Frases de la película El gran Gatsby (2013)

Frases de la película dirigida por Baz Luhrmann, estrenada en 2013, también conocida como The Great Gatsby.

En mis años jóvenes y más vulnerables mi padre me dio un consejo: "Siempre intenta ver lo mejor de la gente"

En aquel entonces todos bebíamos demasiado. Mientras más armonía teníamos con la época más bebíamos.

En el verano de 1922 el ritmo de la ciudad se aproximaba a la histeria. Las acciones alcanzaban puntos históricos y Wall Street prosperaba en un rugido constante y dorado.

Planeé pasar el verano estudiando. Y probablemente lo habría hecho de no ser por el entretenimiento desenfrenado que me llamaba desde atrás de los muros de ese castillo colosal que pertenecía a un caballero que aún no conocía llamado Gatsby.

La vida es algo que dominas, Nick. Si tienes algo de talento.

Daisy Buchanan, la chica dorada. Su calidez dejaba sin aliento. Te hacía creer que quería verte a ti más que a nadie en el mundo.

¿Leyeron El ascenso de los imperios de color de un tal Goddard? Todo el mundo debe leerlo. La idea es que depende de nosotros, la raza dominante, cuidarnos, o todas estas otras razas tomarán control de las cosas.

Cuando ella nació, Tom estaba Dios sabe dónde con Dios sabe quién. Pregunté a la enfermera si era niño o niña. Y dijo que era niña y lloré: Me alegra que sea niña. Y espero que sea tonta. Es lo mejor que una niña puede ser en este mundo. Una hermosa y pequeña tonta.

Ninguno de ellos soporta a la persona con la que se casó.

Esa noche, en el departamento oculto que Tom tenía con Myrtle nos animó algún tipo de locura química. Una disposición del corazón que se abalanzó estruendosamente sobre todos. De repente, me empezó a gustar Nueva York.

En las alturas de la ciudad nuestras ventanas amarillas deben haber contribuido con su porción de secretos al observador casual en la calle. Y yo era él también mirando hacia arriba y pensando. Estaba dentro y fuera. Encantado y repelido por la inagotable variedad de la vida.

Nadie, aparte de mí ha recibido una invitación formal a casa de Gatsby. El resto de Nueva York llegaba simplemente sin haber sido invitado.

- ¿Dónde puedo encontrar al señor Gatsby? Vivo en la casa contigua.
- ¿Gatsby? Nunca he visto al señor Gatsby.

- No puedo encontrar a alguien que sepa algo real del señor Gatsby.
- No me importa. Hace fiestas enormes y me encantan las fiestas enormes. Son tan íntimas. En las fiestas pequeñas no hay privacidad.

- Aún no conozco al señor Gatsby. Nadie lo conoce. Dicen que es primo tercero del káiser y segundo del diablo.
- Me temo que no he sido un buen anfitrión viejo amigo. Verás, yo soy Gatsby.

Su sonrisa era una de esas extrañas que logras ver cuatro o cinco veces en la vida. Parecía entenderte y creer en ti justo cómo quisieras que te entendieran y creyeran.

No quería que pensaras que soy un don nadie.

- Uno de ellos estaba en el auto con ella. Era Gatsby. La forma en que la miraba es la forma que todas quieren ser miradas.
- Cuéntame qué pasó.
- No lo sé. Gatsby fue enviado a la guerra. Cuando la guerra terminó Daisy esperó. Pero, por una razón desconocida, Gatsby no pudo regresar. Un año después, Tom Buchanan llegó de Chicago y se la robó.

- Extraña coincidencia.
- ¿Cuál?
- Que la casa de Gatsby esté al otro lado de la bahía. No es coincidencia. Compró esa casa para estar cerca de ella. Dio todas esas fiestas con la esperanza de que ella fuera alguna noche. Preguntaba constantemente por Daisy. Fui la primera persona que la conocía. Todo eso por una chica que no ha visto en cinco años.
- Y ahora quiere que la invité a tomar el té.

Repasando lo que llevo de la historia recuerdo que por segunda vez en ese verano estaba guardando secretos de los demás. Una vez más, estaba dentro y fuera.

- Daisy, Daisy, querida, ¿qué pasa?
- Me entristece.
- ¿Por qué?
- Porque...
Cinco años perdidos se debatían en los labios de Daisy. Pero lo único que pudo decir fue:
- Porque nunca había visto camisas tan bonitas.

