Frases de la película El Hilo Fantasma

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Actuación: , , .
Género: Drama, Romance.
Estreno: .
Otros títulos: El hilo invisible y Phantom Thread.

- Reynolds ha hecho realidad mis sueños. Y, a cambio, le he dado lo que más deseaba.
- ¿Y qué es?
- Cada pieza de mí.
- Es un hombre muy exigente, ¿no es así? Debe de ser todo un reto estar con él.
- Sí. Quizás sea el hombre más exigente de todos.

Nada de lo que diga hará que me prestes atención ¿verdad? No puedo comenzar el día con una pelea. Por favor. Hoy entregaré el vestido y no puedo hacer un hueco para una pelea. Simplemente no tengo tiempo para peleas.

¿Qué quieres hacer con Johanna? Es decir, es encantadora, pero ha llegado la hora. Y se está poniendo gorda esperando sentada que te enamores de ella de nuevo.

- Tengo un sentimiento perturbador basado en que no hay nada en donde pueda poner mis manos. Solo mariposas. He estado teniendo los mejores recuerdos de mamá, últimamente. Se me aparece en sueños percibo su aroma... Una sensación muy fuerte de que está cerca de nosotros y acercándose a nosotros. Espero que haya visto el vestido esta noche, ¿no crees?
- Sí.
- Es reconfortante pensar que los muertos cuidan a los vivos. No me parece para nada aterrador.

- ¿Qué desea ordenar?
- Un conejo galés con un huevo escalfado encima, por favor. Con la yema no muy líquida. Y tocino. Scones. Mantequilla, crema. Mermelada. De fresa, no. No. De frambuesa.
- ¿Qué más? ¿Café o té?
- ¿Tienes té negro? Entonces una taza de té negro, por favor.
- Buena decisión.
- Y algunas salchichas.
- Y algunas salchichas.
- Déjame ver. ¿Te vas a acordar?
- Sí.
- Me quedaré con esto.
- ¿Y ahora?
- ¿Cenarías conmigo?
- Sí.

- ¿Tu madre tiene los ojos marrones?
- Verdes.
- ¿Te pareces mucho a ella?
- No lo sé. Creo que sí.
- ¿Tienes una foto?
- Sí.
- ¿Me dejas verla?
- Aquí no, en casa.
- Llévala contigo. Siempre llévala contigo.
- ¿Dónde está la tuya? ¿La de tu madre?
- Está aquí, en el forro.
- ¿Qué quieres decir?
- Puedes coser casi cualquier cosa en el forro de un saco. Secretos. Monedas. Palabras, mensajitos. Cuando era niño empecé a esconder cosas en los forros de la ropa. Cosas que solo yo sabía que estaban ahí. Y sobre mi pecho, tengo un rizo del pelo de mi madre. Para tenerla siempre junto a mí. Era una mujer admirable. Me enseñó mi oficio. Así que trato de estar siempre con ella.
- Debes amarla mucho.

- Le hice este vestido cuando tenía 16 años.
- Muy bonito.
- Fue para su segundo esposo, su boda. Mi padre murió hace muchos años. Nuestra nana, la maléfica señorita Blackwood la "peste negra" le decíamos porque por superstición, se negó a ayudarme a coser el vestido pues pensaba que le traería mala suerte que nunca se casaría. Como si hubiera tenido novio. Y también nos parecía anciana, no tengo idea de cuantos años tenía en realidad. Y monstruosamente fea. Así que trabajé solo meses y meses, encorvado. Cosiendo y sudando y cosiendo. Y la Peste Negra, de todos modos, nunca se casó. La ayuda que me pudo haber dado... Fue mi hermana, Cyril, quien al final me rescató. Había infinidad de supersticiones sobre la confección de los vestidos de novia. Las jóvenes temían no casarse nunca si tocaban uno. Las modelos temían solo poder casarse con un calvo si se ponían uno.
- ¿Y dónde está el vestido ahora?
- No tengo idea de qué pasó con él. Ni idea. Probablemente ya no sea más que cenizas. O esté hecho trizas.
- ¿Y... tu hermana?
- ¿Qué?
- ¿Alguna vez se casó?
- No.

