Frases de la película Dogville

Frases de la película dirigida por Lars von Trier, estrenada en 2003

Los habitantes de Dogville eran buenos, gente honesta y les gustaba su pueblo.

El padre de Tom había sido doctor y ahora recibía una modesta pensión, así que no fue un gran desastre para Tom vagar sin hacer nada en particular.

Tom era escritor. Al menos según él. Su producción sobre el papel se había limitado de lejos a las palabras "grande" y "pequeño seguidas por el signo de interrogación pero sin embargo meticulosamente archivadas en uno de los muchos cajones de su escritorio.

Para posponer el momento en el cual debería ponerse a escribir en serio, Tom había propuesto una serie de reuniones para reforzar la moral con las cuales se sentía obligado a ayudar al pueblo.

¡Se suponía que Moses debe pasar hambre! Para estar alerta.

Y sí a alguien le resultaba difícil comprender a que se dedicaba, él simplemente respondía "minero". Aunque él no se abría paso a través de la roca, se abría paso a través de algo incluso más duro llamado, alma humana... ¡directo hasta donde esta brillaba!

Era un hecho que en casa de los Henson había otro horizonte. Un horizonte sólo tan atrayente como el de más allá del valle. Un horizonte delimitado por las deliciosas curvas de Liz Henson.

Tom se sentó en el banco de la vieja dama a pensar, para flotar en la sensación del peligro por un momento.

- Moses habría ladrado. Sospecha mucho de los extraños.
- Ese es el muy sabio Moses.

Habría podido guardarse su vulnerabilidad para si misma pero había elegido rendirse a él sin pensar.

- Sinceramente, Tom, lo has hecho otra vez. Nos has hecho venir aquí para escuchar un montón de tonterías. ¿Quién te crees que eres, algún tipo de filosofo?
- Observador, eso es lo que soy.
- Perezoso, diría yo.

Seguramente podemos ofrecerle dos semanas. Y si después de ese tiempo algún hombre grita "¡SE ACABÓ!"... prometo que seré feliz de enviarla a hacer las maletas.

Estas horribles figuritas dicen más de la gente de este pueblo que muchas palabras.

Si ésta es la ciudad que amas, entonces realmente tienes una manera extraña de mostrarla.

- Tienes dos semanas para lograr que te acepten.
- Lo haces parecer como si jugáramos un juego.
- Así es. Lo hacemos. ¿Salvar tu vida no vale un pequeño juego?

¿Una señora de la limpieza para una señora de la limpieza?

Después que unos pocos de los pequeños arbustos salvajes de grosellas hubieron pasado a mejor vida por el cuidado de Grace y sus aún inexpertas manos de alabastro las cosas empezaron a mejorar con la mala hierba y el pueblo.

Tom se sentía satisfecho.

Grace había estado colgando sobre el abismo y él la había devuelto al camino.
Le dio una leve sensación de dominio, nuevo para él en términos del sexo opuesto y sus sentimientos desencadenaron lo mejor en su incipiente amor.

Este pueblo esta podrido de un lado hasta el otro y no lo echaría de menos, si mañana se cayera por el barranco. No le veo ningún encanto, pero tú pareces verlo. Admite que te has enamorado de Dogville. Los árboles, las montañas, la gente simple. Y si esas cosas aun no te engañaron, apuesto que lo hizo la canela.
Esa maldita canela en esas tartas de grosella.

Ya no soy ese estúpido, descubrí que la gente es igual en todas partes. Codiciosos como animales. En un pueblo pequeño tienen un poco menos de éxito.
Aliméntalos lo suficiente y comerán hasta que sus barrigas exploten.

Las dos semanas han pasado rápidamente. Grace las disfrutó. Todo lo que podía decir es que se encariñó con todos, incluida la gente que la saludaban a regañadientes y hostilidad. Aún cuando pensaba que no se había ganado completamente a todos, ni siquiera a la mitad de ellos, como Tom escribió.
Se preocupada por Dogville y le había mostrado al pueblo su cara, su verdadera cara.

