Frases de la película Las horas más oscuras (Darkest Hour)

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Género: Biografía, Drama, Guerra, Historia.
Estreno: .
Otros títulos: Las horas más oscuras (Darkest Hour).

- Te gritó. ¿Te gritó?
- No.
- ¡A veces es un bruto horrible!
- Yo... cometí muchos errores.
- Creo que estabas nerviosa y él tiende a sacar lo peor de las personas que más quieren ayudarlo.

- ¿Te puedo decir algo que creo que realmente deberías saber? Últimamente he notado que tiendes a olvidar tus modales. No eres tan amable como antes. Te has vuelto brusco. Y sarcástico, y autoritario y grosero.
- ¿Lo dices por la muchacha nueva?
- Si el rey pide que asumas el cargo de primer ministro...
- No sabemos si va a pasar.
- No quiero que desagrades a nadie.
- ¿Más de lo que ya desagrado a la gente?
- Mi querido, estás a punto de tener un poder tremendo superado solo por el del rey y con tal poder, deberías intentar ser más amable. Y, si es posible, también más tranquilo. Yo quiero que los demás te amen y respeten tanto como yo.

- Estás temblando.
- Tú también.
- Bueno, tú... de emoción, y yo de terror. Llevas toda tu vida adulta queriendo esto.
- No. Desde la guardería. Pero, ¿me quiere el público?
- A los que tienes que convencer son los de tu propio partido.
- He conseguido el cargo solamente porque se hunde el barco. No es ningún regalo, sino una venganza.
- Muestra tus verdaderas cualidades. Tu valentía.
- Mi falta de juicio.
- Tu falta de vanidad.
- Y mi voluntad de acero.
- Tu sentido del humor.
- Bueno, vete.
- ¿Que me vaya?
- Sé...
- ¿Que sea qué?
- Sé tú mismo.
- ¿Yo mismo? ¿Cuál yo debería ser hoy? Debería haber tenido poder cuando era joven. Cuando era espabilado. Y fuerte. En fin.

- ¿Sabes que nunca he viajado en autobús?
- ¿Señor?
- Nunca he salido a la calle a comprar pan. Creo que sé cocer un huevo. Pero solo porque he visto a alguien haciéndolo. La única vez que intenté tomar el metro fue durante la huelga general. Clemmie me dejó en la estación de South Kensington. Me bajé pero me perdí.

- ¿Por qué me obligaron a mandar llamar a Churchill?
- Porque es el único miembro de nuestro partido que cuenta con el apoyo de la oposición.
- Su historial es una catástrofe. Galípoli, 25.000 muertos su política sobre la India, la Guerra Civil Rusa el patrón oro la abdicación, y ahora esta operación en Noruega. ¿Cuántos fueron? ¿1.800 hombres? Un portaaviones, dos cruceros siete destructores y un submarino. Winston carece de juicio.
- Tenía razón sobre Hitler.
- Pues, hasta un reloj parado tiene razón dos veces al día.

- ¿Cómo está el rey?
- Ansioso. Nunca me perdonó por haber apoyado el matrimonio de su hermano con Wallis Simpson.
- Usted solo tiene que reunirse con él una vez por semana.
- Bueno, eso es como decir que solo tengo que ir a que me saquen una muela una vez por semana.

- Me dijeron que antes de ofrecerle el cargo a usted se lo ofrecieron al lord Halifax.
- Bueno, lo dudo. Halifax jamás lo rechazaría. Es el cuarto hijo de un conde. Los cuartos hijos no rechazan nada.

