Frases de la película Downton Abbey

Dirección: Michael Engler.
Actuación: Maggie Smith, Matthew Goode, Michelle Dockery.
Género: Drama, Romance.
Estreno: 2019.

- Los reyes vienen a quedarse.
- ¿Qué? ¿Durante su visita a Yorkshire?
- Así es. Sólo por una noche.

- Estoy de acuerdo con el señor Branson. A mí tampoco me gusta la realeza. Supongo que eso me hace una republicana también.
- ¿A los ingleses se nos permite serlo?

- Ojalá supiera si desean comida sencilla o elegante. No creo que quieran comida sencilla. A esa gente le gusta todo con espuma y salsas, como la velouté, y bañado en nata.
- ¿"Esa gente"? ¡Es el Rey de Inglaterra! Sólo hay uno en todo el mundo.

- Daisy, saca los soufflés del horno mientras busco mis lentes.
- Este país necesita una reforma.
- Deberías postularte al Parlamento. ¿Por qué no? Lo ha hecho Lady Astor.
- Así que, ¿una cocinera común de Yorkshire está destinada a seguir sus pasos?
- Bueno, hay que tener grandes sueños. ¿Tú tienes grandes sueños, Andy? No te he ofendido, ¿o sí?
- ¿Por qué lo dices?
- Bueno, para empezar ya no hablas de la boda. Nos casaremos cuando estemos listos, no antes.
- Verás, yo sí estoy listo.

- Construyen el estrado que usará la reina durante el desfile.
- Qué emocionante.
- Me parece un despilfarro.
- Y aquí vamos. Pero, ¿no es para eso que existe la monarquía? ¿Para alegrar las vidas de la nación con majestuosidad y glamour?
- Como dijo Tennyson "Un corazón bondadoso vale más que las coronas y la fe sencilla vale más que la sangre normanda."

- Bueno, ¿qué nos ibas a contar de Lady Bagshaw? ¿Es una prima lejana?
- No, su padre era mi tío abuelo.
- ¿Y por qué nunca había oído hablar de ella?
- Porque ella decidió cortar toda relación con la familia.
- ¿Sabes por qué?
- Tal vez. Bueno, creo que quiere privarle a tu padre de su legítima herencia. No tiene hijos. Tu padre es su pariente más cercano.
- No permitiré que la molesten con eso.
- Estás tramando algo. Veo esa mirada maquiavélica que tienes.
- Maquiavelo es a menudo infravalorado. Tenía muchos atributos.
- Calígula también, pero no eran todos encantadores.
- ¿Qué estás tramando, abuela?
- Bueno, idealmente, que Maud vea a tu padre como el hijo que nunca tuvo.
- ¿Y ella será la madre que yo nunca tuve?
- El sarcasmo es la forma más baja de humor.

- ¿Usted es el señor Branson el yerno de Lord Grantham?
- Lo soy.
- Según los periódicos, los reyes se quedarán en Downton Abbey durante su visita a Yorkshire.
- Bueno, si lo dicen los periódicos, tiene que ser verdad.
- Sí. Es un gran honor. Aunque, como irlandés, quizás lo vea de otra forma.
- Sé cuando alguien aprecia a mis suegros.
- Bueno, tengo entendido de que habrá un desfile militar. ¿Y qué opina usted de eso?
- ¿Cómo que qué opino?
- Es que no dijo si apoya a los reyes.
- Apoyo a Lord Grantham.

El mayordomo real asusta. Barrow parecía un conejo frente a una cobra.

