Frases de la película El Irlandés

Dirección: Martin Scorsese.
Actuación: Al Pacino, Joe Pesci, Robert De Niro.
Género: Biografía, Crimen, Drama.
Estreno: 2019.
Otros títulos: The Irishman y I Heard You Paint Houses.

Cuando era joven, creía que los pintores de casas pintaban casas. ¿Qué sabía yo? Yo era de clase obrera. Agente de ventas de camioneros, filial 107 al sur de Filadelfia. Uno de miles de trabajos humildes. Hasta que ya no hubo más. Y entonces entré a pintar casas yo también.

Se notaba que era dueño de algo. Sí, resultó ser dueño de la ruta.

- Salud, beban, camaradas.
- Lo mejor.
- A ver, hagamos dinero hoy.
- Hasta el fondo.

- Bien, Frank... Sheeran. ¿Lo dije bien?
- Sí, lo dijo bien.
- Estando bajo contrato, gracias a Jimmy Hoffa solo se puede despedir a un chofer bajo cargos específicos. Ahora, ¿se ha presentado tarde?
- No.
- ¿Infracciones de transporte?
- No.
- ¿Bebe en el trabajo?
- No.
- ¿Ha golpeado a alguien?
- ¿En el trabajo?
- Sí.
- No.
- Muy bien.
- ¿Qué hay de robar? ¿Eso no cuenta?
- Bueno ¿es demostrable?
- No lo creo.
- Entonces no hay de qué preocuparse. Si es demostrable solo querrán nombres, cómplices. Es todo, les da un par de nombres y se va a casa. Conserva su trabajo. ¿Qué le parece? ¿Lo haría?
- ¿Daría nombres?
- No. Ningún nombre.
- Y de hecho me da igual si lo hizo o no. No hay diferencia para mí.
- Lo sé.
- Estoy para defenderlo, ¿entiende?
- Claro. ¿Quiere saber si lo hice o no?
- Pues... Voy a defenderlo como sea.
- Sí, lo sé, pero... Trabajo duro para ellos cuando no les estoy robando.

- Desestimaré el caso con una advertencia.
- Sí, Señoría.
- No para usted, Sr. Sheeran. Si traen a otro hombre trabajador a esta corte con amenazas en vez de evidencia, créanme que lo lamentarán. Si tuviera acciones de su empresa, las vendería.

No sé cómo lo hizo, ni voy a preguntar. Lo que sé es que Bill Bufalino me salvó de un caso del que jamás debí salvarme. Debí haber sido aplastado.
- Muchos agradecerán lo que hiciste hoy, Frank. Tienen familias, tienen hijos. Necesitan su trabajo.
En vez de eso, salimos a celebrar.
- ¡Russell!
Y conocí lo que resultaría ser el resto de mi vida.

Puede que no haya sabido entonces quién era Russell Bufalino pero había visto bastantes fotos e historias en los diarios para saber que cenaba con Angelo Bruno. Bruno acababa de ser nombrado el nuevo jefe en Filadelfia. Se encargaba de todo desde Filadelfia hasta Atlantic City. Eso lo sabía. Y eso me bastaba para saber que Russell Bufalino no era mecánico de camiones de Canada Dry.

- ¿Cuánto tiempo estuviste en la guerra?
- Cuatro años. Cuatrocientos once en combate. Ciento veintidós en Anzio. Infantería 45.
- Carajo.
- Sí.
- Carajo.
- Sí.
- ¿En peligro de muerte?
- Siempre. Y que nadie te venga a decir que no tenía miedo a morir. Eso es mentira. Todo el mundo teme. Y uno reza mucho. Siempre recé. Juraba que no volvería a pecar en toda mi vida si conseguía salir de ahí. Pero el combate inicia y entonces te olvidas de todo. Solo intentas sobrevivir seguir con vida. Cuando vi que iba a sobrevivir a la guerra miré alrededor de mí y dije: "A partir de hoy, lo que vaya a pasar, que pase". Al carajo. Bueno, tienes órdenes, las acatas. Te dicen que lleves prisioneros al bosque, ¿no? Y luego no te dicen qué hacer. Pero te dicen: "Oye, date prisa". Es absurdo, pero jamás entendí por qué siempre seguían cavando sus propias tumbas. Tal vez creían que si trabajaban bien el tipo del arma cambiaría de parecer.

Russell tenía participación en todo. Tenía una tienda en Pittston llamada Penn Drape and Curtains. Dirigía todo desde ahí. Quién sabe qué sería "todo". Digo, sin duda tenía socios. Siempre tenían socios. Nadie guarda todo el dinero. Pero todos le hacían caso a Russ, eso lo sé. Si querías sobornar a un juez, le preguntabas a Russell. Si no sabías cuánto ofrecerle, Russell te lo decía.

Y cuando hacías algo por Russ, lo hacías personalmente. Como Russ solía decir...
"Cuando le pido a alguien que haga algo por mí espero que lo haga personalmente. No necesito dos caminos que vuelvan directo a mí."

- ¿Qué le pasa ahora?
- Nada, tiró mercancía en el almacén y rompió cosas. El tendero le gritó.
- ¿Le gritó?
- Sí, la empujó.
- ¿La empujó?
- Sí.
- ¿Te empujó? ¿Quién fue? ¿El de la tienda de la esquina? ¿Joe? ¿Lo hizo? Cielo, ¿te empujó? Solo contéstame. ¿Te empujó? ¿Te maltrató? Lo que sea, ¿te hizo algo? Ven acá.
- ¡Frank! Frank, no lo hizo a propósito. Solo pasó.
- ¿Cómo que no fue a propósito? La tocó. ¿Bromeas? No tiene derecho a empujarla, ni tocarla. Nadie va a ponerle un dedo encima.
- Es él, ¿verdad? Quédate aquí.
- Frank, perdón, pero tu hija se pasó. Solo hice...
- ¿Empujaste a mi hija?

