Frases de la película Mr. Turner

Mr. Turner

Frases de la película dirigida por Mike Leigh, estrenada en 2014

- ¿Qué precio le tienes al saco de ultramarino?
- Mi precio es el mejor.
- ¿Y cuál sería?
- El azul ultramarino viene de muy, muy lejos. Afganistán. ¿Qué más necesitas?

- ¿Cómo fue la travesía?
- La salida agradable, agitado en el medio.
- ¿Navegaste desde Rotterdam?
- No, desde Dieppe.
- El vagón nocturno de Brighton resultó ser un esfuerzo atroz.
- ¿Cómo es eso?
- Estaba lleno de mujeres cotorreando y chismorreando. Brujas infectas tan culonas como la vieja Victory la de Trafalgar.
- ¿Fueron tus viajes productivos?
- Particularmente estimulantes, viejo. Amsterdam - Vi a Rembrandt; La ronda de noche, La Catedral de Amberes; Rubens, Tríptico ; Flandes, tan soso como las tetas de una bruja.

- ¿Cómo están las cosas esta mañana?
- Sumamente absorto, señora.
- Como siempre. Siempre has estado absorto. Absorto en tu propio bien, señor.
- Nada nace de la nada, señora.

- Vivimos lo mejor que podemos dadas las circunstancias.
- ¿Qué circunstancias serían?
- Circunstancias ajustadas, señor. Pero nos las arreglamos para vivir y no gracias a su desagradecido hijo.¡¿Cómo te atreves a largarte así, Billy Turner?! ¡Me insultas, como siempre me has insultado!

- ¿Se ha replanteado el mecanizar la trilladora?
- No se puede vencer a los viejos bueyes.
- ¿De verdad, su Señoría?
- En efecto. Hicimos una competencia de arado la pasada primavera entre equipos de caballos y de bueyes.
- ¿Y el ganador?
- Los caballos.
- Bueno, el buey es una bestia lenta.
- Sí, pero fuerte. Con el beneficio añadido de que una vez llega al final de su vida de trabajo, es un plato suculento.
- A diferencia del caballo.
- Bueno para el pegamento.

- Sr. Turner. ¿No nos bendice el cielo al ser testigos de tan glorioso crepuscular momento del día...?
- Imbécil.

- Muchas veces he reflexionado sobre: ¿existe alguna diferencia en la manera en que pinta un amanecer en contraposición a un atardecer?
- Por supuesto que la hay, Lady Stuckley. Porque uno asciende, mientras que el otro ...
- El otro desciende.
- ... El otro desciende.

Mientras que ustedes, diosas, languidecen en el reino de Hypnos. Yo estoy de pie antes que la alondra para contemplar como explota la cabeza de Helios con el único beneficio de que el amanecer no se ve afectado...con disminución de luz.

Ninguna buena acción queda sin castigo.

- Qué extraño destino el mío. El último mes en la prisión de King Bench en compañía de los deudores. Este mes, invitado de honor, con rango y a la moda.
- Alégrate, Haydon. Te encuentras en una verdadera bacanal.

- Le tengo aprecio, pero culpa de sus fracasos a cualquiera menos a sí mismo.
- Exacto. Sus quejas de la vida son tan absurdas como si el radio de una rueda se opusiera al movimiento del que inevitablemente forma parte.
- Estoy de acuerdo. Sufre la suerte de Tántalo. Al intentar llegar a las frutas, las ramas se mueven. Cuando se inclina para beber, el agua desciende. Si tan sólo escuchara al público en lugar de perseguir sus extrañas convicciones sería su salvación. Y aun, mi querido Beechy, al incrementarse sus problemas personales,
la calidad de sus pinturas se resiente.
- Y sin embargo, el hombre sabe pintar.
- Por supuesto. Puede pintar un Haydon. El regreso de un hijo pródigo es más valioso que el oro.
- Una cualidad esencial de un hijo pródigo, señor, es la humildad.
- Es un demente. Se dirige de cabeza al abismo.
- Señores. ¿Todos de acuerdo?
- Por desgracia. No puedo darle mi apoyo. No es uno de los nuestros. Por desgracia, la Academia no necesita a Haydon tanto como Haydon necesita la Academia.