- Volveré al Castillo Raby y después a Downton antes de que lleguen Sus Majestades el jueves. Pero el gentilhombre del rey, el señor Ellis y la doncella de la reina, la señora Lawton se quedarán aquí, si les viene bien.
- O pueden quedarse en el pueblo.
- No, les preparemos habitaciones.
- Luego, monsieur Courbet, el cocinero...
- Disculpe señor Courbet, ¿el cocinero?
- Eso es. Les agradeceríamos mucho que prepararan las cocinas.
- Y, ¿qué debo comprar?
- Nada. Él lo traerá todo.
- ¿Y nosotros no vamos a cocinar nada?
- Pueden cocinar para los sirvientes. Monsieur Courbet no tendrá tiempo para eso.
- De acuerdo.
- Sí, claro. Es lo que hemos estado esperando.
- Cálmese, señora Patmore. Si así se hacen las cosas...
- La señora Webb y cuatro asistentes llegarán el día previo con monsieur Courbet.
- ¿Y quién es esta señora Webb?
- El ama de llaves. Y vendrá con dos doncellas.
- ¿Ama de llaves?
- Sólo mientras estén aquí Sus Majestades.
- ¿Y las mucamas?
- Harán las camas limpiarán los baños ese tipo de cosas.
- De acuerdo. Entonces, ¿mis doncellas y yo no nos involucraremos en los preparativos? Es decir, durante la visita usted será el mayordomo, y...
- Disculpe. No soy un mayordomo. Soy el aposentador de camino del rey.
- Entonces, ¿nuestro personal no tendrá nada que hacer?
- De seguro pueden ser útiles.

- Señor Barrow, ¿no tiene que hablar con Su Señoría?
- ¿De qué?
- Pues, no es justo que nos humillen de esta manera.
- Bueno, ¿y qué podría hacer él al respecto?
- ¿Siempre tratan con desprecio al personal cada vez que vienen de visita los reyes? ¿Por qué vienen con tantos sirvientes?
- Tal vez porque van de casa en casa por todo el condado y quieren asegurarse de que las cosas se hagan a su manera.
- Como si no fuéramos capaces.
- No somos una alfombra, señor Bates. No merecemos que nos pisoteen así.

- Carson volverá a la casa durante la visita real.
- ¿Cómo? ¿Volverá como el mayordomo a pesar de que yo soy el mayordomo?
- Sí, eso es...
- ¿Y desde cuándo tenía planeado esto, milord?
- Bueno, no es que...
- Porque no entiendo bien dónde quedo yo.
- Bueno, puedes temporalmente...
- Con su permiso, prefiero no hacer nada "temporalmente", milord. Voy a ceder mi puesto durante la visita, si me lo permite y si quiere, volveré a servirle cuando se vayan Sus Majestades.

- Me llena de orgullo y no me importa decírselo. Habré alimentado al rey emperador de mi propia tienda. Ojalá estuviera vivo mi padre. Estaría muy orgulloso de mí. De verdad.
- Bueno, seguro que estaría orgulloso de usted de todas formas, señor Bakewell.
- No, no, así de orgulloso, no. Esta es la cima de mi carrera. Bueno, la cima de mi vida, en realidad.

- La princesa Mary siempre me parece triste.
- Bueno, es de la realeza. Las mujeres de la realeza no sonríen como el Gato de Cheshire.
- Pues, no deben lucir infelices.
- Bueno, a ti te parece infeliz. A mí me parece distinguida.

- Estas jarras pesan muchísimo. ¿Qué se hacía en los viejos tiempos?
- Bueno, quizás la gente era más fuerte aquel entonces.
- Quizás esperaban menos de la vida.
- Bueno, yo espero mucho de la vida.
- Yo también. Y pretendo aprovecharla.

- ¿Te quedas para cenar, mamá? Será un buffet.
- No me he arreglado.
- Nosotras tampoco. Sólo necesitas quitarte el sombrero.
- Lo dices como si fuera fácil.

- Quisiera recordarle que he estado a cargo de Downton durante muchos años.
- Señor Carson, usted es un sirviente jubilado de una casa provincial menor de una familia no distinguida. Su historia no me interesa en absoluto. Ahora, si me disculpa...
- Entonces, ¿qué le gustaría que haga? Quiero que se busque un buen libro y que lo lea hasta que nos hayamos ido.