- Si quieres jugar conmigo a sostener la mirada, vas a perder.
- Eres un hombre muy guapo. Debe haber muchas mujeres bonitas a tu alrededor.
- Sí.
- ¿Por qué no te has casado?
- Hago vestidos.
- ¿No puedes estar casado cuando haces vestidos?
- Estoy seguro de que no estoy hecho para casarme. Soy un soltero empedernido. Soy incurable. El matrimonio me convertiría en un embustero y nunca se me ocurriría serlo.
- Te oyes tan seguro sobre cosas.
- Estoy seguro de eso.
- Creo que solo finges ser fuerte.
- No, soy fuerte.
- ¿Para quién?
- Espero que no para mí. Creo que son las expectativas y presunciones de otros las que nos causan angustia.

- No tienes pechos. 32.
- Sí, lo sé.
- 32 y medio. Ya puedes bajar el brazo.
- Lo siento.
- No, no, estás perfecta. Mi trabajo hará parecer que tienes más busto. Si así lo elijo.

- ¿Me harías el favor de probarte otra cosa?
- Sí.
- Tienes la figura ideal.
- ¿De verdad?
- Sí. Le gusta que tengan pancita.

Nunca me gusté. Pensaba que mis hombros eran demasiado anchos. Que mi cuello era delgado como un pájaro. Que no tenía pechos. Consideraba que mis caderas eran más grandes de lo necesario. Y mis brazos, fuertes.
- Siento como si te hubiese buscado durante mucho tiempo.
- Me encontraste.
- Lo que sea que hagas hazlo con cuidado.
Pero, en su trabajo, me volví perfecta. Y me siento bien. Quizás así se sientan todas las mujeres, con sus vestidos.

- ¿Qué sucede, Alma? ¿Por qué miras con tanta tristeza a tu alrededor?
- No lo sé. Creo que la tela no me gusta tanto.
- Alma, esta tela les encanta a las mujeres que usan nuestros diseños. Es perfecta para el vestido.
- Cyril tiene razón. Cyril siempre tiene razón. Cyril no tiene razón solo porque a las clientas les guste la tela. Tiene razón porque es la correcta. Porque es hermosa. Tal vez un día cambies tu gusto, Alma. Tal vez no. Tal vez no tengas gusto.
- Tal vez me guste mi propio gusto.
- Sí, es suficiente para meterte en problemas.
- Tal vez estoy buscando problemas.
- Para.

- Discúlpeme, señor Woodcock.
- ¿Sí?
- Me gustaría decir que espero un día poder usar uno de sus vestidos.
- Bueno, gracias. Si ese es su deseo, espero que se le haga realidad.
- Lo dice de verdad.

- Por favor, no te muevas tanto, Alma.
- Le pongo mantequilla a mi tostada. No me estoy moviendo tanto.
- Bueno, es mucho. Es una distracción. Es muy molesto.
- Tal vez tú le pones mucha atención.
- Es difícil ignorarlo. Es como si montaras un caballo por el cuarto. Es mucho movimiento. Es muchísimo movimiento en el desayuno.
- Tal vez debas desayunar después de él. O en tu cuarto.
- Creo que es muy quisquilloso.
- Es su rutina y es mejor no alterarlo.
- Bueno...
- Este es un momento tranquilo. No hay que abusarse. Si algo lo molestó durante el desayuno es muy difícil que se recupere durante el resto del día.
- No sabía eso.
- No, claro que no lo sabías. Pero lo sabes ahora.
- Todavía creo que es muy quisquilloso.
- Puede ser.

Esto es encaje de bolillo flamenco de finales del siglo XVII. Es muy raro, muy valioso. Lo rescaté de Amberes durante la guerra. He esperado el momento adecuado para hacer algo con él.

- No pedí té.
- No, pero--
- Llévatelo, por favor.
- Sí, puedo llevármelo.
- Es un poco tarde ya, ¿no es cierto?
- Me lo estoy llevando.
- Sí, pero es un poco tarde ya, ¿cierto?
- Pero me lo estoy llevando.
- El té se va. La interrupción se queda aquí conmigo.

