Frases de la película El Hobbit 3: La batalla de los cinco ejércitos

Frases de la película dirigida por Peter Jackson, estrenada en 2014, también conocida como The Hobbit: The Battle of the Five Armies.

Dime pobre diablo ¿cómo vas a desafiarme? ¡No te queda nada más que la muerte!

Bain. Mírame. Un poco más a la izquierda. Eso es.

- Está muerto. Smaug está muerto.
- ¡Por mis barbas, creo que tiene razón! ¡Miren allá! Los cuervos de Erebor están regresando a la montaña.
- Sí.
- Se correrá la voz. Pronto todas las almas de la Tierra Media sabrán ¡que el dragón está muerto!

El oro de esa montaña está maldito. Solo tomaremos lo que nos prometieron. Lo que necesitamos para reconstruir todo.

- Mi señor Legolas traigo un mensaje de su padre. Debe regresar de inmediato.
- Ven, Tauriel.
- Mi señor, Tauriel está desterrada.
- ¿Desterrada? Puedes decirle a mi padre que si no hay lugar para Tauriel, no hay lugar para mí.
- Legolas. Es una orden de tu rey.
- Sí, es mi rey pero no da órdenes a mi corazón.

- La enfermedad del dragón. Ya la he visto. Esa mirada. Esa terrible necesidad. Es un amor violentoy celoso, Bilbo. Volvió loco a su abuelo.
- Balin, si Thorin tuviera la Piedra del Arca o si la encontraran ¿eso lo ayudaría?
- Esa piedra culmina todo. Es la cúspide de esta gran fortuna y le otorga poder a quien la posee.
- ¿Aplacaría su locura?
- No, muchacho. Me temo que la empeoraría. Quizá sea mejor que siga perdida.

- ¿Qué es eso? ¡En tu mano!
. No es nada.
- Muéstrame.
- La tomé del jardín de Beorn.
- ¿La tuviste todo este tiempo?
- La plantaré en mi jardín. En Bolsón Cerrado.
- Es un premio muy pobre para llevar a la Comarca.
- Un día crecerá. Y cada vez que lo vea, recordaré. Recordaré todo lo que pasó. Lo bueno, lo malo y la suerte que tendré de haber vuelto.

- ¿Iría a la guerra por un puñado de gemas?
- Mi pueblo no renuncia fácilmente a sus reliquias.

- Salve, Thorin, hijo de Thráin. Nos alegra encontrarlo con vida.
- ¿Por qué vienes a las puertas del Rey bajo la Montaña armado para la guerra?
- ¿Por qué el Rey bajo la Montaña se encierra como un ladrón en su guarida?
- Quizá sea porque espero que me roben.

- Mi gente le ofreció ayuda. Y a cambio, solamente le trajo la ruina y la muerte.
- ¿Cuándo vinieron a ayudarnos sin la promesa de una recompensa?
- ¡Lo negociamos!
- ¿Lo negociamos? ¿Qué otra opción teníamos que permutar nuestro derecho natural por comida? ¿Entregar nuestro futuro a cambio de nuestra libertad? ¿Eso te parece un intercambio justo? Dime Bardo, asesino de dragones ¿por qué debería honrar esos términos?
- Porque nos dio su palabra. ¿Eso no significa nada?

- Señor Bolsón, venga aquí. Va a necesitar esto. Póngaselo. Esta cota de malla está hecha de acero de plata.
Mithril...lo llamaban mis antepasados. Ninguna espada puede perforarla.
- Me veo ridículo. No soy un guerrero, soy un hobbit.
- Es un regalo. Un símbolo de nuestra amistad. Es difícil encontrar verdaderos amigos.

- Las fosas sépticas de Dol Guldur se han vaciado. Todos corren un peligro mortal.
- ¿De qué habla?
- Veo que no sabes nada de hechiceros. Son como un trueno de invierno en un viento fuerte que llega de lejos velozmente para dar la alarma. Pero a veces una tormenta solo es una tormenta.
- Esta vez no. Ejércitos de orcos están en camino. Son guerreros, fueron criados para la guerra.
Nuestro enemigo ha invocado a toda su fuerza.

- ¿Qué cree que trato de hacer?
- Creo que tratas de salvar a tus amigos enanos. Y admiro tu lealtad hacia ellos. Pero eso no me desvía de mi camino. Tú empezaste esto, Mithrandir. Me perdonarás si lo termino.

- ¡Bilbo Bolsón! Si no me equivoco él es el mediano que robó las llaves de mi calabozo frente a las narices de mis guardias.
- Sí. Lo lamento.

- Vine a darles esto. El Corazón de la Montaña. La Joya del Rey. Y vale una fortuna.
- ¿Por qué puedes entregarla?
- La tomé como mi parte del tesoro.
- ¿Por qué harías eso? No nos debes lealtad.
- No lo hago por ustedes.
- Sé que los enanos pueden ser obstinados tercos y difíciles. Son suspicaces y reservados y con los peores modales imaginables. Pero también son valientes amables y excesivamente leales. Les tomé cariño, y los salvaré si puedo. Thorin valora esta piedra más que todo lo demás. A cambio de ella, creo que les dará lo que se les debe. No habrá necesidad de una guerra.