Grace sacó su paquete de debajo del escritorio, para ponerse su propia ropa, sólo para descubrir que alguien había estado allí y le dejó una barra de pan. A su lado encontró una hoja doblada de papel. Era un mapa que había dibujado Tom.
El sabia donde estaba el paquete y lo dejó allí. Mostraba el camino a través de las montañas. Y todos los puntos peligrosos estaban decorados con agudos y horribles pequeños dibujos. Pero había más. Mucha gente tuvo la misma idea.
Dejaron sencillos regalos para ella dentro del paquete. El amado cortaplumas de Jason estaba allí, pulido y brillante. Y una tarta de Ma Ginger y Gloria. Ropa y fósforos, y un libro de himnos. Grace abrió en el número 18, donde Martha siempre tuvo problemas al tocarlo. Y entre las páginas había un dólar que Martha sola no podía conseguir. Grace tenía amigos en Dogville. Eso era seguro.
Si eran muchos o pocos es lo que menos importaba. Grace desnudó su garganta ante el pueblo y le respondían con un gran regalo: con amigos. Ningún gangster podría privarla de este encuentro con el pueblo, sin importar todas las armas del mundo. Y aunque las campanadas no llegaran a 15, sabia que significaba algo para el pueblo y que su permanencia allí había significado algo. No mucho, tal vez, pero sin embargo, había dejado una huella. Y era lo primero en su corta vida que le producía orgullo.

Ella recibía pagas, no mucho, pero lo suficiente como para ahorrar para la primera estatuilla china de las siete que estaban en fila tanto tiempo llenándose de polvo en la ventana de la tienda. Y soñó en el momento que podría tenerlas todas.

Lentamente esas delicadas manos se transformaron en las manos de cualquiera que viviera en una pequeña comunidad rural.

- ¡Grace!
- ¿Qué?
- Tengo que decirte que tuve una egoísta razón para votar tu permanencia en Dogville.
- ¿Cuál fue?
- Fue un alivio cuando llegaste y eras la única en la que los hombres tenían puestos los ojos. Sabes, Tom y los demás. Tuve que soportarlo tanto tiempo...
Francamente, ya no tenía energías para ello.
- Siempre tendrán ojos para ti, Liz. Eso lo sabes. Lo harán. Eres hermosa. Gracias.

- ¿Estás intentando decir que estás enamorado de mí?
- No, no podría.. el amor es... No es... Es una gran palabra...
- Sí.
- Sí. ¡Eso está bien! Porque creo que yo también estoy
enamorada de ti. Muy interesante, ¿no?
- Es decir que es interesante
psicológicamente...

Estamos orgullosos de tenerte entre nosotros. Y te agradecemos por mostrarnos quién eres. Por ti Grace. Quédate con nosotros todo el maldito tiempo que quieras.

Sr. Edison, por favor. Hemos pasado por esto tantas veces. Todo es posible.
Creo que debe aceptar el hecho de que es usted un caballero de avanzada edad con una salud excepcional.

- Desde el punto de vista comercial, desde el punto de vista comercial, tu presencia en Dogville se ha hecho más cara. Porque para ellos es más peligroso tenerte aquí, no es que no te quieran pero sienten que debe haber algo a cambio, una compensación.
- Eso suena como las palabras que usarían los gangsters.

Los atareados minutos se volvieron atareadas horas, y estas en atareados días.
Y sin tener en cuenta si pensaban que la idea de incrementar los servicios de Grace era imparcial o tenía una justificación o no, no parecía hacer más feliz a nadie. Muy al contrario.

- Pensé que estas cadenas fueron puestas para hacer un camino entre los arbustos.
- Fueron puestas para proteger los arbustos. No se supone que sea un camino.
- Pero todos pasan por aquí.
- Querida, eso es cierto. Han vivido aquí durante años. Tú no has estado aquí tanto tiempo.
- ¿Estás diciendo que tengo menos derecho a usar el atajo porque no he vivido aquí siempre?
- No, por supuesto que no. No, solo pensé que estarías contenta de estar aquí, solo eso.

Es la primera vez que he conocido a alguien, que entiende de manzanas. Lo siento... eso me hace muy feliz.

- Chuck, te traté injustamente. Está bien que tengas malos pensamientos.
- ¡Pensaba en entregarte! Pensé en chantajearte para que me respetaras.
- ¿Significa tanto para ti? ¿No es cierto? Has estado realmente mucho tiempo solo aquí arriba, ¿no es cierto? Nunca has tenido a nadie que te consuele y debería pedirte perdón. ¿Seguimos siendo amigos?

