Frases de la película El Faro

Dirección: Robert Eggers.
Actuación: Robert Pattinson, Valeriia Karaman, Willem Dafoe.
Género: Drama, Fantasía, Horror, Misterio.
Estreno: 2019.
Otros títulos: The Lighthouse.

Si la muerte palidece con un terror agudo haz de las cuevas del océano nuestro lecho, y que Dios quien oye a las olas golpear, se digne a salvar a nuestra alma suplicante.

Da mala suerte dejar un brindis sin terminar, chico.

- ¿Todavía con mal gesto?
- Encuentra un poco de alegría en ti, chico. Ahora es el momento de la charla y el parloteo. Será mejor que lo disfrutes. Ven en una quincena y los dos querremos estar siempre tan callados como una tumba.

- ¿Cuál es la parte más terrible de la vida de un marinero? ¿No te lo preguntas, chico? Es cuando el trabajo se detiene, cuando estás entre el viento y el agua. Dolores de cabeza. Dolores de cabeza.
Más malvados que el Diablo. El aburrimiento convierte a los hombres en villanos, y el agua se va rápido, chico, se desvanece. La única medicina, es la bebida. Mantiene a los marineros contentos, los mantiene agradables, los mantiene calmados, los mantiene...
- Estúpidos.

- ¿Qué...? ¿Qué hizo que su último guardián se fuera?
- ¿Abe? ¿Mi segundo? Murió. Se volvió loco, sí. Delirando sobre las sirenas, el tritón, los malos augurios y cosas por el estilo. Al final, no le quedaba más sentido que un diente de gallina. Él creía que había algún encantamiento en el faro. Se dio cuenta de que San Elmo, había lanzado su propio fuego sobre él. Era la salvación, dijo él.

Te he visto pelear con una gaviota. Mejor déjalas en paz. Mala suerte matar a un ave marina.

-¿Cómo se llama eso?
- ¿Señor? ¿Qué? Yo... Trapeé y barrí dos veces, señor.
- Perro mentiroso.
- Los barrí.
- Estás echado en la cama. Sin limpiar, sin lavar, y desatendiendo.
- ¿Se ha obsesionado por abusar de mí?
- ¿Cómo dices?
- Ya he dicho...
- ¿Cómo te atreves a contradecirme, perro?
- Ahora, mire, nunca tuve la intención de ser un ama de casa, ni un esclavo, al tomar este trabajo. ¡No está bien! Estos alojamientos están más destartalados, que cualquier campamento de chicos que haya visto. La ama de llaves de la Reina de Inglaterra, no podría hacer algo mejor que yo. Porque le digo que ya he fregado este lugar de aquí, dos veces, señor...
- Y yo digo que no hiciste nada de eso. Y yo digo que lo limpies de nuevo, y lo limpiarás bien, esta vez, y lo limpiarás 10 veces más después de eso. Y si te digo que levantes y separes cada tablón de madera de esta casa y lo barras con tus nudillos sangrantes, ¡lo harás! Y si te digo que arranques cada uno de los clavos de cada agujero de clavo moldeado y te chupes cada pizca de óxido hasta que todos los clavos brillen como el pene de un cachalote, y luego que repares toda la estación del faro de nuevo desde cero, y después el volver a hacerlo todo de nuevo, ¡lo harás! Y por Dios y lo más santo, lo harás sonriendo, chico, porque te gustará. ¡Te gustará porque yo digo que así será! Si me contradices de nuevo, lo descontaré de tu paga. ¿Me oyes, chico?
- Sí, señor.
- Trabaja, perro.

- ¿Qué te trajo a esta Isla, Ephraim Winslow? ¿En qué trabajabas antes?
- Maderera.
- ¿Maderera?
- Maderera grande. En el Norte. A las maneras de Canadá.
- ¿El equipo de la Bahía de Hudson?
- El mismo.
- ¿Es cierto lo que dicen? ¿Bosques tan lejanos como el ojo puede ver?
- Sí, señor. Abeto, tamarindo, pino blanco. La arboleda. Como la gente de ahí lo llama.
- Ya te hartaste de los árboles, ¿no es así?
- Sí, señor.
- No puedo decir que te culpo. He oído hablar de esa vida. Difícil. Dicen que un hombre trabaja más duro que dos caballos. No hay agradecimiento alguno. El mar, esa es la única situación digna de mí.