- Pobrecilla Mary. ¿Hemos dejado demasiado a su cargo?
- Sí, tienes razón. Vamos. Deberíamos darle una mano.
- Pero no pueden salir con este clima.
- Claro que sí. Buenas noches, mamá. Acuérdate de rezar por nosotros, sobre todo, por un mejor clima. Sí, se lo diré.
- Pero, claro la pequeña Mary podría clavar una estaca con los dientes.
- ¿De quién habrá sacado eso?
- Siempre me sorprende cuando me alabas.
- Y a mí me sorprende que digas que lo hice.

- Llegó el día y el clima demuestra de forma concluyente que Dios es monárquico.
- ¿Quién podría dudarlo, milady?

- Me sorprende que pensaran que asesinaría a alguien de la realeza.
- Yo no. Fueron ellos.
- Síganos a la comisaría.
- ¿Por qué no lo dijiste?
- Pensé que a él sólo le interesaba yo así que no te quería meter en esto. Supuse que me dejaría en paz si contestaba a sus preguntas y salía a tomar algo con él. Pero anoche en el bar me di cuenta de que quería usarme para acercarse al rey.

- ¿Usted trabaja en la casa?
- No precisamente. Me dedico a vender autos y a administrar la finca. Lord Grantham es mi suegro.
- Discúlpeme, señor.
- No, por favor, déjeme explicarle. Empecé como chófer. Debe ser el esposo de Lady Sybil.
- Lo soy.
- Lady Bagshaw y yo supimos la historia. Nos entristeció cuando murió. ¿Hace cuánto tiempo fue?
- Siete años, casi.
- Dios. Lo siento. Supongo que aún le duele.
- No en ese sentido. Ya no duele, pero el recuerdo sigue ahí.
- ¿Le puedo hacer una pregunta?
- Por supuesto.
- ¿Fue muy difícil venir aquí? ¿Unirse a esta familia?
- Muy difícil. Entre mi viejo mundo y el nuevo a veces no sabía quién era.
- ¿Pero ahora sí lo sabe?
- Sí, creo que sí.
Aprendí a aceptarlo.
¿Por qué pregunta?
Por curiosidad.

- ¿Le gustó el desfile?
- Me temo que me lo perdí por completo. Me distraje.
- Qué pena.
- Bueno, para ser honesto no soy muy monárquico. Aunque probablemente no debería decirlo en voz alta. Y mucho menos a una desconocida.
- Me parece extraño, ya que los Crawley morirían por la Corona, si tuvieran que hacerlo.
- Se puede querer a la gente con la que no se está de acuerdo.
- ¿Y los quiere?
- Es gente decente en el fondo.
- Uno puede ser decente en el fondo pero muy difícil para convivir.
- Cuánta razón. Los Crawley son tontos también, y a veces elitistas. Y no me gustan nada sus políticas pero he aprendido a ser feliz a pesar de ellas. Y además es la familia de mi hija.
- ¿Y ella vive aquí?
- Una vez casi la alejo. Pero ahora pertenece aquí.
- He pasado una gran parte de mi vida sin pertenecer a ninguna parte. Así que eso es importante para mí. Supongo que, al final, es una cuestión de qué es importante para usted, ¿verdad?
- Me ha dado mucho en qué pensar, señor Branson.
- Cosas buenas, espero.

- No se lo iba a decir a nadie, pero... Es posible que esté embarazada.
- Querida. Es maravilloso. Magnífico. Mi corazón está a punto de estallar.
- Eso es exactamente lo que no quiero. Podría salir mal fácilmente.
- Pero si no sale mal...
- Entonces daré a luz justo antes de que salgas para tu viaje de tres meses por las colonias.
- ¿Por qué no me lo dijiste cuando lo mencioné por primera vez?
- Aceptaste antes de poder decírtelo.
- Los secretos siempre complican las cosas.
- Sí, claro, ahora es culpa mía.
- Le diré al rey que no puedo ir.

