Frases de la película El recuerdo de Marnie

Dirección: Hiromasa Yonebayashi, James Simone.
Actuación: Kasumi Arimura, Nanako Matsushima, Sara Takatsuki.
Género: Animación, Drama, Familiar, Misterio.
Estreno: 2014.
Otros títulos: When Marnie Was There y Omoide no Mânî.

En este mundo existe un círculo mágico invisible. Se puede estar dentro o fuera de ese círculo. Estas chicas están dentro. Yo, sin embargo, estoy fuera. Pero lo cierto es que no me importa.

- Entonces, ¿tienes asma?
- Sí.
- El aire de aquí te curará enseguida.

- Ah, tu deseo. ¿Qué has puesto? "Deseo una vida normal todos los días." ¿Normal? ¿Anna, a qué te refieres con normal?
- Pues... Verás...
- ¡Qué ojos!
- ¿Qué pasa?
- Mirad sus ojos. Son preciosos. Son azules, como los de los extranjeros.
- ¡Déjame en paz! ¡Gorda de mierda!
- Gorda...
- Yo... No...
- Ahora entiendo lo que querías decir. Pero es inútil fingir ser normal. Al fin y al cabo eres tal y como pareces.

Soy lo que parezco. Soy lo que parezco. Fea, estúpida... malhumorada... desagradable... Por eso... me odio.

- ¿Eres real?
- Que no te oigan.
- Eres como la chica que veo en mis sueños.
- ¿En tus sueños? Gracias. Esto no es un sueño. ¿Cómo te llamas?
- Anna.
- Estaba deseando conocerte. ¿Y tú?
- Sí.
- ¿Me has visto antes?
- Sí. Varias veces.
- He llegado hace poco. ¿desde cuándo vives aquí?
- Llevo una eternidad...

- Eres mi pequeño secreto. No le ha hablado a nadie de ti, y no voy a hacerlo. Si alguien lo averigua lo estropearán todo. Prométemelo, por favor. Guardaremos esto en secreto. Para siempre.
- Sí. Será nuestro secreto. Para siempre.

- Aún no sé cómo te llamas.
- ¿No te lo he dicho? Marnie.

- Hay tantas cosas que quiero saber sobre ti. Pero quiero averiguarlas poco a poco. Despacito y por mí misma, conforme nos vayamos conociendo.
- Vale.
- Te voy a decir lo que haremos. Cada noche nos haremos tres preguntas.
- Muy bien.
- Vale. Empiezo yo.
- Primera pregunta. ¿Qué haces en este pueblo?
- Soy asmática. El médico me dijo que debía ir a un sitio con aire limpio. Aunque tuviera que dejar la escuela.
- ¿Estás enferma?
- Si no me da un ataque no pasa nada. Por eso me quedo aquí con la familia de mi tía, los Oiwa.
- ¿Tu tía?
- Ahora me toca preguntar a mí. ¿Vives en esa mansión?
- Desde que tengo dos años. Con mi nana y las doncellas. Toma zumo.
- ¿Dónde están tus padres?
- Vienen poco. Siempre están trabajando.
- Ya veo.
- Segunda pregunta. ¿Quién es esa tía tuya?
- Mi tutora. Pero sólo soy una carga para ella así que se ha librado de mí por un tiempo.
- ¿A qué te refieres?
- Ya te lo explicaré algún día. Me toca a mí. ¿Tienes hermanos?
- Soy hija única.
- Vaya... Tú también.
- ¿Por qué?
- Por nada. Tengo curiosidad por saber qué se siente al tener hermanos.
- Es verdad, tiene que ser divertido.

- Me acuerdo cuando llegaste a casa de Yoriko. Estaba contentísima. Sólo pensaba en recuperar los cinco años que no había estado contigo. Por eso te ha enseñado tantas cosas. Como a cortar comida. Pero se preocupa demasiado. Siempre me llama para que le ayude. Cuando le dije que estaba liada empezó a hacer pucheros. Vaya, no debería contarte estas cosas de tu madre.
- No, no pasa nada.
- ¿Sabes? Yoriko siempre nos manda montones de fotos tuyas. Luego te las enseño.

- ¿Puedo?
- Sí.
- Te he visto dibujar. Esa chica se parece a alguien que conocí. Era una chica estupenda.
- Sí, lo es. Pero hace una semana que no la veo.
- A lo mejor está enfadada porque me olvidé de ella. Si es amiga tuya, cuéntaselo y no pasa nada.

- Los colores están un poco mal.
- No, es precioso.
- Me llamo Hisako. Estoy enamorada de la casa del pantano. ¿Y tú?
- Yo soy Anna. A mí también me gusta.
- Entonces será mejor que acabes tus dibujos... antes de se muden los nuevos inquilinos. Ya han empezado a reformarla.

- Marnie es... Marnie... es alguien que me inventé. Una chica imaginaria que estaba sólo en mi mente.
- Pero este es el diario de Marnie. Es como si de verdad hubiera vivido aquí. ¿Entonces no eres Marnie?
- No.
- ¿Es imaginaria?
- Eso es.
- Creía que eras Marnie y que volvías a por tu diario.
- Me llamo Anna. He venido de Sapporo para ponerme bien.
- Yo soy Sayaka. Soy de Tokyo. Pero si era imaginaria, ¿por qué tiene el mismo nombre?
- No lo sé.
- Marnie tiene que ser real. Voy a investigarlo.

- Te he echado de menos. Te seguía llamando desde mi corazón.
- Yo también.
- Vamos. Ven a mi casa. Ven conmigo, Marnie.
- No puedo alejarme de la mansión.
- Vale, iremos a donde tú quieras.