- Si no fuera por la niebla podríamos ver la luz verde.
- ¿Cuál luz verde? La que está encendida toda la noche en la orilla de tu muelle.
Posiblemente, Gatsby había considerado que el colosal significado de esa luz se había desvanecido para siempre. Ahora era de nuevo solo una luz verde en un muelle. Y su lista de objetos encantados se había reducido.

- Quiero enseñarte algo.
- Siéntate. Son recortes que he coleccionado. Sobre ti.
- Guardaste mis cartas.
- Esta fue la primera foto tuya que tuve. ¿Recuerdas esta carta? No podemos perdernos y que este amor glorioso termine en nada. Ven a casa. Estaré aquí esperando que cada sueño contigo se vuelva realidad.

- Quisiera haber hecho todas las cosas del mundo contigo. Toda mi vida. Quisiera que siempre fuera así.
- Lo será.

Si tan solo hubiera sido suficiente para Gatsby abrazar a Daisy. Pero tenía una gran visión de su vida y el papel de Daisy en ella. No fue sino hasta el final de ese verano en la última noche que vi a Gatsby que me contó de la vida que soñó que tendría desde que era niño.

- Muchos de estos nuevos ricos son solo sucios contrabandistas.
- Gatsby no. Es un empresario. Tenía muchas farmacias.
- ¡Empresario!

- ¿Todo esto sale completamente de tu imaginación? No. Verás, estuviste ahí siempre en cada idea, en cada decisión. Claro, si algo no te gusta lo cambiaré.
- Es perfecto. Desde tu perfecta e irresistible imaginación.

- Ojalá pudiéramos simplemente escapar.
- ¿Escapar? No. Daisy, querida, eso no sería respetable.

- Verás ella debe decirle a Tom que nunca lo amó.
- ¿Qué?
- Sí. Luego podemos volver a Louisville, a casa de sus padres. Sus padres son encantadores, viejo amigo. Nos casaremos ahí. Verás, Daisy y yo volveremos a empezar como si no hubieran pasado cinco años.
No le pediría demasiado.
- ¿No pedirías demasiado?
- No.

- Es muy difícil hacerla entender. Todas estas cosas son para ella y solamente quiere huir. Quiere renunciar hasta a eso.
- Jay. No se puede repetir el pasado.
- ¿No se puede?
- No.
- Pero claro que se puede.
- Claro que se puede. Haré que las cosas sean como eran antes.

Una noche, en Louisville, hace cinco años Gatsby estaba en casa de Daisy por un accidente colosal.
- Entré a su casa por primera vez con unos oficiales del campamento Taylor. Nunca había estado en una casa tan hermosa.
- ¿Bailaría conmigo, Daisy?
Su uniforme escondía la verdad que era un joven sin un centavo y con solo una gran visión de sí mismo.

Sabía que en cuanto besara a esta chica estaría unido a ella para siempre. Así que me detuve. Me detuve y esperé. Esperé por un momento más. Sabía que su mente nunca volvería a ser libre de volar como la mente de Dios. Que enamorarse cambiaría su destino para siempre. Entonces solamente me dejé ir. Ella floreció para él como una flor y la encarnación fue total.

Tengo 32 años. Podría ser un gran hombre si lograra olvidar que perdí a Daisy pero mi vida, viejo amigo, mi vida, mi vida tiene que ser como esto. Necesita seguir adelante. Ella debe ir con Tom y decirle que nunca lo amó. Solo necesito darle más tiempo, viejo amigo. Más tiempo.

- Daisy y yo--
- ¡Qué calor! Todo es tan confuso. ¿Qué haremos de nuestras vidas esta tarde mañana o los próximos 30 años?
- No seas macabra.
- Vamos a la ciudad. ¿Quién quiere ir?

Le había dicho a Gatsby que lo amaba y Tom lo había visto.

Tom sentía que el pánico lo latigueaba. Su amante y su esposa tan seguras hace una hora se escapaban de su control.

- Quiero hacerle otra pregunta al señor Gatsby.
- Por favor, continúe, señor Buchanan. Continúe.
- ¿Qué tipo de disputa quiere provocar en mi casa?
- No la está causando, eres tú.
- Contrólate, por favor.
- ¿Que me controle? Supongo que lo que está de moda ahora es relajarse y dejar que Don Nadie de Ninguna Parte le haga el amor a tu esposa.