Ahora soy un guardián y un guardián seré. Y estoy muy casado con éste faro de aquí, y ha sido una esposa más fina, más verdadera y más callada que cualquier mujer con sangre y muy viva.

- Ya que nos estamos volviendo demasiado amigables, Ephraim Winslow, dime, ¿qué quiere un maderero con ser un guardián? ¿No hay suficiente silencio para ustedes en el Norte? ¿El aserrín te caló lo más hondo? ¿El capataz te encontró demasiado temperamental, como para llevar un hacha?
- Como dijiste, ya me harté de los árboles, supongo. Desde que dejé a papá, hice todo tipo de trabajo que puede pagar a un hombre. Algo de lo que no estoy ni orgulloso.
- A la deriva.
- No, sólo...No puedo encontrar un puesto en el que pueda destacar, así que sigo adelante. No soy de los que miran hacia atrás, a lo que está detrás de uno.
- ¿A la fuga?

- ¿Por qué da mala suerte matar a una gaviota?
- En ellas están las almas de los marineros que conocieron a su creador.

- Bueno, lo diré...Puede que incluso te eche de menos, Ephraim Winslow. Te has vuelto un verdadero guardián en ciernes, lo eres. Pensé que una noche se te antojaría el partirme el cráneo en dos, pero eres una buena persona. Estarás trabajando en un faro en poco tiempo.
- ¿Por qué no lo he hecho?
- ¿Qué?
- En este faro.
- Yo soy el guardián de esta estación, chico. En alguna otra estación, tú podrás atender el faro.
- El manual dice...
- Mi registro es el único libro en esta Isla...Soy el guardián del faro, chico, y nunca dejé que ningún hombre lo tocara...¡No te preocupes por el faro, chico! ¡Es mío!

- Sólo ha pasado un día.
- La cola del Diablo. Mira, tal vez la tormenta llegó. Sólo nos la perdimos, eso es todo.
- Puedo sacar el barco.
- Semanas, Winslow. Semanas.
- ¿Qué?
- ¿Cómo que qué?
- ¿Semanas?
- Semanas. Sí, semanas. Nos dormidos. Nos morimos por la borrachera. Hace semanas que no la vemos, Winslow. Y también te he pedido que raciones durante semanas, pero has seguido ladrándome como un perro loco, diciendo que puedes sacar el barco.

- Ni el peor de nosotros pudo defenderse de las ratas de barco, las que nos roían las plantas de los pies. Sus piernas se marchitaron y se volvieron gangrenosas, de cada tonalidad de la cola del pavo real. Sus encías se hincharon, el hueso se decoloró, y luego llegó la putrefacción. Sangre de alquitrán rezumada, dientes cayendo sobre la cubierta, sin nada a lo que aferrarse. Tierra a la vista, pero sólo hierba en esa Isla. Así que nos quedamos en la hierba. Y fue ese escorbuto, lo que me dejó varado desde entonces.
- Pensé que habías dicho que te la habías roto.
- ¿Qué?
- Tu pierna. Monjas católicas y cosas así.
- Debes haber escuchado mal.

¡Quiero un maldito filete! Yo... Si tuviera un filete... ¡Vaya! Un... crudo, filete sangriento. Si yo... Si tuviera un filete, me lo cogería.

- ¿Estoy borracho?
- ¡Ya me has oído! Has estado borracho desde...
- ¡Maldita sea! Borracho desde que te vi por primera vez. Pero si te gusta mi langosta, ¿verdad?
- Estás más borracho que una vagina de virgen.
- Lo he visto. Te gusta mi langosta. Dilo. Dilo. ¡Dilo!
- No tengo que decir nada.
- ¡Maldita sea! ¡Deja que Neptuno te mate, Winslow! ¡Escucha! ¡Escucha, Tritón, escucha! Grita, dile a nuestro padre, el Rey del mar, que se eleve desde las profundidades, con toda su furia, y con olas negras llenas de espuma de sal, para sofocar esta joven boca con baba picante, para ahogarle, engordando sus órganos, hasta que se ponga azul e hinchado, con la sentina y la salmuera y no pueda gritar más. Sólo cuando él, sea coronado en conchas de berberecho, con la cola con tentáculos deslizándose y la barba humeante, toma su brazo caído y con aletas, sus chillidos de tridente de coral,
y en la tempestad, y que se zambullan a través de tu garganta, que se rompió, dejando una vejiga abultada y no más, pero ahora es una maldita carga, un nada para las arpías y las almas de los marineros muertos, para picotear, arañar y alimentarse, sólo para ser solapado y tragado por las aguas infinitas del temible Emperador en persona, olvidado por cualquier hombre, a cualquier hora,
olvidado de cualquier Dios o Diablo, olvidado incluso por el mar, cualquier cosa o parte de Winslow, incluso cualquier resto de su alma, ya no es Winslow, pero ahora es en sí mismo el mar.
- Está bien. Como quieras. Me gusta tu cocina.

