Frases de la película El sacrificio del ciervo sagrado

Dirección: .
Actuación: , , .
Género: Drama, Misterio, Thriller/Suspenso.
Estreno: .
Otros títulos: El sacrificio de un ciervo sagrado y The Killing of a Sacred Deer.

- Mañana haré tarta de limón y nadie la comerá más que tú.
- ¿Ni siquiera los niños?
- Ni ellos.
- Pobres.

- ¿Podrías prender otra luz, por favor?
- ¿Anestesia general?
- Sí.
- ¿Qué te parece?
- Perfecta.

Cuarenta años han transcurrido desde que el cardiólogo alemán Andreas Gruentzig realizara la primera angioplastía coronaria, el 16 de septiembre de 1977. Hoy, ese primer paciente aún sigue sano y salvo. Sin embargo, el doctor Gruentzig tuvo un infortunado accidente y encontró la muerte prematura. En resumen, él es uno de los pocos casos que nos permiten decir: "La operación fue un éxito pero, por desgracia, el doctor no sobrevivió...

- Debemos irnos pronto.
- Sí.
- Es temprano.
- Opera en la mañana, debe dormir.
-Aún es temprano.
- Tengo cirugía en la mañana.

- ¿Cuándo empezaste a fumar?
- Hace como ocho meses, en la casa de un amigo. Era una fiesta, en realidad. Una chica me ofreció un cigarrillo, dije: "¿Por qué no?", y lo encendí. Fue un error, me arrepiento. Pero ya es demasiado tarde, soy adicto.

- Es un niño encantador.
- ¿Verdad?
- Sí, mucho.
- ¿Cómo murió su papá?
- En un accidente de auto, iba a su casa. Se estrelló en un poste, murió instantáneamente.
- ¿Desde cuándo lo conocías?
- De mucho tiempo atrás. Fue mi paciente hace años.
- ¿Fuiste al funeral?
- Sí fui.
- ¿Por qué no te acompañé?
- Te dije, pero creo que tenías cosas que hacer.

- Hola. ¿Cómo estás?
- Estoy bien, Martin. ¿Sucede algo?
- No. Solo llamé para decirte que lo pasé de maravilla hoy.
- Me da mucho gusto escuchar eso.
- Sí. Creo que debería devolver el favor. Así que quisiera invitarte a cenar, a mi casa. A mi mamá le encantará verte. Hace dos años que no te ve, desde aquella vez en el hospital. Preparará rollo de carne.
- Eres muy amable. Iré algún día.
- Mañana en la noche. Ya le avisé. Le pedí que hiciera rollo de carne y limonada.

- ¿Tienes mucho tiempo casado?
- Dieciséis años.
- Tus manos son hermosas.
- Gracias.
- Casi todos los médicos tienen manos bonitas. Muy blancas, suaves y limpias.

- ¿Qué haces? ¿Por qué no estás en la escuela?
- Me duele el corazón.
- ¿Qué quieres decir?
- Me duele el pecho. El corazón. Estoy preocupado.
- No tienes por qué.
- Estoy preocupado porque es hereditario.
- Estás muy joven para preocuparte.
- Eso le dijiste a mi papá. No fumaba. Llevaba una dieta muy sana. Nadaba casi todos los días. Debió sobrevivir a la cirugía, pero murió.

- Mi mamá y yo creemos que estaría bien que vinieras a cenar hoy. Podemos ver el resto de la película. ¿Te parece bien a las ocho?
- Eres muy amable, pero esta noche no puedo. Tengo que llegar a casa.
- ¿No puedes escaparte un par de horas?
- No. En otra ocasión.
- Mamá se va a molestar. ¿Te cuento un secreto? Pero no se lo digas. Creo que le gustas. Es decir, que le atraes. Ella dice que no es cierto, pero estoy seguro de que sí. Y para ser sincero, creo que son perfectos el uno para el otro. Hacen una gran pareja. Tiene un cuerpo estupendo. Ya lo comprobaste. Perdió peso y tiene una figura maravillosa.
- Tu madre es muy hermosa, pero la idea de que estemos juntos es absurda. Te recuerdo que estoy casado. Que amo a mi esposa e hijos y que somos felices juntos. Para que sepas, estás bien. No tienes nada malo.

