Frases de la película La sombra de una duda

La sombra de una duda

Frases de la película dirigida por Alfred Hitchcock, estrenada en 1943, también conocida como Shadow of a Doubt.

¡Pero, Sr. Spencer, no debería dejar el dinero por ahí tirado! Me pone nerviosa. No todo el mundo es honrado, aunque yo nunca he tenido problemas.

¿Qué saben ustedes? No tienen pruebas.

Los extraño a todos. Stop. Voy a pasar una temporada con ustedes. Stop. Llegaré el jueves con toda seguridad. Avisaré hora exacta. Con cariño para todos. Un beso para la pequeña Charlie de su tío Charlie.

No leas tanto, te vas a estropear la vista.

- Bien Charlie, tienes razón, voy a ver si se me ocurre algo--
- No creo en las buenas intenciones. Sólo espero un milagro.

Tenemos un telegrama, deberías llamar, puede que alguien haya enfermado. La Sra. Henderson no me lo leyó porque no tenía un lápiz. Cuando tenga mi casa, estará llena de lápices.

No hace falta que grites. Parece que nunca ha visto un teléfono, no confía en la ciencia. Se cree que tiene que usar los pulmones.

- Señora Henderson, ¿cree en la telepatía?
- Me dedico a eso.
- No digo telegrafía, sino telepatía. Suponga que está pensando en alguien que está en conexión con usted y a miles de kilómetros esa persona sabe lo que está pensando. Todo a través de la mente.
- No sé de qué me hablas, sólo envío telegramas.

No te muevas, ahí de pie no pareces Emma Newton. Pareces la Emma Spencer Oakley de la calle Burnham, la chica más linda del barrio.

- No pongas el sombrero en la cama.
- ¿Eres supersticioso?
- No se debe tentar a la suerte.

- ¿El abuelo y la abuela?
- ¡1888!
- ¡Hace 53 años!
- ¡Qué maravilla! Ella era muy guapa.
- Todos eran encantadores entonces.
- Un mundo maravilloso, distinto al de hoy. No como hoy en día, era un placer ser joven entonces.

Las que dicen que no quieren nada son las que más reciben al final.

Las esmeraldas buenas son lo más bonito del mundo.

Saben, a veces se me mete en la cabeza una melodía y poco después alguien la tararea también. La música salta de una cabeza a otra.

- Los escritores europeos son muy fantasiosos. El mejor asesinato--
- Ya sé, golpearlos en la cabeza con algo contundente.

- Si yo quisiera matarte ¿crees que perdería el tiempo con agujas o una "Inee"?
- ¿Qué es eso?
- Una flecha india envenenada. Mira, comprobaría que estuvieras solo, entraría... te golpearía en la cabeza con una tubería de plomo o--
- ¿Qué tiene eso de divertido? ¿Y la coartada, las pistas?
- No necesito ninguna pista, sólo quiero matarte. ¿Para qué quiero las pistas?
- Entonces, ¿dónde está el libro?
- No estoy hablando de escribir libros, hablo de matarte.
- Si yo quisiera matarte, no te golpearía en la cabeza. No me gusta lo de las huellas dactilares. Podría llevar guantes... poner tus manos en la tubería y hacer que pareciera un suicidio. Aunque sería poco creíble que tú mismo te mataras a golpes.

No me importa que estés aquí, pero no sé cuando querré mi intimidad.

Las mujeres son muy ingenuas. ¿Cómo dejas entrar extraños en tu casa? ¿Por qué enseñar tu familia
a dos fisgones? Deberías tener más cuidado.

Casi, se fracturó el cráneo, y estuvo en cama mucho tiempo. Cuando se repuso no se quedaba quieto. Era como si hubiera
reposado demasiado y tuviera que recuperar el tiempo. Ya no volvió a leer mucho nunca más.

¿Por qué mirar al pasado o pensar en el futuro? El presente es lo que importa, ésa es mi filosofía.

Todos saben cómo son los bancos. Nadie sabe lo que pasa de puertas para dentro.

$40.000 no son ninguna broma para él, pero para mí sí. El mundo entero es una broma.