Hay un montón de cosas que hacer aquí en Dogville, teniendo en cuenta que nadie necesita que se haga nada.

- Hoy trató de poner sus manos en mi rodilla.
- Es ciego, después de todo. Probablemente fue un accidente.

- Te quiero, Grace.
- Me alegra que me quieras. Yo también te quiero. De verdad.
- No, quiero decir, anhelo estar contigo cuando no lo estoy. Te anhelo incluso cuando estamos solos como ahora. Anhelo estar incluso más cerca de ti...
tocarte, de la forma que la gente--
- Tenemos toda la vida por delante. Lo que amo de ti es que no exiges nada de mí. Es por eso que podemos estar juntos.

- Supongo que sé porque no quieres dejarme sentarme en tu falda nunca más.
- ¿Por qué?
- Porque últimamente he sido malo.
- Vamos. Estoy segura de que tienes tus razones para eso.
- Yo también he sido malo con los demás, incluso con el pequeño Achilles. Y él es tan pequeño, no puede resistir una pelea.

El hecho es que, no tendría ningún respeto por ti si no me das una paliza.

Igual como fue creado Dogville, en el frágil saliente de la ladera de la montaña, bastante desprotegido de cualquier tormenta caprichosa, Grace también estaba indefensa. Y ahí pendía de su frágil tallo como la manzana en el Jardín del Edén.
Una manzana tan madura que el jugo casi se escurría.

- Eras demasiado bonita y frágil para este lugar. Me engañaste haciéndome crees que significaba algo para ti.
- Es tu maldita culpa. Necesito tu respeto, Grace.
- Tienes mi respeto.
- Quiero que me respetes.
- ¡No--! Esto está mal.
- Si puedo forzar que las flores florezcan antes en primavera. Puedo forzarte a ti.
- Por favor. ¡Detente! ¡Por favor.. Por favor... Por favor, no!

El calor había transformado la tierra de los arbustos de grosellas en piedra pero Grace no se quejaba. Ella se había lanzado al trabajo, feliz que era algo que realmente podía agarrar entre sus dedos.

- Bien, quizá deberías intentar dormir por la noche, como hace mucha gente.
- ¿Dormir por la noche?
- Martha está segura que vio a Tom Edison hijo escabullirse de su granero esta mañana temprano. Grace, no te diré nada sobre lo de dar una paliza a ese niño idiota. Estoy también agradecida de que hayas quitado la vista de Tom lejos de mi falda. Pero por otro lado, esperaba mas que eso de ti. Pero si eso es lo que pretendes, entonces estoy segura que con tu inocente apariencia encajarás muy bien en un lugar como Dogville.
- Eso no es lo que pretendo, Liz.
- ¿No?
- Todos vimos que tomaste su mano en el picnic. ¿Quizá no era eso coquetear?
- Si... quizá estaba coqueteando.

Seré indulgente. Primero voy a romper dos de tus estatuillas y si puedes demostrar tus conocimientos de la doctrina del estoicismo conteniendo
tus lágrimas, me detendré. ¿Lo has entendido?

Durante su vida Grace tuvo mucha práctica en cuanto a reprimir sus emociones y nunca hubiese creído que sería tan difícil controlarlas ahora. Pero mientras la porcelana se pulverizaba en el suelo era como si fuera tejido humano el que se desintegraba. Las estatuillas eran las hijas del encuentro entre pueblo y ella.
Eran la prueba de que a pesar de todo, su sufrimiento había creado algo valioso.
Grace ya no pudo más. Por primera vez desde su infancia, lloró.

La noche anterior a la huida Tom tácticamente pensó que era mejor no presionar demasiado a Grace con sus deseos carnales. y en su lugar adoptó un planteamiento más sensible. Pero hay un momento correcto y uno erróneo para plantar semillas y no puedes plantar
semillas en invierno.
- Es cierto. Pero te quiero...
- Lo sé.
- Y tu me quieres. Y nos encontraremos otra vez enamorados y en libertad.
- Absolutamente.
- No debería sentirme avergonzado por desearte, ¿verdad?...
- No es algo de lo que avergonzarse.
- No.
- No. No. Es hermoso. Es hermoso que nos deseemos el uno al otro. Pero no de esta forma.
- No.

