Frases de la película Roma

Dirección: .
Actuación: , , .
Género: Drama.
Estreno: .

- ¿Qué dicen?
- Ve allá arriba.
- Ya no hablen así.

- ¿Qué haces? Ya dime.
- No puedo, estoy muerta.
- ¡Ah! Oye.
- ¿Hum? Me gusta estar muerta.

- Cleo, ¿le traerías un tecito de manzanilla al señor?
- No, porque está conmigo.
- Sí, señora.
- Al menos unos minutos.
- Ahorita vuelve.

- Oye, ¿y sí quieres ir al cine?
- Sí, a mí me gustan las películas. ¿A ti no?
- No es eso, es que está bonita la tarde.
- Sí, está muy bonita. ¿Quieres ir a la alameda?
- Órale. A ver, espérame tantito.
- Entonces, ¿qué? ¿No vas a entrar?
- Es que está muy bonita...
- ¡Ajá! ¡Ira, tú! Yo, mejor me voy a lo oscurito. Me cuentas, ¿eh? Me cuentas.

- ¿Entrenas diario?
- Tengo que. Le debo la vida a las artes marciales. Yo crecí con muchas carencias, ¿sabes? De chamaco, cuando mi mamá se murió, me llevaron a vivir a Neza. Allá con mi tía. Que entre que mis primos me madreaban, que las malas compañías, y que empecé a tomar y caí en el chemo. Me andaba muriendo. Pero descubrí las artes marciales. Y todo tiene... ¿Foco? Así como cuando me miras.

- Cuando yo era grande, tú estabas ahí, pero eras otra.
- ¿Cuando eras?
- Sí.
- ¿O cuando seas grande?
- No, cuando era grande.
- ¿Sí? ¿Y cuándo fuiste grande?
- Cuando no había nacido.
- ¿Y qué eras de grande?
- Era piloto.
- ¿Piloto de qué?
- De guerra.
- ¿Y te gustaba?
- Me daba miedo.
- ¿Te daba miedo?
- Sí.

- Oye, es que... Es que no me ha llegado el mes. Es que creo que estoy en encargo.
- Ah, pos... Está bien, ¿no?
- ¿Sí?
- Ey. Tengo que ir al baño.
- Pero ya va a terminar la película.
- Sí, pero tengo que ir ahorita. No me tardo nada.

- Cleo, ¿estás bien?
- Sí.
- ¿Sí? ¿Qué tienes? Querías hablar conmigo. ¿Está bien tu mamá?
- Sí.
- ¿Sí?
- Ay, señora Sofi...
- ¿Qué pasó?
- Es que creo que estoy con encargo.
- ¿Cómo que crees?
- Es que no me ha llegado el mes.
- ¿Y hace cuánto tiempo?
- No sé.
- Ay, mensa. ¿Quién es el papá?
- Fermín, el primo del novio de Adela.
- ¿Y ya le dijiste? ¿Ya sabe?
- Es que no da razón.
- Ay, mensa. ¡Mensa!
- ¿Me va a correr?
- ¿Correr? Claro que no, Cleo. ¿Cómo crees? No seas tonta. Hay que llevarte al doctor ya. Ay, mensa. ¡Mensa!

- Nomás te dejo de ver y te me pones viejita.
- Viejitos los cerros y todavía reverdecen.

- Oye, se escucha mucha música.
- Es Año Nuevo, hay que festejar.
- Entonces, ¿llamo a Lupe y a Yola?
- No, ¿para qué quieres a esas nanas de ciudad? Parecen más finas que sus patrones. No, tú vente.

- ¿No vas a brindar con nosotros el Año Nuevo? ¿Ya hablas inglés o qué?
- Es que le hace daño al bebé.
- Un traguito le hace bien. ¡Festeja ahorita que puedes!

- ¿Qué te pasa?
- No te hagas, si tú también quieres.
- ¡Billy, no! ¡No!
- Está bien, si solo quería consolarte.
- Estás borracho.
- Estarás tan buena, comadre.

- No corran tan lejos, nada más llegamos a la falda y nos regresamos.
- ¿Qué falda?
- La del cerro.
- ¿El cerro tiene falda?
- Sí, la falda. La base, pues, mijo.
- Alex, el cerro tiene falda. Si nos agachamos, podemos verle los calzones.
- ¿Qué hacen?
- Viéndole los calzones al cerro.
- El cerro no tiene calzones, baboso.
- ¡Tú tampoco!
- ¡Pendejo!

¿Sabes? Se parece a mi pueblo. Claro, allá está seco, pero se parece. Y así, igual, hacen los animales. Y así suena. Y así huele.

- Ya vamos tarde. ¿Van a bajar o no?
- Abuela, que se apuren.
- Toño, ¿qué pasa?
- El que se quedó se quedó.

Bienvenidos. Que la energía acoja a todos los combatekas presentes esta tarde. Tú. Tú. Y tú también. Tú también puedes serlo. Todo ser humano posee un gran potencial que se desarrolla a través del acondicionamiento físico. ¡Sí! Pero, aún más importante, mediante la evolución mental y espiritual. Ustedes también pueden desarrollar ese potencial. ¡Pero no esperen milagros! El único milagro radica en su propia voluntad. Y recuerden, el desarrollo mental es el motor para el desarrollo físico.

