Frases de la película Rebeca

Frases de la película dirigida por Alfred Hitchcock, estrenada en 1940, también conocida como Rebecca y Rebeca, una mujer inolvidable.

Anoche soñé que volvía a Manderley. Estaba ante la verja de hierro. Pero no podía entrar. Entonces, me imbuyó un poder sobrenatural, y atravesé la verja. El sendero serpenteaba y se retorcía y vi que había cambiado, la naturaleza recuperaba otra vez su lugar invadiéndolo con sus tenaces dedos. El sendero se retorcía más y más. Y al final estaba Manderley. Manderley, sigilosa. Sus muros seguían perfectos. La luz de la luna, engañosa me hizo ver luz en las ventanas. Pero una nube tapó la luna como una mano sombría. La ilusión se fue con ella. Era un caparazón abandonado sin susurros del pasado. No podemos volver a Manderley. Pero yo vuelvo en sueños... a los extraños días, que empezaron en el sur de Francia.

- Quizá le seas útil al Sr. de Winter. Eres muy competente.
- Estaría encantado, pero pienso que quien viaja solo, va más rápido.

- ¿La Sra. Van Hopper es su amiga?
- Soy su dama de compañía.
- No sabía que la compañía se comprara.

- Era un incomprendido.
- Suele pasar.
- Pintaba árboles, bueno, uno.
- ¿El mismo una y otra vez?
- Sí, decía que si encuentras lo adecuado, hay que persistir.

Te habrá enseñado algo más que tenis.

- Ojalá hubiera un invento que embotellase los recuerdos, y no se esfumasen. Y cuando quisiera, abrir la botella y revivirlo.
- ¿Qué recuerdo quiere conservar?
- El de estos últimos días. Llenaría muchas botellas.
- A veces en esas botellas hay demonios que asoman cuando más quieres olvidarlos.

- Prométeme que nunca llevarás seda ni perlas. Ni tendrás 36 años.
- Sí, Maxim.

- ¿Te vas a América, o vienes a Manderley conmigo?
- ¿Necesita una secretaria?
- Te pido que nos casemos.

- No pertenezco a tu mundo.
- ¿Cuál es mi mundo?
- Manderley, ya me entiendes.
- Yo soy quien decide eso... pero si no me amas, es otra cosa, un golpe para mi vanidad.
- Te amo locamente. He llorado porque creí que no volvería a verte.

- No es la declaración ideal, ¿no? Debería ser en un invernadero, tú de blanco, con una rosa y música de violines. Y yo haciéndote el amor, bajo una palmera. Pobrecita.
- No importa.

- Me alegro de que me llamara. Me iba apresuradamente, y debí despedirme pero he sabido que mi hija se ha comprometido.
- Qué coincidencia. La llamé para anunciarle mi compromiso.

- ¿Cazas?
- Ni siquiera monto a caballo.
- Deberías, iremos todos juntos.
- ¿Con silla o a horcajadas? Lo siento, olvidé que no... No hay mucho que hacer aquí.
- Maxim, ¿cuándo darás una fiesta?
- No lo sé.
- Todos quieren conocerla...
- Ya.
- Organiza otro baile de máscaras.
- ¿Te gusta bailar?
- No se hacerlo muy bien.
- ¿La rumba?
- No he probado.
- ¿Qué hace tu esposa?
- Dibujos.
- ¿Dibujos? Espero que no sean de esos vanguardistas que representan el alma atormentada.
- ¿Navegas?
- No.
- Menos mal.

- Muy amable. Pareceré estúpida, pero. veo las cosas que ella tenía y yo no... belleza, inteligencia y otras cosas esenciales.
- Usted tiene cualidades mejores... amabilidad, sinceridad y modestia... que un marido aprecia más. Nadie quiere vivir en el pasado. Y Maxim menos. Usted puede alejarnos de eso.
- No volveré a sacar el tema, pero tengo una pregunta más.
- Si puedo la responderé.
- ¿Cómo era realmente Rebecca?
- Supongo... que la criatura más bella que he visto...

- La Sra. Denvers estará furiosa.
- ¿Por qué le tienes miedo? Pareces una doncella, y no la señora de la casa.

Si crees que somos felices, lo seremos... No sé nada sobre la felicidad.

- No imaginé que se iría tan lejos. A veces, creo que la oigo detrás mío. Con su paso sigiloso, es inconfundible. En todas las habitaciones de la casa. Casi puedo oírla. ¿Cree que los muertos visitan a los vivos?
- No lo creo.
- Me pregunto si ella vuelve a Manderley... para verlos a usted y al señor juntos.

- Sra. Denvers. Quiero que se deshaga de todo esto.
- Son las cosas de la Sra. de Winter.
- Ahora soy yo la Sra. de Winter.

- La he visto bajar, igual que hace un año la vi bajar a ella. Ni siquiera con el mismo vestido se puede comparar a ella.
- ¡Usted sabía que ella llevó el mismo vestido, y aun así me lo sugirió! ¿Por qué me odia? ¿Qué he hecho para que me odie tanto?
- Ha intentado ocupar su sitio. Se ha casado con él.

Creyó que podría ser la Sra. de Winter... vivir en su casa, caminar sobre sus pasos, tomar lo que era suyo. Pero ella es demasiado fuerte, no puede luchar contra ella. Nadie pudo con ella, jamás. Al final fue vencida, pero no por un hombre, ni por una mujer. Fue el mar.

Maxim, ¿no podríamos empezar otra vez de cero? No pediré que me quieras, no pediré cosas imposibles... Seré tu amiga, tu compañera. Con eso me conformo.

- Sabía que el cadáver de Rebecca estaba tendido en el suelo de esa cabina en el fondo del mar...
- ¿Cómo lo sabías?
- Porque yo lo puse ahí.

¡La odiaba!

Era tan bella, tan refinada, tan divertida... Tiene las tres cosas que ha de tener una esposa, decían... Clase, inteligencia y belleza. Y yo les creí. Por completo... Pero jamás tuve un momento de felicidad con ella.

No contribuye a la cordura, vivir con el demonio.

Se ha ido para siempre aquella mirada extraña, joven y perdida que amé... No volverá jamás. La maté cuando te conté lo de Rebecca... Se ha ido. Dentro de unas horas, serás mucho mayor.

Tengo la impresión de que antes de que acabe el día, alguien usará... ese término tan expresivo, aunque algo anticuado, de juego sucio.

- Max es del tipo tradicional, de los que morirían para defender su honor... o matarían.
- Es chantaje, puro y simple.
- El chantaje no es ni puro ni simple. Puede traer problemas a mucha gente. Y el chantajista se ve a veces en la cárcel.

Ustedes son como un pequeño sindicato.

He leído muchas novelas y sé que siempre debe haber un motivo.

- No había nada que hacer, excepto esperar.
- ¿Dijo algo cuando la informó?
- Sonrió de manera extraña. Su esposa era una mujer extraordinaria. Recuerdo que dijo algo que me sorprendió por raro... Cuando le dije que era cuestión de meses, exclamó: 'Oh, no doctor, no tanto.'

Eso no es la aurora boreal. ¡Es Manderley!

La Sra. Denvers se ha vuelto loca. Dijo que antes que vernos felices en Manderley, lo destruiría.

¡Miren! ¡El ala oeste!

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