Frases de la película Mujer Maravilla

Frases de la película dirigida por Patty Jenkins, estrenada en 2017, también conocida como Wonder Woman.

Yo quería salvar al mundo. Este lugar hermoso. Pero sabía muy poco. Es una tierra de magia y maravillas. Merece que la atesoremos en todo sentido. Pero cuanto más te acercas mejor ves la gran oscuridad latente en su interior.

Lo que hacemos frente a la verdad no es tan fácil como parece. Yo lo aprendí a golpes. Hace mucho, mucho tiempo. Y ahora no volveré a ser la misma.

- Podría empezar a enseñarle algunas cosas. Al menos debería aprender a defenderse.
- ¿De quién?
- Por si hay una invasión.
- ¿Acaso no tengo para eso a la mejor guerrera de la historia con todo un ejército a su cargo, General? Ojalá nunca llegue el día en que ella tenga que luchar.

- ¿Y si prometo tener cuidado?
- A dormir.
- ¿Y si no uso espada?
- Luchar no te hace heroína.
- Entonces solo el escudo, nada que tenga filo.
- Diana, eres lo más valioso que tengo. Te deseaba tanto que te esculpí yo misma con arcilla y rogué a Zeus que te diera vida.

- Quizá él no regrese nunca. Tal vez murió por las heridas.
- Ares está vivo. Tú lo sientes en las entrañas, igual que yo. Solo es cuestión de tiempo. Volverá. Cuanto más fuerte sea ella, más pronto la encontrará. Hipólita, yo la quiero tanto como tú. Pero este es el único modo de protegerla verdaderamente.
- Entrénala con más rigor que a ninguna otra amazona. Cinco veces más diez veces más. Hasta que incluso te supere a ti. Pero que nunca se entere de la verdad sobre su identidad ni su origen.

Esperas que la batalla sea limpia. Pero nunca son limpias.

- ¿La guerra? ¿Qué guerra?
- La guerra. La Gran Guerra. Cuatro años 27 países 25 millones de muertos civiles y militares. Inocentes mujeres y niños masacrados. Saqueos e incendios por doquier. Armas más letales de lo que nadie podría imaginar. Nunca he visto algo así. Parece el fin del mundo.

- ¿Dirías que eres un espécimen típico de tu sexo?
- Estoy por encima del promedio.

- ¿Qué es eso?
- Es un... Es un reloj.
- ¿Un reloj?
- Sí, un reloj. Marca la hora. Me lo regaló mi padre. Lo acompañó en momentos muy difíciles. Ahora lo tengo yo. Por suerte, sigue funcionando.
- ¿Para qué?
- Porque marca la hora. La hora de comer, dormir, despertarse, trabajar...
- ¿Permites que esa cosita te diga qué hacer?
- Sí.

- ¿Cómo hablas tan bien mi idioma?
- Hablamos cientos de idiomas. Somos el puente para que haya mayor comprensión entre los hombres.

Mi padre me dijo una vez: "Si ves algo malo sucediendo en el mundo puedes quedarte sin hacer nada, o ir y hacer algo". Y ya intenté no hacer nada.

- Hay tantas cosas... Tantas cosas que no entiendes.
- Entiendo lo suficiente. Que quiero luchar por quienes no pueden defenderse. Como lo hiciste tú alguna vez.
- Sabes que si decides irte quizá nunca regreses.
- ¿Quién seré si me quedo?

Ten cuidado en el mundo de los hombres, Diana. Ellos no merecen a alguien como tú. Siempre has sido mi gran amor. Hoy eres mi gran dolor.

- ¿Cuánto tardaremos en llegar a la guerra?
- ¿A qué parte de la guerra? El frente occidental en Francia abarca 650 kilómetros, de los Alpes al mar del Norte.
- A donde el combate sea más intenso. Si me llevas allí, seguro que encontraré a Ares.
- ¿Ares? ¿El dios de la guerra?
- Ares es nuestra responsabilidad. Solo lo puede vencer una amazona. Con esto. Y cuando lo venza la guerra terminará.
- Me encanta tu entusiasmo pero esta guerra es... Es un gran desastre. Y ni tú ni yo podemos hacer demasiado al respecto. Solo volver a Londres y buscar a los que sí pueden.
- ¡Yo soy la que puede! Cuando encuentre y destruya a Ares los alemanes se librarán de su influencia volverán a ser buenos, y el mundo estará mejor.
- Genial.

