Frases de la película Coco

Dirección: , .
Actuación: , , .
Género: Animación, Aventura, Comedia, Disney, Familiar, Fantasía, Misterio, Música, Pixar.
Estreno: .

A veces creo que tengo una maldición. A causa de algo que sucedió antes de que naciera. Vean, hace mucho tiempo había una familia. El papá era músico. Él y su familia cantaban y bailaban y contaban sus bendiciones. Pero él también tenía un sueño. Tocar para el mundo. Y un día se fue con su guitarra y jamás regresó. Y la mamá...No tenía tiempo para llorar por su músico desaparecido. Después de eliminar de su vida toda la música encontró la manera de ganar dinero para su hija. Se arremangó y aprendió a hacer zapatos. Pudo haber hecho dulces. O pirotecnia. O ropa brillante para luchadores. Pero no. Escogió zapatos. Después le enseñó a su hija a hacer zapatos. Y más tarde, le enseñó a su yerno. Luego se unieron sus nietos. Al crecer su familia, también lo hacía el negocio. La música había separado a su familia. Pero los zapatos la mantenían unida. Verán, esa mujer era mi tatarabuela Mamá Imelda. Falleció mucho antes de que yo naciera. Pero mi familia un cuenta su historia cada día en el Día de los Muertos. ¿Y su niñita? Es mi bisabuela, Mamá Coco.

Mamá Coco tiene problemas para recordar las cosas. Pero de todas formas, es bueno hablar con ella. Así que lo cuento casi todo.

Creo que somos la única familia en México que odia la música. Y a mi familia eso le parece bien. Pero yo...
- Regresa para el almuerzo, mijo.
- ¡Te amo, mamá!
Yo no soy como el resto de mi familia.

Ya sé, se supone que no debe gustarme la música. Pero no es mi culpa. Es de él. Ernesto de la Cruz. El músico más grande de todos los tiempos.
Aquí en esta misma plaza, el joven Ernesto de la Cruz dio sus primeros pasos para convertirse en el cantor más adorado de toda la historia mexicana.
Comenzó siendo un don nadie de Santa Cecilia, como yo. Pero cuando tocaba hacía que la gente se enamorara de él. Protagonizó películas. Tenía la guitarra más fabulosa. ¡Podía volar! Y escribió las mejores canciones.

A veces, observo a de la Cruz y tengo esta sensación. Como si estuviéramos conectados de cierta forma. Si él podía tocar quizá algún día, ¡yo también! Si no fuera por mi familia...

- Mira, si yo fuera tú, iría con mi familia y le diría: "Oigan, soy músico. ¡Acéptenlo!"
- Jamás podría decir eso.
- Eres músico, ¿no?
- No lo sé. Es decir, en realidad solo toco para mí.
- ¿Acaso de la Cruz se convirtió en el mejor músico del mundo escondiendo sus hermosas habilidades? ¡No! Él caminó hacia esa plaza y ¡tocó en voz alta!

- El concurso de música por el Día de Muertos. ¿Quieres ser como tu héroe? ¡Deberías anotarte!
- ¡Mi familia se espantará!
- Si estás tan asustado, entonces diviértete haciendo zapatos. Vamos, ¿qué es lo que siempre decía de la Cruz? ¿"Aprovecha tu momento"? Muéstrame qué tienes. Seré tu primera audiencia.

Nunca le pongas nombre a un perro callejero. Te seguirá por siempre.

Es el Día de los Muertos. Nadie va a ningún lado. Esta noche se pasa en familia. A la habitación de la ofrenda. No me mires así. Día de los Muertos es la única noche en el año donde nuestros ancestros nos visitan. Ponemos sus fotos en la ofrenda para que sus espíritus crucen al otro lado. Eso es muy importante. Si no las ponemos, no pueden venir. Preparamos toda esta comida y ponemos las cosas que amaron en vida. Todo este trabajo es para unir a la familia.

- Señor de la Cruz ¿cuánto tiempo pasó hasta que aprovechó su oportunidad?
- Tuve que confiar en mis sueños. Nadie iba a darme esa oportunidad. Dependía de mí alcanzar ese sueño. Agarrarlo bien fuerte. Y hacerlo realidad.
- Y hacerlo realidad. Basta de jugar a las escondidas, Dante. Tengo que aprovechar mi oportunidad. Tocaré en la plaza de los mariachis aunque me cueste la vida.

