Frases de la película ¿Conoces a Joe Black?

Frases de la película dirigida por Martin Brest, estrenada en 1998, también conocida como Meet Joe Black.

La comida es la prosa de una fiesta, la iluminación es su poesía.

Habrá una barcaza con un número 65. Van a dispararle flechas encendidas. Todo prenderá fuego y parecerá un entierro vikingo pero sin el morbo.

¿No puedo vivir 65 años sin que me lo recuerden?

- Me preocupa lo que no te oigo decir.
- Tal vez no me escuches.
- Sí. Te escucho. No hay una gota de emoción, ni el más mínimo entusiasmo. Demuestran la misma pasión que dos pingüinos. ¿Dónde está tu arrebato? Quiero verte flotar, cantar apasionadamente, bailar en éxtasis.
- ¿Nada más?
- Que seas delirantemente feliz, o dispuesta a serlo.

Sé que suena cursi, pero el amor es pasión, es obsesión, ¡es no vivir si ese alguien falta! Pierde la cabeza. Enamórate locamente de alguien que te ame de igual manera.

Olvida el intelecto y hazle caso al corazón. No lo oigo en ti. Lo cierto es que sin eso, la vida no tiene sentido. Llegar al final del largo viaje sin haber amado sería como no haber vivido.

No te cierres. Nunca se sabe. Podría abrirse el cielo.

- Así son las cosas entre los hombres y las mujeres.
- ¿Cómo son?
- No duran.

- No se conforma con una novia.
- ¿Tú te conformas con una?
- Yo sí. Y estoy buscándola. Podrías ser tú.

Estás tratando de controlar la situación. Pero ésta es la única situación que sabías que no podrías controlar.

- Me gustaría ofrecerte lo que necesites. Cuidarnos mutuamente. ¿Qué hay de malo en cuidar de una mujer? Ella cuida de ti.
- No vas a hallarla fácilmente.
- ¿Tú crees? No sé. Podría abrirse el cielo.

- Te diré, no quiero que seas mi médica. No quiero que me examines y...
- ¿Por qué?
- Porque me gustas mucho.
- Yo tampoco quiero examinarte.
- ¿De veras? ¿Por qué?
- Porque me gustas mucho.

¿El gran Bill Parrish se ha quedado mudo? ¿El hombre cuyos labios hablan de emoción, pasión y obsesión? ¿El que aconseja ser delirantemente feliz? ¿El que habla de lo que da sentido a la vida? ¡Cuánta energía! ¡Cuánta elocuencia color de rosa y qué voz tan sonora!

- ¿Quién eres?
- Calcula milenios multiplicados por eras y ciclos infinitos. Desde entonces existo.

Yo, lo más esencial e imperecedero que existe, he tenido curiosidad de venir a verte.

- El puesto requiere talento, sabiduría y experiencia, todas las virtudes que te atribuyen en los homenajes. Eres el elegido.
- ¿Para qué?
- Para enseñarme. Para servirme de guía. Y a cambio recibirás...
- ¿Qué?
- Tiempo.

- Sí.
- ¿Sí, qué?
- Es la respuesta a tu pregunta.

La pregunta que te haces cada vez con más frecuencia, jadeando en la cancha para terminar un partido, corriendo a tomar el avión, anoche en la cama y esta mañana en la oficina. La pregunta que se te atora en la garganta, que te ahoga la sangre, que resuena en tus oídos una y otra vez, insistentemente.

- Sólo eres un joven, de traje.
- El traje venía con el cuerpo que tomé.

Cuando te presente, si digo quién eres, dudo que nadie se quede a cenar.

- ¿Te comieron la lengua? Esta mañana no eras tan callado.
- Esta mañana, sí. Esta mañana era otro.

- Mantequilla de maní, marca Scudder.
- ¿Le gusta?
- Pues, para mí, está a la altura de las marcas lif y Skippy.

- Tengo una tarea que cumplir que me roba la mayor parte del tiempo. Pero a veces pienso que no he dejado tiempo para nada más.
- Por desgracia, te entiendo.

- ¿Joe? ¿Por qué no me das un respiro? ¿Una excepción? Toda regla tiene la suya.
- Esta no.