Ya ni siquiera eres humano. Trabajando separado de la gente por tanto tiempo. Sólo eres tolerable cuando estás borracho.

- Thomas.
- Sí.
- Es Thomas.
- Sí.
- No, yo... Soy Thomas.
- Soy Thomas. Tú eres Ephraim.
- Mentí. Bueno, que me eché a perder. Soy Thomas. Tommy.
- ¿Tommy?
- Tommy Winslow.
- No. Tom Howard.
- ¿Y Winslow?
- No es nada.
- ¿Nada?
- ¿Puedo confiar en ti?
- No me cuentes tus secretos. No me interesa.

Tu conciencia culpable es siempre cansina como el aburrimiento...como cualquier conciencia culpable.

Sólo me quedé allí, eso es todo. Sólo...Sólo mirando cómo se lo tragaban los troncos. Y todo lo que pude pensar cuando terminó, fue, yo... Me vendría bien un cigarrillo. Eso es todo.

- ¡No me dejes!
- ¡Loco hijo de perra! ¡Destrozaste el bote salvavidas!

- ¡Estás abandonando tu puesto!
- ¿Qué vas a hacer? ¿Mandar a buscar a las autoridades del faro?
- ¡Claro, digo yo! Lo reportaré, traeré al inspector...
- ¡Te denunciaré! ¡Sé lo que has hecho!
- ¿Quién reportará a quién? ¿Ephraim Winslow? ¿O Thomas Howard?
- Sé lo que has hecho. Mataste a tu segundo. Tu joven tuerto. Lo encontré. En la olla de la langosta. ¿Dijiste que se volvió loco? ¡Lo volviste loco con ese amuleto! Esa baratija tallada en marfil.Pero ya lo rompí, ves. ¿Ves? Ahora soy libre. ¡Soy libre de tus designios! Y lo tengo todo resuelto, excepto por el mal secreto que guardas... ¡Allí arriba!
- Jesús, María y José, Tommy. Anoche hiciste una confesión, que podría ser un juramento de Santidad. Yo no tengo nada que confesar, pero tú, el derramando tus alubias, mira lo que te ha hecho. ¡Te ha vuelto loco! Y supe que estabas loco, cuando destrozaste ese bote salvavidas hace un rato, persiguiéndome con una hacha, tratando de matar al viejo Tom. ¿No confías en mí, Tommy? Mejor pásame el cuchillo de la cena que te metiste en el bolsillo. No estás a salvo con eso. Eres un buen chico. Son propiedad del Gobierno. Deducidos de tu paga. Mira cómo tiemblas. Estás tan loco, que ya no sabes ni lo que es arriba, ni lo que es abajo. ¿Cuánto tiempo hemos estado en esta Isla? ¿Cinco semanas? ¿Dos días? ¿Dónde estamos? Ayúdame a recordar, ¿quién eres tú otra vez, Tommy?Probablemente soy un producto de tu imaginación. Esta Isla es un producto de tu imaginación, también. Probablemente estás vagando por una arboleda de alisos, al Norte en Canadá, como un maníaco congelado hablando contigo mismo, hasta las rodillas en nieve.