- De eso quería hablarle. Más tarde, cuando suba con Lady Hexham quiero que venga conmigo para tomar las medidas de un vestido y lo cosa durante la noche para que esté listo antes de que usted se vaya mañana.
- ¿Por qué demonios haría eso?
- El cofre y el cupido del salón. El abrecartas de la biblioteca. El adorno de cristal de Lady Hexham.
- No me llevé el adorno.
- Entonces, se debe haber roto, como ella dijo. Pero usted se llevó algo de esa habitación. ¿Qué fue?
- Un estuche de parches del tocador.
- Me gustaría que me lo devolviera todo, por favor.
- No puedo hacer un vestido en una sola noche. ¿Cuándo dormiré?
- Mañana cuando llegue a Harewood. Y no crea que no lo diré: "La modista de la reina es una ladrona." Será noticia desde aquí hasta Perú.

- Tom, te ves muy contento.
- Estaba elogiando a la doncella de Lady Bagshaw.
- ¿Y cómo se las ingenió para conocerte?
- No se ingenió nada. Nos conocimos por casualidad.
- Qué simplones son los hombres.

- Qué rica está la comida. Pensé que iban a preparar otra cosa. Pero esto está excelente. Así que hay que felicitar a Courbet.
- Sí.
- Sí, está muy rico.
- No lo preparó el señor Courbet, Su Majestad. Fue la señora Patmore. De hecho, esta noche les está sirviendo el personal de Downton Abbey.

- Muy bien. Vamos al grano. Robert es mi pariente más cercano por parte de mi padre.
- Lo es.
- Pero no será mi heredero. Y ya está.
- ¿Y quién lo será? ¿Nos lo puedes decir?
- Lucy Smith, mi doncella.
- ¿Qué? ¿Estás loca?
- No. Y sé lo que estoy haciendo.
- Al contrario, estás totalmente loca. Te deberían meter en un manicomio.
- Típico de ti, si alguien se te opone lo atacas con tu sable.
- La señorita Smith tiene suerte de que yo no tenga un sable. Entonces, ¿esa es tu decisión?
- Lucy me cuida desde hace muchos años. Me gustaría mostrar mi gratitud.
- ¿Dejándole la casa familiar? ¿El patrimonio familiar? Te vendría bien una camisa de fuerza. Tratar a tu doncella como si fuera una pariente consanguínea va completamente en contra de la costumbre inglesa. Vaya tontería.
- Por favor, no hay necesidad de discutir.
- Yo nunca discuto. Explico.
- Acéptalo, Violet, viviré más que tú así que no tienes que preocuparte por esto. Y ahora... debo volver a Su Majestad.

- Lady Bagshaw ¿podemos hablar a solas antes de llamar a su doncella? ¿Sabe Lucy que usted es su madre?
- Sí, lo sabe. Durante años le dije que yo era su madrina pero le dije la verdad cuando cumplió 18 años. ¿Cuántos años tenía ella cuando murió Jack?
- Seis. Hasta entonces vivía con Jack y su madre. Pero la acogí en mi casa y empezó a asistir al colegio en el pueblo hasta que se convirtió en mi doncella.
- De haber estado a su cuidado la gente se habría dado cuenta.
- Exacto. ¿Quién se fija en una sirvienta? La tenía escondida a plena vista.
- ¿Amaba usted a Jack Smith?
- Todos merecemos conocer el amor verdadero al menos una vez en la vida. Jack era el mío. Mi marido era muy soso, ¿sabe? No era un mal hombre, pero tampoco era inteligente. Y cuando murió, Jack vino a verme y empezó lo nuestro.
- Qué audaces.
- Sé que parece imprudente pero tenía 39 años cuando quedé embarazada. Pensé que era estéril. Por supuesto, sabía que no se lo podía decir a mi padre, así que me fui a Estados Unidos.
- Les debe haber parecido una locura.
- Y no tenían ni idea de la locura que realmente era.
- ¿Fue feliz con Jack?
- Mucho. Estuvimos diez años juntos antes de que muriera. Me habría casado con él si hubiera tenido el valor para hacerlo. Yo era débil. Pero usted nunca conoció a mi padre.
- Supongo que el servicio real le hizo guardar el secreto.
- Sí. En cierto modo. Pero la verdad es que yo era cobarde. Ahora, al nombrar a Lucy mi heredera podré dar el primer paso.
- Tiene que decírselo a Violet enseguida.
- No podría.
- Se equivoca. En cuanto ella sepa la verdad, entenderá sus planes y dejará de pelear.