- Dijiste una ves, dijiste una vez, que no hay muchos placeres en mi vida. Y ya sabes, voy a casa de la Srta. Laura una vez a la semana. Y tienes que hacerme ver que no tengo de que avergonzarme. Voy a ir allí esta noche y por supuesto me costará algo. Quiero decir, no tanto como no tanto como un recargo por
cargas peligrosas, pero aún me costará algo, ya sabes.
- No, Ben, no... por favor no...
- No es nada personal, Grace. No es nada personal. Sólo... Tengo que tener el debido pago, eso es todo. No... no tengo otra opción. No puedo ir en contra del
transporte en este gran oficio. Estamos aparcados en la esquina de
Georgetown. Justo fuera de la iglesia.
- Será mejor que estés callada.
- No, Ben...
- No es algo de lo que esté orgulloso, Grace. No te vayas pensando eso.

Grace cayó dormida en la larga carretera, gracias a su sana habilidad de lanzar lo desagradable muy lejos de ella. Un Dios generoso la había bendecido con
el raro talento ser capaz de mirar adelante y solo adelante.

- ¿Puedo irme ahora? Tengo que averiguar como voy a entrar en mi casa.
¿O es parte del castigo, tener que dormir al aire libre?
- No, no, no, Grace.
- No pienses en esto como un castigo. ¡Para nada! Bill, hizo la cadena lo suficiente
larga para que puedas dormir en tu cama.

No fue el orgullo de Grace lo que la mantuvo adelante cuando llegó el otoño y los árboles estaban perdiendo sus hojas sino más el estado como en trance que cae sobre los animales cuyas vidas están amenazadas, un estado en el cual el cuerpo reacciona mecánicamente a una lenta y dura velocidad sin mostrar demasiado el dolor.

La mayoría de los hombres del pueblo visitaban a Grace por la noche para satisfacer sus deseos sexuales. Se les ocurrió a los niños añadir una campanada más cada vez que un acto se había consumado, para confusión de Martha.
Pero desde que se había añadido la cadena las cosas fueron más fáciles para todos: los acosos en la cama ya no tuvieron que mantenerse en secreto nunca más porque no podían ser comparados con el acto sexual. Eran tan penosos como cuando un palurdo lo hacía con una vaca..pero no más que eso.
Tom lo veía todo.
Le hacía daño, y las visitas sexuales eran golpes particularmente duros.
Pero él lo soportó tan bien como pudo, de la manera que una araña lo soporta cuando es enredada en su propia telaraña por el viento.

Grace había presentado su historia con claridad. No la embelleció ni la hizo más comprensible. Y justo cuando terminó, los copos de nieve dejaron de caer, dejando a Dogville vestido con el más delicado manto de nieve blanca imaginable.

- Todos en este pueblo han tenido tu cuerpo, excepto yo. Se supone que somos nosotros los que están enamorados.
- Mi querido Tom. Puedes tenerme si quieres. Solo haz lo que hacen los otros.
Amenázame, dime que me vas a entregar a la ley, a los gangsters y te prometo que podrás tomar lo que quieras de mí. Confío en ti, ¿pero tal vez no confías en ti mismo? Quizás has sido tentado, has sido tentado a unirte a los otros y forzarme.
Quizás es por eso que estás tan molesto.
- Todo lo que he tratado de hacer es ayudarte.
- Solo pregunto si estás asustado de que puedas ser tan humano.

Tom estaba enojado. Y en el medio de todo esto, descubrió porque. No era porque había sido acusado erróneamente...¡si no porque los cargos eran ciertos!
Su rabia consistía en una más que desagradable sensación de haber sido descubierto. ¡Todo esto era un gran golpe para el joven filósofo!

Casi comenzó a temblar cuando la amenaza a su carrera como escritor nació en él. No le tomó mucho tiempo reconocer que era un riesgo demasiado grande que correr. ¡El peligro que Grace era para el pueblo lo era también para él!
A Tom no le gustó eso. Y era lo suficientemente hombre como para actuar para prevenirlo. Afortunadamente Tom era conciente tanto respecto a su futura profesión como a que él era práctico. Le dejó mucho espacio en su vida
a la sinceridad y a los ideales sin ponerse "sentimental" por ello, como él lo diría.
Deshacerse de un documento que podría ser de importancia para Tom y para futuras generaciones de lectores como base para una novela o incluso una trilogía no era un acto que él fuese tan estúpido de cometer, aunque tuvo que admitir que un momento de debilidad tal vez hubiera dicho que podría.
Antes de volver a la reunión esa noche Tom abrió el pequeño cajón, que había abierto la de la llegada de Grace y encontró que todavía estaba ahí: la tarjeta del gangster del auto.

