Frases de la película El Gran Hotel Budapest

Frases de la película dirigida por Wes Anderson, estrenada en 2014, también conocida como The Grand Budapest Hotel.

Es un error extremadamente común: La gente cree que la imaginación del escritor siempre trabaja, que inventa constantemente una infinidad de incidentes y episodios, que simplemente sueña sus historias de la nada. La realidad es que sucede lo contrario. Cuando el público sabe que eres escritor ellos te proporcionan personajes y hechos. Siempre que conserves la capacidad de observar y escuchar con atención, las historias continuarán.

A aquel que con frecuencia ha contado las historias de otros muchas historias se le contarán.

Zero Moustafa había poseído y habitado algunos de los castillos más lujosos del continente. Sin embargo aquí, en su propio hotel casi vacío, ¿ocupaba una habitación de servicio?

- ¿Encenderás una vela por mí? En la sacristía de Santa María.
- Me encargaré de inmediato.
- Recuerda, siempre estoy contigo. Te amo.
- Yo te amo a ti.

- ¿Por qué quieres ser botones?
- Pues, ¿quién no querría serlo en el Gran Budapest, señor?

¿Qué es un botones? Es completamente invisible y, a la vez, siempre está a la vista. Recuerda lo que la gente detesta. Se anticipa a las necesidades de sus clientes antes de que sean necesidades. Un botones es, ante todo, discreto en extremo. Nuestros huéspedes saben que sus secretos, algunos francamente indecorosos, nos acompañarán a la tumba.

La arrogancia es solo una expresión del miedo. La gente teme no obtener lo que desea. Las personas más temibles y poco atractivas solo necesitan que las amen y se abrirán como una flor.

- ¿Cuánto tardas en empacar?
- 5 minutos.
- Hazlo. Y trae una botella de Pouilly-Jouvet '26 y dos copas para no beber la basura que sirven en el tren.

- Era dinamita en la cama, por cierto.
- Tenía 84 años, Monsieur Gustave.
- He estado con mayores. Cuando eres joven, todo son filetes pero con el tiempo debes pasar a los cortes más baratos. Por mí está bien, porque me gustan. Gallina vieja hace buen caldo, dicen.

Aún hay vagos destellos de civilidad en este matadero salvaje que alguna vez fue la humanidad.

Cuando el destino de una gran fortuna está en juego, la codicia corre por las venas de los hombres como veneno. Tíos, sobrinos, primos familia política con lazos cada vez más dudosos. Los parientes más lejanos de la anciana habían aparecido de la nada.

"A mi estimado amigo, quien fue un bálsamo en mis últimos años y trajo luz a la vida de una anciana que creyó que no volvería a ser feliz, Monsieur Gustave H, lego, dono y asigno, libre de impuestos y con derecho fiduciario absoluto la pintura "Niño con manzana...
- ¡Vaya!
-... de Johannes van Hoytl"
- ¡No puedo creerlo!
- ¿Qué?
- ¿El van Hoytl?
- ¿Sin impuestos?
- ¿Puede hacer eso?
- ¿Quién es Gustave H.?
- Temo que soy yo, querido.
- ¡Ese maldito marica!

- Este criminal ha fastidiado a mi familia desde hace 20 años. Es un aventurero despiadado, un estafador que asedia a ancianas inestables y enfermas. Y probablemente se acuesta con ellas.
- Me acuesto con todas mis amigas.

- Si le puso un dedo encima a mi madre, viva o muerta, juro que lo degollaré. ¿Me oye?
- ¿No se supone que soy un maldito marica?
- Lo es, pero es bisexual.
- Cambiemos de tema. Me voy.

Jamás me separaré de él. A ella le recordaba a mí. A mí me la recordará a ella. Siempre. Moriré con esta pintura sobre mi cama.

- Venderemos "Niño con manzana" en el mercado negro esta semana. Saldremos del país y nos ocultaremos en la Riviera Maltesa hasta que podamos retomar nuestros puestos. A cambio de tu ayuda, lealtad y servicios como mi asistente personal te ofrezco el 1.5% del precio neto de venta.
- ¿1.5%?
- Más alojamiento y alimentos.
- ¿Podría ser 10%?
- ¿Diez? ¿Bromeas?
- Es más de lo que cobra un comerciante de arte y tú no distingues un chiaroscuro de unas tripas de pollo. No, 1.5%.

Lo que sucedió, querido Zero, es que le di una golpiza a un enano llorón llamado Pinky Bandinski que osó cuestionar mi virilidad, porque de las novelas rosas hemos aprendido que en un lugar así nunca debes ser un gallina. Debes darte tu lugar desde el primer día, ganarte su respeto. Debiste ver cómo estaba la cara de él esta mañana. De hecho, nos hicimos buenos amigos.