- ¿Qué pasó con el personal real?
- Es una historia muy larga, milady. Pero tiene razón. Nos divertimos mucho.
- Pues, me alegro de que les haya ido bien a todos. Pero creo que no podría hacerlo otra vez.
- No hemos terminado aún. Todavía nos queda el baile en Harewood.
- Sí, pero no será culpa nuestra si algo sale mal ahí.
- Esa no es una actitud muy optimista.
- Estos últimos días me han hecho pensar. ¿Deberíamos seguir así? Ya estamos manteniendo la casa con muy poco personal y dentro de poco la mitad de ellos se irán.
- ¿Qué quiere decir, milady?
- ¿No te parece el momento de tirar la toalla? Muchos lo han hecho.
- Quiere decir... ¿abandonar Downton?
- Podríamos venderlo para convertirlo en escuela o una casa de ancianos o algo así. Podríamos comprar una casa señorial con un patrimonio más modesto y vivir una vida normal.
- ¿Es eso lo que quiere?
- Quiero que todo deje de ser una lucha. ¿Se quedará el personal? ¿Nos pagarán las granjas? ¿Qué vamos a hacer con el tejado? Cuando estaba colocando las sillas bajo la lluvia pensaba, "¿Qué estoy haciendo?"
- Yo le digo lo que hace, milady. Está creando un centro para la gente que trabaja aquí. Para este pueblo. Para este condado. Downton Abbey es el corazón de esta comunidad y sigue latiendo gracias a usted. Entonces, ¿crees que deberíamos seguir luchando?
- Mientras corra sangre en sus venas.

- Señorita Smith. ¿Ya está tranquila su señora?
- Está más nerviosa que tranquila. Y yo tenía razón. Hubo una discusión... sobre mí.
- Supe por Lord Grantham que ella planea mejorar su vida. Me dijo que Lady Grantham estaba indignada.
- Me imagino.
- ¿Tiene derecho a su buena suerte? ¿Sabe por qué lo va a hacer?
- Sí. Y me parece justo.
- Que la salud le acompañe y se sirva de la ventura.
- Tengo la sensación de que usted entiende muy bien lo que tengo en la cabeza incluso cuando nadie más podría entenderlo. Extrañaré nuestras conversaciones.
- ¿Le gustaría escribirme? Siempre podría consolarla.
- ¿Puedo? ¿De verdad?
- Me haría ilusión y me sentiría halagado si lo hiciera.
- Creo que es hora de despedirnos, señor Branson.
- Buenas noches, señorita Smith.

- Debo confesar una cosa, Daisy. Fui yo el que rompió la bomba. No sé por qué lo hice. Fue un ataque de celos.
- ¿Por qué?
- Porque coqueteabas con el plomero. Enfurecí. Y cuando me di cuenta de que él había vuelto por mi culpa, casi me volví loco.
- No estaba coqueteando con él. Me agradó, pero no había más que eso.
- Bueno, ahora me siento tonto.
- Intentaste sabotear la visita del Rey de Inglaterra. Corriste el riesgo de ser despedido de acabar arruinado ¿sólo por mi amor?
- Mis sentimientos se apoderaron de mí. No sé qué más decir. ¿Me perdonas? ¿Que si te perdono?
- Andy, yo también lo habría hecho si hubiera tenido el descaro. ¿No ves lo que significa esto?
- Tú y yo somos iguales. Apasionados por lo que realmente importa. Pensé que eras fácil de satisfacer pero ahora veo que no eres así. Así que juntos podemos luchar por un mundo mejor.