Dos personas sólo se hacen daño si dudan del amor que sienten por el otro

Grace había empezado con la cama, que June había manchado de nuevo cuando un irritante sensación de estar perdiendo el tiempo cayó sobre ella.
Y fue sin pensar que entonces dijo las palabras: Nadie va a dormir aquí.
No lo dijo en voz alta pero aún así estaba asustada por la expresión que había surgido de ella. ¿De donde habían venido estas siniestras palabras?

- No voy a disparar a nadie.
- Me has disparado antes.
- Sí, lo siento. Me arrepiento de eso. Te escapaste. Pero haberte disparado,
ciertamente no ayudó en nada. Por supuesto que no. Eres muy, muy obstinada.

- Deberías haberme permitido decirte lo que no me gustaba de ti. Lo cual creo que habría sido la regla de una cortés conversación.
- ¿Por eso viniste hasta aquí? Y me llamas a mí obstinada. ¿Seguro que no estás aquí para hacerme volver y ser como tú?
- Pensé que había una posibilidad de forzarte, pero por supuesto eso nunca pasará. Eres más que bienvenida a regresar a casa y volver a ser mi hija cuando quieras y hasta empezaría a compartir mi poder y responsabilidad contigo, si lo hicieras. No es que te importe.
- ¿Entonces qué es? ¿Qué es lo que...lo que no te gusta de mí?
- Fue una palabra que usaste que me provocó. Me llamaste arrogante.

- Eres tú la arrogante.
- ¿Eso es lo que viniste a decirme? No soy yo quien dicta sentencia, papá. Eres tú.
- No dictas sentencia, porque simpatizas con ellos. Una infancia miserable y un homicidio no son necesariamente un homicidio, ¿verdad? A lo único que puedes echarle la culpa es a las circunstancias. Los violadores y los asesinos
pueden ser las víctimas según tú. Pero yo, yo los llamo perros y si se están lamiendo su propio vómito la única forma de detenerlos es con el látigo.
- Pero los perros sólo obedecen su propia naturaleza. ¿Entonces por qué no
deberíamos perdonarlos? A los perros se les puede enseñar muchas cosas útiles, pero no si los perdonamos cada vez que obedecen a su propia naturaleza. Así que soy arrogante. ¿Soy arrogante por perdonarlos?
- Dios mío. ¿No te das cuenta lo condescendiente que eres cuando dices eso?
Tienes la idea preconcebida de que nadie, escucha,...nadie tiene la posibilidad
de llegar a tener un mismo nivel de ética como el tuyo, así que los disculpas. No puedo pensar en nada más arrogante que eso. Tú, hija mía... mi querida hija,
perdonas a otros con excusas que por nada en el mundo permitirías para ti misma.
- ¿Por qué no debería ser compasiva? ¿Por qué?
- No, no, no. Debes ser compasiva, cuando sea el momento de serlo. Pero debes mantener tu propio nivel. Les debes eso. Les debes eso. El castigo que mereces por tus crímenes, ellos lo merecen por los suyos. Son seres humanos.
- No, no, no. ¿Cada ser humano necesita ser responsable de sus actos?
- Por supuesto que sí. Pero ni siquiera les das una oportunidad. Todo eso es muy arrogante.
- Te quiero. Te quiero. Te quiero hasta morir. Pero eres la persona más
arrogante que he conocido.
- ¡Y tú me llamas a mí arrogante! No tengo nada más que decir. Tú eres arrogante. Yo soy arrogante. Ya lo has dicho. Ahora puedes irte.
- ¿Y supongo que sin mi hija? Dije, ¿sin mi hija?
- ¡Sí!
- Bueno.
- Sí.
- Bueno, tú decides. Tú decides...Grace, dicen que aquí tienes algunos problemas.

