Frases de la película Cronos

Dirección: .
Actuación: , , .
Género: Contenido explícito, Español, Horror, México.
Estreno: .
Otros títulos: La invención de Cronos y Chronos.

En 1536 huyendo de la Inquisición el alquimista Uberto Fulcanelli desembarcó en Veracruz, México. Nombrado relojero oficial del Virrey, Fulcanelli estaba determinado a perfeccionar la invención que le proveería con la llave de la vida eterna. Él la nombraría: El artefacto de Cronos.

Las autoridades localizaron la residencia del fallecido. Lo que encontraron allí jamás fue revelado del todo al público. Luego de una breve investigación, la mansión y sus contenidos fueron rematados en una subasta pública. En ninguna lista o inventario fue jamás mencionado el artefacto de400 años más tarde una noche de 1937 parte de una bóveda en un edificio se derrumbó. Entre las víctimas había un hombre de piel extraña del color del mármol a la luz de la luna. Su pecho mortalmente atravesado, sus últimas palabras... Suo tempore. Éste era el alquimista. Cronos. Por lo que todos sabían, jamás existió.

Hermoso día para desayunar píldoras. Rojas, amarillas, azules.

- A mí me parecen todos iguales.
- Eso es parte del problema. Abre los ojos. Mira. Esto es diferente.

- Caro
- Es una pieza única.
- Claro, igual no es mi dinero.

No, mi amor, no es de chocolate. Una cosa como esta ocurre una sola vez en la vida.

Una limadura de metal. No, es más bien como un aguijón de abeja.

- Te ves distinto, mucho más joven.
- Exacto, por eso lo hice, así me siento.

Las rojas están especialmente buenas hoy.

El insecto está atrapado en el invento, como una suerte de filtro viviente.

¿Quién dice que los insectos no sean las criaturas favoritas de dios? Cristo caminó sobre el agua igual que un mosquito. El asunto de la resurrección no le es ajeno a las hormigas, a las arañas, pueden estar en el centro de una piedra cientos de años hasta que alguien viene y las libera.

Me estoy muriendo, Señor Gris.
El bisturí me ha estado comiendo a pedazos poquito a poco.
Quimioterapia, radioterapia, psicoterapia.
Mire con cuidado mi amigo, la mitad de mi cuerpo está aquí, en esta vitrina. Y la otra mitad, ya está en el menú. O está siendo masticada ahora mismo mientras hablamos.

¿Señor Gris?, puede continuar con el juego, después de todo usted tiene el juguete. Pero yo me quedaré con las instrucciones. Y no daré el brazo a torcer.

Aurora, ¿Estás asustada? ¿Crees que me va a pasar algo? ¿Estás cómoda ahí atrás? Ya me pasó esto una vez con tu papá. ¿Te acuerdas aunque sea un poquitito de él? Sí, me imagino que sí. Cuando él tenía tu edad oyó algo o alguien hablar de la gente que se muere por cancer de pulmón. Así es que cuando llegué al trabajo me encontré que mis cigarros habían desaparecido. Después de buscar todo el día me meto en el baño y me encuentro un montón de pedacitos de tabaco, flotando en el escusado, pedacitos nomás. Yo creo que luego entendió que romper mis cigarros no ayudaba en nada al asunto. Pero por lo menos me quedó claro que estaba preocupado. Y a él le quedó claro que a mí me quedo claro. Sabes, no sé qué me pasa pero creo que es mejor si estamos juntos.

¿Quién eres, pequeño? ¿Un Dios? Cuánto bien me haces.

- ¿Te acuerdas?
- Que si me acuerdo... ♫no concibo que todo acabó, que la vida nos separó♫. Que si me acuerdo... Pensando siempre la primera vez que te vi, que nunca me harías caso, me sentía tan poca cosa que...

Este hijo de puta no hace más que cagar y mear todo el día ¿y quiere vivir más?

Cuánto silencio, cuánta sangre Dios mío, toda esa sangre es mía, me estoy muriendo. Qué cosa. Todo está de cabeza y yo me estoy muriendo. Solo. Solo. No me dejes que me muera hoy, ay cuánto me duele. Puedo aguantar mucho más, mucho más. Ay, Aurora.

- La frente te está quedando perfecta, como si nada. Es tu mejor trabajo.
- A huevo, si esto tiene su técnica. Aquí le estoy dando forma, textura, color. Hay que ser un pinche artista.
- Sí, pero no te esmeres mucho porque lo vamos a cremar.
- Que la chingada, cómo que lo vamos a cremar y no lo parcho tan bonito al pendejo, Dios lo tenga en su santa gloria. No, si parece que aquí nadie respeta mi trabajo, por qué no me avisan. Tú, por qué no me avisas, eh.
- La viuda cambió de opinión. Parece que el tipo no tenía nada listo. Ni nicho, ni fosa, ni nada.
- Todos son iguales.

- Su auto resbaló, se cayó del barranco--
- ¿Revisaste su corazón?
- No latía.
- ¿Algo lo atravesó por accidente?
- ¿Cuál es la diferencia? Está muerto.
- Hay mucha diferencia, toda la diferencia. Bestia torpe. No puedes hacer nada bien. Después de todo este tiempo creí que habría esperanza para ti. Pero eres un inútil, inútil. Probablemente ya lo arruinaste todo.
- ¿Cómo se puede estar más que muerto?
- No sabes nada de la muerte.

¿Estuvo animado el velorio? No te me vas a ir a cielo así, encuerado, lleno de besos. Vayan a creer que andabas de putas.

- Tito, el señor De la Guardia, es, era amigo del difunto. Quiere ver el cuerpo.
- Cómo no, término medio o bien cocido.

No es que haya muerto, partió antes. Los familiares del Señor Jesús Gris. 1940-1997, expresamos nuestro sincero agradecimiento a quienes nos acompañaron en este momento de dolor.

Querida Mercedez, te escribo estas líneas con mucho trabajo. Quiero que sepas que de alguna manera por alguna razón sigo vivo, y cómo me duele estar vivo. La sed me quema y me siento ajeno a todo. Al día, a esta casa y a ti. Aurora se queda contigo, ella te dejará esta carta. Para cuando tú la leas yo ya me habré ido a cumplir una especie de cita. Un asunto pendiente. Si lo he perdido todo quiero al menos entender por qué. Apenas hoy me doy cuenta de lo mucho que te extraño. Ojalá te encuentre a mi regreso y quieras verme sin importar cómo estoy. Te quiere, Jesús.

¡Funciona! Yo sabía que iba usted a volver. Si está buscando las páginas faltantes pierde su tiempo, me las comí.

- Usted habla de eternidad, y míreme, mire mi piel. ¡Está descompuesta, se me está cayendo a pedazos!
- Pélala.

- Qué me está pasando...
- Ha vuelto a nacer.

- Usted habla de insectos, de alquimistas, aparatos, ¿Pero qué es lo que me hace falta?
- Sangre.
- Humana.
- Claro, no puedes obtener la eternidad de una vaca o un cerdo.

Si se destruye el aparato, tú también. Pero, podemos compartir la eternidad.

Carajo... mi nariz de nuevo. Esto debe acabarse. Sr. Gris ahora debo matarlo otra vez.

Tú pierdes más que yo, lo mío es nada más dolor.

Soy Jesús Gris, Jesús Gris.