Frases de la película El puente sobre el río Kwai

El puente sobre el río Kwai

Frases de la película dirigida por David Lean, estrenada en 1957, también conocida como The Bridge on the River Kwai.

- Que en paz descanse.
- Encontró bastante poco de eso mientras estaba vivo.

No hay alambre de púa ni valla ni torre de vigilancia. No son necesarios. Somos una isla en la selva. La huída es imposible. Morirían.

Sean felices en su trabajo.

- Diría que las probabilidades de una huída exitosa son de cien a una.
- Correcto.
- ¿Pero puedo añadir otra palabra?
- Por favor.
- Las probabilidades de sobrevivir en este campo son peores aún.

- ¿Intenta seguir la ley al pie de la letra, a cualquier costo?
- Sin ley, comandante, no existe la civilización.
- Ese es mi punto justamente: Aquí no existe ninguna civilización.

Desde el momento que se rindieron dejaron de ser soldados.

La clase de agallas que puede lograr que nos maten a todos.

Por un breve momento, entre la huída y la muerte fueron soldados otra vez.

- ¿Sabe Ud. qué me sucederá a mí si el puente no está listo a tiempo?
- No tengo la menor idea.
- Tendré que suicidarme. ¿Qué haría Ud. si fuera yo?
- Supongo que si yo fuera Ud. tendría que suicidarme.
- Salud.

Es esencial que un oficial tenga ese respeto. Si lo pierde, deja de comandar. Entonces hay desmoralización y caos.

Enseñaremos a estos bárbaros una lección en métodos y eficiencia occidentales que los hará avergonzar. Les enseñaremos lo que el soldado británico es capaz de hacer.

- Me das polvos, píldoras, baños, inyecciones, enemas, cuando lo único que necesito es amor.
- Es verdad. Lo único que realmente necesitas es amor.

Coronel Green, él es el mayor Shears. Acaba de ofrecerse para regresar y ayudarme a volar el puente del Kwai.

- Trataré de ser claro, señor. El hecho es que, lo que estamos haciendo, podría considerarse como, perdóneme, señor, colaboración con el enemigo, incluso hasta como acto de traición.
- ¿Se encuentra Ud. bien? Somos prisioneros de guerra. No tenemos el derecho de negarnos a trabajar.
- Entiendo eso, señor, ¿pero debemos trabajar tan bien? ¿Debemos construirles un puente mejor del que ellos mismos habrían construído?
- Si tuviera que operar a Saito, ¿haría lo mejor que puede o lo dejaría morir? ¿Preferiría ver a este batallón
desintegrarse por la ociosidad? ¿Que dijeran que nuestros hombres no pueden hacer un buen trabajo? ¿No se da cuenta lo importante que es el demostrarle a esta gente que no pueden quebrarnos en cuerpo o en espíritu? Mire atentamente. Un día la guerra acabará. Espero que la gente que use este puente en los años venideros recuerde cómo se construyó y quién lo construyó. No un grupo de esclavos, sino soldados.
Soldados británicos en cautiverio.
- Sí, señor.
- Es Ud. un buen médico, pero tiene mucho que aprender sobre el ejército.

Señor, el ejército regular me recordaba mi trabajo en la vida civil. No esperan que uno piense.

- ¿Podría matar sin vacilación?
- Ésa es una pregunta que me hecho muchas veces, señor. Me preocupa bastante.
- ¿Cuál fue la respuesta?
- Honestamente, no lo sé, señor.

- ¿Qué hace una muchacha hermosa como tú en un lugar como éste?
- Le enseñaré a decir eso en siamés, si gusta.
- Eso lo arruinaría. Demasiada conversación siempre lo arruina.

Aquí Radio Tokio se despide. Les habla su enemigo más amistoso recordándoles que se relajen y nunca se ofrezcan como voluntarios para nada.

Me enferma con sus actos heroicos. Hay un olor a muerte a su alrededor. Lo lleva en su mochila como la peste. Los explosivos y las píldoras van bien juntas. Para Ud., es una cosa o la otra: destruir un puente o destruirse a sí mismo. Esta guerra es sólo un juego. Ud. y el coronel Nicholson son de la misma calaña.
¡Locos con coraje! ¿Para qué? Cómo morir como un caballero. Cómo morir según las reglas. ¡Lo único importante es cómo vivir como un ser humano!

Mañana se cumplirán exactamente 28 años que estoy en servicio. 28 años en la paz y en la guerra. No creo que haya estado en casa más de diez meses en todo ese tiempo. Sin embargo, ha sido una buena vida.
Adoro la India. No habría querido que fuera de otra manera. Pero hay ocasiones cuando de pronto uno comprende que está más cerca del fin que del principio. Uno piensa, se pregunta, qué representa la suma total de su vida, qué diferencia hizo que estuviera ahí en determinado momento o si hizo alguna diferencia en absoluto. Particularmente en comparación con las carreras de otros hombres. No sé si ese tipo de pensamiento es muy saludable pero debo admitir que tuve pensamientos de esa índole de vez en cuando.

Ahora que su trabajo aquí ha terminado supongo que muchos de Uds. se sienten algo decepcionados. Eso es comprensible. Es una reacción muy natural. Pero un día, en una semana, un mes, un año o ese día cuando, Dios lo quiera, todos regresemos a nuestros hogares, se sentirán muy orgullosos de lo que lograron aquí haciendo frente a una gran adversidad. Lo que Uds. han hecho, debería ser y creo que será un ejemplo para todos nuestros compatriotas tanto soldados como civiles. Uds. han sobrevivido con honor.
Eso y más aquí, en la selva. Uds. convirtieron la derrota en victoria.

Coronel Saito, ¿tiene Ud. un cuchillo? Acabo de darme cuenta que han minado el puente.

¿Qué he hecho? ¡Locura! Tuve que hacerlo. ¡Tuve que hacerlo! Podrían haberlos capturado vivos. ¡Era lo único que se podía hacer! Locura.

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