- Espero que le guste la cena.
- Mm.
- Ah, bien. Algunos encuentran la carne demasiado salada.
- Nunca estaría demasiado salada para mí, señora.

- Me sorprende que quepa toda su parafernalia en esa pequeña bolsa.
- Claro que cabe, el Sr. Turner. Todo excepto la la luz solar que nos da Dios.
- Padre, la señora Somerville es una filósofa naturalista.
- ¿De verdad?
- Matemática, astrónoma, geóloga.
- El universo es una cosa maravillosa, ¿no es así, señor Turner?
- Ciertamente lo es.
- Los planetas y las estrellas. Los océanos y los mareas. Las nubes y el aire. Montañas, volcanes...Los mareas están sujetas a la actividad lunar.
- Por supuesto.
- La misteriosa fuerza de la gravedad. Creo firmemente que todo en esta tierra está conectado. Nada existe en forma aislada.
- En efecto. La lluvia cae, el sol brilla y las cebollas crecen.
- Oh, sí.
- A mi padre le encanta jugar a aparentar ser un zopenco. Pero de hecho, es muy sabio.

Mi muchachito podía dibujar antes de aprender a leer y escribir. Me sentaba en una esquina de la barbería, y pintarrajeaba todo con tizas y carboncillos. Ponía los dibujos en la ventana. Y los vendía, todos. A veces, a dos o tres chelines cada uno.

- Tenemos "La Batalla de Trafalgar" aquí.
- ¿Estuvo allí, su padre?
- No, estuvo en Camperdown.
- El buque insignia de Lord Nelson "The Victory".
- Efectivamente. Es el boceto de una obra encargada por el rey.
- ¿Es cierto?
- Dos años de trabajo. No le gustó.
- ¿No?
- No.
- Demasiado bueno para él.

- ¿Ve el elefante?
- ¿Un elefante?
- Está ahí en alguna parte.
- ¿Se burla de mí, señor Turner?
- No, en absoluto, señora. ¿Puede encontrarlo?
- No, no puedo.
- Ahí está. La pequeña broma de papá.
- Es una escena impactante. Los elementos ensombreciendo a los elefantes. Arrogancia.

- El color es contradictorio.
- Bueno, ¿lo es, Sr. Turner? El color es absoluto.
- Sublime pero contradictorio, y aun así armonioso.
- Es un hombre realmente visionario, Sr. Turner.
- El universo es caótico y usted nos ayuda a verlo. En la filosofía natural, nada puede ser probado - simplemente negado.

Los cuerpos transparentes dependen sobre todo de aquello que se pone ante ellos, pues no tienen color, que toman todo lo que se les ofrece. El agua a menudo posee color, Pero el color no le es conferido por reflexión o refracción, como en un vidrio coloreado donde todo lo que se ve se corrompe de ese color.
Incluso el espejo más puro confiere una tonalidad a los cielos, y a medida que el color aumenta, destruye todos los colores de la naturaleza por su propia monotonía, mientras que el agua a menudo parece desafiar al cielo por su...brillo, y ...cuando tiene color, el reflejo de los objetos en ella parece más posible.
En resumen, sus efectos son como los de sus cualidades. Uno rechaza el haz directo, la otra lo absorbe.
Una es transparente, mientras que el espejo es opaco. ¿Cómo pueden tener el mismo aspecto?

- ¿Todavía pinta sus pequeñas imágenes, Sr. Mallard?
- Mhm.

- Pequeña criada, traje de gutagamba, arco del tobillo izquierdo, un poco más destacado.
- Gracias, Turner.
- Las pinturas siempre se benefician de sus observaciones.

Dejad de abusar de mí en este mundo cruel.

- Señora Booth, ¿sería tan amable de mirar por la ventana?
- ¿Dónde? ¿Qué debo mirar?
- De la nariz al tabique, al arco de su ceja, me recuerda una escultura griega, que me es familiar, de Afrodita, diosa del amor.
- No...nunca nadie dijo algo así acerca de mi nariz. De este viejo hocico. Para ser honestos, mis ojos
ya no ven tan bien como antes, pero al mirarme al espejo me alegro de ya no ver tan bien.
- Cuando me examino en el espejo, veo una gárgola.
- Ahora, está buscando cumplidos, mi vieja solía decir que el que espere elogios no debería recibir nada.
Además, es el interior de la persona lo que realmente importa. No lo conozco, señor Mallard, y estoy seguro de que hay cosas de usted más allá de mi entendimiento. Pero creo que usted es un hombre con un gran espíritu y sensibilidad.
- Señora Booth...es una mujer de profunda belleza.
- Sr. Mallard...Me deja sin palabras.