- Mi querido marido. Algunos de ustedes quizás no sepan que la noche antes de nuestra boda empecé a tener dudas. Pero como ya había terminado dos compromisos a la edad de 21, corría el riesgo de obtener una reputación de caprichosa. Si hubiera terminado un tercer compromiso... habría quedado mal.
- ¡Sí! Qué suerte para papá.
- Pero la verdadera razón de mi miedo a comprometerme era que yo sabía, incluso en aquel entonces que su prioridad sería la vida política. Era una gran preocupación para una joven esta horrible idea de estar eternamente en segundo lugar. Y con el paso del tiempo, así ha resultado ser. A su debido tiempo, nuestros hijos tuvieron que reconciliarse con la misma verdad. Es algo que todos hemos tenido que aceptar. Cada uno a su manera. Y hoy estamos a punto de recibir nuestra recompensa que sirve como prueba de que nuestro sacrificio fue por un bien común mucho mayor. Así que quiero brindar por su padre mi muy querido marido, el Primer Ministro.
- El Primer Ministro.
- Brindemos por por no arruinarlo.
- ¡Por no arruinarlo!

Señor, asumo mi tarea con ánimo y esperanza. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este gobierno no tengo nada que ofrecer excepto sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Tenemos ante nosotros una dura prueba de las más dolorosas. Nos esperan muchos, muchísimos largos meses de combates y sufrimientos. Me preguntan: ¿Cuál es nuestra política? Y yo les digo: Combatir por mar por tierra y por aire con toda nuestra voluntad y con toda la fuerza que nos dé Dios. Combatir contra una tiranía monstruosa jamás superada en el catálogo oscuro y lamentable de crímenes humanos. Esa es nuestra política. Me preguntan: "¿Cuál es nuestro objetivo?" Puedo responder con una sola palabra. Victoria. La victoria a toda costa. La victoria a pesar del terror. La victoria por largo y difícil que sea el camino. Porque, sin la victoria no hay supervivencia.

- "Nuestra política es combatir". "A toda costa. Si no, no hay supervivencia". Por Dios, es incapaz siquiera de pronunciar la palabra "paz" y mucho menos de entablar negociaciones. Es horrible pensar que jamás volveré a ver mi país en paz. Tengo cáncer.
- Vaya, Neville.
- A Winston hay que destituirle del cargo. Si pudiéramos conseguir que declarara que se niega a siquiera considerar participar en negociaciones de paz con Alemania quizás tú y yo tendríamos motivos fundados para renunciar.

- Bueno, quizás sea mejor que no hable francés, Primer Ministro.
- Bueno... hemos superado una crisis antes y... estoy seguro de que superaremos esta también. Dígame cómo planea contraatacar.
- No hay plan.
- Pues usted debe contraatacar. Debe... debe hacerlo. Usted debe ¡debe contraatacar! ¡Debe hacerlo! No creo que... este este avance de los Panzer sea una invasión de verdad.
- ¿Que no?
- No. Mientras sus tripulaciones del tanque no sean apoyadas por infantería, ellos seguirán siendo nada más que banderitas en un mapa. Porque las tripulaciones del tanque no se pueden apoyar a sí mismas. No. Me niego a reconocer este ataque increíble de los tanques alemanes como una invasión de verdad.

- Está delirante.
- Completamente delirante. ¡Típico inglés!

- Él es un actor que está encantado con el sonido de su propia voz.
- A mí me encanta escucharlo. Pero no deberíamos seguir nunca sus consejos. Se le ocurren cien ideas al día. Cuatro de ellas son buenas y las demás 96 son totalmente peligrosas.
- Su padre era igual. Un gran orador, pero...
- Hasta que se volvió loco por culpa de la sífilis.
- Cómo sufren los países por los pecados de sus padres. ¿Sabes lo que opino yo? En esta coyuntura crítica en la que se encuentra el imperio tenemos a un borracho al mando. Desayuna whisky escocés almuerza una botella de champaña y luego se bebe otra con la cena. Bebe brandy y oporto hasta las tantas de la madrugada. Yo ni le dejaría mi bicicleta. Es un conservador que tiene tendencias liberales. Nos criticó durante diez años y después volvió a ser conservador porque le convenía. Perdona que lo diga, pero él representa a una sola cosa. A sí mismo.