- Hay muchas posibilidades de que Bárbara Rose te pida que asistas a su boda.
- ¿Qué quieres que haga con eso?
- Acepta su invitación. Puedes soportar eso.
- En verdad hubiera querido no haber escuchado eso hasta más tarde, Cyril. Es muy inquietante.
- Bueno... Levanta el ánimo. Los pagos de Bárbara Rose ayudan a mantener esta casa.

- Ese vestido no pertenece a este lugar.
- No empieces a llorar.
- No estoy llorando. Estoy enojada.
- No empieces a lloriquear, Alma.
- No estoy lloriqueando. Ella no se lo merece. ¡Es tu trabajo!

- ¿Tippy?
- Señor Woodcock. ¿Qué sucede?
- Quisiera que me devuelva el vestido.
- La señora Rose está durmiendo.
- No tiene nada que ver con el vestido. Por favor, ¿podría ir a buscarlo?
- Está durmiendo.
- ¿Con el vestido puesto?
- Bueno, sí.
- Vaya a quitarle el vestido y tráigamelo de inmediato.
- No lo creo.
- ¡Quítele el maldito vestido a Bárbara y tráigamelo, o lo haré yo mismo!
- ¿Disculpe?
- Alma.
- Hola, señor Woodcock.
- Cal. Yo--
- No es asunto nuestro lo que la señora Rose decida hacer con su vida. Pero ya no puede comportarse así ¡con un vestido de la Casa de Woodcock!
- Gracias. Te amo.

- Cuando sueña sobre su vestido de novia ¿qué es lo que sueña?
- Sueño que es el vestido más hermoso del mundo.
- Naturalmente.
- Quizás el único vestido de novia del mundo.
- Sí.
- Para llevarlo un poquito más allá tal vez el único vestido que se haya hecho.
- Sí.
- ¿Es Su Alteza Real una persona dorada o plateada?
- Plateada.
- Bien.
- ¿De encaje o de perla?
- Encaje.
- Muy bien.
- Gracias.

- Buenos días, Cyril. Quería pedirte ayuda para un regalo que quiero hacerle a Reynolds. Quiero sorprenderlo. Si todos se fueran de la casa cuando él salga a caminar el jueves yo le prepararía la cena. Y, cuando regrese, solo estaré yo. Estaré esperándolo. Voy a sorprenderlo y cenaremos juntos, solamente los dos. ¿Te gusta la idea? ¿Me ayudarías?
- No es su cumpleaños.
- Lo sé.
- No te lo recomendaría, Alma.
- ¿Por qué?
- Porque no le gustan las sorpresas.
- Sí.
- Bueno, no le gustará esta.
- Intento sorprenderlo. Y amarlo de la forma en que quiero.
- Si quieres halagarlo tal vez puedas pensar en otra cosa. No, realmente debo desaconsejar esto, Alma. No creo que pudiera haber un tiempo más inapropiado para probar algo nuevo.
- Esto es lo que quiero hacer. Y creo que será muy bonito. Respeto tu consejo, Cyril pero tengo que conocerlo a mi manera. Y esto es lo que quiero hacer para él. Buenas noches.
- Buena suerte.