Su esposa no lo ama. Nunca lo amó. Me ama a mí. Debe estar loco. No, viejo amigo. No, verá, ella nunca lo amó. Se casó con Ud. porque yo era pobre y se cansó de esperar. Fue un terrible error, pero en su corazón nunca amó a nadie más que a mí.

- ¿Lo has estado viendo por cinco años?
- No, no, no me veía. No podíamos vernos. Pero nos amamos todo ese tiempo, ¿no es verdad?

Te amo, Daisy. De vez en cuando tengo mis deslices, pero siempre regreso.

- Dile que nunca lo amaste y todo este dolor quedará olvidado para siempre.
- Daisy. Daisy, díselo.
- Nunca lo amé.
- ¿Nunca?
- No.
- ¿Ni en el Kapiolani? ¿Ni cuando te cargué en el Punch Bowl para que no se mojaran tus zapatos? ¿Nunca?
- No hagas esto.
- Daisy.
- Es todo, Jay. Quieres demasiado. Te amo ahora, ¿no es suficiente? No puedo evitar lo que ya pasó. Lo amé en algún momento, pero también te amaba a ti.
- ¿También me amabas a mí? ¿Me amabas? ¡Mentira!
- No sabía que estabas vivo.

Hay cosas entre Daisy y yo que jamás conocerá, Gatsby. Cosas que ninguno de los dos olvidará.

No podría decir que nunca he amado a Tom. No sería cierto.

No me va a dejar. Y menos por un vulgar estafador como usted. Señor Gatsby, ¿quién es usted exactamente?

- Daisy. ¿No ves quién es este sujeto con su casa, sus fiestas y su ropa elegante es solo una fachada para que Wolfshiem, un gánster clave sus garras en gente respetable como Chase?
- Lo único respetable en usted, viejo amigo, es su dinero, eso es todo. Tengo tanto como usted. Estamos igual.
- No. No. Somos diferentes. Yo. Ellos. Ella. Todos somos diferentes a Ud. Verá, nacimos de manera distinta. Está en nuestra sangre y nada de lo que usted
haga, diga, robe o sueñe, podrá cambiarlo.

Gatsby se veía en ese momento como si hubiera matado a un hombre.

Treinta. La promesa de una década de soledad. El tremendo impacto de cumplir 30 años se desvaneció mientras Gatsby y Daisy manejaban a través del refrescante crepúsculo hacia la muerte.

- Jay Gatsby.
- Es un estafador, George.
- Sí. Da esas fiestas de las que siempre hablan en los periódicos.
- Tal vez él era el que se veía con Myrtle. Tal vez por eso la mató.
- Sí, tal vez. Con un tipo como ese no se sabe.
- No tenía que matarla.
- Gatsby. Se tiene que hacer algo con un sujeto como él.
- Pagará. Vaya que pagará.

Nadie debe saber que Daisy estaba conduciendo. Prométemelo.

- Jay, con todo lo que ha pasado deberías irte. Esta noche. Localizarán tu auto.
- No, no puedo. No esta noche.
- Jay, ¿entiendes que una mujer acaba de morir?
- Daisy llamará en la mañana. Haremos planes para irnos juntos.

- ¡Jay! Ellos no valen la pena. Eres mejor que todos ellos juntos.
Siempre me alegró haber dicho eso. Fue el único halago que le dije.

A Tom y Daisy no les importó nada. Destruyeron cosas y personas y regresaron a su dinero y su vasto desinterés.

Recordé cómo todos nos cuestionamos sobre la corrupción de Gatsby mientras él estaba frente a nosotros escondiendo un sueño incorruptible.

Y mientras estaba ahí, cavilando sobre un viejo y desconocido mundo pensé en la sorpresa de Gatsby al ver por primera vez la luz verde en el muelle de Daisy.
Había logrado tantas cosas. Y su sueño debe haberse sentido tan cerca que casi podía atraparlo. Pero no sabía que ya había quedado atrás. Gatsby creía en la luz verde el futuro orgásmico que año con año se aleja de nosotros. Nos elude, pero no importa. Mañana correremos más rápido estiraremos más los brazos y algún día...Así que seguimos adelante con los botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado.

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