- Ah, Sr. Turner. Mi padre y yo nos maravillábamos de este glorioso trabajo. ¿Pudiera ser, si no recuerdo mal, que hayamos tenido la fortuna de verlo en la academia el verano pasado?
- Correcto.
- Debo decir, que es igualmente impresionante la segunda vez. Tal vez incluso más. ¿No es así, padre?
- En efecto. Recuerdo que provocó una acalorada y estimulante discusión mucho después de verla.
- No se vendió.
- ¿Verdaderamente no?
- No, señor Ruskin.
- Me sorprende.
- Pero es una obra maestra.
- Thackeray lo ultrajó.
- ¿Cómo es eso?
- Sublime o ridículo, dijo.
- Tal vez debería decidirse. Tiene una lengua afilada y cínica. No hay lugar para el cinismo en la crítica de arte.

- Repítame otra vez, ¿a qué se dedica?
- Oficial de la Corte.
- Inspire. Disculpe, señor, pero no estoy de acuerdo. Exhale. Yo diría que es el Sr. Turner, el ilustre pintor, y me siento muy honrado de conocerle. Mis disculpas a los dos, pero les aseguro que pueden contar con mi discreción. Ahora, permítame examinar sus ojos. Los ojos de un maestro. Abra.

- Mis mayores condolencias por su pérdida.
- Nuestra pérdida, padre.
- El funeral de su propia hija.
- Sí. No me encontraba en la ciudad.
- Como de costumbre, señor, pintando sus estúpidos naufragios. ¿No siente nada?

- Se dice que llevó cinco mil robles la construcción de esa nave. Y ahora su destino se reduce a cinco mil mesas y sillas.
- Para dar asiento a cinco mil gordos culos.
- Señores, un brindis. Alcen su vaso de grog. Por la hermosa, luchadora Temeraire.
- ¡Temeraire!
- Por ella.
- Una sombra del pasado.
- No, Rabbie. El pasado es pasado. Estamos viendo el futuro. Humo. Hierro. Vapor.
-Sería un tema apropiado para tus obras, Turner.

- Sr. Haydon, ¿todavía se encuentra en una situación de necesidad?
- Indigencia. Turner, esa ha sido mi situación durante los últimos treinta años. Está usted muy bien puesto aquí. No recuerdo la última vez que tuvimos así de lleno el cubo de carbón. Me temo que tendremos que quemar los muebles este invierno.
- ¿La sra. Haydon se encuentra bien?
- No. No se ha recuperado. Me temo que puede que nunca lo haga.
- ¿Qué la aqueja, señor?
- Hemos enterrado cinco hijos.
- ¿De verdad?
- En el antiguo cementerio de Paddington. Quitan la tierra, extraen los ataúdes, hacen más profundo el agujero, luego vuelven a enterrar los ataúdes con el nuevo encima. Cinco veces ha tenido que pasar por esa humillación.
- Lamentable.
- Es lamentable, Turner. Usted nunca ha tenido que soportar la pérdida de un hijo.
- Yo no, señor.
- La muerte de un hijo, es un tema fuerte para una pintura, ¿no cree? ¿Y en qué está trabajando ahora, Turner?
- Una obra marina.
- ¿Una obra marina? ¿No se aburre de los barcos y los cielos llameantes?
- No, señor.
- A veces pienso que que sería mejor para mí quemar la casa. Con mi esposa, los hijos que me quedan y yo mismo dentro. Así no tendrían que cargar conmigo.
- Su dolor es solo suyo, señor. No lo inflija a sus seres queridos.

- Claudio de Lorena fue un genio.
- Es cierto.
- Percibo un exceso de modestia por parte del Sr. Turner, y no hay necesidad de tal humildad.
- Mr. Ruskin, señor, hacer conjeturas acerca de la pintura marina es una cosa, pero enfrentarse a los elementos, y vivir e interpretar lo que uno ve, es otra cosa.
- ¡Bien dicho.!
- Totalmente.
- Bueno, tal vez sea así. Claude pintaba desde tierra, viendo al mar en calma desde el puerto.