Russell y Carrie bautizaron a nuestra nueva hija, Dolores. Fue una ocasión maravillosa. Y fue un honor. Todo el mundo asistió.
- Amén.
- Amén.
- Amén.
- Amén.
El asunto es que, con más hijos, debes ganar más dinero.
- ¿Quieres ganar diez mil fáciles?
Whispers Ditullio. No el Whispers al que hicieron estallar en un auto en la misma época. Este era el otro Whispers. El bueno, que sabía ganar dinero.
- Le presté dinero a un negocio, es un buen negocio. Un muy buen negocio. Una lavandería. Lo que hacen es recolectar manteles, toallas sábanas y demás de los hoteles y restaurantes de Atlantic City. Los lavan, los planchan. Normalmente, es como una licencia para imprimir putos billetes. Hasta hace poco. Ahora otra compañía abrió sus puertas en Delaware. Intentan llevarnos a la quiebra. Recortan los precios, asustan a nuestros choferes intentan quitarnos a nuestros clientes. Te soy sincero, estoy un poco preocupado.
Cuando alguien dice que está un poco preocupado está muy preocupado.
- Hablando con la verdad realmente estoy más que un poco preocupado.
Y cuando dicen que están más que un poco preocupados están desesperados.
- Quiero que bombardees, quemes, incendies esa empresa, lo que tengas que hacer. Estuviste en la guerra, sabes qué hacer. Deja esa puta empresa como dejaste Berlín. Totalmente hecha cenizas. Los quiero fuera del puto negocio.

- Siéntate, Frank. ¿Qué estás haciendo en Delaware?
- Voy a volar una lavandería. Solo es un trabajo para ganar un poco de dinero extra.
- Sí.
- Debo quitar de en medio un lugar. Hacer que una empresa salga del negocio.
- ¿Para quién? Este no es momento para callar.
- Whispers. El otro Whispers.
- ¿Sabes quién es el dueño del Servicio Cadillac Linen?
- Unos judíos dueños de lavanderías. Eso me dijeron.
- Son dueños de una parte. Alguien más tiene interés en eso. ¿Sabes quién?
- No.
- Yo sí.
- ¿Quién?
- Soy dueño de la otra parte. No solo conozco al dueño de la otra parte.
- Angelo, no sabía que tenías una inversión ahí. Jamás lo habría hecho de saber que estabas ahí. No tenía idea. Jamás haría algo así contra ti.
- ¿Whispers no dijo que era mafia judía?
- No, dijo "lavanderas judías".
- ¿Lavanderas judías? ¿Qué más dijo? Apuesto a que pidió discreción. Que no le digas nada a nadie en la ciudad.
- Así es. No investigué. Lo lamento, debí investigar. ¿Puedo devolverle el pago?
- No le hará falta. Quédatelo.
- No quiero problemas. Se lo devolveré. Está bien.
- No le hará falta.
- De acuerdo. Gracias.
- Agradécele a Russell. Yo habría dejado que la mafia judía te eliminara. Tienes un buen amigo aquí. No tienes idea del amigo que tienes.
- Bueno, lo sé.
- No, no lo sabes.

En un caso como este, la mejor opción es usar un arma nueva. Que jamás se haya usado. De lo contrario, no sabes dónde estuvo. No sabes quién la ha usado a qué crimen estuvo conectada. Eso es suicidio. Así que, recomiendo una nueva, recién salida del paquete. Impecable. Limpia.

Claro que lo siguiente es tirar la evidencia, deshacerte de ella. Hay un lugar en el río Schuylkill que todo el mundo usa. Si llegan a enviar buzos, podrían armar a un país pequeño.

- ¡Qué emoción! Oye, Peggy. Ven para acá.
- No lo sé. Tengo... Tengo la sensación de que no me quiere de que me tiene miedo.
- No. Así es ella. A veces me tiene miedo a mí. Es solo que es sensible y ya.
- Entiendo que me tenga miedo a mí, pero no debería temerte a ti, Frank.
- Es que lee sobre mí en el diario, a veces.
- A veces... Sí.
- Debes ser unido a tus hijas, Frank.
- Lo soy.
- Eres afortunado de tenerlas. Sabes que Carrie y yo no podemos tener hijos pero tú eres afortunado.
- Llámala, dile que venga.
- Oye. Querida, Peggy. Ven. Ven aquí. Ven aquí. Ahora ven con el tío Russ.
- ¿Cómo estás?
- Bien.
- ¿Tú sabes por qué Dios hizo el cielo tan alto?
- No.
- Para que los pajaritos no se golpearan mientras van volando. ¿No es lindo? Es un chiste tierno. ¿No? ¿No es gracioso? ¿Quieres dulces o algo?
- No.
- ¿No? ¿Los niños ya no quieren dulces? ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
- No.
- Si hay algo, dile al tío Russell. Está bien. Vuelve allá a divertirte. ¿Ves de lo que hablo? ¿La sensación que me da?
- Es solo que es tímida, es todo.
- No es a propósito. A veces, cuando los padres se divorcian los hijos se confunden, luego les llega el resentimiento y luego no saben con quién desquitarse a qué lado irse.
- Sí, es verdad. Pero soy afortunado, porque Reenie y Mary se llevan muy bien. Así que las niñas van y vienen sin problemas.
- Mantén a tu familia unida. Hay que estar atento, ese es mi consejo.
- La verdad, soy afortunado.
- Sí.

- ¿Hola?
- ¿Tú eres Frank?
- Sí.
- Hola, Frank. Habla Jimmy Hoffa.
- Sí, es un placer.
- Un gusto conocerte, aunque sea por teléfono. He oído que pintas casas. Sí, así es. Eso hago. Y también hago mi propia carpintería. Es bueno saberlo. Tengo entendido que eres mi hermano.
- Sí, señor. Filial 107. Desde 1947.
- Sí. Escucha, nuestro amigo habla muy bien de ti.
- Gracias.
- No es un hombre fácil de complacer.
- Hago lo que puedo.

Frank, hay algo sobre Jimmy. Jamás lo hagas esperar. Si tienes una cita con él, llega a tiempo. Mejor si llegas antes. Tengo que insistir en eso. Su problema es que el tiempo es esencial. Y es lo importante aquí. Debo decirte algo más. Jimmy no bebe. Sí, el jefe del mayor sindicato de camioneros, no bebe. La peor parte es que no permite que nadie beba junto a él. Otra cosa de él es que Jimmy odia la puta sandía. ¡A nosotros sí nos gusta!

Después de Chicago, Jimmy y yo nos volvimos más cercanos. Las esposas se hicieron amigas. Y como los hijos de Jimmy y Josephine ya eran adultos y vivían por su cuenta, les encantaron nuestras hijas.
- Jimmy, Peggy. Quiero una foto.
Sobre todo Peggy. Ella y Jimmy se encariñaron de inmediato.
- ¿Te digo que me gusta aún más que tomarme fotos?
- ¿Qué?
- ¡Sorpresa! ¡Peggy!
Para Peggy, Jimmy era no era como Russ o Skinny, o incluso yo.
- Disculpen todos. Solo hay para Peggy y yo.
De entrada, Jimmy no tenía un apodo como "Razor" o "Jorobado", o "Comadreja", o "Whispers".
- Oye, ¿qué pasó con el "gracias"?
- ¡Gracias!
Además, para ella, él ayudaba a la gente les ayudaba a ganar más dinero, a llevar una mejor vida. No le aplastaba la mano a nadie.

