Frases de la película El chofer y la señora Daisy

Frases de la película dirigida por Bruce Beresford, estrenada en 1989, también conocida como Driving Miss Daisy, Conduciendo a Miss Daisy y Paseando a Miss Daisy.

- El Lassale que me quitaste nunca se hubiera comportado así.
- Los autos no se comportan. Obedecen tu comportamiento. Tú sola demoliste ese Chrysler.
- Di lo que quieras. Yo sé la verdad.
- La verdad es que le costaste $2,700 a la aseguradora. Eres un riesgo espantoso. Nadie te va a vender una póliza.
- Lo dices nada más por antipático.
- Está bien. ¡Tienes razón! ¡Estoy inventándolo todo! ¡Mira allá afuera! Ahí están todas las compañías de seguros agitando sus plumas para que firmes.

No sabía que tenía que llamar con 2 horas de anticipación. ¿Cómo pueden decir que son una compañía de taxis si no mandan taxis?

- Disculpe, señor. Ustedes son judíos, ¿verdad?
- Así es. ¿Por qué? Prefiero que mis jefes sean judíos. Conozco a gente que dice que son avaros. ¡Pero que no lo digan cerca de mí!
- Me alegro que pienses así. ¿Tu último trabajo?
- Fui empleado del Juez Harold Stone, un caballero judío.
- ¿Del Juez Stone?
- Por 7 años. Y seguiría con él si no se le hubiera ocurrido morirse.

- Ya ha perdido un poco sus facultades. Eso le pasa a la gente de edad.
- ¡No, ella está entera! ¡Demasiado entera, ese es el problema!

No quisiera estar en tus zapatos aunque el Señor Jesús bajara y me lo pidiera en persona.

Escúchame bien. ¡A menos que hayan cambiado la Constitución, yo tengo derechos!

- ¡Con Idella es distinto! Lleva años ayudándome. Ni ella me estorba a mí ni yo a ella. Aún así, mi vajilla de boda está desportillada.
- ¿Crees que Idella se esté vengando de tu vajilla de boda?

- Hay un pedazo de tierra desaprovechado allá, detrás del garaje. Podría plantar tomates...
- Si quisiera un jardín de verduras, lo plantaría yo.

- Me encantan las casas llenas de fotos, Sra. Daisy. Le dan un sabor de hogar.
- No quiero que andes curioseando entre mis cosas.

- Buenos días, Sra. Daisy. Hizo mucho frío en la noche.
- No sé. Yo estaba dormida.

- ¡Créeme, yo sé lo que vale un centavo! Un día mi hermano llevó un gato a la casa. ¡Lo echamos porque no había dinero para darle de comer! ¡Mi hermana ahorró dinero para que yo estudiara! ¡No teníamos nada!
- ¡Pero ahora no le va mal!

- ¡Vete! ¡Ya me he subido muchas veces al tranvía con víveres!
- Pero yo ya no puedo seguir aceptando dinero por no hacer nada.
- ¿Cuánto ganas?
- Sra. Daisy, eso es entre su hijo y yo.
- ¡Cualquier cifra arriba de $7 a la semana es un robo descarado!
- ¡Tiene toda la razón del mundo!
- Sobre todo porque no hago nada más que sentarme todo el día.

- Entre más despacio vas, más gasolina ahorras. ¡Mi esposo me enseñó eso!
- Casi ni nos estamos moviendo. Mejor vámonos caminando a la tienda.
- ¿Es tuyo este auto? ¿Pagas tú la gasolina?
- No.
- ¡Entonces, ya sabes! ¡Mi hijo dirá que ya no soy la de antes pero yo sigo controlando lo que pasa dentro de mi auto!

Sí, señor. Tenía Ud. toda la razón. Sólo me llevó 6 días. El mismo tiempo que le llevó a Dios hacer el mundo.

- ¿Cómo te trata la señora?
- Les voy a decir una cosa. La señora sabe hacer buenos berrinches.

- Sra. Daisy, si algún día llegara yo a tener lo que Ud. tiene caray, lo blandiría en alto para que todo el mundo lo viera.
- ¡Qué vulgar! ¡No me hables!
- Nunca entenderé a algunos blancos.
- ¿Qué fue eso? ¡Te oí!
- Mire, Sra. Daisy Ud. necesita un chofer y yo necesito un trabajo. Así es que, ¿por qué no lo dejamos ahí?

¡No me gusta! ¡No me gusta vivir sin privacía!