- ¿Qué haces?
- Pensé que quizá querías dormir un poco.
- ¿Y tú? ¿No vas a dormir? ¿Los hombres no duermen?
- Sí, dormimos. Pero no dormimos con...
- ¿No duermen con mujeres?
- No, es decir, sí, duermo con... Duermo con... Sí, duermo con mujeres. Pero fuera de los confines del matrimonio no es... Es mala educación, ¿entiendes?
- ¿"El matrimonio"?
- El matrimonio. ¿No existe en tu...? Vas con el otro ante un juez y ambos juran amarse y respetarse hasta que la muerte los separe.
- ¿Y lo cumplen? ¿Se aman hasta la muerte?
- En muchos casos, no.
- Entonces ¿para qué lo hacen?
- No tengo idea.

- En mi mundo, no soy un hombre promedio. Para ser espía debes poseer cierto vigor. ¿No conocías a ningún hombre? ¿Y tu padre?
- No tengo padre. Mi madre me esculpió en arcilla y Zeus me dio vida.
- Qué bueno. Perdón. En mi mundo los bebés se hacen de otra manera.
- Te refieres a la biología reproductiva.
- Sí.
- Sí, la conozco. Sé todo lo que hay que saber. Sí, me refiero a eso y a otras cosas. Los placeres terrenales.
- ¿De eso también sabes?
- Leí el Tratado sobre los placeres terrenales de Clío, los 12 tomos.
- ¿Los 12? ¿Trajiste alguno?
- No te gustarían.
- No sé. Tal vez sí.
- No.
- ¿Por qué?
- Sostiene que los hombres son esenciales para la procreación pero, cuando se trata de disfrutar son innecesarios.

- ¿Estas son las armaduras en su país?
- "Armaduras". No, es la moda. Nos sostiene la panza.
- ¿Para qué quieren sostenerla?
- Solo una mujer sin panza podía hacer esa pregunta.

- ¿Cómo hacen para luchar con esto encima?
- ¿Luchar? Nosotras usamos nuestros principios. Así vamos a conseguir el derecho al voto. Aunque no me opongo a usar los puños de vez en cuando llegada la oportunidad.

- ¿Hay más información?
- Por desgracia, no, señor. En Criptografía no hubo suerte. Parece una combinación de dos idiomas pero hasta ahora no han logrado determinar cuáles son.
- Otomano y sumerio. Imagino que alguno de ustedes se dio cuenta.
- ¿Quién es esta mujer?
- Es mi secretaria, señor.
- ¿Y entiende el otomano y el sumerio?
- Es una excelente secretaria.

En mi tierra, los generales no se ocultan tras un escritorio como cobardes.

- Debemos llegar antes del atardecer.
- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Qué te pasa? ¡Estamos en Tierra de Nadie! Eso implica que nadie puede cruzar, ¿entiendes?
Este batallón lleva casi un año aquí y no avanzó ni un centímetro. Porque, del otro lado, hay unos alemanes que apuntan con sus metralletas a cada punto. No es un territorio que pueda cruzarse. No es posible.
- ¿Entonces? ¿No hacemos nada? Pero vamos a hacer algo. Eso hacemos.

Cada uno da su propia batalla, Diana. Como tú das la tuya.

- Son copos de nieve. Tócalos.
- ¡Es mágico!
- Sí, ¿no es cierto?
- Sí, es mágico. ¿Esto hacen las personas cuando no hay guerras?
- Sí. Sí, esto y otras cosas.
- ¿Qué cosas?
- Desayunan. Les encanta desayunar. Y también despertarse leer el diario e irse a trabajar. Algunos se casan. Tienen hijos y envejecen juntos. Supongo.
- ¿Cómo es eso?
- No tengo idea.

¿Hay una isla entera de mujeres como ella? ¿No vive ni un solo hombre allí? ¿Cómo se llega?

- ¿Ella cree que Ludendorff es Ares, el dios de la guerra? ¿Y que la guerra terminará solo si lo matamos? Qué absurdo.
- Tú viste lo que pasó allí. ¿Cómo enfrentó a ese nido de ametralladoras? ¿Cómo derribó esa torre? Quizá sea verdad. Yo le creo.
- Creo que es verdad.
- Steven, no crees estas ridiculeces en verdad, ¿no?

- ¿La está pasando bien en la fiesta?
- Reconozco que no sé muy bien qué festejamos.
- Un triunfo de Alemania, por supuesto.
- ¿Un triunfo?
- Pero dicen que la paz está muy cerca.
- ¿La paz? No es más que un armisticio en una guerra eterna. Tucídides. Conoce a los antiguos griegos. Ellos comprendían que la guerra era un dios. Un dios que requería sacrificios humanos. Y a cambio daba un objetivo al hombre un sentido a su vida, una posibilidad de alzarse sobre su ser mísero, insignificante y mortal para ser valiente noble, ¡mejor!
- Solo uno de todos sus dioses creía en eso. Y se equivocaba.
- Usted no sabe nada de los dioses. Herr General.