- No le tengo miedo a Thorin.
- Pues, deberías. No subestimes la maldad del oro. Un oro sobre el que una serpiente ha anidado por largo tiempo.

- Cambiaste, Thorin. El enano que conocí en Bolsón Cerrado nunca habría faltado a su palabra. ¡No habría dudado de la lealtad de su familia!
- No me hables de lealtad.

- ¡Maldito sea el hechicero que te trajo!
- Si no te agrada mi ladrón por favor no le hagas daño. Devuélvemelo. No estás dando una imagen muy espléndida como Rey bajo la Montaña, ¿no, Thorin hijo de Thráin?
- ¡Nunca más volveré a tratar con hechiceros! ¡Vete! ¡Ni ratas de la Comarca!

- Es Dain, señor de las Colinas de Hierro. El primo de Thorin.
- ¿Se parecen?
- Thorin siempre me pareció el más sensato de los dos.

No me retiraré ante ningún elfo. Especialmente ante este antipático duendecillo del bosque.

- ¿Desde cuándo abandonamos a los nuestros? Thorin, están muriendo allá afuera. Hay muchísimos salones
en esta montaña. Lugares que podemos fortificar apuntalar, asegurar.
- Sí. Sí eso es. Debemos mover el oro más abajo.
- A un lugar seguro.
- ¿No me oíste? Dain está rodeado. Los están masacrando, Thorin.
- Muchos mueren en la guerra. La vida vale poco. Pero un tesoro como este no puede valorarse por las vidas perdidas. Vale toda la sangre que podamos sacrificar.
- Te sientas en estos inmensos salones con una corona en la cabeza y aun así eres menos digno
de lo que nunca has sido.
- No me hables como si fuera un humilde señor enano como si aún fuera Thorin Escudo de Roble. ¡Soy tu rey!
- Siempre fuiste mi rey.
- Antes lo sabías.
- No puedes ver en qué que te has convertido.
- Vete. Lárgate. Antes que te mate.

- ¡No me ocultaré detrás de un muro de piedra mientras otros pelean nuestras batallas por nosotros!
Eso no está en mi sangre, Thorin.
- No. No lo está. Somos hijos de Durin. Y el pueblo de Durin no huye de una pelea. No tengo derecho a pedirles esto. Pero ¿me seguirán una última vez?

- Alfrid Lickspittle. Eres un cobarde.
- ¿"Cobarde"? No cualquier hombre se anima a usar un corsé.
- No eres un hombre. Eres una rata.

- Masacrarán a los enanos.
- Sí, morirán. Hoy mañana en un año, dentro de 100 años. ¿Qué importa? Son mortales.
- ¿Cree que su vida vale más que la de ellos cuando no hay amor en ella? Usted no es capaz de sentir amor.
- ¿Qué sabes de amor? ¡Nada! Lo que sientes por ese enano no es real. ¿Crees que es amor? ¿Estás lista para morir por eso?

- Quiero partir con tu amistad.
- No. No irás a ningún lado, Thorin. Vas a vivir.
- Me retractaría de mis palabras y de mis actos en la Puerta. Hiciste lo que solo haría un verdadero amigo.
Perdóname. Estaba demasiado ciego para verlo. Lamento tanto haberte enviado a semejante peligro.
- No, me alegra haber compartido tus peligros, Thorin. Todos y cada uno de ellos. Es mucho más de lo que
merece ningún Bolsón.
- Adiós señor Ladrón. Regresa a tus libros. Y a tu sillón. Planta tus árboles. Míralos crecer. Si más gente valorara el hogar más que el oro este mundo sería un lugar más feliz.

- ¿Adónde irás?
- No lo sé.
- Al norte. Busca a los dúnedain. Hay un joven montaraz entre ellos. Deberías conocerlo. Su padre, Arathorn, era un buen hombre. Su hijo tal vez llegue a ser un gran hombre.
- ¿Cuál es su nombre?
- Lo conocen como Trancos. Su verdadero nombre debes descubrirlo por tu cuenta.
- Legolas. Tu madre te amaba. Más que a nadie. Más que a la vida.

- Si esto es el amor, no lo quiero. Quítemelo. Por favor. ¿Por qué duele tanto?
- Porque fue real.

Me gusta bastante tener a un hechicero cerca. Parece que traen buena suerte.

- ¿No crees realmente que todas tus aventuras y escapes se resolvieron por pura suerte? Los anillos mágicos no deben ser usados a la ligera, Bilbo. No creas que soy tonto. Sé que encontraste uno en los túneles de los trasgos. Y te he vigilado desde entonces.
- Pues, gracias al cielo. Adiós, Gandalf.
- Adiós.
- No tienes que preocuparte por el anillo. Se me cayó del bolsillo durante la batalla. Lo perdí.
- Eres una muy buena persona, señor Bolsón. Y te tengo mucho aprecio. Pero después de todo, solo eres un pequeño en un mundo enorme.

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