Frases de la película Nada es para Siempre

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Frases de la película dirigida por Robert Redford, estrenada en 1992, también conocida como El río de la vida y A River Runs Through It.

Hace tiempo, cuando yo era un muchacho, mi padre me dijo: Norman, te gusta escribir historias... Y yo dije: Sí, me gusta. Luego él dijo: Algún día, cuando estés preparado, podrás contar la historia de nuestra familia. Sólo entonces comprenderás lo que sucedió y el porqué.

Casi siempre elegía un camino a lo largo del gran Blackfoot, al cual considerábamos el rio de nuestra familia, y era allí donde sentía que le revivía el alma y la imaginación se le despertaba.

Hace mucho tiempo, la lluvia cayó sobre el barro y se convirtió en roca. Hace 500 millones de años. Pero incluso antes,
debajo de las rocas, están las palabras de dios. Escuchad. Y si Paul y yo escuchábamos muy atentamente durante toda la vida, posiblemente oiríamos aquellas palabras.

En su opinión, todas las cosas buenas, tanto la trucha como la salvación eterna, se obtienen a través de la elegancia, y la elegancia a través del arte, y el arte no se adquiere fácilmente.

Si de él dependiese, a las personas que no supiesen capturar a un pez no se les permitiría deshonrar a un pez pescándolo.

No enseñaba más que a leer y a escribir, y siendo escocés creía que el arte de la escritura estaba en el ahorro.

La mitad de largo...

Otra vez.
La mitad de largo.

Bien. Ahora tíralo.

El sistema de mi padre estaba equilibrado. Todas las tardes me dejaban en libertad, sin enseñanzas ni trabas hasta la hora de la cena para que aprendiese por mi cuenta el lado natural del orden divino. Y no podía haber mejor sitio para aprender que la Montana de mi juventud. Era un mundo en el que aun había rocío, y en el que había más maravillas y posibilidades que en cualquier otro que haya conocido desde entonces.

Pero también era un mundo duro. Eso lo comprendimos y lo admiramos ya de niños. Y tuvimos que comprobarlo, por supuesto. Sabía que era duro porque había sangrado en una pelea.

Paul era distinto. Su dureza procedía de algún lugar secreto de su interior. Sabía, simplemente, que era más duro que cualquier otro ser vivo.

No daremos las gracias por la comida hasta que ese plato esté limpio.
Hace mil años que los hombres comemos la avena del Señor. A un chico de ocho años no le corresponde cambiar esa tradición.

- Norm, ¿qué quieres ser de mayor?
- Pastor, supongo. O boxeador profesional.

Y así, a los 16 años, cumplí con mi deber y empecé a trabajar para el servicio forestal estadounidense. Era una vida de madera y trabajo, con hombres tan duros como los mangos de sus hachas. Y más montañas en todas direcciones de las que jamás volveria a ver.

- Sé como podemos pasar a la historia.
- ¿Cómo?
- Le cogemos prestado el bote de remos al viejo Seifer y bajamos los rápidos.
- No puedes bajar por los rápidos, Paul.
- Puedes intentarlo. Te puedes morir intentándolo. Te enterrarían con todos los honores.

Aquella fue la única vez que nos peleamos. Tal vez después nos preguntásemos cual de los dos era más duro, pero si las preguntas no obtienen respuesta antes de un momento dado, no se pueden volver a hacer. Y volvimos a ser corteses el uno con el otro como sugería el muro de la iglesia.

Entonces vi algo extraordinario. Paul se liberó de las instrucciones de nuestro padre por primera vez y adquirió un ritmo propio.

Dartmouth fue algo más que una educación, fue una revelación que me abrió un mundo sobre el cual sólo me había hecho conjeturas.

En total, pasé seis años en Dartmouth. Lejos de casa casi todo ese tiempo. Paul, sin embargo, prosiguió sus estudios en Missoula por no estar dispuesto a abandonar los peces que aún no había pescado.

Lo llamaba el lanzamiento en la sombra. Manteniendo el sedal sobre el agua el tiempo suficiente y lo suficientemente bajo para crear un arco iris. Y me di cuenta de que en el tiempo que yo había estado fuera, mi hermano se había convertido en un artista.

Volver a estar en la iglesia de mi padre pareció completar mi regreso. Me di cuenta de que, más que ninguna otra cosa, las palabras de mi padre eran lo que hacían que me encontrase cómodo.

...y en la oleada de recuerdos despertados, cuando los sentimientos más profundos del corazón se agitan, nos acordamos del poeta que canta: Atrás, vuelve atrás, oh, tiempo, en tu huida. Conviérteme en un niño otra vez. Sólo durante esta noche.

Estaba un poco nervioso... Pues porque tienes un "je ne sais quoi". Y pensé que podía acercarme y escuchar a los Kliquot Club Eskimos con tu madre.

Querida Jessie, mientras la Luna se detiene un momento sobre los Bitteroots antes de su descenso hacia lo invisible, se me llena la mente de canción. Me encuentro tarareando suavemente, no la música sino otra cosa... En otro lugar, un lugar recordado. Una pradera en la que parece que nunca estuvo nadie... excepto los ciervos. Y el recuerdo cobra fuerza con la sensación de que estás bailando entre mis torpes brazos. Norman.