- No sé si te he agradecido lo suficiente por lo que hiciste.
- Los hombres como nosotros tenemos que apoyarnos.
- Ese es el problema. No conozco a nadie como yo. Nunca he hablado con alguien como yo.
- Bueno, estamos hablando ahora. Y se siente bien. Sólo somos dos tipos conversando sin intentar encajar por una vez.
- Bueno, todos tenemos que hacer lo que debemos para sobrevivir. Pero sí. Se siente bien charlar como dos tipos normales.
- ¿Crees que algún día la gente verá las cosas de nuestra manera?
- No lo sé. Hace 50 años, ¿quién hubiera pensado que el hombre podría volar?

- Aquí están las cosas que quería.
- ¿Por qué lo hace, señora Lawton?
- ¿Nunca le molesta que en cada mesa de esta casa haya un adorno que no podría comprar ni con un año de salario?
- ¿Y cuál es su razonamiento? ¿Ya que usted no puede tenerlo nadie debería?
- No. Mi razonamiento es, ¿por qué no puedo tenerlos yo? ¿Aunque sean algunos? No se preocupe, esta gente no extrañará lo que me llevo. Dudo que uno de cada 100 siquiera se dé cuenta cuando desaparecen las cosas.
- Pero no son suyas, señora Lawton. Y nunca lo serán.
- Si yo fuera usted, dejaría de hacerlo. ¿No ha pensado que, si desaparecen cosas de todas las casas donde se queda la reina, la gente va a pensar que ella es una ladrona?

- ¿Qué pasa, querida? ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
- A juzgar por lo de anoche, lo dudo.
- Quisiera ser dueña de mi propia vida. Poder decir y hacer lo que quiera.
- ¿No lo haces ahora?
- No. Paso mi tiempo entreteniendo a personas que me aburren hasta el hartazgo sólo porque se les permite sentarse a nuestra mesa. Asisto a comités que no elegí sino que me eligieron. Tenía un trabajo que amaba, pero ya no. Y ahora mi marido no estará conmigo cuando dé a luz. Hasta una sirvienta tiene derecho a eso pero yo no.

- Pero, ¿cómo vas a lidiar con Henry?
- Cambiando la manera en que nos tratamos. Y puede que no sea fácil pero he decidido quedarme con él.
- No entiendo por qué has cambiado de idea.
- Por algo que me dijo el señor Branson sobre decidir lo que realmente importa. Y para mí la Corona es más importante que cualquiera de nosotros.
Puedo hacer que funcione.
- ¿Branson? ¿El republicano irlandés?
- Vaya, estás bien informado.
- Estoy más informado de lo que crees. Entonces, ¿él te convenció?
- Bueno, es que hablamos después del desfile y... Ahí está. Di algo agradable. Por favor.
- Señor Branson. Ojalá hubiéramos conversado más en Downton Abbey.
- ¿En verdad, señor?
- Ciertamente. Me parece que tengo más de un motivo para agradecerle. Más de uno.