- Sr. Ruskin, ¿puedo proponerle una enigmática pregunta?
- Ah, por favor, pregunte, Sr. Turner.
- ¿Cual encuentra más apetecible, el pastel de carne y riñón o el de carne y jamón?
- Debo confesar, señor Turner, que me considero incapaz de responder a esa pregunta con la concreción que desearía.

- Increíble .
- ¿Qué es esto?
- No lo sé. Una sucia desgracia amarilla. Es una obra realmente espantosa Indicativa enfermedad mental. Es miserable y abortivo.
- Lamentable. Parece que el señor Turner ha abandonado las formas por completo. Eligió para pintar en otra ocasión nata o chocolate, yema de huevo o gelatina de grosella. Pero aquí utilizó todo lo que encontró
en la cocina.
- Huevos y espinacas.
- No. Espuma de jabón y cal.

- El talento es algo que yace dormido y necesita que aflore en las circunstancias idóneas.
- Sí, si uno tiene la oportunidad de sacarlo...
- Mi esposa, Effie...Todavía espero que sus talentos surjan y afloren.
- Estoy seguro de que los talentos se pueden aplastar tanto como aflorar.

- ¿Este es el artilugio?
- Sí, señor. Es lo que llamamos "la cámara".
- ¿Cámara?
- Sí, señor.
- No, la ca-ma-rá .
- No, señor. Cámara.
- ¿Cámara?
- Sí, señor.
- Como en camera obscura
- Ah, exactamente, señor. Cámara.
- Ahora si tuviera a bien que tomar asiento aquí...
- ¿El nombre del fabricante?
- La recibimos de los Estados Unidos, señor.
- ¿ El nombre se os escapa?
- No, señor ...
- A veces mi nombre se me escapa.
- ¿De verdad, señor?
- Ahora...percibo por su acento que vienen de las Américas.
- De la hermosa ciudad de Filadelfia, señor.
- ¿Filadelfia? Está en la costa este, ¿no?
- Correcto, señor.
- ¡Ouch! Tendrá que disculpar el chasquido de mis rodillas. ¿Con o sin sombrero?
- ¿Podría decirme su profesión, señor?
- Oficial de la Corte.
- Oh. Un legislador.
- En efecto.
- Entonces le recomiendo dejarse el sombrero, señor. Ahora, si me lo permite para colocarle este dispositivo...
- ¡Hey! ¿Qué es este atroz instrumento?
- Simplemente una apoyadera para sostenerlo, señor.
- Me recuerda a un instrumento quirúrgico. ¿Es doloroso?
- No, en absoluto, se lo aseguro. Así que si me permite...¿No le molesta, señor Booth?
- Gracias, señor.
- ¿Cuál es el objetivo de este espejo?
- Para iluminar su buen rostro, señor.
- Como el sol sobre un lago.
- Muy gracioso, señor Booth. Muy gracioso.
- ¿Qué se oculta detrás de esa tapa de bronce? ¿Una lente? Sí, señor. Una lente de vidrio.
- ¿Como la de un telescopio?
- No, diferente a la de un telescopio, señor. Gracias, Cornelius.
- ¿Es prismática?
- Me temo que no, señor. Es una lente acromática.
- Acromática.
- Ahora, permítame mirarlo con detenimiento.
- ¿Por qué va envuelto como un maldito monje?
- Simplemente no dejo pasar la luz, señor Booth.
- Ah, magnífico, señor.
- La imagen que se crea no es en color.
- ¿Por qué?
- Me temo que es una pregunta para la que no tengo respuesta, señor. Es un misterio.

- Ahora necesito que permanezca completamente inmóvil durante los próximos diez segundos. Y...empezamos. Y ahí está.
- ¿Listo?
- Acabado, señor.
- Me temo que yo también estoy acabado.