- ¿Sabes a quién vi hoy, papá?
- ¿A quién, querida?
- A Martin.
- ¿Cuál Martin?
- Martin, el chico que vino el otro día. El hijo de tu antiguo paciente. Me trajo del ensayo del coro en la motocicleta de un amigo. Es muy divertido. Reí tanto que me duele el estómago.
- Sí, es muy simpático.
- Kim, no quiero que andes en motocicletas sin casco.
- Sí traía casco, él me dio el suyo.
- ¿Por qué no lo invitaste a pasar?
- Sí lo hice, pero tenía prisa.

- Robert, ¿sabes qué hora es? Levántate y vístete.
- No puedo levantarme.
- Tienes diez minutos para lavarte, vestirte y desayunar. No te llevaré a la escuela, y tu madre tampoco.
- No puedo levantarme.
- Bob, levántate y vístete. Deja de jugar.
- Papá mis piernas están adormecidas. No puedo moverlas. No puedo ponerme de pie.

- No te voy a entretener aunque últimamente me dedicas menos tiempo. Quería decir una cosa más. Lamento mucho lo de Bob.
- No es grave.
- Sí lo es. El momento crítico que ambos sabíamos que llegaría aquí está, es ahora. Sabes a qué me refiero.
- No lo sé. Mira, Martin, no tengo tiempo para esto.
- Bien, te lo explicaré muy rápido para no entretenerte. Sí, es justo lo que piensas. Mataste a un miembro de mi familia, le toca a uno de la tuya para compensar. ¿Comprendes? No puedo decirte a quién, eso lo decides tú. Pero si no lo haces, todos enfermarán y morirán. Bob, Kim, tu esposa, morirán.
Todos enfermarán y morirán. Uno, extremidades paralizadas. Dos, dejarán de comer hasta morir de hambre. Tres, les sangrarán los ojos. Cuatro, mueren. Uno, dos, tres, cuatro. Tranquilo, tú no enfermarás. Debes conservar la calma, es todo. Listo, lo dije lo más rápido que pude. Espero no haberte entretenido mucho. Una cosa más. Seré muy breve. Tienes unos días para decidir. Cuando la etapa tres llegue... ¿Recuerdas cuál es? La etapa tres es el sangrado de los ojos. Cuando inicie el sangrado, morirán en cuestión de horas. Bien, ahí está. No tengo más que decir. A menos de que tengas preguntas.

- ¿Bob? ¿Por qué no jugamos?
- ¿A qué?
- Te contaré un secreto, algo que no sabías. Y tú me dirás uno. El que diga el mejor secreto, gana. ¿De acuerdo? Cuando tenía tu edad, empecé a masturbarme. Y apenas empezaba a eyacular. Solo un poco, una escasa gota. Me preocupaba que tuviera un problema porque en la escuela escuchaba historias. Entonces, un día que mi papá había bebido mucho mis hermanos habían salido y él estaba dormido en la habitación entré, tome su pene en mi mano y lo acaricié hasta que eyaculó. Las sábanas estaban llenas de esperma. Me asusté y salí corriendo. Nunca se lo conté a nadie. Ahora te toca contarme un secreto.
- No sé. No tengo secretos.
- Es imposible. Debes tener uno.
- No tengo.
- Bob, si todo esto es una farsa y me lo cuentas, no te castigaré. Y tu mamá tampoco. Ni nos enfadaremos contigo.
- No es una farsa.
- Pero si lo es y no detienes esta estúpida broma ahora tu castigo no se limitará a dos meses sin televisión. Te afeitaré la cabeza con mi máquina eléctrica y haré que te comas tu cabello. En serio. Literalmente, haré que te comas tu cabello. No es broma.
- No es una farsa.

