Frases de la película El Karate Kid, Parte III

Frases de la película dirigida por John G. Avildsen, estrenada en 1989, también conocida como The Karate Kid, Part II y Karate Kid. El desafío Final.

Ellos te hicieron sufrir. Yo los haré sufrir y sufrir y sufrir. Y cuando vea que han sufrido suficiente, comenzaré con el dolor.

Cuando termine con ese chico, estará rogándome que sea su maestro. ¿Y sabes qué aprenderá de mí? El dolor en cada parte
de su cuerpo y el miedo en cada parte de su mente.

Sólo la raíz del karate proviene de Miyagi. Así como el bonsái, elige la manera en que crece. Porque la raíz es fuerte. Tú eliges tu manera de hacer karate, por la misma razón.

Como el bonsái se basa en los árboles, el karate se basa en este kata.

Daniel-san, si el karate se usa para defender el honor, la vida el karate significa algo. Si el karate se usa para defender
un trofeo de plástico y metal el karate no significa nada.

- No lo firmó. Escuche, Sr. Miyagi, entiendo lo que siente. Pero debe entender lo que yo siento. Esto es lo más grande
que hice en mi vida. Este título es mi orgullo. ¿Por qué no puedo defenderlo?
- Daniel-san, no busques respuesta en Miyagi. Así como el bonsái habita dentro del árbol la respuesta habita dentro de ti.
- Lo único que habita dentro de mí ahora, es una gran confusión. Es mi oportunidad de volver a ser campeón. Sólo tengo que poner aquí mi firma.
- O un fósforo.
- ¿Un fósforo?
- Luego, verás la confusión desapareciendo con el humo.

Jamás creí que al jubilarme, tendría que trabajar tanto.

- Él no parece un profesor de karate.
- Tampoco actúa como si lo fuera.

No podrás vigilarlo siempre, cabeza de Buda.

Daniel-san, podemos reconstruir la tienda. No podemos reconstruir la mercancía.

- A veces, mejor fastidiarse con estómago lleno y no vacío.
- Oh, genial. Otro gran pensamiento. ¡Qué alivio me hace sentir! Usted salga de pesca. Yo voy a hacer algo. Los denunciaré a la policía. Llevaré el formulario para que arresten a esos imbéciles. Estamos en los años 80. Hay que hacer algo, Sr. Miyagi.

- ¿Cómo hallaremos ese árbol pequeñito del Sr. Miyagi, entre todo esto?
- Me contó que lo puso a medio camino del despeñadero más escarpado para que reciba los primeros rayos del sol.

Eso depende. Si las raíces son fuertes, el árbol sobrevive.

Regla número uno: El hombre que no resiste, no puede luchar.

Las situaciones extremas requieren medidas extremas.

Espero que confusión termine pronto, Daniel-san. El corazón de Miyagi
está vacío sin ti.

Regla número dos del método "Silver al minuto": El hombre que no puede respirar, no puede luchar.

Si quieres que te venzan porque te duele un poco, adelante. No seré parte de eso. A los débiles los convierto en ganadores, no al revés.

Regla número tres: El hombre que no puede ver, no puede luchar.

Él pegó contra tu puño. No es tu culpa, ¿verdad?

- Es sangre. ¿Y qué hay? Haz de cuenta que es de él. Este sujeto quiere quebrarte humillarte, ¡estrellarte en el piso!
- ¿Y tú qué harás?
- ¡Destruirlo!

Técnica e instinto asesino. Lo tienes todo ahora, muchacho.

Todo puede sanar, Daniel-san. Sólo necesita tiempo. Requiere paciencia.

A veces, al emprender un viaje, es mejor saber dónde terminará. De lo contrario, más vale quedarse en casa.

Se recupera porque tiene raíces fuertes. Como tú, Daniel-san. En tu interior, hay raíces fuertes. No necesitas nada, excepto lo que hay en tu interior, para crecer.

Está bien perder ante el oponente. ¡No se debe perder ante el miedo!

Tu mejor karate está aún en tu interior. ¡Es hora de hacerlo salir!

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