- Están muertos. Todos muertos. Podría haberlos salvado. Los habría salvado de no haber sido por ti. ¡Impediste que matara a Ares!
- ¡No!
- ¡Aléjate de mí! Ahora entiendo todo. Ares no ha corrompido solo a los alemanes. A ti también. A todos ustedes. Buscaré a Ares y lo mataré.

Soy Diana de Temiscira hija de Hipólita la Reina Amazona. Y tú ya no derramarás tu ira sobre este mundo. En nombre de todo lo que es bueno doy por cumplida en este acto la misión de las Amazonas de liberar a este mundo de ti ¡por siempre!

- Debería haber terminado. ¿Por qué siguen?
- ¡No sé! No lo sé.
- Ares ha muerto. Ya pueden dejar de pelear. ¿Por qué siguen?
- ¡Porque tal vez sean ellos! Tal vez... Tal vez las personas no siempre son buenas. Con o sin Ares quizá el ser humano es así.

- Mi madre tenía razón. Dijo que no merecían a alguien como yo. No merecen nuestra ayuda, Steve.
- ¡No se trata de merecer!
- No merecen nuestra ayuda.
- ¡Quizá no la merecemos! Pero no se trata de eso. Se trata de lo que uno cree. ¿Te parece que no entiendo con todo lo que he visto? ¿Que no me gustaría decir que un solo tipo es el culpable? ¡No es así! Todos somos culpables.
- Yo no.
- ¡Quizá yo sí! Por favor. Si crees que esta guerra debe acabar si deseas ponerle fin ayúdame a ponerle fin ya. Porque si no me ayudas, miles más morirán. Por favor, ven conmigo.

No soy tu enemigo, Diana. Soy el único que te conoce en serio. Y a ellos también, como tú los conoces ahora. Siempre fueron y siempre serán débiles, crueles, egoístas y capaces de los peores horrores. Yo solo quería que los dioses vieran la maldad de la creación de mi padre. Pero se negaron.

- La Matadioses...
- Mi querida niña esa no es la Matadioses. Tú lo eres. Solo un dios puede matar a otro. Zeus dejó a su hija con la Reina Amazona para usarla de arma en mi contra.
- No. Mentiroso. Lo obligo a decirme la verdad.
- Ya la dije. No soy el dios de la guerra, Diana. Soy el Dios de la Verdad. La humanidad nos robó este mundo. Lo fue arruinando, día a día. Y yo, el único que fue tan sabio como para verlo quedé muy debilitado como para impedirlo. Todos estos años vengo luchando solo susurrando en sus oídos. Ideas, inspiración para nuevas fórmulas armas pero no los obligo a usarlas. Las guerras las desatan ellos.

- Hasta que llegaste. Cuando apareciste, pensé en aplastarte. Pero supe que, si llegabas a ver lo que no pudieron ver los otros dioses te sumarías a mí y, combinando nuestros poderes por fin acabaríamos con el dolor, el sufrimiento y la destrucción que ellos engendran. Y podríamos convertir nuevamente este mundo en el paraíso que era. Para siempre.
- Yo... Nunca podría ser parte de eso.

Veamos qué clase de diosa eres realmente. Me ayudarás a destruirlos, Diana. O morirás tú.

- Diana...
- ¿Qué?
- Tengo que irme.
- ¿Qué dices? Steve sea lo que sea, yo puedo hacerlo.
- No.
- Déjame hacerlo.
- No. Tengo que ser yo. Tengo que ser yo. Yo puedo salvar este día. Tú puedes salvar el mundo. Ojalá tuviéramos más tiempo.
- ¿Qué? ¿Qué dices?
- ¡Te amo!

- Se equivoca en cuanto a ellos. Son todo lo que usted dice pero también mucho más.
- ¡Mentira! ¡No merecen tu protección!
- No se trata de merecer. Se trata de lo que uno cree. Y yo creo en el amor.

Yo quería salvar el mundo. Poner fin a la guerra y ofrecer la paz a la humanidad. Pero luego vislumbré la oscuridad que vive dentro de esa luz y aprendí que, dentro de cada ser humano siempre habrá ambas cosas. Y cada uno debe elegir entre una y otra. Es algo que ningún héroe podrá vencer jamás. Ahora sé que solo el amor puede salvar en serio al mundo. Entonces me quedo lucho y me entrego...

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