no eres una niña. ¡Por el amor de Dios! Te está obligando a acostarte con el primero que aparece. Tú no eres así.
- No hago el amor con ellos. Hago el amor con Jan. Y lo salvo de la muerte.
- Bueno, lo siento, pero a mí me parece un viejo verde que quiere hacer de mirón.
- A veces ni siquiera necesito contárselo. Jan y yo tenemos un contacto espiritual. Dios permite que todos hagamos una cosa bien. Yo siempre he sido estúpida. Pero soy buena en esto. Dios da una habilidad a cada uno.
- ¿Cuál es la de Jan?
- Es... Es un gran amante.
- Bueno, ¿y cuál es la mía, entonces?
- No lo sé. ¿No la ha encontrado aún?

- Porque solo hay un modo de que nosotros, pecadores alcancemos la perfección a los ojos de Dios. El amor incondicional a la palabra que está escrita el amor incondicional a la Ley.
- No entiendo lo que dice. ¿Cómo se puede amar una palabra? No se pueden amar las palabras. No puedes estar enamorado de una palabra. Se puede amar a otro ser humano. Eso es la perfección.
- Aquí las mujeres se callan.

- Siento no haber podido ser buena, madre.
- No te preocupes, Bessie. Tu abuelo siente no poder venir.
- ¿Le dirás que lo quiero? Me alegra que hayas venido, madre.

- Define Ud. a la difunta como "una persona inmadura, inestable que, debido a la enfermedad de su marido se entregó obsesivamente a una forma de sexualidad exagerada y perversa". ¿Le gustaría aclarar eso?
- ¿He escrito eso?
- Sí, eso dice aquí.
- ¿Puedo beber agua, por favor?
- Un vaso de agua para el Dr. Richardson.
- Gracias.
- Escuche, hombre. La fallecida estaba a su cargo. Quisiéramos conocer los datos facultativos.
- Si me pide que vuelva a redactar la conclusión en lugar de escribir "neurótica" o "psicótica", tal vez sencillamente usaría la palabra "buena".
- ¿Buena?
- Sí.

- Bess McNiell eres una pecadora y tus pecados te envían al infierno.
- ¡Ninguno de ustedes tiene el derecho de enviar a Bess al infierno!