- ¿Cómo estuvo tu cita con la princesa?
- Es muy bonita, como una escultura de algún tipo.
- ¿Le harás el vestido de novia?
- Le hice el vestido de bautismo el de su primera comunión y el de confirmación. Hice los vestidos para su presentación en la corte y también todo su guardarropa para sus presentaciones en sociedad. Sería lo correcto que también haga su vestido de novia ¿no lo crees?
- No, pero esto no es lo que quería decir, lo siento, no sé lo que dije, yo--Esta tiene que ser una bonita velada. Déjame servirte. ¿Te gusta?
- Sí.
- No, no te gusta. No te gusta para nada. Normalmente me dices lo que piensas. ¿Qué es esto? Estás mintiendo.
- Como creo que lo sabes, Alma, prefiero mis espárragos con aceite y sal. Y sabiendo eso los preparaste con mantequilla. Puedo imaginarme, en ciertas circunstancias siendo capaz de fingir que me gustan de esta manera. En este momento, admiro mi propia galantería por comerlos en la forma en que tú los preparaste. No sé qué estoy haciendo aquí.
- Yo... no sé que estoy haciendo aquí. Me paso el tiempo esperándote como una idiota.
- Esto fue una emboscada, Alma. ¿Con qué propósito?
- Esto no es--Ya sé que no está saliendo como lo pensé, yo no quería que las cosas terminaran así. Lo siento pero quise ser amable.
- ¿Y qué esperabas?
- Quería pasar tiempo contigo. Quería tenerte para mí.
- Me tienes todo el tiempo.
- ¡No!
- ¿De qué hablas?
- ¡No te tengo! Yo-- Hay-- Siempre hay gente alrededor. Y si no, hay algo entre nosotros.
- ¿Algo entre nosotros?
- Sí.
- ¿Qué?
- Cierta--
- ¿Qué?
- ¡Distancia!
- ¿Cuándo pasó esto? ¿Qué pasó que te hizo portarte así? ¿Es porque crees que no te necesito?
- Sí.
- No te necesito.
- Vaya, sí que eres predecible. No te hagas el rudo. Sé que no lo eres.
- Sí, es correcto, es correcto. Si no me protejo a mí mismo alguien vendrá en medio de la noche y tomará mi esquina del cuarto y me preguntará por sus malditos espárragos.
- No bravuconees. Estás buscando pelea
- Hay otras cosas que me gustaría hacer con mi tiempo. Es mi tiempo. ¡Mi tiempo!
- No tengo idea de qué estoy haciendo aquí en tu tiempo. ¿Qué estoy haciendo aquí? Ando por aquí como una idiota esperándote.
- ¿Esperando qué?
- Esperando por ti.
- ¿Esperando qué?
- Esperando a que te deshagas de mí. Que me digas que me vaya. Así que dímelo. Y ya no estaré por aquí como una maldita tonta. Espárragos. ¿Todo por tus espárragos?
- No, no es por los espárragos.
- ¿Por qué diablos es?
- ¿Eres un agente especial enviado aquí para arruinar mi noche y posiblemente mi vida entera?
- ¿Por qué eres tan rudo conmigo? ¿Por qué me hablas así?
- ¿Es esta mi casa? Esta es mi casa, ¿o no?
- Sí, esta es tu casa.
- ¿Es esta mi casa?
- Claro, es tu casa.
- ¿O alguien me lanzó...en suelo extranjero... ¿Qué pregunta detrás de las líneas enemigas?
- Tú me trajiste aquí.
- Estoy rodeado desde todos los flancos.
- Tú me trajiste aquí.
- ¿Cuándo diablos pasó eso? ¿Quién eres tú? ¿Tienes un arma? ¿Estás aquí para matarme? ¿Tienes un arma?
- ¡Para!
- ¿Dónde está tu arma?
- No seas infantil.
- ¿Dónde está tu arma?
- Para...
- Muéstrame tu arma.
- ...de jugar. Deja de jugar este juego.
- No estoy jugando un juego. No estoy--
- Sí.
- ¿Qué juego estoy jugando? ¿Qué juego? ¿Cuál es, exactamente, la naturaleza de mi juego? Tú dime.
- Todo esto,
- ¿Qué?
- ¡Todas tus reglas y tus paredes y tus puertas y tu gente y tu dinero y toda esa ropa y todo!¡Esto! ¡Esto! ¡Este juego! ¡Todo aquí! ¡Todo el pfff! Nada es normal o natural o--Todo es un juego. "Sí, señor. No, señora. Sí, 'vu pu'".
- Bueno... Sí... esto es mi--
- "Yo no como esto".
- Si es mi vida...
- "Yo no tomo eso, yo no soy--
-...la que estás describiendo depende totalmente de ti si la quieres compartir o no. Si no quieres compartir esa vida que aparentemente te desagrada en todos los aspectos ¿por qué diablos no regresas por donde viniste?

- ¿Quieres que le pida a Alma que se vaya?
- No, ¿por qué?
- Si la convertirás en un fantasma adelante, hazlo; pero por favor, no la tengas sentada por ahí esperando por ti. Me he encariñado mucho con ella.
- Estas muy encariñada con ella, ¿verdad? Bueno, en ese caso--
- No me lo pases a mí. No me haré cargo de tus problemas.
- Cállate, Cyril.
- Por qué no te callas tú. No empieces una pelea conmigo. Ciertamente no saldrías vivo. Iré directo hacia ti y serás tú el que termine en el piso. ¿Entendido?