Sabía que no iba a tener una gran carrera como novelista. Pero quería hacer algo más que comprar algo por $1 y venderlo por $2. Deseaba crear algo. Algo que se desempeñara siguiendo los más altos criterios. Y concluí que lo que quería era llevarle al mundo las noticias. Y comunicar sólo la pura verdad. Cuanto más nos conocemos, mayores oportunidades hay de sobrevivir. Quiero obtener ganancia, claro. Es necesario. Pero para Bontecou la ganancia es todo. Si le damos permiso para comprar Parrish Communications y luego comprara otras parecidas para llegar al mundo habría que hacerlo vía John Bontecou. Habría que pagarle y aún más, habría que opinar como él. La comunicación de noticias es un privilegio y un deber. Y no se debe explotar. Nosotros nos ganamos el privilegio. John Bontecou quiere comprarlo.

- Con todo derecho. Pero dadas las exigencias y la necesidad de expansión, la unión con Bontecou es tan fija como la muerte y los impuestos.
- ¿La muerte y los impuestos? ¿Muerte e impuestos? ¡Qué extraña pareja!

- Toma esto. Sabes de dinero, ¿verdad?
- ¿Que no compra la felicidad?

Se visitan pacientes, no médicos.

- Babalao.
- Caray, el babalao es brujo. Yo no soy brujo, mujer.
- ¿Entonse qué ere tú?
- Soy de majallá.
- ¿Tú me ba llevá? ¿Tú ere el guagüero que lleva pallá?
- No, hermana. Toi de bacasione.
- ¡Qué lugá cogite! Duele. Duele malo, malo.
- Yo no tengo ná que be con eto, ¿tú sabe?
- Alíviamelo.
- La mujé dotó te va curá.
- Ete doló no. Ete doló tá"trabesao de lao a lao. Alíviamelo.
- No pueo, hermana.
- Sí puée.
- Llébame al majallá.
- Todabía no ej"ora.
- Hajlo ahora.
- Con esa "cosa" no si pué jugá.
- Pó favó.
- Cierra los ojo.
- Bamo, hermana. Pronto.

- Sándwiches de cordero. Menos fibrosa que el rosbif y más gustosa que el pollo. Ella sabía todo eso. Me acuerdo de ella siempre. No pasa un solo día sin que piense en ella. Un buen día no se sintió bien. Y al otro día había muerto. ¿Qué se va a hacer? Supongo que lo habrás oído 3 millones de veces.
- Más.

- A estas alturas, ¿por qué te preocupas tanto por los negocios?
- ¡No quiero que transformen la labor de mi vida en lo que no debe ser! ¡Si voy a dejar herencia quiero dejarla como era! ¡Quiero que siga operando igual, honradamente y dedicada a la verdad!
- Calma, Bill. Si te da un ataque me arruinas las vacaciones.

Sé que tienes la moral muy baja. Pero cuando está baja, lo único que puede hacer es subir.

- No me gusta cómo te mira, ni cómo te habla. Y viceversa.
- Lo siento. A mí me gusta cómo me mira y cómo me habla. Y viceversa.

No me gustó el tono que usó contigo. Pero me gustó la forma en que le contestaste.

- Los hombres que no dicen nada de sí mismos siempre están casados. ¿Estás casado?
- No.
- Pero tienes novia. ¿Eres gay? Pues dime, Joe... alguien tan atractivo, inteligente, que se expresa bien, tan seductoramente, moderado, y sin embargo tan irresistible, ¿cómo está solo en el mundo?

Mamá decía que podía ajustarse el corazón al compás de ese reloj.

- Me encantó hacer el amor contigo. Fue como hacer el amor con alguien que lo hacía por primera vez.
- Gracias.
- ¿Te gustó hacer el amor conmigo?
- Sí.
- ¿Más que la mantequilla de maní?
- Sí. Mucho más.
- ¿Adónde piensas ir?
- A ninguna parte. Estoy aquí.
- ¿Hasta cuándo?
- Espero que por muchísimo tiempo.
- Yo también.
- ¿Qué haremos ahora?
- Ya veremos.