- Te veo ahora igual que cuando te vi por primera vez en 1904. Y me quedé boquiabierto.
- Pues, debía de haber estado muy guapa para que te quedaras así.
- Y después pasaron cuatro años hasta que nos volvimos a ver. El tiempo pasó volando. Tenías pretendientes de sobra. Tu fiel servidor de Sidney Peel.
- Un hombre brillante.
- Lionel Earle.
- Un bailarín maravilloso.
- Y después, en la cena de la lady St. Helier. ¿Quién apareció? Un cerdo. El mismo.
- ¿Somos ya muy viejos?
- Me temo que tú sí lo eres.
- ¡Qué bestia eres!

Me dirijo a ustedes, por primera vez como Primer Ministro en un momento solemne para la vida de nuestro país de nuestro imperio, de nuestros aliados y, sobre todo, de la causa de la libertad. Una tremenda batalla se está librando en Francia y Flandes. Los alemanes, mediante una combinación notable de bombardeos aéreos y carros de combate con un pesado blindaje han atravesado las defensas francesas al norte de la Línea Maginot y fuertes columnas de sus vehículos blindados están saqueando al país indefenso que, durante el primero o los dos primeros días no tenía defensores.
Sin embargo... FRANCIA ESTÁ BAJO CONTROL ...tengo confianza invencible en el Ejército Francés y sus líderes. Solo una pequeña parte de ese espléndido ejército no se encuentra profundamente enfrentada y solo una pequeña parte de Francia ha sido invadida. Juntos el pueblo británico y el pueblo francés han avanzado.

- Primer Ministro. Señor.
- Sí, ¿qué pasa?
- Bueno... quizás... Bueno... mire... No sé si usted lo sabe, pero la manera en que hace su gesto de "V de Victoria"...
- ¿Sí?
- Pues, resulta que en los barrios pobres ese gesto significa otra cosa.
- ¿Qué significa?
- Pues, me da vergüenza decirlo, señor.
- He sido capturado por los bóers. He pasado tiempo en una prisión sudafricana.
- Significa "vete la mierda". Señor.
- ¿Vete a la mierda? Vete a la...
- La manera en que hace ese gesto, señor, sí, señor. Pero si lo hace al revés, está bien. No estaría bien que millones de personas lo interpretaran mal.
- Claro que no.

- Winston estamos ante la derrota segura en tierra la aniquilación de nuestro ejército, y una invasión inminente. Debemos ser razonables.
- Somos un país ultramarino. Lo hemos sido desde la Edad del Bronce. El canal pertenece a nosotros. Es nuestro foso, nuestra almena y los alemanes no conocen ninguna masa de agua que sea más grande que un maldito lago. Primero, tienen que llegar a esta isla, Edward. Donde hombres, mujeres, y niños a los que habremos fallado miserablemente por no cumplir nuestro deber de protegerlos, estarán indefensos...
- ¿Y quién tendrá la culpa?
- ...Ante el ejército más poderoso que el mundo ha visto jamás.
- Además, cuando caiga Francia Alemania podrá concentrarse en la fabricación de aviones. Para entonces tendrán la flota francesa también. Entonces, ¿con qué se puede detener al Señor Hitler, Winston? ¿Con palabras? ¿Solo con palabras?

- Señor Presidente.
- Winston.
- Franklin.
- ¿Cómo está?
- Bien. Bien. ¿Cómo está usted, Primer Ministro?
- Bueno, estoy bien. Estoy bien. Escuche. Lo llamo para pedir la ayuda de su armada. Que nos mande unos 50 destructores antiguos.
- Sí.
- Incluso 40 nos bastarían.
- Bueno, yo he estado preguntando al respecto pero resulta que no es posible, me temo. La Ley de Neutralidad que firmamos el año pasado no nos lo prohíbe. No puedo permitirlo. Hice lo que pude.
- Sí, bueno, ¿puedo...? ¿Tengo su permiso para mandar un portaaviones para recoger los aviones de caza P-40 que ustedes nos vendieron? ¿Señor Presidente?
- Bueno, otra vez tengo que negarle. Hay una ley nueva que prohíbe el transbordo de equipamiento militar.
- Bueno, pero nosotros los compramos. Los compramos con el dinero que que ustedes nos prestaron.
- Lo siento muchísimo, Winston.
- No hace falta que le recalque la crisis que afronta el hemisferio occidental sin alguna forma de apoyo de su parte.
- Lo sé. Lo sé. Pienso en ustedes en todo momento. Mire, es posible que nosotros...
- Señor Presidente. Quiero decir que... Estamos enfrentando una crisis muy grave.
- Podríamos mandar sus aviones a 1,6 kilómetros de la frontera canadiense. Y después, si usted manda una unidad de caballería desde Canadá, nada motorizado así podría sacar los aviones usted mismo. ¿Qué le parece?
- ¿Una unidad de caballería? Verdad que dijo una una unidad de caballería, ¿no?
- Bueno, supongo que otra opción sería que los empujaran. No es que no tengan ruedas. Es su decisión. Eso sí lo podríamos hacer, Primer Ministro ¿Primer Ministro?
- Cualquier cosa que pudiera hacer en este momento Franklin, nos serviría de muchísima ayuda.
- Buenas noches, Winston.