Hablando de locuras. Fue fácil para la mafia ayudar a Joe Kennedy a que su hijo fuera elegido presidente. Solo inflaron un poco el voto para asegurar que ganara en Illinois. A cambio de eso el nuevo presidente iba a sacar a Castro de Cuba para que los nuestros pusieran sus casinos de vuelta las carreras y botes camaroneros, y todo lo demás que tenían y dirigían desde la Habana, pero eso no pasó. Los italianos querían a Kennedy, el irlandés, de presidente.
Y eso obtuvieron.

- Malditos Kennedy. Estoy viendo a los malditos Kennedy.
- Jimmy, los chicos. Groserías.
- ¿Cuál es la diferencia? Lo van a aprender tarde o temprano, iremos a la guerra con estas personas. ¡Guerra! Lo he dicho miles de veces da igual que sean irlandeses da igual que sean católicos. Si hay alguien que no sea de fiar en esta vida son los hijos de millonarios.

¿Y qué fue lo primero que hizo Jack Kennedy para agradecer a Chicago toda su ayuda? Puso al idiota de su hermano ahí un patán mimado que acabó nombrando fiscal general. ¿Y qué fue lo primero que hizo Bobby? Se fue a cazar no solo a Jimmy, que en cierto modo era de entenderse porque odiaba tanto a los Kennedy que le dio a Nixon medio millón del dinero de los camioneros. Bobby también se lanzó contra Giancana Marcello, Trafficante y todos los otros que pusieron a su hermano en la Casa Blanca.

Estoy sentado en una oficina llena de putos idiotas. ¡Estúpidos hijos de puta! ¿Saben lo que hicieron? Tomaron al hijo de Johnny O'Rourke y lo pusieron ahí, como organizador general. ¡Le pagaron 36.000 putos dólares y al mismo tiempo lo dejaron venderle seguros a los putos sindicatos...! ¡A los putos sindicatos...! ¡A los putos sindicatos de su padre! ¡Maldición! ¿Cómo hacen eso? ¿Qué tan estúpidos tienen que ser? ¡Ese puto infeliz de Kennedy tiene la nariz en mi trasero dondequiera que voy! ¿No saben que me persiguen? ¡Investigan cada cosa que hago! ¡Y permitieron que esto pasara en público!
¡Se lo están facilitando! Iré a la cárcel. ¿Lo entienden? Iré a prisión. Por su culpa idiotas hijos de puta. Es lo que querían. Querían meterme a la cárcel. Díganmelo. Para matarlos. Aquí. ¡Aquí!

- ¿A dónde vas?
- ¿Cómo que a dónde? Renuncio, carajo.
- ¿Por qué renuncias?
- ¿Vas a llamarme hijo de puta? A ellos háblales así. A mí, no.
- ¡No! ¡Eso no aplica contigo!
- ¿No aplica? ¡Dime que no aplica conmigo! ¡Estaba ahí con ellos!
- ¡Ni siquiera te vi!
- ¡Estaba ahí parado, Jimmy! ¿De qué estás hablando?
- ¡Pero eso no aplicaba para ti! ¿Qué más puedo decir?
- Si tienes un problema, llévame aparte. No me insultes y luego digas que no aplica conmigo.
- ¿Cómo te voy a llevar aparte? Ni siquiera te vi. Por favor, Frank, me conoces bastante bien. Por favor. Calma. Todo va a estar bien. Calma. ¿Por qué te diría algo así?
- Te saliste de control.

- No sé cómo dirige Jimmy el puto sindicato. Entre Bobby y el FBI pisándole los talones todo el tiempo se está volviendo loco.
- Dile a Jimmy que lamento sus problemas. Los patriarcas conocen al viejo hablarán con él y en algún punto se lo van a compensar.
- Sí, pero es que él no entiende y, la verdad, yo tampoco. ¿Cómo pudieron ayudar a elegir a esos dos cabrones Kennedy? No tiene sentido para él, te lo aseguro.
- No tiene que entender todo. Sabes a lo que me refiero, a veces es mejor.
- Es que cuando lo veo así, no sé... Me siento mal, quiero ayudarlo de alguna manera. Y no sé...
- Escucha, es demasiado sensible. Como quien siempre está corriendo por todas partes y no ve el panorama general. Como Cuba. Llevarnos de vuelta a esos casinos. Llevarnos de vuelta a la Habana. Y deshacernos de ese cabrón de Castro también. Los patriarcas hablaron con el viejo. Luego el viejo habló con su hijo Jack y le dijo: "No te olvides a quién carajo le debes". Él sabe a quién carajo le debe.

- Vas a recoger unas cosas. Te van a dar documentos, por si acaso te detienen. Conduce el camión hasta Florida a un canódromo a las afueras de Jacksonville. Lo dejas ahí. Un tipo orejón llamado Hunt te va a esperar ahí. Él te va a dar un auto para que vuelvas a Filadelfia.
- ¿Qué tanto está mirando? ¿Está viendo mis orejas?
- ¿Qué dice?
- Mis orejas. ¿Está mirando mis orejas?
- ¿Sus orejas? No.
- Me hice una cirugía, no hay necesidad de que nadie mire mis orejas nunca más.
- No estaba viendo sus orejas.
- Bien.

- ¡Mierda! Justo lo que predije. Lo arruinan en Cuba "Boobie" viene tras de mí y el sindicato.
- Solo busca publicidad barata, eso es todo. De eso se trata. Quedará en el olvido, Jimmy.
- ¡No quedará en el olvido! ¿Cómo será posible? ¡Jamás van a olvidar que le di dinero a Nixon! ¡No!
- ¡Jimmy, por favor! Lo vamos a arreglar. Un par de los patriarcas van a contactar al viejo Kennedy. Está un poco enfermo, pero...
- ¿Enfermo?
- Sí, pero...
- ¡Tuvo una maldita apoplejía! ¡No está enfermo! ¡Eso es estar a un paso de la tumba! ¡Se convirtió en un puto vegetal!
- ¡No puedes culpar a nadie por eso!
- No busco culpar a nadie, pero si hay alguna culpa, es de los Kennedy. Sus hijos lo mataron. En serio. No ha muerto, pero no tarda. ¡Lo mataron! ¡A cualquiera lo pueden infartar!

