Frases de la película Con M de Muerte (Dial M for Murder)

Frases de la película dirigida por Alfred Hitchcock, estrenada en 1954, también conocida como La llamada fatal y Crimen perfecto.

- Escuché que vende un auto.
- Sí, un auto estadounidense.
- Lo vi en su garaje. ¿Cuánto pide?
- 1100 libras.
- ¿1100 libras? Ya veo, pero no me gusta el precio.
- Tampoco me gustó cuando lo compré.

- No discutiremos el precio hasta después de tres copas.
- Soy difícil de convencer ebrio o sobrio.
- Yo también.

La gente con capital no sabe la suerte que tiene. Me resigné a vivir de mi salario.

Es divertido darse cuenta cuando la gente está enamorada.

Me preguntaba qué hacía la gente como tú al salir de prisión. ¿Pueden conseguir trabajo? ¿Recuperan sus viejos amigos? ¿Qué tal si nunca tuvieron amigos? Tenía tanta curiosidad que te seguí.

- Qué pérdida de tiempo.
- Sí, pero ya sabes cómo es cuando un pasatiempo se hace cada vez más fascinante. Te volviste fascinante. De hecho, algunas veces sentía que casi me pertenecías.

- El Sr. Adams siempre fue un caballero. Eso fue lo que la decepcionó.
- Sí, eso siempre es lo que las decepciona.

- Sólo he tenido tiempo de planear las cosas y ponerme en tus zapatos. Por eso sé que estarás de acuerdo.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- Por la misma razón que un burro va detrás de la zanahoria.
- ¿Cuál es la zanahoria?
- 1000 libras en efectivo.

Tiene cuatro Rolls Royce, pero lo que más quería era jugar en Wimbledon. Era tan corto de vista que a duras penas veía su raqueta, y menos la bola.

- ¿Cómo empiezas una historia de detectives?
- Olvida el detective y concéntrate en el crimen. E imagina que robarás algo o matarás a alguien.
- ¿Conque sí? Interesante.
- Siempre me pongo en los zapatos del criminal y digo, ¿ahora qué?
- ¿Realmente crees en el asesinato perfecto?
- Definitivamente, en el papel. Creo que puedo planear uno mejor que cualquiera pero dudo poder llevarlo a cabo.
- ¿Ah, sí? ¿Por qué no?
- En las historias, las cosas son como el autor quiere.
- En la vida no siempre es así.
- Mi asesinato sería como mis juegos de cartas. Cometería un error estúpido, y me daría cuenta cuando todos me estén mirando.

- ¿Y esos recortes? Es una ocasión ideal.
- Claro, diviértanse mientras me ocupo de recortes aburridos.

- ¿Estarás despierta?
- No y no me despierten.
- Estaremos callados como ratones.

- Disculpen. ¿Tienen la hora?
- Son las 11:07.
- En el mío son las 11:00.
- El mío se detuvo.

No toques nada y no hables con nadie hasta que yo vuelva.

- ¿Fue un accidente?
- No lo sé.
- ¿Qué quiere decir, señor?
- ¿Piensa que alguien lo mató?
- No lo sé.
- ¿Tiene idea de quién lo hizo?
- Le explicaré cuando vengan. ¿Cuánto se tardarán?

- Cualquier persona hubiera visto que estaba muerto. Esos ojos.
- Entonces sí que le vio la cara.
- Le vi los ojos. No recuerdo su cara.

- ¿No me cree que me atacó? ¿Cómo cree que tengo estos moretónes en el cuello?
- Podría habérselos hecho usted misma.
- Hallaron una media de seda afuera de la ventana.

- Puedes decirle a la policía que dejaste tu llave aquí afuera. Entonces Swan podría haber abierto la puerta solo.
- ¿Cómo sabía que estaba allí?
- Se lo dijiste tú.
- Pero hace 20 años que no veo a Swan.
- Swan está muerto. Tenemos que aprovecharlo.
- Puedes decir lo que quieras incluso que se juntaron y que lo planearon juntos.
- ¿Qué cosa planeamos?
- ¿Insinúas que hice que Swan viniera para chantajearla?
- No. Para matarla.
- ¿Matar a Margot?
- ¡Eso es!
- ¿Por qué?
- Porque es lo que dijo.
- "Vino desde detrás de la cortina. Intentó estrangularme".
- Bueno, pues es lo que hizo.
- Apoya todo lo que dijo, ¿entiendes? De eso se trata.
- ¿Y tu carta?
- Un hombre no mata a alguien que quiere chantajear.
- Lo sé. Me preocupó un poco, pero lo tengo pensado.
- Les dices que le robaste la cartera tú mismo.
- ¿Por qué iba a hacer eso?
- Porque querías leer mi carta.
- Una vez leída, te enojaste y quisiste darle una lección.
- Las notas de chantaje las escribiste tú. Nadie puede probar que no fue así.
- Puedes decir que jamás viste a Swan en la estación Victoria. Te lo inventaste para intentar conectarlo con mi carta. ¿Ves como todo se conecta?
- Pero encontraron tu carta en su bolsillo.
- Se la pusiste tú.
- ¿Cuándo?
- Antes que llegara la policía. También pudiste plantar las medias al mismo tiempo.
- Pero Mark, ¿por qué querría matar a Margot?
- Lo sé, Tony. Es difícil entenderlo para nosotros porque los dos la amamos. Pero ahora necesitamos una razón. Más que nada. Utilicemos un argumento viejo. ¿Hay testamento?
- Creo que sí.
- ¿Quién se beneficiaba?
- Yo, supongo.
- Ahí está la razón. Hay miles de matrimonios que se dejan dinero sin matarse.
- La policía no se lo creería. Sabrían que sólo la quiero salvar.
- Vale la pena intentarlo.
- No te pueden condenar por un asesinato que no se realizó. Unos años en la cárcel como mucho.
- Gracias.
- Es un precio bajo comparado con su vida.
- Curioso que venga de ti, Mark. Su vida no peligraría si no fuera por ti. Su relación contigo le costó la simpatía del jurado.

La gente no asesina con crédito.

Es el problema con estas llaves. Son todas iguales.

Antes de que usted viniera quiso que yo fuera a la policía con la historia más increíble que haya oído. Parece que yo quería que Swan matara a mi esposa. Corríjame si me equivoco.

- Te equivocaste en algo. ¿Qué pasará cuando Margot lo sepa?
- Lo negará, claro.
- Y quizá cambie el testamento. Lo habrás hecho todo para nada.

¡Luego hablan de los policías pies planos! ¡Que los santos nos protejan de un novato con promesa!

- Tiene llave. ¿Por qué no la usó?
- Lo hice, pero no entraba.
- Y sabe por qué, ¿no?
- No, no lo sé. ¿Cambiaron la cerradura?

Le dijo a Swan que dejaría la llave en las escaleras. Le dijo que la devolviera a su lugar cuando se fuera. Como Swan murió, pensó que seguiría en su bolsillo. Ese fue su pequeño error. Swan hizo exactamente lo que usted sugirió, Sr. Halliday. Abrió la puerta luego devolvió la llave antes de entrar. ¡Y desde entonces que está ahí! Y la llave que Wendice le sacó del bolsillo era... ¡De la casa de Swan!

- Como le cambié la llave, usará la de la cartera. Cuando tampoco funcione, verá su error y mirará en las escaleras. Si no lo hace y son todo adivinanzas no probaremos nada.
- Es verdad.
- Pero una vez abierta la puerta, lo sabremos todo.

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