- Háblame.
- Yo... soy adoptada. Mis padres murieron cuando era pequeña. Mi abuela también. Sé que no fue culpa suya, pero..a veces siento... que no puedo perdonarles... por dejarme sola. Tengo celos de ti.
- Tienes suerte de ser adoptada. Si no tienes parientes... la gente que te acogió como su hija... tienen que tener un gran corazón.
- Entonces te contaré un gran secreto. Es sobre mis padres adoptivos. Son amables y buenos conmigo. No soy su hija, pero aún así me han criado, y se lo agradezco. Pero verás... Un día lo vi. Les pagan por acogerme.
- ¿Les pagan?
- Encontré una carta del gobierno. Decía que les iban a aumentar el subsidio por tenerme.
- Seguro que hay alguna razón...
- ¡No me importa! Si fuera su hija de verdad no recibirían ningún dinero. Les pagan porque no soy su hija. Y aún peor... ¡Me lo ocultaron!
- Entiendo. Pero eso no quiere decir que tu tía no te quiera.
- ¡No! ¿Es que no lo ves? Ninguna otra familia recibe dinero. ¡Sólo nosotros! Siempre parece preocupada por si lo averiguo. Y me odio a mí misma por pensar así. Es sólo que... Ya... No puedo...
creer en nada.
- Anna, llora tranquila. Yo sólo sé que te quiero.

- Te quiero más que a ninguna otra chica que he conocido.
- Entonces te toca contarme tu secreto.
- Ha pasado mucho desde que iba a coger setas con mi padre. Ahora apenas les veo. Mi madre casi siempre está de viaje. Mi padre trabaja tanto que sólo lo veo dos veces al año. De normal, nana y las doncellas gemelas son las únicas que están en casa. Y yo. Aprovecho cuando se ponen a cotillear para escaparme. Y me imagino lo que se siente al ser libre. Cuando mis padres están en casa es agradable. ¡Siempre dan fiestas! Como la del otro día. Con mis padres... y con mucha más gente. Es increíble. Puedo ponerme trajes nuevos y también bailar. Entonces me siento la chica más afortunada del mundo.
- Entiendo.
- Dime Anna ¿Querrás ser mi amiga para siempre?
- Sí. Seré tu amiga para siempre.
- ¿Verdad?
- Pues sí.
- Nana siempre está de mal humor. Siempre me tira del brazo o me peina con fuerza. Nadie cree que puedan estar abusando de mí. Pero me hace mucho daño. Tanto que me dan ganas de llorar. Las doncellas siempre están intentando asustarme. Me amenazan a todas horas "A las chicas malas se las mete en el silo... donde los fantasmas se llevan sus almas". Eso me dicen.
- ¿Te refieres al silo de la colina?
- Una vez incluso me llevaron hasta allí.
- ¡No!
- Me arrastraron hasta el silo. Creí que me iba a morir de miedo. Entonces, de repente... cuando llegamos allí, el cielo se oscureció y empezaron a caer rayos. Estaban tan asustadas que no llegamos a entrar. Puedo soportar todo lo demás. Todo excepto el silo.
- ¡Jamás había oído nada tan terrible! ¡Ojalá les cayera un rayo a tu nana y a las doncellas.
- ¿A ti nunca han intentado asustarte?
- No. Nunca a propósito.
- Qué suerte. Ojalá fuera tú.

No me importa quién sea Marnie en realidad. Sólo quiero ayudarla.

- Marnie, ¿cómo has podido? No pienso perdonarte. Marcharte sin decirme nada.
- ¡Anna! ¡Te quiero Anna!
- ¡Marnie! ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué me has traicionado?
- Lo siento. No quería dejarte sola. Pero... Pero en ese momento, no estabas ahí.
- ¿Qué quieres decir?
- Anna, yo... No puedo seguir aquí. Tengo que despedirme de ti. Por favor, Anna, por favor, di que me perdonas. Anna...
- ¡Claro que sí! ¡Te perdono! ¡Te quiero, Marnie! ¡Y nunca te olvidaré! ¡Nunca te olvidaré! ¡Jamás!

A Marnie le encantaba la mansión. Le encantaba ver el pantano desde la ventana. Decía que podía sentir como le hablaban los pájaros. Siempre estuvo sola... pero vivió plenamente. Siempre sonriendo, decidida a ser feliz.

Marnie... La chica atrapada en la ventana azul. Fue hace mucho tiempo.

- Anna...
- ¿Sí?
- Tengo que contarte algo. Todos los meses nos dan un subsidio para cubrir tus gastos. Recibimos dinero. Siempre he dudado si decírtelo o no, pero...
- No pasa nada.
- Tienes que creerme... Recibiéramos dinero o no... eso no cambia cuánto te queremos.
- Ya lo sabía. Me alegra que me lo hayas contado.
- ¡Anna!
- He visto todas las fotos que les enviabas.
- ¿Fotos? ¡Ah! Cuando te marchaste estuve buscando entre los viejos álbumes... y encontré esta foto. ¿La reconoces? Es esa mansión. Cuando viniste con nosotros, no la soltabas. Me dijeron en el orfanato... que era de tu abuela.

- ¡Marnie! Así que eras tú.
- Anna. Así que entré en el silo aquella noche. Tenía muchísimo miedo. Pero entonces llegó tu abuelo. Me animó diciéndome que lo había hecho muy bien. He superado muchas cosas aterradoras. Y tú también lo harás, Anna. Después de todo... eres mi única nieta.