- Miguel, a tu abuelita se le ocurrió una idea maravillosa. ¡Hemos decidido que es hora de que trabajes con nosotros en el taller!
- ¿Qué?
- Basta de lustrar zapatos. Los fabricarás, todos los días, al salir de la escuela. Nuestro Miguelitititito continuando con la tradición familiar. ¡Y en el Día de los Muertos! Tus ancestros estarán tan orgullosos. Confeccionarás huaraches tal como tu tía Victoria. Y zapatos de cordones tal como tu papá Julio.
- ¿Y si no sirvo para fabricar zapatos?
- Miguel...Tienes una familia que te guiará. Eres un Rivera.
- ¿Y un Rivera es...?
- Un zapatero de pies a cabeza.

- ¡Voy a ser un músico!
- ¿Qué es todo esto? ¿Escondes secretos a tu propia familia?
- Es por todo el tiempo que pasa en la plaza. Llena su cabeza con fantasías locas.
- No es una fantasía. Ese hombre era Ernesto de la Cruz. El músico más grande de todos los tiempos.
- Nunca hemos escuchado nada sobre este hombre. O, quien quiera que sea, aun así abandonó a su familia. No es futuro para mi hijo.
- Papá, dijiste que mi familia me guiaría. Bueno, de la Cruz es mi familia. Se supone que debo ser músico.
- ¡Nunca! Su música era una maldición.

- ¿Quieres terminar como ese hombre? ¿Olvidado? ¿Apartado de la ofrenda de tu familia?
- No me importa si estoy en una estúpida ofrenda.

Necesito tomar prestado esto. Nuestra familia piensa que la música es una maldición. Ninguno entiende. Pero sé que tú sí lo harías. Me hubieras dicho que siga mi corazón. Que aproveche mi momento. Así que si no te molesta voy a tocar en la plaza. ¡Como tú hiciste!

- ¿Siguiente?
- Sí, soy yo, Frida Kahlo. ¿Podemos omitir el escáner? Estoy en tantas ofrendas que sobrecargaría su cosita brillante.

- Bueno, cuando dije que era Frida, ahorita... Eso... Eso era mentira. Y me disculpo por eso.
- Si no hay foto en ofrendas, no cruza el puente.
- ¿Sabe qué? Voy a cruzar rapidito. Ni se va a dar cuenta que me fui.

- ¿Sacaste mi foto de la ofrenda?
- Fue un accidente.
- ¿Cómo lo enviamos de vuelta?
- Bueno, dado que es un asunto familiar la forma de deshacer una maldición familiar es conseguir la bendición de la familia.
- ¿Eso es todo?
- Consigue la bendición de tu familia y todo debería volver a la normalidad. Pero debes hacerlo antes del amanecer.

- Te doy mi bendición. Te doy mi bendición para ir a casa. Para devolver mi foto en la ofrenda. Y para nunca volver a tocar música.
- ¿Qué? ¡No puede hacer eso!
- Bueno, técnicamente, puede agregar la condición que quiera.

- Con permiso, tengo que ir al baño. Ya regreso.
- ¿Deberíamos decirle que no hay baños en la Tierra de Muertos?

Quiero ser músico. Necesito la bendición de un músico. Tenemos que encontrar a mi tatarabuelo.

- ¡Tú! ¿Cómo entraste aquí?
- Solo seguía a mi...
- ¡El poderoso perro Xolo! Guía de espíritus errantes. ¿Y qué espíritus te han guiado hasta mí?
- No creo que sea un espíritu guía.
- Los alebrijes de este mundo pueden tomar muchas formas. Son tan misteriosos como poderosos. O tal vez solo sea un perro.

- ¡Oigan, es Chorizo!
- Ja, ja, muy gracioso, chicos. Muy gracioso.
- ¿Chorizo?
- Este tipo es famoso.
- Vamos, vamos. Pregúntale cómo murió.
- No quiero hablar de ello.
- ¡Se atragantó con un chorizo!
- No me atraganté, ¿de acuerdo? Comí alimentos envenenados que es algo muy diferente.

- Espera, ¿qué pasó?
- Ha sido olvidado. Cuando no hay nadie en el mundo de los vivos que te recuerde desapareces de este mundo. La llamamos la "Muerte Final".
- ¿A dónde fue?
- Nadie lo sabe.
- Pero lo conocí.
- Podría recordarlo cuando regrese.
- No, no funciona así. Nuestros recuerdos se deben transmitir por aquellos que nos conocieron en vida. En las historias que cuentan sobre nosotros.
Pero no queda nadie vivo que transmita las historias de Chich. Le pasa a todo el mundo con el tiempo.

- No, no, no. Tienes que ganar, Miguel. Tu vida literalmente depende de que ganes. ¿Y nunca habías hecho esto? Subiré yo.
- ¡No! Necesito hacerlo yo.
- ¿Por qué?
- Si no puedo salir a tocar una canción ¿cómo puedo llamarme músico?
- ¿Qué importa eso?
- Porque no solamente quiero la bendición de de la Cruz. Necesito probar que soy merecedor de ello.
- Qué sentimiento tan dulce. ¡En un momento tan malo!