La familia Burns tenía una tienda en un pueblo en el que sólo había una, y aun así conseguían que el negocio les fuese mal.

- Echo de menos el mar.
- ¿Cómo es?
- Es grande y es azul. La gente se impulsa sobre las olas.

Todo el mundo sabe pescar.

El único plan que Neal tenía en mente era ir al bar de Black Jack. Un viejo vagón de mercancías situado en el bosque donde sería más improbable que lo encontrase un policía honrado.

Después de unas cuantas copas de asqueroso whisky destilado por el propio Black Jack, Neal comenzó a pontificar. Había elegido temas de Montana para contar mentiras sobre caza con rifle, excursiones, caza con cepos... Para impresionar al único cliente que había en el bar. Su estratagema empezaba a dar resultado.

Neal, en Montana hay tres cosas a las que nunca llegamos tarde. A la iglesia, al trabajo, y a la pesca.

- No le gusta la pesca. No le gusta Montana. Y está claro que no me aprecia.
- Bueno, a lo mejor lo que le gusta es que alguien intente ayudarle.

- Necesito que alguien
me lleve...
- Será mejor que te agarres.

- Eres gracioso, sabes.
- ¿En qué soy gracioso?
- No te cae bien mi hermano, ¿verdad?
- No, tu hermano no me cae bien. Mira, no sé hacer trucos con las cartas, Jess. Pero me gustas y quiero volver a verte.

Hay logros más importantes, Norman. No importa que seas aburrido. No. Estamos muy orgullosos de ti.

- He entrevistado al presidente.
- ¿A Calvin Coolidge?
- ¿Al presidente?
- Sí, a Calvin Coolidge.
- ¿Al Sr. Coolidge?
- Sí.
- ¿Cuándo?
- Hace unos días estuvo en dakota. Pescando con mosca.
- ¡Pescando con mosca!
- Pescando con mosca, con traje y con corbata, guantes blancos y zapatos de charol. Y le pregunté... Me acerqué a él y le dije: Disculpe, señor. ¿Puede decirme en que están picando?
- En el extremo de mi sedal.

Luego llegó un montón de lugareños y le ataron una mosca del tamaño de un pollo. El viejo Cal lanza el sedal pensando que si no pesca una trucha matará a alguna del susto.

En mi opinión, la más ruin de las flores que crecen puede darnos pensamientos que con frecuencia son demasiado profundos para lágrimas.

¿A qué se debe que la gente que más ayuda necesita no la acepta?

- Lo cierto es que no estoy seguro de que me quiera ir.
- ¿De Montana? ¿Por qué? Siempre va a estar aquí.
- No es por Montana.
- Entonces, ¿por qué?
- No estoy seguro de que te quiera dejar a ti.

- Bunyan Bug, mosca de piedra número dos.
- Gracias, compasivo profesor de poesía y truchas.

Nunca me iré de Montana, hermano.

En aquel momento supe con claridad y seguridad que estaba presenciando la perfección.

- Sólo tres años más para que pueda pensar como un pez.
- Ya piensas como una mosca de piedra.

Mi hermano no estaba ante nosotros en la orilla del gran Río Blackfoot, sino suspendido en el aire por encima de la tierra, liberado de todas sus leyes, como una obra de arte.

Y con la misma seguridad y claridad supe que la vida no es una obra de arte y que aquel momento no podía durar.

Con el paso del tiempo, mi padre luchaba por algo más a lo que aferrarse y me preguntaba una y otra vez si se lo había dicho todo. Y finalmente le dije: Tal vez lo único que realmente sé de Paul es que era un buen pescador. Sabes más que eso, dijo mi padre. Era encantador. Y aquella fue la última vez que hablamos de la muerte de mi hermano.

Aunque, indirectamente, Paul estaba siempre presente en los pensamientos de mi padre. Recuerdo el último sermón que le oí, no mucho antes de su propia muerte. Cada uno de los que hoy estamos aquí presentes mirará en algún momento de su vida a un ser querido necesitado y hará la misma pregunta. Estamos dispuestos a ayudar, Señor, ¿pero qué es lo que necesita, si es que necesita algo? Es verdad que pocas veces podemos ayudar a quienes tenemos más cerca. O no sabemos que parte de nosotros darles o, más frecuentemente, la parte que tenemos para dar es rechazada. Y por ello son los que viven con nosotros, y a los que deberíamos conocer, los que se nos escapan. Pero podemos quererlos de todos modos. Podemos querer totalmente sin entender totalmente.

Ya soy demasiado viejo para ser un buen pescador, y por lo general pesco sólo en los grandes rios, aunque algunos de mis amigos piensan que no debería hacerlo. Pero cuando estoy solo en la penumbra del cañón, toda existencia parece desvanecerse hasta quedarme con mi alma y mis recuerdos, y los sonidos del gran Río Blackfoot, y un ritmo a la cuenta de cuatro, y la esperanza de que un pez subirá. Finalmente, todas las cosas se fusionan en una, y la atraviesa un rio.

El rio fue creado por el gran diluvio mundial y discurre sobre las rocas de un lecho de tiempo. Sobre algunas de las rocas hay gotas de lluvia eternas. Bajo las rocas están las palabras. Y algunas de las palabras son suyas. Vivo obsesionado por las aguas.

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