- No quieres a alguien muy inteligente. Quieres a alguien agradable, al que quieran. No tonto, pero alguien que pueda caminar detrás de ti sin que te apuñale.
- Espero que tengas razón.
Siempre la tengo. Puedo dormir como un bebé con Fitz. El enanito es el que me preocupa.

- Eres como familia para mí, Frank. Lo sabes. Tú, Irene, las niñas. La hermosa Peggy. Pero no lo hago por eso. No te estoy dando nada que no te hayas ganado que no merezcas. ¿Qué dices?
- No sé qué decir, Jimmy. Digo...
- Di que lo harás. Eso tienes que decir. Y te garantizo que vas a ganar. Cuando te postules para presidente de la 326, vas a ganar. Te lo garantizo.
- Sí, está bien. Lo haré, sí.
- ¿De verdad?
- Sí, yo me encargo.
- Te quiero. Te quiero mucho, ¿sabes? Ven acá. Te quiero, viejo. No sabes. Esto es excelente, ¿sabes? Siento que puedo respirar otra vez. Es curioso, de algún modo no lo sé, creí que no aceptarías. Me alegra que aceptaras. Digo... Frank... Jamás revelas lo que sientes, ¿sabes? No se detecta.
- Me halagas, Jimmy. No sé qué decir pero me halagas.
- Pues excelente. Eso me hace sentir bien. Ya puedo respirar. Es excelente.
- Sí.
¿Qué puedo decir? Se lo debía todo a Jimmy. Él me sacó del camión de carnes me dio mi inicio, me dio mi primer puesto. Me dio mi primer sindicato.

La noticia al parecer es oficial. El presidente Kennedy murió a la una de la tarde, hora del centro dos de la tarde, hora del este hace unos 38 minutos. El vicepresidente Lyndon Johnson abandonó el hospital en Dallas pero no sabemos a dónde se dirige. Posiblemente vaya a tomar el juramento del cargo pronto y se convertirá en el trigésimo sexto presidente de los Estados Unidos.
- Señor Hoffa, ¿asistirá al funeral del presidente?
- No fui invitado. No hace falta, un millón de estadounidenses van a ir. Bueno, creo que tendré que revisar mi agenda.
- Si fuera y le pidieran que hablara, ¿qué diría?
- Diría que Bobby Kennedy ya es como cualquier abogado.

Justo entonces, supimos que todo se iba a desmoronar.
- No puedo creer que ese infeliz haya creído que podía hacerlo justo ahí en Columbus Circle, delante de cinco mil personas y salirse con la suya. Es increíble.
- Eso no está bien, Frank. Es una mierda.
- Sí. Es una mierda.
Solo había un tipo que habría tenido las bolas, el temple el descaro de hacerlo. En la ciudad lo conocían como "Joey el Rubio" pero todo el mundo, sobre todo los diarios lo llamaban "Crazy Joe".
- ¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, ante Dios?
- Lo juro.
- Tome asiento.
- Señor Gallo, ¿tiene una declaración preparada?
- Sí. Esta alfombra sería genial para jugar dados.
Russ tenía razón. Digo, ¿quién más anda por ahí con gente del espectáculo? Dejando que le tomen fotos para el diario. Llamando la atención hacia él y todo el mundo. ¿Qué es eso? ¿Quién se cree que es? ¿Errol Flynn? Iba contra todo y contra todos. Le importaba un carajo. Al ir ascendiendo, secuestró a sus propios jefes. No sé cómo se salió con la suya. Nadie se sale con la suya así. Si lo haces, te mueres. Así de simple.

Bien, para algo así, se necesitan dos armas. La que vas a usar y un repuesto. Necesitas algo con más poder de ataque que una 22. Definitivamente no necesitas un silenciador. Debes hacer mucho ruido para que los testigos huyan así no te van a mirar. Pero no el ruido de una 45, porque es excesivo y una patrulla podría escucharte a varias calles. La policía dice que la 32 es una pistola de mujer porque es fácil de manejar y no causa tanto daño como la 38 pero hace lo suficiente. Debía ser tarde para que los turistas de Idaho no estuvieran ahí. Estarían dormidos. Y él, estando en la Pequeña Italia tal vez se sentiría más cómodo, más relajado. Era su cumpleaños, así que estaría ahí con su esposa y su hija, que en este caso era bueno ese era el punto, debían saber lo que se sentía. Ya había estado bebiendo lo cual lo haría mucho más lento. Su guardaespaldas estaría con él y Joey también estaría portando arma pero probablemente estaría en el bolso de su esposa. Nunca te avisan con mucha anticipación. Solo sabes que eres parte de ello.

Cuatro años después y con medio millón de dólares bajo la mesa para el comité de reelección de Nixon Jimmy finalmente obtuvo lo que quería.
- Lo siento, pero no volveré.
El indulto presidencial y su libertad.
- ¡Jimmy!
- ¿Y qué vas a hacer ahora, Jimmy?
- Lo primero que voy a hacer es registrarme en la oficina de libertad condicional y luego voy a ir a Florida con mi esposa a tomar el sol.
- ¿Algún plan después de eso?
- Sí. Voy a retomar el control de mi sindicato.