- ¿Cuántos años tenía su papá cuando murió?
- Cuarenta y seis.
- ¿Bebiste ese día?
- Le dio arritmia, un derrame cerebral y no hubo nada que hacer.
- Te pregunté si bebiste, no cómo murió. ¿Cuánto tiene esto? ¿Desde cuándo ves a ese chico?
- Como seis meses.
- ¿Dónde se reunían?
- Qué importa.
- ¿Dónde?
- En una cafetería y luego íbamos al río. Tiene graves problemas psicológicos. Siempre los tuvo. Sabía que actuaba raro, pero ya enloqueció. Es peligroso. Debemos tener cuidado. Ir a la policía y tomar medidas precautorias.
- No iremos a la policía ni le contaremos a nadie, ¿para qué? ¿Habías bebido cuando operaste a su papá?
- Solo un poco. Eso no influyó en el resultado. Un cirujano nunca mata al paciente. El anestesista puede hacerlo, pero no el cirujano.

- ¿Con quién hablabas?
- Con Martin. Manda saludos.
- No quiero que vuelvas a hablar con él.
- ¿Por qué?
- Porque yo digo. ¿Oíste lo que dije?
- Púdrete.
- ¿Qué dijiste?
- Nada.
- Dijiste algo, ¿qué fue, Kim?
- Mamá, me lastimas. No dije nada.
- No soy como tu padre. Si así lo quieres, te quito el teléfono en este preciso instante. Así aprenderás a no ser grosera con tu madre.

- Vi cómo sucedió.
- Fue una coincidencia.
- ¿Cómo es posible? ¿Por qué ninguno podía levantarse y caminar hasta ahora?
- Querida, escúchate.
- Lo vi.
- Bien, significa que las cosas mejoran, que Kim va bien. Por favor, ve a casa y descansa un rato.
- No están mejor, sino peor.

- Quiero hablar contigo. No te quitaré mucho tiempo.
- Por supuesto. Tengo diez minutos antes de ir a clases.
- ¿Qué sucede? Mi esposo me contó de ti y tu papá.
- ¿Sí? ¿También te habló de mi mamá?
- No.
- Lo siento. Quizá no sea el indicado para decírtelo. Pero... desde que tu esposo mató a mi papá ha estado coqueteando con mi mamá. Es un coqueteo constante. Siendo sincero, a ella también le atrae. Cree que tiene manos muy lindas. La verdad es que sí es cierto. Todos los médicos tienen manos limpias y hermosas. Le dije que no me importaba si quería tener algo con él. Me parece un hombre muy bueno. Y no quiero ser un obstáculo para que recupere su vida. Me iré en unos años, conseguiré empleo.
- Si mi esposo cometió un error por negligencia o no sé por qué causó esta tragedia, no entiendo por qué tengo que pagar yo. Por qué mis hijos.
- Poco después de la muerte de mi papá alguien me dijo que como el espagueti igual que él. Me dijo que ese hecho le causó una impresión extraordinaria. "Mira cómo come espagueti el chico. Exactamente como lo hacía su padre. Le clava el tenedor y le da vueltas. Y luego se lo mete a la boca... En ese entonces, creí que solo yo comía así el espagueti. Mi papá y yo. Después, claro, descubrí que todos comen así el espagueti. De la misma manera. Eso me molestó mucho. Me afectó mucho. Quizá incluso más que cuando me dijeron que estaba muerto. Mi papá. No sé si lo que sucede es justo pero es lo único que se me ocurre que se parece a la justicia.

- ¿Fuiste el anestesista de Jonathan Lang?
- Gracias. ¿Quieres...?
- No, gracias. ¿Quién es Jonathan Lang?
- Hombre de 46 años, paciente de Steven. Murió en el quirófano.
- Con tantos años, son muchos los pacientes, las cirugías. Por desgracia, no lo recuerdo. Lo siento.
- ¿Consigues su expediente y me lo muestras, por favor? Quiero ver su historial médico y la causa de muerte.
- No es posible. Lo siento, Anna. No puedo compartir los expedientes del hospital. ¿Para qué lo necesitas?
- Por favor.
- No puedo darte el expediente pero sí decirte un par de cosas sobre el caso. Ahora lo recuerdo, yo lo anestesié. Pero... ¿qué recibo a cambio?
- Lo que no tuviste el día que comimos en tu casa.
- ¿Cuándo?
- Ahora.