Damas y caballeros tengo un anuncio de emergencia. Por favor, estén atentos a un niño vivo. Responde al nombre de Miguel. Huyó de su familia esta noche. Solo desean enviarlo de regreso a la Tierra de los vivos.

- Dijiste que tu única familia era de la Cruz. Que era el único que podría enviarte a tu casa.
- Tengo más familia, pero--
- ¿Podrías haber llevado mi fotografía de regreso todo este tiempo?
- Pero ellos odian la música. Necesito la bendición de un músico.
- ¡Me mentiste!
- Mira quién habla.
- Mírame, estoy siendo olvidado, Miguel. Ni siquiera sé si sobreviviré a esta noche. No dejaré pasar mi única oportunidad de cruzar ese puente porque quieres vivir una estúpida fantasía musical.
- No es estúpida.
- Te llevaré con tu familia.
- Suéltame.
- Me lo agradecerás luego.
- Tú no quieres ayudarme. Solo te preocupas por ti. ¡Quédate con tu estúpida foto!

¡Déjame! No eres ningún espíritu guía, solo eres un estúpido perro. ¡Ahora vete!

- Este disparate termina ahora, Miguel. Te daré mi bendición y te irás a casa.
- No quiero tu bendición.
- ¡Miguel! ¡Alto! ¡Regresa! ¡Miguel! Intento salvarte la vida.
- Estás arruinando mi vida.
- ¿Qué?
- La música es lo único que me hace feliz. Y tú quieres quitármela. Jamás lo comprenderás.

- Creí que odiabas la música.
- La amaba. Recuerdo esa sensación. Cuando mi esposo tocaba y yo cantaba. Era lo único que importaba. Pero cuando tuvimos a Coco de pronto, hubo algo más en mi vida más importante que la música. Yo quería imponer reglas. Él quiso tocar por el mundo. Los dos hicimos un sacrificio para obtener lo que queríamos. Ahora eres tú el que debe elegir.
- Pero no quiero elegir un lado. ¿Por qué no puedes estar de mi lado? Es lo que se supone que hacen las familias. Te apoyan. Pero nunca lo harás.

- Soy Miguel. Tu tataranieto.
- ¿Tengo un tataranieto?
- Necesito tu bendición. Para poder volver a casa y ser un músico como tú. El resto de nuestra familia no me escuchó. Pero esperaba que tú sí.
- Mi niño, con un talento como el tuyo ¿cómo podría no escucharte? ¡Tengo un tataranieto!

- ¿Es demasiado? Te ves abrumado.
- No, todo es genial.
- ¿Pero?
- Es que he estado buscándote toda mi vida. Eres el tipo que de verdad lo hizo. ¿Pero alguna vez te arrepentiste? ¿Elegir a la música sobre todo?
- Fue difícil despedirme de mi ciudad natal. Yéndome solo.
- ¿Dejar a tu familia?
- Sí. Pero no podría haberlo hecho diferente. Uno no puede negar para qué nace. Y tú, mi tataranieto naciste para ser músico. Tú y yo somos artistas, Miguel. No podemos pertenecer a una familia. ¡El mundo es nuestra familia!

- ¿Héctor?
- Por favor, Miguel. Pon mi foto.
- Mi amigo, estás siendo olvidado.
- ¿Y de quién es la culpa?
- Héctor, por favor.
- Tomaste mis canciones. Mis canciones te hicieron famoso.
- ¿Qué?
- Si me olvidan es porque tú nunca dijiste que yo las escribía.
- Qué loco. De la Cruz escribió todas sus canciones.
- ¿Quieres decirle? ¿O lo hago yo?
- Héctor, nunca quise llevarme el crédito. Hicimos un gran equipo, pero moriste, y... sólo cantaba tus canciones porque quería mantener viva una parte de ti.
- ¡Qué generoso!
- Ustedes sí tocaban juntos.
- Mira, no quiero pelear por eso. Solo quiero que hagas lo correcto. Miguel puede poner mi foto allá.
- Héctor.
- Y yo podré cruzar el puente. Podré ver a mi niña.
- Ernesto. ¿Recuerdas la noche en que me fui? Fue hace mucho tiempo. Bebimos juntos. Y me dijiste que moverías cielo y tierra por tu amigo. Bueno, te lo estoy pidiendo ahora.

