Frases de la película La cumbre escarlata (Crimson Peak)

Dirección: .
Actuación: , , .
Género: Drama, Fantasía, Horror, Misterio, Romance, Thriller/Suspenso.
Estreno: .

Los fantasmas existen. Eso lo sé. La primera vez que vi uno tenía 10 años. Fue el de mi madre. El cólera negro se la había llevado. Papá ordenó un ataúd cerrado. Me pidió que no mirara. No hubo besos de despedida. Ningún "adiós" ni últimas palabras. Es decir hasta la noche que volvió.

Mi niña. Cuando llegue el momento ten cuidado con La Cumbre Escarlata.

- ¿Qué es un baronet?
- Una especie de aristócrata. Un hombre que vive de tierras que otros trabajan. Un parásito con título.
- Este parásito es encantador y baila como pocos.

- Me dijo que necesitaba una historia de amor. ¿Lo puedes creer?
- Ogilvie es anticuado.
- Lo dijo solo porque soy mujer.
- Todos se enamoran, querida. Hasta las mujeres.

- No llegó tarde, ¿verdad?
- Detesta eso.
- Llegué temprano.
- Me temo que también detesta eso.

- Los hombres aquí sentados todos nosotros ascendimos a través del trabajo duro. Quizá no todos. El Sr. Ferguson es abogado. Pero ni él puede evitarlo. Yo empecé como trabajador de acero erigiendo edificios antes de poder poseerlos. Mis manos. Siéntalas. Ásperas. Un reflejo de quién soy. Usted, señor cuando le di la mano... Tiene las manos más suaves que jamás he sentido. En EE. UU. confiamos en el esfuerzo, no en el privilegio. Así construimos este país.
- He venido con todo lo que poseo, señor. Un nombre, un pedazo de tierra y la voluntad de explotarlo. Al menos concédame la cortesía de su tiempo y la oportunidad de probarles a todos que mi voluntad, señor es tan fuerte como la suya.

- Sra. McMichael, le pido disculpas.
- No te esperábamos.
- Ya lo sé. Seguro que no hay sitio...
- No te preocupes, niña. Todos tienen su sitio. Te ayudaré a hallar el tuyo.

El vals. No es un baile complicado. La dama se coloca un poco a la izquierda del caballero. Seis pasos básicos y eso es todo. Pero dicen que la prueba del vals perfecto es que sea tan rápido tan delicado y tan suave que una vela no se extinga en la mano del bailarín principal. Eso requiere la pareja perfecta.

Es fácil falsificar una foto de fantasmas. Pero con placas de vidrio por definición es imposible. Obtuve estas en Londres. Son auténticas. Se captura la imagen con una capa de sales de plata invisibles para el ojo desnudo. Se llama una imagen latente. Yo creo que las casas, los lugares ya sea por compuestos químicos en la tierra o por minerales en la piedra pueden retener impresiones de una persona fallecida. Pero no todos las pueden ver.

El señor que estaba aquí tiene, entre otras cosas, daltonismo. Ese hombre jamás percibirá el rojo ni el verde. Solo acepta su existencia porque la mayoría de la gente la acepta. Quizá solo notamos las cosas cuando llega el momento de verlas.

- Se están muriendo. Absorben el calor del sol y cuando las abandona, se mueren.
- Qué triste.
- No es triste, Edith. Es la naturaleza. Es un mundo salvaje de cosas que están muriendo o comiéndose unas a otras debajo de nuestros pies. Seguramente suceden otras cosas también.

Las cosas bellas son frágiles.

- Voy a necesitar el anillo.
- El anillo es mío. Yo me lo gané. Me lo tienes que devolver.
- Entonces reza por que tenga éxito. Es lo último que podemos vender.
- No lo vas a vender. Vamos a comprar algo con él.

- Tu novela. Leí los nuevos capítulos. Te los enviaré temprano.
- Muy amable, gracias.
- ¿Te digo lo que pienso?
- Si es indispensable.
- Es absurdamente sentimental. Los anhelos que describes con tanta intensidad. El dolor, la pérdida. Claramente no has vivido. Solo sabes lo que has leído.
- ¡Ya basta!
- Describes los tormentos del amor cuando no sabes nada de ellos. ¡No he acabado! ¿Con qué sueñas? ¿Con un hombre amable? ¿Con un alma pura que redimir? ¿Un ave herida que sanar? ¿La perfección? La perfección no tiene cabida en el amor. Te aconsejo que vuelvas a tus fantasmas. Cuanto antes, mejor. Sabes muy poco del corazón o del amor o del dolor que lo acompaña. ¡Eres una niña malcriada!

Querida Edith:
Para cuando leas esta carta, estaré lejos de aquí.
Tu padre me dejó claro que en mi condición económica actual no estaba en posición de mantenerte. Y le di la razón. También me pidió que te partiera el corazón. Y accedí a eso también. En este momento habré cumplido con ambos cometidos.
Pero quiero que sepas esto: Cuando le pueda probar a tu padre que solo le estoy pidiendo su permiso y nada más entonces volveré por ti. Siempre tuyo Thomas.