- ¿Steven estuvo bebiendo?
- Sí.
- ¿Puede considerarse su error?
- Sí. No fue mío, es un hecho. El anestesista nunca tiene la culpa de que una cirugía salga mal. El responsable siempre es el cirujano.

- ¿Sabes de qué tengo antojo? De puré de papa. ¿Por qué no lo preparas mañana?
- Tienes manos hermosas. No me había dado cuenta. Todo el mundo me lo ha dicho y ahora lo compruebo. Bonitas y limpias. Pero qué importa que sean hermosas, no tienen vida. A veces, Steven, eres un incompetente que no para de decir estupideces como: "Haré una tomografía, un ultrasonido. Usaré medias café. Haz puré de papa. Vamos a la casa de la playa...
- ¿Disculpa?
- Nuestros hijos están muriendo, pero sí, te haré puré de papa mañana.
- Por favor, no me hables así.
- Si te molesta, ve con la mamá de Martin. Seguro ella te hablará bien.
- Querías a los niños en casa, aquí están. ¿Qué más quieres que haga?
- Algo para remediar esto, eso quiero. ¿Puedes hacerlo? ¿Te das cuenta de que estamos en esta situación por tu culpa?

- Déjame ir, mi mamá se morirá de la preocupación.
- ¿Crees que tu mamá está orgullosa de ti, Martin? ¿Qué está feliz de que su amado hijo sea un asesino?
- ¿Asesino? No es necesario usar esa palabra dramática, sensacional, pasada de moda. Pero si insistes el asesino en el caso de mi papá y en esta situación, no soy yo.

- En realidad, tocar una herida abierta duele aún más.
- No, solo una cosa nos hará sentir mejor a los dos. ¿Comprendes? Es metafórico. Mi ejemplo. Es una metáfora. Es decir... es simbólico.

- Me disparas, ¿y luego? Responde.
- Y luego te incinero en el patio para que te pudras.
- No podrás explicarlo. No comprenderías cómo sucedió. Pensarás: "Pero si solo maté a una, ¿por qué murieron cuatro personas?". Entonces, si harás un hoyo en el patio, que sea grande.

- El chico es muy bueno en matemáticas y física. Kim, por otro lado, además de su talento natural para la música es muy buena en literatura e historia. Asignaturas en las que Bob esta rezagado. Ella escribió un ensayo estupendo sobre la tragedia de Ifigenia que leyó en voz alta en la clase. Obtuvo la nota más alta.
- ¿Y su comportamiento en clase?
- Diría que los dos son inquietos, en la misma medida. He tenido quejas de los maestros por faltas menores pero nunca han sido groseros con el personal. De cualquier forma, le habríamos informado en caso de un mal comportamiento.
- ¿Tiene preferencia por alguno? Si tuviera que elegir a uno ¿quién diría que es el mejor?
- Es una pregunta difícil. No sé si puedo responder. No lo sé. No sé qué decirle.

Si vas a hacer algo, es mejor que sea rápido. El niño está a punto de morir. Lo más lógico, a pesar de lo duro que parezca, es matar a un hijo. Porque podemos tener otro. Todavía podemos. Si no puedes, recurrimos a la fertilización in vitro, pero podemos.

Perdón por lo que hice esta noche. No sé qué creía. Pensaba en mí y nadie más. Estuvo mal. Estaba asustada. No debí estarlo. Déjame pagar por tus pecados, papá. Mátame en este instante para que compruebes que morí en caso de que el destino disponga otra cosa. Mátame y déjame gozar de la alegría de salvar a mi madre y a mi amado hermano de una muerte segura. Dile, mamá. Por favor, papá. Haría lo que fuera por ti. Hasta moriría por ti y esta es mi oportunidad para demostrarlo.

Te amo, no lo olvides. Me diste la vida y solo tú tienes derecho a quitármela. Eso es muy lógico. Ustedes son mis señores, mis amos, y yo solo vivo para cumplir sus deseos. Te quiero mucho. Recuérdalo cuando esté en mi tumba y no pueda decírtelo. Te quiero más que a nada en el mundo, a ti y a mi hermano.

- ¿Dónde están los niños, Steven?
- Ya están ahí.
- Me pondré el vestido negro que te gusta.
- Ponte lo que quieras. Pero apresúrate.