- Estoy cansado de tus malditos cuentos tontos...y tu mierda a lo Capitán Ahab. Suenas como una maldita parodia. Dando órdenes y regañando como una madre solterona de escuela, y todo el clima ha vuelto a esta estación, el agujero de ron del Diablo.
- Haces el ridículo.
- Bueno, es todo una mierda, tu pierna, y tu vida marina, ¡todo ello! Y si escucho una palabra más de mierda, saliendo de tu asqueroso y podrido diente, en esa boca apestosa...
- Sí...
- ¡Cállate, maldita sea! ¡Aún no he terminado! ¿Crees que eres tan condenadamente alto y poderoso sólo porque eres un maldito farero? ¡Bueno, no eres Capitán de ningún barco y nunca lo fuiste! No eres un General, no eres un Policía, ¡no eres el Presidente, y no eres mi papá! ¡Y estoy harto de que actúes como si lo fueras! Estoy harto de tus risas, tus ronquidos, y tus malditos pedos. Tus malditos...¡Malditos sean tus pedos! Hueles a pis, hueles a semen, como a verga podrida, como a prepucio cuajado, como si cebollas tibias se hubieran cogido a un cagadero de granja. Y estoy harto de tu olor. ¡Estoy harto! Estoy harto, maldito borracho. ¡Maldito, sin rendir cuentas, hijo de perra, bastardo mentiroso! ¡Eso es lo que eres! Eres un maldito, borracho, que caga como los caballos, enano, mentiroso de mierda. ¡Mentiroso!
- Tienes una habilidad con las palabras, Tommy.

- Quedas relevado de tus obligaciones.
- No hace falta que me lo digas, viejo amigo. El asistente se durmió hasta tarde. Trabajo por debajo del estándar. Actitud hostil. Asistente se desapareció. Entregado al habitual auto-abuso en el cobertizo de suministros. ¡Borracho en servicio! ¡Asalto! ¡Robo! Recomiendo la indemnización sin pago. ¿Indemnización sin pago? ¿Estás tratando de arruinarme? Soy muy trabajador. Lo soy. Trabajo tan duro como cualquier hombre.
- Mientes, Thomas.
- ¡Detente!
- Te mientes a ti mismo, pero no tienes el coraje para verlo.
- Por favor... Sólo déjame entrar en el faro, viejo. He aprendido mucho de ti. Sólo déjame mostrarte. Otra oportunidad. Perdonar y olvidar, digo. Sólo déjame entrar en esa linterna, eso es todo. No me hagas rogar...O te rogaré. Suplicaré, si eso es lo que quieres. Te rogaré. ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!

- Mírate, chico guapo, con ojos brillantes como una dama. Vienes a esta Isla jugando a ser duro. Me haces reír con tus falsas quejas. Finges tener algún misterio en tus silencios, pero no hay tal misterio. Eres un libro abierto. Una pintura, digo yo. Una actriz pintada gritando en los bordes, una mujerzuela que quiere ser condenada, por nada más que para nacer, llorando por la cuchara de plata de lo que debería haber sido. Ahora mira cómo lloras. ¡Bu! ¡Bu! ¿Qué vas a hacer? ¿Me matarás? ¿Lo harás? ¿Me matarás, como has hecho con esa gaviota?
- No lo hice...
- ¡Mentiroso! ¡Perro asesino! Fuiste tú quien atrajo al viento sobre nosotros. Fuiste tú quien nos condenó, perro. ¡Fuiste tú! ¿Me harás lo que deseabas hacerle al viejo Winslow? ¿Me sobrepasarás entonces? ¡Porque Winslow tenía razón! Thomas, ¡si eres un perro! ¡Un perro asqueroso! ¡Un perro!

- ¿Quieres ver lo que hay en la linterna? También lo quiso mi último asistente.
- ¡Cállate, viejo perro!
- A pulir latones. O las formas proteanas que nadan desde la mente de los hombres, y se funden en el caliente saqueo prometeico, con ojos ardientes, con vergüenza y horror divinos... Y son arrojados ante Davy Jones. Los otros, todavía están ciegos, sin embargo, en él ver, todas las gracias divinas y a Fiddler's Green serán enviados, donde no se permite a ningún hombre sufrir o codiciar, pero es...Antiguo...Múltiple e invariable, como la sombra que da la vuelta al mundo. Es la verdad. Serás castigado. ¡El faro me pertenece! Si la muerte palidece con un terror agudo, haz de las cuevas del océano nuestro lecho, y que Dios quien oye a las olas golpear, se digne a salvar a nuestra alma suplicante...