Lo correcto es que un miembro de la familia lo cuide a uno. A mí Boolie me va a tener en cuidado perpetuo antes de que me enfríe.

- No sé leer, Sra. Daisy.
- Siempre estás mirando el periódico.
- ¡Pues sí, exactamente! ¡Lo único que hago es mirarlo! Trato de enterarme de lo que está pasando viendo las fotos.
- ¿Te sabes las letras?
- Sí, el abecedario me lo sé. Lo único es que no sé leer.
- ¡No digas eso! ¡Me estás haciendo enojar! Si te sabes las letras, sabes leer. Nada más no sabes que sabes.

Todos le están alegrando la Navidad a la compañía de luz.

Si su abuelo, el viejo Frietag, pudiera ver esto apuesto a que saltaría de su tumba y le arrancaría el cabello.

- El aire acondicionado ¿lo revisaste, como te dije?
- Revisé el aire acondicionado. Aunque no sé para qué. ¡Nunca me deja ponerlo!

- ¿Le conté de la primera vez que salí de Georgia?
- ¿Cuándo fue eso?
- ¡Hace unos minutos!

- ¡Idella sí que sabe rellenar huevos!
- ¡Tú sabes rellenarte la panza!

- Estaba pensando en la primera vez que fui a Mobile. Iba a ser la boda de Walter. 1888.
- ¡1888! Ha de haber sido Ud. una niñita.
- Tenía 12 años. Nos fuimos en el tren. Yo estaba muy emocionada. Nunca había estado en una boda. Nunca había visto el mar. Papá dijo que era el Golfo de México, no el mar. A mí me dio igual. Le pregunté a mi papá si podía meter la mano en el agua. Y se rió por lo tímida que era yo. Y luego probé el agua salada que me quedó en los dedos. ¿Cómo me voy acordando de una cosa tan tonta?
- De esas cosas se acuerda la gente.

Un negro viejo y una vieja judía viajando juntos por la carretera. Qué triste espectáculo.

Yo no soy un niño, Sra. Daisy. Y tampoco soy una nuca que Ud. ve mientras viaja. Soy un hombre. Tengo casi 70 años. Y sé cuando tengo llena la vejiga.

¿Alguna vez se han peleado por Ud.? Se siente muy bien.

- El pollo está demasiado junto y el fuego está demasiado fuerte.
- No te metas.
- Es su pollo.

No ha habido buen café por aquí desde que Idella se nos fue. Yo puedo hacer sus bizcochos. Los dos podemos hacer su pollo frito. Pero nadie puede hacer su café.

- ¿Hola? Me equivoqué de número. Mamá esta hablando con cariño de Hoke.
- No dije que le tengo cariño. ¡Dije que era habilidoso!

...puede ver que el Sur tiene un potencial maravilloso. Pero a pesar de tanta riqueza la segregación
ha hecho que el Sur esté más atrasado, social y económicamente, que el resto del país. Sin embargo, en el Sur blanco hay millones de personas buenas cuyas voces no han sido escuchadas... cuyo derrotero aún no está claro y cuyos valientes actos aún no se han manifestado. A esos millones se les pide que se armen de coraje, que hablen, que ofrezcan el liderazgo que hace falta. La historia tendrá que asentar que la mayor tragedia de este período de transición no fueron las palabras mordaces y la violencia de la gente mala sino el desolador silencio y la indiferencia de la gente buena. Y nuestra generación se arrepentirá no sólo de las acciones de los hijos de la oscuridad sino también de los miedos y la apatía de los hijos de la luz.

- Soy un problema, y no quiero ser un problema para nadie.
- ¿Quiere ponerse a llorar? La voy a llevar al asilo estatal a que vea lo que hay ahí.

- Tú ya no deberías de conducir,con la vista que tienes.
- ¿Cómo sabe Ud. que no veo si no puede ver a través de mis ojos?
- Eres mi mejor amigo.
-Por favor, Sra. Daisy.
- No, de veras. Lo eres. Lo eres.

- Hoke me vino a ver a mí, no a ti.
- Nos tocó uno de sus días buenos.

- ¿Te sigue pagando Boolie?
- Cada semana.
- ¿Cuánto?
- Eso es entre él y yo.
- ¡Es un robo descarado!
- Ya lo creo. Ya lo creo.
- ¿Cómo estás?
- Me defiendo.
- Yo también.
- Bueno, pues entonces dejemos ahí el asunto. Mire nada más. No se comió su pastel de Día de Gracias. Cómaselo. A ver, déjeme ayudarle. ¿Está bueno? Aquí viene un poco más.

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