- Jimmy, en cuanto vuelvas a la presidencia vas a hacer todo lo que quieras despedir a cualquier persona que quieras, incluso a Tony Pro. Puedes pararte detrás él, verlo vaciar su escritorio. Desnudarlo para cachearlo. Así no se va a llevar ni una grapa.
- Sí. ¿Oíste? ¿Ves? Todos creen que Jo es la buena y yo soy el malo. Pero es lo opuesto. Ella es la asesina y yo soy el bueno. Ahora debo hacer las paces con el idiota. "Quiero reconciliarme contigo. Necesito que me avales, por favor, Tony. Por favor". Mierda. No voy a tolerar esto.
- Solo tienes que hablar con él, solo lidiar con él, es todo.
- Es un desgraciado. Si decido hablar con él, ¿me acompañas? ¿Tú qué crees? Claro. ¿Por qué no habría de acompañarte?
- Vámonos, al carajo.
- Jimmy, dale una oportunidad. Dale unos minutos más. Esto no está bien. Esto no se hace. No se hace esperar a un hombre.
- Lo sé.
- Únicamente lo haces cuando quieres decir algo.
- Lo sé.
- Cuando quieres decir "jódete". Solo entonces.
- Ahí está.
- ¿No es increíble el clima, Frank? Estamos a treinta grados aquí. Perfecto.
- Hola, Tony Jack.
- Hola, ¿cómo estás? Se están muriendo de frío en Nueva York y nosotros aquí. ¿Por qué no vivimos aquí todo el año? Digo yo. Precioso.
- Es verano.
- ¿Qué?
- Es verano. Nadie muere de frío en Nueva York. Es verano.
- En mi mente, siempre está nevando en Nueva York, ilustré un argumento.
- ¿Un argumento? ¿Ilustrar un argumento vestido así? ¿Así vistes para una reunión? ¿Así vistes en Florida?
- ¿De traje? ¿Para una reunión?
- En cualquier lugar. En Florida o en Tombuctú, visto de traje para una reunión. Y llegas tarde.
- ¿Qué?
- Llegas tarde.
- Sí, había tránsito.
- Sí, tránsito.
- ¿No había tránsito?
- Había tránsito.
- ¿Qué querías que hiciéramos? Iban a vuelta de rueda.
- Sí, yo sé que es pesado.
- ¿Tránsito? Jamás he esperado a alguien que se retrasara más de diez minutos en mi vida. Digamos que 15. Déjalo en 15. No, diez.
- No lo creo. Diez no bastan si tomas en cuenta el tránsito.
- Eso es lo que hago. Tomo en cuenta el tránsito. Por eso son diez.
- Yo aún digo que quince.
- No, diez.
- Bien, no estoy de acuerdo en eso. ¿Qué tal 12 minutos y medio?
- Ahí está.
- A la mitad, bellísimo.
- Más de diez es dar un mensaje.
- ¿Me das un mensaje? Estoy aquí. Esto es lo que es.
- Sí, ahí está. ¿A dónde vamos a llegar?
- ¿Qué puedo hacer por ti?
- Necesito... Necesito que me avales. Para ya sabes qué.
- Sí, pero antes hay que arreglar el otro asunto.
- No, el otro asunto no es de mi incumbencia. No puedo hacer nada respecto a tu pensión. En serio. No con Fitz ahí. Fitz está ahí, ¿sabes? Acude a Fitz.
- Eso hice.
- Te va a ayudar.
- Dijo que se encargaría sin hacer preguntas. Tú no lo hiciste, pero él sí. Hablo del otro asunto.
- ¿Cuál otro asunto?
- Tú sabes.
- No lo sé. Tu disculpa.
- ¿Mi disculpa? ¿Mi disculpa por qué?
- Por lo que dijiste sentado comiéndote tu helado como un puto rey. Fue un insulto étnico. "Tu pueblo". ¿Te contó lo que dijo?
- No. Supe que tuvieron un altercado en la cárcel, pero no... Sí, dijo "tu pueblo". Eso dijiste, ¿verdad, Jim? "Tu pueblo". ¿Eres superior?
- Definitivamente.
- Jimmy, por favor. ¡Jimmy!
- No olvides que ese pueblo te llevó a donde estás.
- ¡No me digas eso, infeliz!
- Es tu problema, Jimmy. Y tu problema es que eres una mierda.
- ¡Jimmy, calma!
- En serio, Jimmy, ¿qué pasa?
- Te pedí tu respaldo...
- Y yo que te disculpes.
- ¿Quién carajo eres para que me disculpe contigo? ¿Quién carajo te crees?
- No necesito esto, Jimmy.
- Jimmy, calma.
- Tony.
- ¿Necesito esto? ¿Te necesito?
- Sí, me necesitas.
- Jimmy, calma. Le estás pidiendo algo.
- Me pone nervioso, habla sobre cosas y eso me molesta.
- Ya estamos aquí, hay que hablar solamente. Calma. Es todo.
- Aquí está. ¿Así fue el altercado que tuvieron en la cárcel?
- Sí, fue algo como esto. Jugamos a las pulsadas. Él perdió.
- ¿En serio? Lo hubieran visto en el piso.
- ¿Y si hablamos de lo que hay que hablar?
- Exacto.
- ¿Y qué me pides que haga?
- Dije "tu pueblo". ¿Quieres que me disculpe por eso?
- Es es justo lo que quiero, discúlpate conmigo.
- Voy a disculparme por eso. Solo eso quiero. Después de que te disculpes por llegar tarde. "Espagueti" infeliz, hijo de puta.
- ¡Jimmy, estás loco de remate!
- Voy a disculparme por llegar tarde. ¡Después de que secuestre a tu nieta, la despedace y te la envíe en un sobre!
- ¡Hijo de puta!
- ¡Quítenmelo! ¡Suéltalo! ¡Ya basta!
- ¡Te voy a matar!
- ¡Cálmate, Tony! ¡Carajo!

Entren a buscar a Frank Fitzsimmons. No van a encontrarlo. Porque viaja por todo el país en busca de campos de golf porque eso es lo que hace, juega golf. ¿Quién es él para juntarse con Nixon? ¿Para juntarse con el fiscal general! ¡Hace eso y mientras tanto cobra su salario de tiempo completo! ¿Cómo se hace eso? ¡Las horas del día no alcanzan para hacer este trabajo! ¡Yo fui enviado a prisión por fraude! ¡Lo que él hace es un fraude!

- ¿Es en serio?
- No, es Jimmy, solo es publicidad. Se está postulando, está montando un teatro.
- Sí, es apariencia. No tiene sustento, nada.
- Tal vez esté hablando en serio.
- Tony, está en campaña.
- Russ.
- Es capaz de decir cualquier cosa.

- Solo te quería decir, y no quiero que lo tomes de mala manera pero estuve con ciertas personas, tú sabes quiénes y dijeron: "Por favor dile a Jimmy que lo queremos que no queremos ningún problema solo creemos que debería tal vez disfrutar a sus nietos, su pensión, su vida actual".
- No continúes, Frank. ¿Quién lo dijo?
- No importa quién lo dijo.
- No, sí importa. ¿Fue Russell?
- No.
- Claro que no fue Russell. ¿Es aquel idiota del fiasco de Miami?
- ¿No? No fue él.
- ¿No? ¿Quién fue?
- Te lo diré. Tony.
- ¿Tony? ¿Cuál Tony? Todos se llaman Tony. ¿Qué pasa con los italianos que solo se les ocurre un nombre?
- El otro Tony.
- ¿Cuál Tony?
- Salerno.
- Bueno, ¿qué te digo?
- Jimmy, intento ayudarte, intento decirte algo.
- Lo sé. Frank, ni siquiera lo pienses. Yo no me callo la boca.
- Lo sé.
- Por nadie. Yo lo sé. Tú lo sabes.
- Ellos no lo saben.
- Es lo que soy, es quien soy y es lo que voy a hacer. Alguien se lo puede decir.