- ¿Por qué lo buscas?
- El amor... la pasión... la obsesión. Las cosas que me dijiste. Ya llegaron.

¿Qué temes? ¿Que me enamore locamente de él? Pues ya sucedió.

- Siñó babalao. Ya era hora de llegá.
- No sea dejcará, hermana.
- No toy siendo dejcará, siñó. ¿Binite por mí? Cuánto mi alegro.
- No, bine a bé al dotó.
- ¿Al dotó?
- ¿Qué ti pué pasá?
- Ná.
- ¿Binite a bé a la mujé dotó?
- Sí, hermana.
- ¿Mi mujé dotó?
- Mía también, ¿tú sabe?
- ¿Tá enamorao? ¿Ella también? ¿Sabe quién ere?
- Sabe lo que siente.
- ¡Caca! ¿Qué clase de negosio é ete?
- No meta la ñata.
- Ta soñando con pajarito. Malo pa"ti, malo pa"ella, malo pa"mí, metía aquí con un tumó como un mamey enbenenándome po" dentro y ejperando.
- Te traigo flore y me gané un regaño.
- La única flore que quiero bé, son la de mi tumba cuando ya esté enterrá.
- Con usté nadie gana. Si le bengo a buscá, se quien quedá. Si le dejo, se quien dir.
- No "tás en tu lugá, siñó.
- Yo tampoco.
- Ya no.
- Llébame. Y ven conmigo.
- Pero yo no toy solo aquí. Alguien quiere que me quede.
- Me alegro por ti. Como si viniste a la isla de bacasione. El sol no te puso colorado, sólo te tojtó. Do"mite sin picá mojquito. Pero de be"dá... esto suele sucedé, no tié ná raro si pasa mucho tiempo. Así que llébate lo lindo retrato en la memoria. Pero no t"engañe. Aquí también etamos solos, máj que ná. Si tenemo suerte, quisá... tenemo lindo retrato pa" llevarno.
- ¿Tú tiene lindo retrato?
- Sí.
- Adió, hermana.

- ¿Y ella te ama? ¿Cómo lo sabes?
- Porque conoce hasta mi peor defecto y no le importa.
- ¿Cuál es?
- No es nada en particular, es una noción. Es decir, cuando una pareja se cuenta sus secretos. Los secretos más oscuros y recónditos.
- ¿Los secretos más oscuros?
- Sí. Y eso los hace libres.
- ¿Libres?
- Sí. Libres para amarse mutuamente, totalmente. Sin temor. Porque saben hasta lo más íntimo y no les importa.

- Pero, Allison, ¿por qué estás haciendo todo esto?
- Porque te quiero. Porque todos te quieren. Mamá, desde donde esté, Susan, Quince. Los que trabajan contigo, todos los que te conocen. Papá, después de todo, has sido un padre maravilloso.
- No he sido para ti...
- ¿Lo que has sido para Susan?
- No iba a decir eso.
- Pero lo pensaste. Y no importa, porque yo sé que me quieres. Quiero decir, no es lo mismo. Cuando la ves a ella, se te ilumina la mirada.
- A ella siempre le sonríes, conmigo eres distinto. Cuando me ves a mí, pones cara de "¿Qué se le habrá ocurrido ahora?" Pero nunca nos has negado nada. Y mucho más aún, papá. Me he sentido querida. Eso es lo importante. Así que olvídalo. Cada cual tiene derecho a tener favoritos. Y tú has sido el mío.
- Verdaderamente tengo todo lo que deseaba para mi cumpleaños.

- Me he enamorado de un hombre pero no sé quién es ni adónde va, ni cuándo.
- Puedo decirte cuándo. Esta noche.
- El asunto empeora.
- Tanto como para mí. Me he enamorado de una mujer a quien no quiero dejar. No me quiero ir.
- Pues no te vayas.

- No voy andando hacia el valle de sombra de muerte, voy galopando. Mientras tanto, una pandilla de piratas me ha arrebatado la compañía. ¡Ah! Se me olvidaba... mi hija se ha enamorado de la Muerte.
- Yo me he enamorado de tu hija.
- ¿Qué?
- Me enamoré de Susan y me la llevaré esta noche.