- Escucha, Bertie. Necesitamos evacuar a nuestros hombres. La marina dice que con un crucero seis destructores, y con la la Luftwaffe controlando los cielos tendremos suerte si sacamos a diez por ciento de los nuestros. Quiero que mandes unas unidades de embarcaciones.
- ¿Embarcaciones?
- Sí. Bueno... embarcaciones civiles. Todas las que puedas conseguir. Manda el clíper de Longley, el barco de guerra de Fearnley o cualquier otra embarcación de recreo que mida más de 9 metros y que pueda llegar a Francia. Bertie, ¿sigues ahí?
- Claro.
- Ayúdame a organizar esto, Bertie. ¿De acuerdo? Por lo menos debemos traer a algunos de nuestros hombres de regreso a casa.
- Bueno, mandaré a que la BBC emita la orden.
- Bien. Y otra cosa, Bertie ¿sigues ahí?
- Señor.
- Necesitamos un nombre para esta operación.

- ¿Cómo es capaz de beber durante el día?
- Tengo mucha práctica...

- La gente no confía en mí desde la batalla de Galípoli. Nada popular.
- Quizás porque usted asusta a la gente.
- ¿A quién?
- Me asusta a mí.
- Qué tontería. ¿Qué hay de mí que podría asustar a la gente?
- Nunca se sabe qué puede salir de su boca. A veces puede ser un cumplido otras veces un insulto.
- No puedo controlar mis emociones. Llevo un salvajismo en la sangre tal como mi padre. Y mi madre también. Carecemos del don de la templanza.
- ¿Era muy unido con sus padres?
- Mi madre era glamorosa pero quizás demasiado querida. Mi padre era como Dios siempre ocupado y nunca presente.

- Primer Ministro. ¿Qué hay de las negociaciones de paz?
- Debemos mantener la calma. Y dejar claro que nuestra intención es luchar hasta el final. Una negociación de paz de nuestra parte... solo mostraría debilidad.
- Estoy de acuerdo.
- E incluso si nos vencieran, no estaríamos peor que si abandonáramos la lucha ahora. Por lo tanto evitemos ser llevados por el camino peligroso de negociar de paz.
- ¿Camino peligroso? El único...
- Sospecho que Italia y Alemania...
- El único camino peligroso pretenden que nos comprometamos tanto en las negociaciones... que no tendremos vuelta atrás.
- Qué tontería. Bastianini me informó que... -
- Yo propongo que... el único camino peligroso es...
- ¿Puede dejar de interrumpirme cuando lo estoy interrumpiendo?