- Antes de decir algo así, debería recordar que a Joe Gallo también le gustaba hacer mucho ruido. Alguien debería decirle eso.
- ¿Quién dijo eso?
- Tony.
- ¿Dijo eso? Hasta aquí, estoy harto. Ahora jamás me voy a retirar.

- ¿Quién se cree que es, Castro?
- No necesitas dinero, ¿o sí?
- No es por el dinero.
- Y si no es por el dinero, me cuesta mucho trabajo entender porque no sé de qué hablan.
- Es mi sindicato. ¿Es difícil de entender?
- No. Es tu sindicato, cierto, siempre lo será. Te puedes retirar y seguir dirigiendo.
- No, yo no me retiro. ¿Qué dices? Russ, no te retiras de dirigir el sindicato. Te retiras cuando te entierran.
- Bueno, escucha. Aún creo... No puedo evitar pensarlo, qué pena pero ¿hay otra razón?
- ¡Este es mi sindicato! ¿Cómo que otra razón? ¡Es mi sindicato!
- A ver, comencemos con eso. Y luego trata de entenderlo. Mira, hay personas yo no, pero hay personas que están un poco preocupadas.Hay personas, no yo, que creen que tal vez...
- ¿Tal vez...?
- Tal vez demuestras tu incapacidad de mostrar agradecimiento.
- ¿No muestro agradecimiento?
- De acuerdo con algunas personas.
- Estuve en la cárcel cinco malditos años.
- Sí, lo sé.
- ¡Cinco putos años! No les di ni un solo nombre.
- Hiciste lo correcto.
- ¿Hice lo correcto? Estuve ahí cada día con ese llorón desgraciado de Nueva Jersey hablándome sobre sus penas, sus problemas. Y lo único que quería era comer mi helado en paz. Ese desgraciado llegó a una reunión quince minutos tarde con unos putos pantalones cortos. ¿Quién viste así para una reunión?
- Nadie.
- Exacto. ¿No muestro agradecimiento?
- No lo digo yo. Lo dicen ciertas personas.
- Lo sé, pero ciertas personas dicen que no muestro agradecimiento. Pues que se jodan.
- Intento ayudarte, Jim.
- Lo sé. Pero nadie amenaza a Hoffa.

- Solo tres personas en el mundo tienen uno de estos. Y solamente uno es irlandés. Yo tengo uno. Angelo tiene uno. Y ahora tú lo tienes.
- Es bellísimo. No sé qué decir, Russ. Es..
- No digas nada. Póntelo, a ver qué tal. ¿Te queda bien?
- Sí.
- ¿Sabes lo fuerte que te he hecho? ¿Lo fuerte que eres? Eres mi protegido. Nadie se puede meter contigo. Nadie. Escucha, Frank. Las cosas se salieron de control con nuestro amigo otra vez y algunas personas tienen graves problemas con él. Y llegamos al punto en que tú vas a tener que hablar con él y decirle que así son las cosas.
- ¿Así son las cosas?
- Sí. Es lo que quieren. A eso llegó. Eres cercano a él, tal vez te haga caso.
- Ya he hablado con él. Es difícil hablar con él. Lo conoces.
- No tiene opción. Se trata de los de arriba.
- Pues él también es de arriba, ¿no?
- No así. Lo sabes. Por favor, Frank. Si eliminan a un presidente pueden eliminar al presidente del sindicato. Tú lo sabes y yo lo sé.
- He hablado con él. Hemos hablado y hablado y no hace caso pero debe hacerlo, yo debo hacerlo escuchar.
- Esto no está bien, es un maldito obstinado.

- Jimmy, hablé con Russ. Él habló con Tony. Está hablando en serio.
- ¿Quién, Russ?
- No, Tony.
- Tony.
- Sí.
- Yo también hablo en serio. No veo que le entre en su maldita y fea cabeza siciliana, ¿o sí? No te preocupes. ¿Qué te sucede? Te ves...
- Estoy preocupado.
- Sí, se te nota. ¿Qué te preocupa? Que se preocupen ellos.
- Lo están. Están más que un poco preocupados. Hay una gran preocupación. Es un grave problema. Tony le dijo al viejo que me dijera que te dijera que así son las cosas.
- ¿Las cosas?
- Así son las cosas. Por favor, hazme caso.
- ¡No se atreverían!
- No digas... Jimmy...
- Por favor, Frank.
- No digas que no se atreverían. No. No me digas esas cosas.
- Son cuentos.
- No digas que no se atreverían. Por favor.
- Si me sucede algo extraño están acabados. Tú lo entiendes. Y ellos lo saben. Porque tengo expedientes, tengo pruebas. Tengo registros, tengo cintas.
Cuando se me antoje, se van. Estos italianos cabrones pasarán el resto de su vida en prisión y ellos lo saben. Lo saben.
- Lo que dices es lo que les preocupa.
- Lo que digo es que sé cosas. Sé cosas que no saben que sé.
- ¿Quieres que lo hagan?
- Por favor.
- ¿Vas a correr el riesgo?
- ¿Qué riesgo estoy corriendo?
- Dicen que hasta aquí.
- ¿Dicen que hasta aquí y es hasta aquí?
- Sí.
- Mentira. Es mentira, Frank.
- Jimmy, intento decirte algo.
- Ya lo sé. Decirme que me amenazaron y que debo hacer lo que dicen...
- Es más que una amenaza. Es la advertencia final.
- ¿La advertencia final?
- Así son las cosas.
- Si me hacen algo a mí, les hago algo también. Es lo que sé. No sé otra cosa. ¿Y tú?
- ¿Y qué voy a hacer? ¿Qué le voy a decir a McGee? ¿Que no harás caso? Él no está acostumbrado a eso.
- Pues yo tampoco. Yo tampoco.
- Sí. Entonces no sé qué hacer. Deberías tener guardaespaldas...
- Por favor. No voy a tomar ese camino. No me hagas esto, Frank.
- ¿Cómo guardaespaldas? Si contratas guardaespaldas, van tras tu familia.
- Eso no importa. ¿Te preocupa?
- Sí.
- Tú contrata guardaespaldas. Te diré por qué. Esto te podría pasar. Podrían ir tras de ti. Porque estás conmigo. ¿No?
- Estoy preocupado.
- Dile a Russ que lo respeto. Sí, tuve un problemilla con él. Estuvimos hablando y me aloqué un segundo. Ya me conoces. A veces exploto.
- Sí.
- Siempre he sido así. Pero así es mi estilo, soy explosivo. Tal vez tú podrías decirle lo mucho que lo respeto. No siento nada más que respeto por él. Jamás le haría daño. No importa lo que haga con expedientes, o con lo que sea.
- No, tú díselo. En persona.
- No lo haré.
- Por favor.
- ¿Por favor?
- Sería importante.
- Él es tu rabino. Estás aquí por él. Díselo tú. Escúchame, al final solo hay una cosa que es real. Este es mi sindicato. Este es mi sindicato, Frank. Es muy simple cuando lo ves así.