- Tu padre me sobornó para que me fuera. No te puedo dejar, Edith. Me sorprendo pensando en ti en los momentos más inoportunos del día. Siento como si existiera un lazo entre tu corazón y el mío. Y si se rompiera ese lazo ya sea por la distancia o por el tiempo mi corazón dejaría de latir y se moriría. Y tú tú me olvidarías pronto.
- Nunca. Jamás te olvidaría.

- En esta casa solo viven sombras y chirridos y gruñidos. Así que calma a tu imaginación desbocada.
- Solo necesito una buena bienvenida. Quiero que esta casa solo contenga amistad y amor y calidez.
- La calidez sería un buen comienzo.

- ¿No dijiste que el perro se había muerto?
- Lo dejé afuera solo. Pensé que el frío lo mataría.
- ¿Cómo ha sobrevivido tanto tiempo?
- De sobras, supongo. Como todos nosotros.

- Te ayudará a sentirte mejor.
- ¿Qué es?
- De moras del espino de fuego. Son muy saludables.
- ¿No te gusta? Es un poco amargo. Aquí no crece nada gentil. Se necesita un poco de amargura para que no te coman.

- ¿Qué fue eso?
- Es el viento del este. Cuando aumenta, las chimeneas forman un vacío, y con las ventanas cerradas, la casa pues, la casa respira. Es espantoso, ya lo sé.

"A las colinas elevamos los ojos".

- Mamá.
- Se ve muy...
- ¿Horrible? Sí. Así era exactamente. Me gusta pensar que nos ve desde ahí arriba.

- ¿Has oído de las ilustraciones en los cantos?
- No.
- Son imágenes ocultas en el borde del libro. Disimuladas con cuidado hasta que doblas las páginas. Así. Hay secretos en todos lados.

♫ Deja que el viento sople amablemente ♫
♫ En las velas de tus sueños ♫
♫ Y que la luna ilumine tu viaje ♫
♫ Y te traiga a mí ♫

"Enola".

- ¿Ha muerto alguien en esta casa?
- La casa tiene cientos de años. Seguramente muchas almas han ido y venido.
- Me refiero a muertes violentas.

- Verás por qué la llaman La Cumbre Escarlata.
- ¿Qué dijiste?
- "La Cumbre Escarlata". Así la llaman. La arcilla roja y los minerales del suelo manchan la nieve. Se vuelve un rojo vivo. Por lo tanto: "Cumbre Escarlata".

- Los personajes te hablan. Se transforman. Toman decisiones.
- Decisiones.

Dejé atrás todo lo que era. Todo lo que tenía. Podemos vivir donde queramos.

El pasado, Thomas. Piensas mucho en el pasado. No me encontrarás ahí.

Quisiera tener la fortaleza para irme, pero no puedo. Solo quieren mi dinero para trabajar en su máquina infernal. Es lo único que les importa.

- ¡No eres su hermana!
- Qué encantador. Sí, lo soy.

- ¡Son unos monstruos! ¡Los dos!
- Qué curioso. Fue lo último que dijo mi madre también.

Todas las mujeres que encontramos... Londres, Edimburgo, Milán. Estados Unidos. Todas tenían lo necesario. Dinero, sueños frustrados y ningún pariente vivo. Nunca las buscó nadie. Fueron eutanasias, en realidad.

- ¿Y la mujer italiana? ¿Enola? Mataste a su bebé.
- No es verdad. Ninguna de ellas se acostó con Thomas. ¿No entiendes? El bebé era mío. Nació mal. Deberíamos haberlo dejado morir al nacer pero yo lo quería. Ella dijo que lo podía salvar. Estaba decidida. Me mintió.

- Todo este horror... ¿Por qué? ¿Por el dinero? ¿Para conservar la casa? ¿Por el nombre? ¿Por las minas?
- Los matrimonios fueron por dinero. Pero el horror el horror fue por amor.

Las cosas que hacemos por un amor así son feas locas llenas de sudor y arrepentimiento. Este amor te quema y te desfigura y te retuerce por dentro. Es un amor monstruoso y nos vuelve monstruos a todos.

- El único amor que Thomas y yo conocimos fue el que nos dimos. Dentro de estas paredes podridas. Escondidos.
- No es cierto. Tú lo asfixias.

Este día tenía que llegar. Hemos estado muertos por dentro.

- No pararé hasta que me mates o yo te mate.
- Te oí la primera vez.

Los fantasmas existen. Eso lo sé. Hay cosas que los atan a un lugar como nos atan a nosotros. Algunos se mantienen atados a un terreno. A un tiempo y una fecha. A sangre derramada. A un crimen espantoso. Pero hay otros otros que se aferran a una emoción. A un impulso. A una pérdida. A la venganza. O al amor. Esos nunca se van.

LA CUMBRE ESCARLATA DE EDITH M. CUSHING