- ¿Por qué no lo dijiste antes?
- Pensé que te parecería muy escandaloso.
- Pues, ¿quién crees que soy? ¿Una tía soltera que nunca ha salido del pueblo?
- Obviamente, no. Pues, no creas que lo apruebo, porque no es así. Pero ahora por lo menos lo entiendo. ¿Y la señorita Smith sabe la verdad?
- Sí, la sabe. Cuando vuelva a casa, contrataré a otra doncella y Lucy será mi compañera.
- Eso es mucho más apropiado.
- Y me temo que no te va a gustar pero ella y Tom Branson van a escribirse.
- ¿Que no me gusta? Yo misma lameré las estampillas.
- Eres increíble, Violet. Pero sabes que no has ganado, ¿verdad?
- No creo en la derrota. Pero podemos llegar a un acuerdo cuando tú y Lucy vuelvan a quedarse aquí cuando haya terminado tu deber.
- ¿Quieres decir que soy otra vez miembro de esta familia?
- Ella tiene razón, ¿sabes? Hemos perdido Brompton. Y tienes que aprender a vivir con eso.
- Creo que podemos recuperarlo. Para Tom, por lo menos.
- Por eso necesitamos que la chica vuelva.
- Violet. Después de todos estos años, sigues asombrándome.
- Qué bien. Me alegra ser una revelación y no una desilusión.

- ¿Cuándo ibas a decirnos la verdadera razón por la que fuiste a Londres el miércoles?
- Ya que preguntas, no lo había decidido. Bueno, si te lo digo ahora ¿prometes mantenerlo en secreto?
- Lo prometo. Muy bien. Pues hace unas semanas, me hicieron unos exámenes médicos y fui a Londres para que me dieron los resultados.
- ¿Sí?
- Y, bueno es posible que me quede poco tiempo de vida. No sucederá rápido. Pero, claro, es difícil que un médico de Londres sea preciso.
- Abuela.
- No. No, no. Mi querida, ahórrate las lágrimas para algo triste. No tienes por qué ponerte triste. He vivido una vida privilegiada e interesante y ahora es hora de que me despida. Voy a dejar a la familia y el lugar que atesoro en manos muy talentosas.
- Bueno, sé que papá...
- No, no. No, no me refiero a tu padre.
- Lo amo profundamente. Pero... me refería a ti. Tú eres el futuro de Downton.
- Pero tengo tantas dudas, abuela. ¿Hacemos bien en seguir viviendo así cuando el mundo del que surgió este estilo de vida se desvanece con cada día que pasa? ¿Tendrán George y Caroline esta misma vida? ¿La estamos viviendo ahora?
- No, no. Nuestros antepasados llevaron unas vidas distintas a las nuestras y nuestros descendientes también vivirán de una manera diferente pero Downton Abbey será una parte de todos nosotros.
- No será lo mismo sin ti.
- Claro que sí. Continuarás cuando yo me haya ido. Serás la anciana amenazadora que discipline a todos.
- Muchas gracias.
- Lo harás, querida. Y lo harás maravillosamente. Eres lo mejor de mí que perdurará.
- Abuela, te amo tanto.
- No, no, calla.
- Pero, ¿deberías estar aquí? ¿No estás agotada?
- Mary, no puedo pasar el resto de mi vida siendo bombardeada con "¿Cómo te sientes?" y "¿Estás bien?" Pues, no. Estaré bien hasta que ya no lo esté. Y ya está.

- Siempre estarás con nosotros, abuela. Mirándonos desde los retratos hablándonos desde cada libro, mientras la casa siga en pie.
- Parece muy agotador. Creo que preferiría descansar en paz.

- Cariño. ¿Qué querías decirme?
- Tenemos cosas en común. Los niños, los caballos, las carreras. Y debe haber más, si las buscamos.
- Quiero que seamos amigos.
- Bueno, ya veremos.
- No, querido. Debemos cambiar. Los dos.

- Me encantan nuestras aventuras.
- Pero es mejor cuando acaban.

- Tengo una pregunta para ti. No querrás dejar Downton y empezar una nueva vida en otro lugar, ¿o sí? Y dime la verdad.
- ¿Por qué preguntas?
- Sólo dime.
- ¿Dejar Downton? Creo que estamos obligados a quedarnos, ¿no?
- Sí.
- Sí, creo que así es.

- Bueno, se han ido y Downton sigue en pie.
- Elsie, dentro de 100 años Downton seguirá en pie. Y los Crawley estarán aquí. Te lo garantizo.
- Ya veremos, Charlie. Ya veremos.