- Hago un poco de todo, pero cuando gano dinero ya no me interesa.
- ¿No le interesa el dinero?
- Sabe que hay un montón de dinero por ahí suelto. He pensado que debería guardar algo por seguridad. Aquí, por supuesto.
- ¿Dinero suelto?
- Acostumbro a llevar mucho dinero encima cuando viajo.
- Una costumbre peligrosa.
- Nunca he perdido un centavo. El cielo protege a los locos y a los canallas.

Una de las ventajas de ser viuda es no tener que pedirle dinero al marido.

- ¿Son los dueños de la casa?
- No, sus esclavos.
- Tan pronto arreglamos una cosa, se rompe otra.

Sr. Sanders, quiero ayudarle, pero no puedo hacer bizcochos todos los días.

- ¿Notaste algo raro en el café de mi casa?
- No, estaba bueno.
- A eso me refiero, no era sólo café.
- ¿Le echaste algo?
- Soda.
- La misma cantidad que echaría de veneno.
- Pues no noté nada.
- Claro, el sabor de la soda no se nota.
- Se nota más que el sabor del veneno. Podrías estar muerto ahora.

Aquí las mujeres sí trabajan. En las ciudades es diferente, están llenas de viudas de mediana edad cuyos maridos se han pasado la vida haciendo fortuna, trabajando. Después mueren y les dejan todo el dinero a sus esposas. ¿Y qué hacen esas inútiles mujeres? Van a los mejores hoteles a diario, en manadas. Se beben y comen el dinero, se lo gastan jugando al bridge. Apestan a dinero. Orgullosas de sus joyas, nada más. Mujeres horribles, marchitas, gordas, avariciosas.

¿Qué les pasa a los animales cuando se ponen gordos y envejecen?

Están volviéndose muy finos, cenan cada día más tarde.

- Si te doy unos hongos, ¿los comerías?
- Creo que sí, ¿por qué?
- Ya está, ¿te das cuentas? Me acusarían de homicidio involuntario, como mucho. Muerte accidental, sencillamente. Una cesta de hongos buenos con un par de ellos venenosos.

- Se me ocurrió algo mejor. En la bañera. Tiras de las piernas y la cabeza queda dentro.
- ¿Qué les pasa a ustedes? ¡Siempre hablando de matar gente! No hablamos de matar gente, él me mataría a mí y yo a él.
- Es su forma de divertirse.
- ¿No pueden hacerlo de otro modo? ¿No podemos estar tranquilos sin hablar de veneno?

- Hay tantas cosas que no sabes, tantas.
- ¿Tú qué sabes?
- Sólo eres una chica vulgar en un pueblo corriente. Te despiertas cada mañana sin ninguna preocupación. Pasas tu día normal. Por la noche duermes llena de dulces y estúpidos sueños. Yo te traje pesadillas.

¿Qué sabes tú cómo es el mundo? ¿No ves que es una pocilga? Si quitaran las fachadas de las casas, sólo habría cerdos. Este mundo es como el infierno.

No invento nada, todo lo aprendo en los libros, no mienten.

- Las madres no pierden hijas, sino que ganan hijos.
- "Ganar" no es siempre el caso. ¿Quién querría a un detective como yerno?

- No saque fotos sin permiso. Los derechos humanos, la libertad...
- Hablaremos de la libertad otro día, Sr. Oakley.

Sr. Oakley, creía que el champán era sólo para los barcos.

Nos llevábamos tan bien de pequeños. Después Charles se marchó, yo me casé y... Ya saben lo que pasa. Te olvidas de quién eres, eres la esposa de tu marido.

Quiero que sepas que tenías razón en pedirme que me fuera. Es mejor para tu madre, para todos nosotros. Ya viste cómo reaccionó anoche. No es una mujer muy fuerte, no soportaría la verdad.

Decía que la gente como nosotros no sabe cómo es el mundo realmente. Bueno, no es tan malo como él creía pero hay que vigilarlo de cerca. Se vuelve loco de vez en cuando. Como tu tío.

Frases archivadas en Alfred Hitchcock, Crimen, Drama, Misterio, enviadas por .

nos envió estas frases

Jos es desarrollador web y es el fundador de Frases de la película.


ha mandado las frases de 219 películas, ¡Te invitamos a enviar las frases de una película!

Deja un comentario

Síguenos en las redes sociales

Frases de la película es desarrollado por Jos Velasco