- Jimmy, lo haremos como quieras lo haremos en tu casa, o donde tú quieras. Donde te sientas cómodo.
- ¿En el lago?
- Sí, en el lago. ¿Quieres que sea ahí?
- Desde el primer día, quería resolver esto.
- Lo sé.
- Desde el primer puto día.
- Lo sé. Nadie lo sabe mejor que yo.
- Bien. Solo ustedes dos, ¿verdad? Digo, no el enanito.
- No, claro que el enanito también.
- No voy a hacerlo con él.
- Jimmy, no tiene caso solo los tres.
- No. Solo nosotros tres. Así es como va a ser.
- No tiene caso. El enanito debe acompañarnos.
- ¡No me reuniré con ese idiota otra vez! ¿Te queda claro? ¡No puedo hacerlo, Frank!
- Debes hacerlo. Jimmy, debes reunirte con él. No tengo que hacer nada. Es una cortesía con ellos. Solo una cortesía. Lo sabes. Lo entiendo, pero debes olvidar el pasado.
- Sí, olvidé el pasado. No volveré a ver a ese hijo de puta.
- Jimmy, se tienen que reunir, todo el mundo lo dice.
- ¡No tiene caso! Solo hay un punto, y no quiero hacerlo. Y no lo haré. Frank, voy a colgar. Por favor, entiéndelo, ¿sí?

- ¿Y qué voy a hacer ahora?
- Tenemos que ir.
- Yo tengo que ir. Le dije que iba a estar ahí.
- Frank hicimos lo que pudimos por ese hombre. No lo llames.

Frank. Tuve que meterte en este asunto o jamás habrías permitido que sucediera. Y sé que así es. Pero sí va a pasar. De cualquier manera se va a ir. Sé cómo te sientes, Frank. Créeme, sé cómo te sientes. Ya te lo dije, hicimos todo por ayudarlo, tú lo sabes. Lo intentaste. Él se lo buscó. Y recayó en nosotros. La única razón por la que accedieron a esto fue por respeto a mí.

- Había un pescado aquí, pero lo limpiamos.
- ¿Un pescado?
- Sí. Chuckie tenía un pescado aquí. No sabe de qué tipo, pero ya está arreglado, lo limpié.
- Hay un pañuelo aquí.
- Sí, quedó el olor.
- Oye, Chuckie, ¿tenías un pescado aquí en el auto?
- Para Bobby Holmes. Sabes que le gusta el pescado.
- Ya lo limpié, Jimmy, descuida.
- ¿Lo limpiaste? ¿Tú lo limpiaste?
- Sí.
- ¿Qué carajo sabes de pescados? ¿Has pescado un puto pez en tu vida?
- No.
- Entonces no sabes. ¿Ves? Chuck, escúchame, jamás metas pescados a tu auto. Jamás se quita el olor. Si no lo empaquetas bien, ¿entiendes?
- Ya lo sé.
- ¿Lo sabes?
- Claro.
- Recuérdalo.
- Lo sé.
- Eso va a servirte en la vida.

- ¿Por qué?
- ¿Por qué, qué?
- ¿Por qué no has llamado a Jo?

Dejó de dirigirme la palabra ese día. El 3 de agosto de 1975. Tiene un buen trabajo ahora y vive a las afueras de Filadelfia. Pero mi hija Peggy desapareció de mi vida aquel día.

- ¿Hola?
- ¿Hola?
- Jo. ¿Jo? Soy...
- Frank.
- Sí.
- Frank.
- Sí.
- No lo...
- Mira, yo...
- Frank. ¿Crees que esté vivo?
- Tiene que... Tiene que estarlo. Tienes que pensar positivo. No ha pasado mucho. Solo...
- Pero ¿tú...? ¿Tú sabes si está bien?
- No. Digo, ya sabes. Tal vez hizo algo, se le zafó un tornillo y se secuestró a sí mismo y luego volvió, pero está intacto, nada pasó. Tal vez se sentía, no sé, quería despejar su mente un poco pero tienes que pensar que que va a estar bien. Sí va a estar bien. Sí va a estar... Si necesitas algo, aquí estoy para ti. Lo que sea.
- ¿Podrías llamarme otra vez?
- Sí, te llamo. Sí, yo te llamo. Te voy a contactar mañana.
- Sí, llámame mañana.
- Sí, te llamo mañana, ¿está bien?
- ¿Lo prometes?
- No te angusties. Sé fuerte. Sé positiva, ¿sí? Está bien, Jo, está bien.
- Bien.
- Te llamo luego. Adiós.
- Adiós, Frank.

- Señor Sheeran ¿usted sabe quién, si es que alguien está detrás de la desaparición de James Hoffa?
Todo aquel que tuvo algo que ver con Jimmy fue llamado e interrogado.
- Por consejo legal, con respeto me niego a contestar esa pregunta con la base de que podría llegar a incriminarme.
- Dígame una cosa. ¿De qué color es mi bolígrafo?
Y todos apelamos a la Quinta Enmienda. Es lo que se hace en esa situación. ¿Qué más puedes hacer? Aun así, todo el mundo fue acusado o condenado una cosa o la otra, pero no por eso. No fue por Jimmy. Nadie, como saben, fue a la cárcel por eso.
Y nadie habló, lo cual es inusual porque normalmente tres personas guardan un secreto solo cuando dos están muertas.

Russell tuvo una apoplejía. El gordo Tony ya no podía controlar sus esfínteres. Y mi artritis, que inició en las madrigueras de Anzio fue devorando mi espalda baja hasta que ya no podía sentir los pies. Necesitaba un bastón pero claro que nadie iba a darte un bastón en la cárcel porque decían que podías usarlo como arma. Había un medicamento, Neurontin, que me ayudaba un poco pero también me dejaba atontado.
- ¡Lo logró! - ¡Mierda!
Bueno, todos nos desmoronábamos ahí, en el puto frío inclemente.
- Lo veo desde aquí.
- ¿Tienes miedo?
- Sí, si te quedas otros diez años, me ganas.
- ¿Es el jugo de uva bueno? No puedo comerlo. No tengo dientes. No puedo, pero pon un pedazo. Sí, solo un pedazo.
- ¿Es todo?
- Es todo.
- Jimmy era un buen hombre. ¿No? Con una buena familia.
- Sí.
- Sí. Lo sé.
- Jamás quise que llegara tan lejos. Jamás. Nos elegí a nosotros en vez de él. Que se jodan.
- Hola, Russ.
- Hola, Frankie. ¿A dónde vas?
- ¿Qué?
- ¿A dónde vas?
- Voy a la iglesia.
- ¿A la iglesia?
- No te rías. Ya verás.
Russell fue a la iglesia luego fue al hospital de la prisión y de ahí se fue al cementerio.