¿Estás aquí? ¿Siempre estás aquí? Te extraño. Pienso en ti todo el tiempo. Te escucho llamándome por mi nombre cuando sueño. Y cuando despierto siempre hay lágrimas corriendo por mis mejillas. Es que te extraño. Es tan simple como eso. Quiero contarte todo. No entiendo lo que dices. No puedo oír tu voz.

- Te amo, Alma. No quiero estar sin ti. Te amo. Hay cosas que quiero hacer. Pensé que mis días eran ilimitados. Los errores que cometí y volví a cometer ya no pueden ser ignorados. Hay cosas que me perturban. Cosas que deben ser hechas. Cosas que, simplemente, no puedo hacer sin ti. Para evitar que mi corazón amargado se sofoque. Para quebrar una maldición. Una casa que no cambia es una casa muerta. Alma, ¿te casarías conmigo? ¿Quieres casarte conmigo? ¿Qué carajo estás pensando? ¿Te casarás conmigo? ¿No?
- Sí.
- ¿Quieres casarte conmigo?
- Sí, quiero.

- Dios mío, vaya si es irrespetuosa, ¿no? Te compadezco.
- ¿En serio?
- Eso te pasa por casarte con una niña.

- Quiero ir a bailar.
- ¿Cuándo?
- Ahora.
- Bromeas.
- No, no bromeo. Es la noche de fin de año.
- Pues no iré a bailar.
- Hay una fiesta en el Devonshire Hall para celebrar el Año Nuevo. Y quiero ir. Tenemos que ir a bailar. ¿Y qué harás al respecto?
- Me quedaré aquí y me pondré a trabajar.

- ¿Dónde estuvo Henrietta Harding?
- En otra casa.
- ¿Cuál? ¿Por qué no me lo dijiste?
- Porque no quise.
- ¿Hay algo que no sé? Porque hasta donde recuerdo lo único que hice fue vestirla a la perfección.
- No creo que eso le importe a ciertas personas.
- Creo que quieren lo que está de moda y es chic.
- ¿Chic? No empieces a usar esa palabrita vil. ¿Chic? Quien inventó eso debería ser azotado públicamente. Ni siquiera sé qué significa esa palabra.
¿Qué es esa palabra? ¿Chic? Deberían ser ahorcados y descuartizados. Al carajo con lo chic.
- No debería importarte.
- Me importa. Y mucho, Cyril. Porque hiere mis sentimientos. Hiere mis sentimientos.

- Cometí un gravísimo error en mi vida, Cyril. Cometí un gravísimo error. Necesito que me ayudes.
- ¿Qué quieres que haga?
- No puedo trabajar. No puedo concentrarme. Me siento inseguro. Ella está de más en esta casa. Construimos esta casa. Nosotros dos. Y ella la está dejando patas arriba. Me está dando vuelta como una media. Nos está poniendo a uno contra el otro. Su llegada arrojó una gran sombra, Cyril.
- La señora Vaughan está satisfecha con el vestido.
- ¡A nadie le importa un carajo si la señora Vaughan está satisfecha o no!
- Gracias Alma.
- De nada.
- Vaya modelo de cortesía que son ambas.

- Te quiero acostado de espaldas indefenso frágil abierto dependiente por completo de mí. Y luego te quiero fuerte de nuevo. No morirás. Quizá desees morirte, pero no morirás. Tienes que tranquilizarte un poco.
- Bésame, niña mía, antes de que enferme. Creo que quizás deberías llamar a ese médico que conoces, por las dudas.

A veces voy más allá en nuestra vida en común. Y veo un tiempo cercano al final. Puedo predecir el futuro y todo está asentado. Y todos nuestros seres queridos y niños y amigos están allí y son bien recibidos. Y tenemos grandes reuniones donde todos ríen y juegan. Estoy más grande y veo las cosas de otro modo. Y al fin te entendí. Y cuidaré tus vestidos. Resguardándolos del polvo de los fantasmas y el tiempo. Sí, pero ahora, estamos aquí. Sí, por supuesto. Y estoy sintiendo hambre.