Frases de la película Revenant: El Renacido

Frases de la película dirigida por Alejandro G. Iñárritu, estrenada en 2015

Todo está bien, hijo. Ya sé que quieres que esto se acabe. Estoy aquí contigo. Aquí voy a estar. Pero tú no te rindas. ¿Me oyes? Mientras puedas seguir respirando, pelea. Respira... sigue respirando.

- Llevo tanto tiempo comiendo carne de castor que extraño los platos de mi esposa.
- Yo extraño a tu esposa.
- Cállate.

- Sabemos que estas pieles no van a estar aquí cuando regresemos.
- No podemos cargarlas hasta el fuerte. No así. Hay rees en todo el territorio. Necesitamos las manos libres.
- ¡Vamos a perder estas pieles!
- ¿Prefieres perderlas o tu vida?
- ¿Mi vida? ¿De qué vida hablas? Yo no tengo vida. Apenas vivo, y mi única manera de vivir es con estas pieles.

- ¡Si quieres sobrevivir, cierra esa boca!
- Al menos me oyó.
- ¡Ellos no oyen tu voz, hijo! ¡Solo ven el color de tu cara! ¿Entiendes?
- Sí.

- Están torturando al desgraciado. Lo más apropiado sería despacharlo rápido.
- A menos que tenga posibilidad de salvarse.
- ¿De salvarse? Viste lo que le hizo ese oso. Morirá en menos de una hora.
- Todos moriremos si no deja de gritar así.

¿Oyes ese viento, padre? ¿Te acuerdas de lo que decía madre sobre el viento? "El viento no puede vencer a un árbol con raíces fuertes".

Aquí voy a estar. Estoy aquí contigo. Mientras puedas seguir respirando, pelea. Respira. Sigue respirando.
Cuando hay una tormenta y te paras enfrente de un árbol si miras las ramas juras que se va a caer. Pero si te fijas en el tronco verás su estabilidad.

- ¿Un ree te hizo eso? Tengo curiosidad.
- Sí, fueron ellos. Se tomaron su buen tiempo. Al principio, no sentí nada. Solo oí el sonido del cuchillo raspando contra mi cráneo y de ellos riéndose y gritando y ululando y todo eso. Luego empecé a sangrar.
Era fría. Me empezó a correr por la cara, por los ojos y la empecé a aspirar. Me ahogaba con ella.
Entonces fue cuando lo sentí. Lo sentí todo. Me voltearon el cráneo de dentro para fuera.
- Dios.

¿A qué te estás aferrando, Glass? Sabes sería mejor que exhalaras tu último aliento ahora... para todos nosotros...Has sido muy valiente. Eso es admirable. Pero te lo suplico. Hay rees tan cerca que los puedo oler. Tú también puedes. Tienes que pensar en tu hijo. Porque lo vas a matar. Nos vas a matar a todos. Te puedo asfixiar si quieres. Quitarte el sufrimiento. Nadie sabrá que te diste por vencido. Solo tienes que parpadear si quieres que lo haga. Salva a tu hijo y parpadea. Solo tienes que parpadear.

- ¡Fitz! ¿Qué haces?
- ¿Qué parece? Estoy enterrándolo bien, como querías.
- No, así no.
- ¿Por qué no?
- Está vivo, Fitz. Está vivo.

¿Quieres saber por qué diste por muerto al Sr. Glass? ¿O por qué dejaste a tu amiguito corriendo por allá? ¿Quieres saber si todavía está vivo? ¿Sabes por qué? Porque aún no eres un hombre.

- Sigo preguntándome si hicimos lo correc--
- No debemos preguntarnos nada. El Señor nos puso en un camino, lo hayamos elegido o no.

Mi padre nunca fue un hombre muy religioso. Si no lo podías cultivar, matar o comer, simplemente no creía en eso. Una vez se fue a las colinas de Saba. ¿Las colinas de San Saba? Se reunió con un par de alguaciles de Texas para ir de caza. Una cosa rutinaria. Lo había hecho unas cien veces. Iban a ser tres días, pero al segundo día todo se fue al diablo. Esa noche se perdieron sus amigos. Y para colmo los comanches se robaron los caballos. Estaba muerto de hambre y delirante. Llegó a una pequeña arboleda un grupo de árboles, en medio de la nada, rodeado de matorrales y encontró la religión. En ese momento, me dijo que conoció a Dios. Y resulta que Dios es una ardilla. Sí. Una ardilla enorme, gorda. "Encontré a Dios", decía.
"Y mientras estaba disfrutando de la gloria de Su piedad maté al hijo de puta y me lo comí".

- ¿Qué te pasó?
- Un oso.
- Un oso.
- Un oso pardo.
- Un oso pardo.
- Mis hombres me dieron por muerto. Mataron a mi hijo.
- Yo también perdí a mi familia. Los sioux mataron a mi gente. Voy a ir al sur a buscar a más pawnees. Mi corazón está sangrando. Pero la venganza está en manos del Creador. Cabalgarás conmigo. Tu cuerpo está podrido. Necesita sanar. Te puedes morir.

- ¡Dijiste que estaba muerto!
- ¡Eso pensé, se lo juro!
- ¡Me mintió!
- ¡El mentiroso eres tú!
- ¡Lo dejaste allí!

- No, no huirá. Tiene miedo. Sabe lo lejos que vine tras de él. Igual que ese alce. Cuando tienen miedo, se meten en el bosque. Lo tengo atrapado. Solo que él aún no lo sabe.
- ¿Cómo puedes estar seguro? Porque tiene todo que perder.
- Lo único que yo tenía era ese muchacho. Y él me lo quitó.
- No puedo dejar que vuelvas allá fuera. Otra vez, no.
- Ya no tengo miedo de morir. Ya he estado muerto antes.

No recuerdo la cara de mi esposa. La semana pasada todavía estaba conmigo. Ahora se me fue. Me preocupa no reconocerla cuando vuelva a casa.

- ¡Teníamos un acuerdo, Glass! Intenté decírselo a tu hijo. Intenté decírselo, pero no me escuchaba y no dejaba de gritar. Iba a hacer que nos mataran a todos. Pero tú y yo... nosotros hicimos un trato. Ya sabes lo que pasó allá. Y te juro por mi alma, el Señor... Él sabe lo que pasó allá.
- No hicimos ningún trato. Tú mataste a mi hijito.
- Quizá deberías haber criado un hombre, no un cobarde afeminado. ¡Maldita sea! Viniste hasta aquí solo para vengarte, ¿no? Disfrútalo, Glass. Porque nada va a revivir a tu hijo.

No, es cierto. La venganza está en manos de Dios no en las mías.

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