- Peggy. Solo quiero hablar. Pe... Yo solo quería... Se fue de ahí. Sé que está molesta conmigo y todo eso, pero quiero llamarla. Solo quiero hablar con ella.
- ¿Hablar con ella y decirle qué? ¿Qué?
- Solamente que lo lamento, es todo.
- ¿Qué cosa?
- Escucha... Sé que no fui un buen padre, lo sé. Solo intentaba protegerla. Protegerlas a todas. La verdad es lo que hacía. Es...
- ¿De qué?
- De todo. Mira, hija ustedes tuvieron una vida protegida, en cierto modo porque no vieron lo que yo vi lo que he vivido y hay muchas personas malas en la calle. ¿Qué otra cosa iba a hacer?
- Papá, no tienes idea de cómo fue para nosotras. No podíamos acudir a ti con un problema, por lo que hacías. No podíamos pedirte protección debido a las cosas horribles que podrías hacer.
- Es solo que no quiero ver que salgan lastimadas, es todo. No quiero. Y... Sé que han leído u oído muchas cosas malas de mí, lo lamento.Eso me... ¿Hay algo que pueda hacer? Para compensarlas. ¿Algo que pueda hacer?

- Si buscan algo con un poco más de lujo tenemos estos dos modelos de aquí. Son los Cadillacs de los ataúdes. Aunque si los metemos al horno, en realidad no importa en qué entren.
- Lo más barato posible.
- Aglomerado y listo. ¿Qué se va a hacer? ¿Será una cremación?
- Un entierro.
- ¿Entierro? ¿Es para un hombre o para una mujer?
- Para mí.
- Mierda. ¿Ve algo que le guste?
- El verde.
- Es una belleza. Ese le va a costar como 7.500 dólares si se lo lleva a casa hoy. ¿Qué dice?
- ¿Puedes darme un mejor precio?
- Digo, amigo, esto es en lo que quieres irte a casa, ¿no?

Tarde o temprano, todo el mundo aquí tiene una fecha de caducidad. Así son las cosas.Y creo que debe haber algo cuando te vas. Porque ¿cómo demonios comenzó todo esto? Gente más lista que yo no lo puede descifrar. Por eso nunca elegiría la cremación, porque es muy definitiva.

Si vas a un edificio, se queda ahí. La cripta está ahí. Debe ser un ataúd de metal y te tienen en el lugar. No es tan definitivo. Estás muerto, pero no es tan definitivo.

- Lo siento pero tengo instrucciones de mi abogado, el Sr. Ragano. Si quieren hablar sobre el Sr. Hoffa o sobre cualquier tema, básicamente no tengo nada nuevo que decir.
- Está muerto.
- ¿Quién?
- Su abogado, el Sr. Ragano.
- ¿En serio? ¿Quién lo hizo?
- El cáncer. Todos murieron, Sr. Sheeran. Se acabó. Ya no queda nadie. Russell, Angelo, Salerno Pro, Dorfman, Sally Bugs, ya no están. ¿A quién protege? ¿Sabe quién sigue aquí? La familia del señor Hoffa, sus hijos. Están aquí. Y van a vivir sin saber. Eso es difícil. Tú tienes hijas, Frank. ¿Te lo imaginas?
Frank, ya es hora.
Es hora de que digas qué pasó.
Parecen buenas personas. Sí.
Les agradezco que hayan venido a verme pero no puedo ayudarlos.
¿Es todo?
Es todo.

- ¿Sientes algo por lo que has hecho?
- No lo sé... No. Tal vez porque estoy aquí hablando con usted eso en sí mismo es un intento de...
- Pero ¿no sientes nada en absoluto?
- No. Ahora ya es agua pasada.
- ¿Algún remordimiento por las familias?
- No conocía a las familias. No las conocía, excepto a una que sí.
- Sí. Yo creo que se puede lamentar algo aunque no lo sintamos. Podemos decir, tomando una decisión por voluntad: "Dios lo lamento, Dios. Perdóname". Y es una decisión por voluntad.
- ¿Qué clase de hombre hace una llamada así?
- ¿De qué hablas? ¿Qué llamada?
- No puedo decirle... No puedo, tengo...
- Está bien. Frank, ¿quieres rezar conmigo otra vez?
- Sí.
- Lo haremos con nuestras palabras, ¿sí?
- Sí.
- Dios, acudimos ante ti pecadores y afligidos. Pecador y afligido. Sabemos que eres clemente y muy piadoso. Sabemos que eres clemente y muy piadoso. Te pedimos que nos ayudes a vernos como tú nos ves.

- Ella es mi hija, Peggy.
- ¿Sí?
- Sí.
- Creo que no la he visto.
- No ha venido aquí con frecuencia.
- ¿Es su única hija?
- No, tengo cuatro hijas. En total.
- Maravilloso. Muy ocupado.
- Sí.
- ¿Quién está con ella?
- ¿No sabes quién es?
- No.
- Jimmy Hoffa.
- Sí.
- Sí, claro. "Sí".
- No sabes quién es.
- De acuerdo, no lo sé.
- Sí. Vaya. No sabes lo rápido que se va el tiempo hasta que llegas aquí. Pero tú no te tienes que preocupar porque tienes toda la vida por delante y lo eterno se va pronto...
- Silencio. En serio. Quiero tomarle el pulso, Sr. Sheeran, por favor no hable. Está muy bien hoy.
- ¿Sigo con vida?
- Así es.
- Me da gusto saberlo.
- Vivo y sano.

- Por el ministerio de la Iglesia te concedo el perdón y paz, Frank. Te absuelvo de tus pecados. En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Agradece al Señor, porque Él es bueno. Porque su piedad perdura para siempre. Bien, Frank, voy a volver a visitarte, ¿sí? Muy pronto. Tal vez después de Navidad.
- Está bien.
- Frank, Dios te bendiga.
- Igualmente. Gracias. ¿Es Navidad?
- Ya casi.
- No iré a ningún lado. Padre.
- ¿Sí?
- Hágame un favor. No cierre la puerta totalmente, no me gusta.