- Cuando elegí a los miembros de mi Gabinete de Guerra procuré que estuviera rodeado de viejos rivales míos. Puede que me haya pasado. Vizconde Halifax la estrategia que usted propone, no es que solo sea que solo sea inútil sino que nos involucraría en un peligro mortal.
- El peligro mortal del que estamos hablando es esta fantasía romántica de luchar hasta el final. ¿Qué es el final sino la destrucción de todo? Morir en el combate no tiene nada de heroico si se puede evitarlo. Ni tiene la muerte ni la gloria nada remotamente patriótico cuando la posibilidad de salir victorioso está claramente en las manos de ellos. No tiene nada de vergonzoso acortar una guerra que claramente estamos perdiendo.
- ¿Perdiendo? Europa aún...
- Europa está perdida. Y antes de que aniquilen por completo a nuestras fuerzas debemos negociar para poder conseguir el mejor acuerdo posible. Hitler no insistirá en términos absurdos. Se dará cuenta de sus propias debilidades. Será razonable.
- ¿Cuándo se aprenderá la lección? ¿Cuándo? ¿Cuándo se la aprenderá? ¿A cuántos dictadores más hay que halagar y apaciguar por el amor de Dios, y favorecer inmensamente antes de que aprendamos la lección? ¡No se puede negociar con el tigre teniendo la cabeza en su boca!

- Si sigues negándote a permitir cualquier negociación yo te presentaré mi dimisión.
- No seas absurdo, Edward. Te necesito. Y lo sabes.
- No me voy a quedar sin hacer nada mientras otra generación de hombres jóvenes mueren en el altar sangriento de tu arrogancia. ¡Pero tú prefieres que muramos como corderos! ¿No fue suficiente para ti Galípoli?
- ¿Cómo te atreves? Nuestras tropas estaban royendo púas en Flandes ¡y yo lo vi todo! Lo de abrir una segunda frontera y rebasar a los turcos era una idea militar muy seria y podría haber salido bien si si los almirantes y el primer lord del mar no hubieran revelado nuestro ataque de sorpresa.
- La elección es tuya, Winston. Tienes 24 horas para abrir negociaciones de paz o te presento mi dimisión.

Al brigadier Nicholson. La 30.ª brigada de infantería, Calais. Cada hora que siguen vivos sirve del apoyo más valioso para nuestras fuerzas en Dunkerque.
Que sientan la más profunda admiración por la posición maravillosa que tienen. Sin embargo, su evacuación no ocurrirá. Repito no ocurrirá.

- Ven conmigo.
- No me permiten entrar en la sala de mapas.
- Pues ahora sí.
- Primer Ministro.
- Pónganse cómodos, caballeros. Ahora bien... el ejército alemán controla todos los puertos franceses menos Dunkerque aquí y Calais aquí al oeste donde la guarnición liderada por el brigadier Nicholson está abriendo fuego e impidiendo la invasión de Dunkerque por los alemanes. Nuestras tropas están cercadas por los dos lados. En este momento estamos intentando despejar el puerto de Dunkerque de los barcos destrozados. Así habrá espacio para que podamos arribar y sacar a nuestros hombres de las playas. Pero los aviones enemigos nos están atacando sin parar. La única esperanza que tenemos para realizar la evacuación de Dunkerque es que haya una densa cubierta de nubes que impida los ataques pero el cielo está despejado. Y aun así, me dicen que necesitamos un milagro para poder sacar siquiera a diez por ciento de nuestros hombres. Ánimo, señorita Layton. Ánimo.
- General. ¿Cuánto tiempo les queda si no los rescatamos?
- Un día... tal vez dos días.

- Señor. Tengo noticias del lord Gort en Francia, señor. Bélgica ha caído. Se van a rendir a medianoche. Francia pronto hará lo mismo.
Nos han informado que lo más probable es que la estrategia de los alemanes para atacarnos incluya una gran flota de lanchas rápidas posiblemente hasta 200, cada una transportando a 100 hombres para realizar un ataque marítimo a gran escala. Por estos medios, un número considerable de los enemigos podría llegar a muchos puntos de la costa y a la vez llevar a cabo ataques aéreos al interior. No creemos que podamos prevenir dicha llegada ni por medios navales ni aéreos.
- ¿Puede repetirlo?
- Debemos prepararnos para la inminente invasión de nuestra isla.
- Debemos prepararnos para la inminente invasión de nuestra isla.
- Recomendamos que adviertan al país de este peligro inminente y que le digan a todo personal militar que pongan a Gran Bretaña en estado de defensa y que se movilice sin más dilación.