- ¡Fermín! ¿Puedes hablar tantito?
- ¡Ey, te hablan!
- ¡Sh! ¡Ale!
- Hola, mi Cleo.
- Hola, Fermín.
- ¿Qué te trae por estos rumbos?
- Es que te he dejado recados, te he buscado y no das razón.
- Perdón, pero es que se puso muy intenso el entrenamiento. Hasta trajeron a un entrenador gringo y uno coreano. Bueno, el gringo ya estaba aquí, pero el coreano es nuevo.
- ¿Es para las Olimpiadas?
- Algo así. ¿Quién te dijo que estaba aquí?
- Es que el cuñado de mi vecina entrena aquí contigo.
- Fue Ramón.
- No.
- Pinche gordo. Pero ahí donde lo vea, su calentadita al puto. Chin, chin.
- Es que estoy con encargo.
- ¿Y a mí?
- Es que la criatura es tuya.
- ¡Ni madres!
- Es que sí lo es.
- Ya te dije que ni madres. Y si no quieres que te parta tu puta madre a ti y a tu pinche criaturita, no lo vuelvas a decir. Y no me vuelvas a buscar. ¡Pinche gata!

- Oye, manita. Oí que el gobierno vino al pueblo a expropiar terrenos, y tomaron el de tu madre.
- ¿Y cómo la ayudo?
- Podrías ir a verla.
- ¿En este estado?

Estamos solas. No importa lo que te digan, siempre estamos solas.

- Deme el nombre completo de su familiar.
- Cleodegaria Gutiérrez.
- Okey. ¿Gutiérrez qué?
- No sé, señorita.
- ¿Cuántos años tiene?
- No sé nada.
- ¿Recuerda su fecha de nacimiento?
- No.
- ¿Usted qué parentesco tiene con la paciente?
- Soy su patrona.
- Okey. ¿No viene algún familiar directo?
- No.
- Okey. Está bien con esos datos. Última pregunta. ¿Sabe usted si su paciente es derechohabiente?

Déjame escuchar a tu bebé. Tranquila. Déjame escuchar a tu bebé.

- Cleo, lo siento mucho. Tu bebé nació muerto. Hicimos todo lo que pudimos, pero no respondió.
- ¿Lo quieres conocer?
- Sí.
- Aquí está tu bebé. Es una niña. Despídete de ella, Cleo.
- Necesito que me la entregues, Cleo.
- No.
- Despídete de ella.

- ¡Niños! ¡Niños! ¡Háganme caso! Tengo algo que decirles. Su papá no está en Ottawa.
- ¿Ya regresó?
- No. Su papá nunca fue a ningún lado. Bueno, sí, pero solo una semana. Su papá no va a volver a la casa. Vinimos aquí para que sacara sus cosas de la casa.
- ¿Qué cosas?
- Sus cosas. O lo que dice que son sus cosas. Su ropa, sus libros, sus libreros.
- ¿Se van a divorciar?
- Dice que no sabe.
- ¿Ya no nos quiere?
- Claro que los quiere. Mucho. Dice que los quiere ver.
- ¿Cuándo?
- Dice que no sabe. Que pronto. Va a haber muchos cambios. ¡Pero estamos juntos! ¡Y va a ser una aventura! La próxima semana empiezo un trabajo de tiempo completo en una editorial.
- ¿En una editorial? Pero si tú eres química.
- Ya lo sé, pero tú papá no ha mandado dinero. Y con lo de la prepa no alcanza. ¡Pero me gustan los libros! La química nunca me gustó. Y va a ser otra aventura. Tenemos que estar muy juntos en esta nueva aventura. ¿Verdad, Cleo?
- Sí.
- Muy, muy juntitos. ¿Hum?

- ¿Sabías que cuando yo era más grande fui marinero?
- Ajá.
- Sí, pero un día me ahogué en una tormenta. ¡Y las olas eran muy grandes!
- ¡Sofi! ¡Paco! ¡En la orilla!
- Y era de noche. Había muchos rayos. Y yo no sabía nadar.

- ¿Qué pasó? ¿Estás bien, mi amor? ¿Estás bien?
- Cleo nos salvó.
- Gracias.
- ¿Estás bien?
- Gracias.
- Yo no la quería.
- ¿Qué?
- No la quería.
- Están bien.
- Yo no quería que naciera.
- Te queremos mucho, Cleo.
- ¿Verdad?
- Pobrecita.
- Te queremos mucho. Mucho.
- Te quiero mucho, Cleo.
- Yo también te quiero mucho.

- A ver, cuéntenme, ¿cómo que se iban a ahogar?
- Sí, la corriente nos llevó.
- Hola, comi. Bien, muy bien.
- ¡Claro que no! Eran de dos metros.
- Cleo nos salvó. ¿Verdad, Cleo?
- Cleo, ¿me traes un licuado de plátano?
- Sí.
- A mí, igual.
- ¿Hay Gansitos?
- Ahorita reviso.