- A este se lo conoce como daguerrotipo. ¿Qué será lo siguiente?
- Entonces, ¿dónde te la hiciste?
- En la ciudad, en Strand. Uno con una caja.
- Iremos.
- ¿Dónde?
- A hacernos una.
- ¿Cuándo?
- El jueves. He arreglado una cita.
- Bueno, tienes que cancelarla.
- Es indoloro.
- Bueno, importa. No querrás este viejo rostro en una de esas.
- Quiero. El tuyo y el mío juntos. Para siempre.
- Te agradezco eso. Pero yo no voy.

- Sr. Mayall, ¿me dispensa si le hago una pregunta?
- Por favor, señor.
- ¿Ha tomado paisajes con su artilugio?
- De vez en cuando, señor.
- ¿Como cuál?
- Pues, he grabado las grandiosas cataratas del Niágara, señor.
- ¿Cataratas del Niágara?
- Sí, señor. La mayor maravilla de la naturaleza. Fue allí donde fui capaz una vez de capturar un arco iris.
- Me muero de envidia.

- Pronto los pintores recorrerán el mundo con una caja, como un caldero, en lugar del portafolios, bajo el brazo.
- Bueno, estoy seguro de que sí. Estoy seguro.

- Turner.
- Señor.
- Tengo una oferta para usted.
- Ah.
- Me gustan sus pinturas.
- Bueno, gracias, señor.
- A mi esposa le agradan especialmente sus piezas que adornan nuestro salón.
- Le ruego dé a su querida señora mis más sinceras felicitaciones.
- Lo haré, gracias.
- Y ahora déjeme mostrarte una de mis pinturas.
- ¿De verdad, señor? Siento gran curiosidad.
- Un billete de cinco libras. Increíblemente hermoso.
- Mucho.
- Por todas sus pinturas, Le voy a dar veinte mil de estos. Cien mil libras. Todos sus óleos, acuarelas, dibujos, bocetos, todo lo que haya hecho. Cien mil libras. ¿Qué me dice? Turner, soy un hombre rico, me he hecho a mí mismo. En todo el mundo, tres cuartas partes de todo lo que está escrito fue escrito con una pluma Gillott, una de las mías. Disfruto de mi riqueza. Hay dos cosas en la vida que me gustan: modelar una pluma de acero y ganar dinero, y me gusta gastar mi dinero en lo que me hace disfrutar. Y sus pinturas me hacen disfrutar sobremanera. Las quiero todas y cada una.
- Señor...algo arrepentido y con un poco de tristeza, lamento decirle, lamento decirle que de ninguna manera.
- ¿Por qué?
- Han sido legadas.
- ¿Legadas? ¿a quién?
- Al pueblo británico, señor.
- ¿Y cuánto le pagará el pueblo británico?
- Nada.
- ¿Nada?
- Turner, le ofrezco una cantidad que jamás volverá a ver.
- Es cierto, señor, y me siento honrado por ello.
- Entonces acepte mi oferta.
- No puedo, señor. Deseo ver mi trabajo exhibido en un solo lugar, al completo, visto por el público, gratis.
- Turner, eso es una locura.
- Que así sea.
- No puedes regalar tus pinturas. Son muy valiosas. No sea ridículo, hombre. Tenga algo de sentido.
- Le deseo un buen día, señor.

- ¿Llegó en el ferrocarril?
- En efecto, y, a decir verdad, no puedo viajar en tren sin recordar su maravillosa pintura.

- Mi querido Turner, me siento en la obligación de informarle de que su condición es grave. Sus días están contados y si debe atender asuntos en este mundo debe hacerlo ya, y prepararse para el siguiente.
- Doctor Price, con el debido respeto, puedo sugerirle que vaya con la Sra. Booth, pruebe usted un gran vaso de jerez, regrese aquí y reconsidere su valoración.

- ¿Podemos ayudarte, querida?
- Estoy buscando un señor mayor.
- ¿Un señor mayor? ¿Sabe su nombre? Hay muchos ancianos por aquí.
- Vive en la casa de al lado.
- El número seis.
- Sí que vive un señor mayor en la casa de al lado, con su querida esposa. Se dice que está enfermo. ¿Es usted pariente?
- No importa.

¡Vuelve a la cama ahora, Joseph Mallord William Turner!

¡El sol es Dios!

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Dibujante, amante de las perrujas Klo, Mose y Tota. Trago harto chocokrispis y martinis. Ando por la vida al lado de mi Jos Velasco. ¡Sígueme en fb!


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