- Anthony. Entonces, parece que nosotros no tenemos más alternativa que por lo menos considerar la posibilidad de iniciar negociaciones.
Si las condiciones de paz de Hitler se basaran en ser el jefe supremo de Europa Central recuperar ciertas colonias alemanas y si nos dejaran mantener nuestra independencia entonces, yo estaría agradecido por tener dicha oportunidad de poder salir de nuestro peligro actual. Pero es improbable que vaya a hacer tal oferta. Si yo supiera cuáles son las condiciones de los alemanes pues, entonces estaría dispuesto a considerarlas.
- Gracias, Primer Ministro. Redactaremos inmediatamente un borrador de memorándum.

- A lo largo de estos últimos días he meditado cuidadosamente... bueno, si sería si sería mi deber si sería mi deber mi deber considerar considerar... considerar si sería mi deber...
- ¿Va a querer algo más esta noche, señor?
- Si sería mi deber considerar una posible... una posible negociación con... ese ese cabo ese niño. Ese monstruo de maldad. Ese carnicero. Ese bárbaro. Ese monstruo salvaje. Ese malvado asesino a sueldo. ¡Asesino! ¿Por... dónde íbamos? ¡Habla!
- No lo entendí, señor. Usted estaba...
- ¿Qué?
- Hablando entre dientes.
- ¿Hablando entre dientes? Las palabras adecuadas no me salen.
- Ya le saldrán, señor. Nadie puede expresarse como usted.

- ¿Es tu novio?
- Es mi hermano.
- ¿Dónde está?
- Estaba de camino a Dunkerque. Pero nunca llegó. ¿Qué?
- Solo te estoy mirando.

- Mi querido, llevas el peso del mundo en los hombros.
- Yo... yo...
- No, ya lo sé.
- Pero tus enfrentamientos personales en realidad te han preparado precisamente para este momento. Eres fuerte porque eres imperfecto. Eres sabio porque dudas de las cosas. Bueno, ¿ya le puedo decir que pase?
- ¿Quién?
- El rey.
- ¿Qué rey? ¿Nuestro rey?
- Bueno, si no es él, es una suplantación maravillosa.

- Yo recibí una visita.
- ¿De quién?
- Del vizconde Halifax. Parece que ha mejorado considerablemente la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz.
- El Gabinete de Guerra está redactando una carta a Mussolini para pedirle que actúe como intermediario en negociaciones con Herr Hitler.
- Entonces, Halifax tenía razón. Me gustaría saber qué opina usted. Me serviría de ayuda comprender primero cómo funciona su mente.
- A mí también me gustaría comprenderlo.
- Los países que caen luchando, siempre resurgen, y los que los que se rinden dócilmente, están acabados.
- ¿Bélgica?
- Derrotada.
- ¿Noruega?
- Holanda.
- Francia, en cualquier momento.
- ¿Y cómo está el ánimo del Parlamento?
- Temeroso. Nervioso.
- ¿Y usted cómo se siente? ¿No tiene miedo?
- Tengo muchísimo miedo. Ha resultado imposible conseguir el apoyo del Gabinete de Guerra para la campaña de resistencia. Hoy, más tarde, me dirigiré a la Cámara al respecto.
- Usted tiene mi apoyo.
- ¿Su Majestad?
- Usted puede contar con mi apoyo. Tengo que reconocer que, al principio tenía mis reservas sobre usted, pero mientras algunos se sentían amilanados por su nombramiento nadie... nadie se sentía más amilanado que Adolfo Hitler. Quienquiera que pueda meterle miedo en el cuerpo de ese bruto se merece toda nuestra confianza. Vamos a trabajar juntos. Usted puede contar con mi apoyo en cualquier momento.

- Una vez usted me dio un consejo. Quizás yo pueda... darle un consejo a usted. Hable con el pueblo. Deje que ellos le digan qué hacer. Suelen hacerlo de una manera discreta. Pero dígales la cruda realidad. Si una invasión es inminente y si nuestras tropas en Francia están perdidas ellos deben prepararse. Con respecto a ciertos asuntos hay muy poca gente con la que puedo hablar francamente. Tal vez ahora nos tenemos uno al otro.
- ¿Y ya no le doy miedo?
- Un poco. Pero no es para tanto.