- Escucha, mi vida...el poder no es tan malo... Estoy seguro que puedes encontrar
un modo de usarlo a tu manera. Ve a dar un paseo y piensa en ello.
- Las personas que viven aquí lo hacen lo mejor que pueden bajo circunstancias muy duras.
- Si tú lo dices, Grace. ¿Pero lo mejor que pueden es suficiente en realidad?
¿Ellos te quieren?

Grace ya lo había pensado durante mucho tiempo. Sabía que si no le disparaban
al llegar los gangsters tendría que enfrentarse con la sugerencia de su padre de volver, para convertirse en una conspiradora como él y su banda de matones y delincuentes y no necesitaba dar ningún paseo para reconsiderar su respuesta a eso, Aunque la diferencia entre la gente que conocía al volver a casa y la gent que había conocido en Dogville había probado ser más pequeña de lo que esperaba. Grace miró hacia los arbustos de grosellas, tan frágiles en la suave oscuridad. Era bueno saber que si no los tratabas cuando estaban enfermos, estarían allí, floreciendo como siempre, y cuando llegara el verano estallarían con la gran e incomprensible cantidad de bayas tan buenas en los pasteles, especialmente con canela. Grace miró las asustadas caras detrás de las ventanas que la seguían a cada paso, y se sintió avergonzada de ser parte de lo que les había inflingido ese miedo. ¿Cómo pudo haberlos odiado por algo que era, simplemente, su debilidad? Probablemente habría hecho cosas como
esas que le habían ocurrido a ella si hubiese vivido en una de éstas casas para medirlos por su propio criterio, como diría su padre. ¿No habría hecho ella, con total honestidad, lo mismo que Chuck, Vera, Ben, la Sra. Henson y Tom...y todas estas personas en sus casas?

Las nubes se dispersaron y dejaban atravesar la luz de la luna y Dogville sufrió otros pequeños cambios de luz. Era como si la luz, antes tan misericordiosa y tenue finalmente rehusó cubrir el pueblo nunca más. De pronto ya no podías imaginar que una baya aparecería algún día en un arbusto de grosellas, si no que sólo podías ver la espina que ahora había allí. La luz penetraba ahora en cada
imperfección y tara de los edificios...¡y de las personas! Y de repente supo perfectamente la respuesta a su pregunta: Si hubiera actuado como ellos, no hubiera podido defender ninguno de sus actos y no los hubiera podido condenar
con la suficiente dureza. Fue como si su pesar y dolor finalmente asumieron el lugar que les correspondía. No, lo que habían hecho no era lo suficientemente bueno. Y si alguien tenía el poder de corregirlo, era su deber hacerlo por el bien de los otros pueblos, por el bien de la humanidad...y por si fuera poco, por el bien
del ser humano que era Grace.

Es para eso que quiero usar el poder, si no te importa. Quiero hacer este mundo un poco mejor.

- Si hay algún pueblo en este mundo sin el cual sería mejor, es éste. Dispárales y quema el pueblo.
- ¿Qué? ¿Algo más cariño?
- Hay una familia con hijos, encárgate de los niños primero y haz que la madre mire. Dile que te detendrás si ella es capaz de contener sus lágrimas.
Se lo debo.

Adiós Tom.

De repente hubo un ruido. No tan persuasivo y poderoso como hubiera sido en una noche lluviosa en primavera pero lo suficientemente alto para atravesar los últimos resto de la madera que había ardido rápidamente. Llegó de nuevo.
Todos lo oyeron. Grace fue la primera en reconocerlo. Es Moses.
"Es Moses", dijo y salió del auto. Rápidamente recorrió la distancia
hasta el corral del perro sobre lo que ahora los edificios habían desaparecido,
apenas podía ser llamado una calle y ciertamente no era la calle
del Olmo como tampoco había un sólo árbol en el pequeño
saliente de la montaña de Dogville, ni un sólo olmo.
Era Moses.
Su supervivencia era asombrosa. Un milagro.
- No, déjalo vivir.
- Ya deben haber visto las llamas en Georgetown. Alguien vendrá y lo encontrará.
Sólo está enojado porque una vez me llevé su hueso.

Tanto si Grace dejó Dogville o si por el contrario Dogville la dejó a ella (y al mundo
en general) es una pregunta de la más astuta naturaleza que pocos sacarían provecho al hacerla e incluso menos al dar una respuesta.
¡Y que tampoco será respondida aquí!

¿Pero era eso suficiente?

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