Susan tiene toda una vida por delante. ¿Se la quieres robar y dices que lo sientes? Eso no lo acepto.

- Te llevas lo que quieres porque te da la gana. Eso no es amor.
- ¿Qué es entonces?
- Es un amorío tonto y frívolo con que quieres darte gusto. Que no tiene lo esencial.
- ¿Y qué es eso?
- La confianza, el compromiso,la conciencia de la conducta y el cumplimiento del deber. Y sobre todo, no hacerle daño al ser amado.
- El amor, según Bill Parrish.
- Multiplícalo por un número infinito, hasta la eternidad y apenas vislumbrarás lo que digo.
- Esas fueron mis palabras.
- Ahora son mías.

¿Puedo besarte?

¿Qué está pasando, Joe? Siento como si algo nos levantara. Yo sigo aquí. Pero estás ausente. Estás en otro sitio. Eres otra persona.

- Soy Joe. Y te prometo que siempre tendrás lo que hallaste en esa cafetería.
- Dime que me amas. Dime que me amas ahora.
- Te amo ahora. Y te amaré siempre.
- Susan. Gracias por amarme.

Has maniobrado para traicionar al hombre que te marcó con su sello de clase, elegancia y distinción. He sido testigo de toda clase de engaños, pero Bill Parrish es víctima de una trampa tan maquiavélica como nunca he visto. Sin embargo, él ha combatido estoica y abnegadamente sin revelar mi identidad. De haber violado su voto de silencio fácilmente habría transformado su derrota en una victoria. Pero él es demasiado honrado para eso.

- Ahora, dada la situación Me veo obligado a revelar el secreto. Llegó el momento de decir quién soy.
- Dímelo. Me estoy meando encima.
- Vas a mearte aún más.
- Joe, no sigas.
- Es hora de ponerlo en su sitio.
- Para. Drew va a renunciar.
- Yo no renuncio a nada.
- Ha llegado el momento de hundir el puñal.
- ¿El puñal?
- ¡Cállate, dije!
- Prepárate.
- Yo...
- Joe, por favor.
- Bill, permíteme.
- ...soy...
- ¡No!
...un inspector del Ministerio de Hacienda.

Drew, si decides poner a prueba la firmeza de mi decisión, te enfrentarás a un resultado que irá más allá de tu comprensión. No contarás los días, los meses, ni los años. Contarás los milenios en un lugar sin salida.

- ¿Quién se lo iba a imaginar? ¡Tú, agente de Hacienda!
- La muerte y los impuestos.

Pensaba que me iba a esfumar esta noche. ¡Qué noche tan gloriosa! Cada cara que veo me trae un recuerdo. Puede que no sea un recuerdo totalmente perfecto. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos pero hoy estamos juntos y son míos por una noche. Voy a romper con la tradición y les voy a decir mi deseo. Que tengan una vida tan dichosa como la mía. Que puedan despertarse una mañana y decir: "No deseo nada más". 65 años. ¿No pasan volando?

- ¿Puedo yo expresarte mi agradecimiento? Por ti. Por el tiempo que me has dado. Por ser quien eres.
- No empieces a lamerme el culo ahora. Arruinarías mi autopsia.
- Qué difícil es soltar, ¿verdad?
- Sí, Bill.
- Bueno, así es la vida.
- ¿Qué te puedo decir? ¿Debo tener miedo?
- Un hombre como tú, no.

Todo es muy nebuloso, pero... ¿Me entenderías si te dijera que creo que nunca lo sabré? Pero he vuelto.

- Me dijiste que había dicho algo tan acertado que te había asustado. Luego dijiste... Perdóname por lo que voy a decir, pero es que no he podido olvidarlo. ¿Qué cosa? Dijiste que te gustaba. ¿No?
- Dije... que me gustabas mucho.
- Nos conocemos tan poco.
- Pero tenemos tiempo.
- Me habría gustado que hubieras conocido a mi padre.
- A mí también. A mí también.
- ¿Qué haremos ahora?
- Ya veremos.

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  • juan

    Excelente trabajo, sigan asi!!

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