- ¿Por qué me miran así? ¿Nunca han visto a un primer ministro en el metro? ¿Cómo se llama usted?
- Oliver Wilson, señor.
- ¿Y a qué se dedica, señor Wilson?
- Soy albañil, señor.
- ¡Albañil! Dentro de poco habrá mucha demanda de albañiles. El mercado se disparará. El progreso.
- ¿Qué edad tiene?
- Tiene cinco meses, señor. Se parece a usted.
- Señora, todos los bebés se parecen a mí.
- Bueno, ¿cómo se llama usted?
- Jessie Sutton.
- Señora Sutton. Encantado de conocerla.
- Abigail. Abigail Walker.
- Marcus Peters.
- Marcus Peters.
- Agnes Dillon.
- Agnes.
- Maurice Baker.
- Señor Baker.
- Alice Simpson.
- Alice Simpson.
- Margaret Jerome.
- ¿Se apellida Jerome? Jerome era el apellido de mi madre. Puede que seamos parientes cercanos. Por favor, por favor. Siéntense.

- Permítanme preguntarles algo que lleva un buen rato preocupándome. Quizás ustedes pueden ayudarme con esto. Es decir, ustedes, el pueblo británico ¿qué se sienten? ¿Se sienten seguros?
- Sí.
- ¿Qué tan seguros se sienten?
- Muy seguro.
- Algunos dicen que es una causa perdida.
- No, las causas perdidas son las únicas por las que...
- ...valen la pena luchar.
- Cuánta razón. Sí. Tengo otra pregunta. Si, en el peor de los casos aparecieran los enemigos en nuestras calles, ¿que harían ustedes?
- Luchar.
- Luchar contra los fascistas.
- Luchar contra ellos con todo lo que podamos.
- Con palos de escoba, si hace falta.
- Calle por calle.
- ¡Jamás tomarán Piccadilly!
- Claro que no.
- ¿Y qué opinan sobre la posibilidad de de pedirle amablemente al señor Hitler que nos conceda un acuerdo favorable si llegáramos a un acuerdo de paz con él de inmediato? ¿Qué opinarían sobre eso?
- ¡Jamás!
- ¡Jamás!
- Jamás.
- Nunca jamás.
- ¿Jamás te rendirías?
- No. Jamás.
- "Entonces habló el valiente Horacio el Capitán del Portal: A todo hombre de esta tierra tarde o temprano le llega la muerte. ¿Y qué mejor manera de morir puede tener un hombre que la de enfrentarse a su terrible destino defendiendo las cenizas"...
- "Las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?"
- ¿Está llorando?
- Yo... sí, sí. Yo... Es que sollozo mucho. Tendrán que acostumbrarse.