- ¿Tiene una coartada?
- Por supuesto, pero está casada con el duque de Westfalia. No puedo mezclar su nombre en este asunto.
- Su vida corre peligro.
- Lo sé, pero la muy desgraciada huyó. Está en el Queen Nasstasja en camino a Tanganica.

Control Fronterizo no es una prisión cualquiera. Tiene barras de acero en cada puerta, ducto y ventana. Hay 72 guardias en el piso y 16 más en las torres. Hay una caída de 100m que llega a un foso lleno de cocodrilos. Pero, como todos, tiene un punto débil que en este caso se trata de un sistema de cloacas que data de la época de la construcción original de piedra, en la Edad Media. Nadie dice que sea un paseo por el campo con una mujer hermosa y un perrito blanco pero tiene lo que uno llamaría
"vulnerabilidad" Y eso es lo que nos interesa.

- ¿Te casas conmigo?
- Sí.
No poseíamos ni 50 klubecks entre los dos. Nadie lo sabía, pero, ¿a quién le habría importado? Ambos estábamos
completamente solos en el mundo y estábamos profundamente enamorados.

- ¿Acaba de lanzar a mi gato por la ventana?
- No lo creo.

- Dame un poco de L'air de Panache, por favor.
- ¿No puedo ni un poquito?
- Olvidé su L'air de Panache.
- ¿En serio? ¿Olvidaste mi Hair de Panache? No puedo creerlo. ¿Cómo pudiste? Estuve en la cárcel, Zero. ¿Entiendes lo humillante que es? Huelo mal.

- ¿Qué te hizo dejar la tierra a la que obviamente perteneces y viajar a gran distancia para ser un inmigrante pobre en una sociedad refinada y culta que podría habérselas arreglado sin ti?
- La guerra.
- ¿Cómo dices?
- Verá, mi padre fue asesinado y el resto de mi familia fue fusilada. Nuestra aldea fue convertida en cenizas y los sobrevivientes tuvieron que huir. Me fui a causa de la guerra.
- Ya veo. ¿Entonces más bien eres un refugiado?
- En verdad.
- Bien, supongo que debo retractarme de todo lo que acabo de decir. Soy un maldito idiota. Un tonto patético. Un maldito egoísta malnacido. Esto es vergonzoso y no está a la altura del Gran Budapest. Pido disculpas en nombre del hotel.
- No es culpa suya. Se alteró porque olvidé su loción.

Debo decir que la chica me parece encantadora. Plana como tabla, con un lunar en forma de México que cubre su cara, sudando durante horas en la cocina mientras Mendl, ese genio se cierne sobre ella como un gorila enorme. Y sin embargo, sin duda, siempre e invariablemente, es extremadamente encantadora. ¿Por qué? Por su pureza.

Un momento de silencio en memoria del devoto siervo asesinado en cumplimiento de su deber. Adiós, Serge.

- Ha comenzado el principio del fin, del fin del principio. Un final triste, desafinado, en un piano maltrecho de cantina en las afueras de un pueblo fantasma abandonado. Prefiero no ser testigo de tal blasfemia.
- Yo también.
- El Gran Budapest se ha convertido en cuartel. Jamás en mi vida volveré a cruzar ese umbral.
- Ni yo.
- Jamás volveré a...
- Es posible que entremos ahora mismo.

Él era igual a sus discípulas: Inseguro, vanidoso, superficial, rubio, absorbente. Al final, incluso era rico. No consiguió, sin embargo, llegar a viejo.

Zero me preguntó sobre mis orígenes humildes en el negocio hotelero. Por un tiempo se me consideró el mejor botones que el Gran Budapest hubiera tenido. Creo que puedo decirlo. Este al fin me superó. Aunque, debo decir, tuvo un maestro excepcional.

"¿De dónde salieron estos hermanos celestiales unidos, por un instante al cruzar la estratósfera de nuestra ventana estrellada?" "Uno del Este y el otro del Oeste".

¿Qué sucedió al final? Al final le dispararon. Yo lo heredé todo.

- ¿Es su única conexión con ese mundo que ha desaparecido el mundo de él, por así decirlo?
- ¿El mundo de él? No, no lo creo.
- Verá, compartíamos una vocación. No habría sido necesario. No. Conservo el hotel por Agatha. Aquí fuimos felices. Por un breve tiempo. Para serle franco, creo que su mundo había desaparecido mucho antes de que él llegara. Pero le diré: Ciertamente sostuvo la ilusión con una gracia sorprendente.

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