- En este preciso momento, el Gabinete de Guerra está redactando unos documentos que exponen nuestra disposición para entablar negociaciones de paz con Herr Hitler mediante su su lacayo, Mussolini. A lo largo de estos últimos días, he meditado cuidadosamente si sería mi deber considerar una posible negociación con ese Individuo. Pero después, yo yo hablé con con... Oliver Wilson la señora Jessie Sutton la señora Abigail Walker Marcus Peters Maurice... Baker Alice Simpson y la señora Margaret Jerome. Son valientes y buenos ciudadanos de este reino. Y argumentaron que era ocioso pensar que pudiéramos obtener ahora de Alemania mejores condiciones de paz que si continuábamos adelante y luchábamos hasta el final. El señor Baker sentía que los alemanes exigirían nuestra flota, y a eso le llamarían desarmamento nuestras bases navales y mucho más. Y yo creo que tiene razón.
Jessie Sutton, hablando en nombre de muchos cree que nos convertiríamos en un estado esclavo. Un... un gobierno británico que actuaría como la marioneta de Hitler. Aunque se constituyera un gobierno títere de Mosley o de alguien... de la misma calaña.
- No, no.
- Y me senté con estas personas para hacer una pregunta más. Una pregunta que ahora les quiero hacer a ustedes. ¿Dónde nos encontraríamos al final?
Puede que algunos se vayan a beneficiar de la situación. Los que tienen poder quizás puedan negociar un buen acuerdo que les permita un lugar de refugio alejado de la bandera esvástica que ¡flamea sobre el Palacio Buckingham! ¡Y sobre Windsor! ¡Hasta estos edificios estarán adornados con la bandera!
- ¡Jamás! ¡Jamás!
- ¡No! ¡No!
- Entonces, vengo aquí vengo para hablar con ustedes y para saber qué opinan en estas horas oscuras. Es que mis amigos nuevos me han llamado la atención sobre la posibilidad de que cada uno de ustedes se pusiera de pie y me quitara de mi puesto si yo fuera por un momento, a contemplar alguna negociación o rendición. ¿Están equivocados?
- ¡No!
- ¿Están equivocados?
- ¡No!
- ¿Están equivocados?
- ¡No!
- Gracias. Gracias. Entonces, me lo han dejado claro. Me lo han dejado claro. Parece que ustedes también concuerdan en que si al fin nuestra larga historia en esta isla está condenada a terminar es mejor que termine no con una rendición ¡sino con nuestra muerte sobre el campo de batalla!
- ¡Sí!
- ¡Bravo!
- Sí.
- Sí.

- Yo diría que nunca ha habido un período de tiempo en todos estos largos siglos de los que presumimos cuando se hubiera podido dar a nuestro pueblo una garantía absoluta en contra de la invasión, menos aún de ataques serios.
- Sí.
- Sí.
- Entonces tengo la plena confianza que si todos hacen su deber si nada se descuida y si los mejores preparativos se hacen como se están haciendo nos mostraremos capaces de defender nuestro hogar isleño de aguantar la tormenta de la guerra y de sobrevivir la amenaza de tiranía. Si es necesario durante años, si es necesario solos. En cualquier caso, eso es lo que intentaremos hacer. Esa es la determinación del Gobierno de Su Majestad... y de todos los que lo componen. Mire a su derecha, por favor. Esa es la voluntad del Parlamento y del país.
- Sí.
- Sí.
- El Imperio Británico y la República Francesa unidos en su causa y en su necesidad defenderán hasta la muerte su tierra natal.
- ¡Sí!
- ¡Sí!
- Ayudando uno al otro como buenos camaradas hasta el límite de sus fuerzas.
- ¡Sí!
- ¡Sí!
- A pesar de que grandes territorios de Europa y muchos viejos y famosos estados han caído o puedan caer en el puño de la Gestapo y todo el odioso aparato del régimen nazi no flaquearemos ni fallaremos. ¡Continuaremos hasta el final!
- ¡Sí!
- ¡Sí!
- Lucharemos en Francia. Lucharemos en los mares y océanos. Lucharemos con creciente confianza y poder en el aire.
- ¡Sí!
- ¡Sí!
- Defenderemos a nuestra isla cueste lo que cueste.
- ¡Sí!
- ¡Sí!
- Lucharemos en las playas. Lucharemos en los terrenos de desembarco lucharemos en los campos y en las calles. Lucharemos en las colinas. ¡Nunca nos rendiremos!
- ¡Sí!
- ¡Sí!
- Y si...Y si... Y si lo cual no creo ni por un instante esta isla, o gran parte de ella se encontrara sojuzgada y hambrienta entonces nuestro imperio de ultramar armado y guarnecido por la Flota Británica... llevará la lucha hasta que...
- ¡Sí!
- En el tiempo justo de Dios el Nuevo Mundo, con todo su poderío y fuerza dé un paso adelante al rescate y liberación del viejo.
- ¡Bravo!
- ¡Bravo!
- ¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!

- ¿Ha cambiado de opinión?
- Los que nunca cambian de opinión nunca consiguen cambiar nada.

- ¿Qué acaba de ocurrir?
- Él acaba de movilizar la lengua inglesa y enviarla a la batalla.