- Me acompañaste a la estación de trenes. Pero yo sentía un dolor en mi estómago. Pensé que podría ser algo que había comido. Tal vez fue ese chorizo, amigo mío. O algo que bebí. Desperté muerto. ¡Tú me envenenaste!
- Confundes películas con realidad, Héctor.
- Todo este tiempo pensé que era solo mala suerte. Jamás pensé que podrías haberme... Que tú...¿Cómo pudiste?
- ¡Héctor!

- ¿Dónde estábamos?
- Ibas a darme tu bendición.
- Sí... Sí. Miguel...Mi reputación es muy importante para mí. Odiaría que pensaras--
- ¿Qué asesinaste a Héctor por sus canciones?
- Tú no crees eso. ¿Verdad?

- ¡Pero soy tu familia!
- Y Héctor era mi mejor amigo. El éxito no viene gratis, Miguel. Tienes que estar dispuesto a hacer lo que sea para aprovechar tu momento. Sé que lo entiendes.

- Tenías razón. Debí haber regresado con mi familia. Me dijeron que no fuera como de la Cruz. Pero no los escuché.
- Está bien.
- Pero les dije que no me importaba si me recordaban. No me importaba si no estaba en esa estúpida ofrenda.
- Está bien.
- Les dije que no me importaba. ¡Héctor! ¿Héctor?
- Ella está olvidándome.
- ¿Quién?
- Mi hija. Ella es la razón por la que querías cruzar el puente. Solo quería verla de nuevo. Nunca debí dejar Santa Cecilia. Ojalá pudiese disculparme.
Ojalá pudiese decirle que su Papá intentaba llegar a casa. Que la amaba mucho. Mi Coco.

- Esa es mi Mamá Coco. Esa es mi Mamá Imelda. ¿Ese eres tú? Somos...
- ...familiares?
- ¿Familiares?
- Siempre esperé verla otra vez. Que me extrañaría. Tal vez pondría mi foto. Pero nunca sucedió. ¿Sabes la peor parte? Aunque nunca llegué a ver a Coco en el mundo de los vivos creí que al menos un día, la vería aquí. Darle un gran abrazo. Pero ella es la última persona que me recuerda. Al momento en que se vaya del mundo de los vivos...
- Tú desapareces. De éste. Nunca llegarás a verla. Nunca más.
- Sabes le escribí una canción una vez. Solíamos cantarla todas las noches. Al mismo tiempo. Sin importar lo lejos que estuviéramos. Que no daría por cantarla junto a ella. Una última vez.

- Robó tu guitarra. Robó tus canciones. Deberías ser el único que el mundo recuerde. No a de la Cruz.
- No escribí "Recuérdame" por el mundo. La escribí para Coco. Soy una excusa bastante mala para un tatarabuelo.
- ¿Estás bromeando? Hace un minuto, pensé que estuve relacionado con un asesino. Eres una versión mejorada. Toda mi vida hubo algo que me hizo diferente. Y nunca supe de dónde vino. Pero ahora, lo sé. ¡Viene de ti! Estoy orgulloso que seamos familiares.

¡Dante! ¡Sabías que era mi Papá Héctor todo el tiempo! Eres un verdadero guía espiritual. ¿Quién es un buen guía espiritual? ¡Tú eres! ¡Dante!

- ¿Cuántas veces debo rechazarte?
- Imelda--
- No quiero saber nada de ti. Ni en la vida, ni en la muerte. Pasé décadas protegiendo a mi familia de tus errores.

- Nada es más importante que la familia. Estoy listo para recibir tu bendición. Y tus condiciones. Pero primero, necesito encontrar a de la Cruz. Para obtener la foto de Héctor.
- ¿Qué?
- Así él puede ver a Coco otra vez. Héctor debería estar en nuestra ofrenda. Él es parte de nuestra familia.
- Él abandonó a esta familia.
- Trató de irse a casa contigo y con Coco. Pero de la Cruz lo asesinó.
- Es verdad, Imelda.
- ¿Y qué si es verdad? Me dejaste sola con una niña que criar ¿y se supone que debo perdonarte?
- Imelda, yo--
- ¿Héctor?
- Se me acaba el tiempo. Es Coco.
- Te está olvidando.
- No tienes que perdonarlo. Pero no deberíamos olvidarlo.
- Quería olvidarte. Quería que Coco también te olvidara, pero--
- Esto es mi culpa. No tuya. Lo lamento, Imelda.
- Miguel... Si te ayudamos a conseguir su foto volverás a casa. No más música. La familia es primero. No puedo perdonarte. Pero te ayudaré.

- ¡Eso es por asesinar al amor de mi vida!
- ¿Quién?
- Ella está hablando de mí. ¿Soy el amor tu vida?
- No sé, aún estoy enojada contigo.

- Miguel, te doy mi bendición...Para ir a casa...Para poner nuestras fotos...Y que nunca--
- Nunca vuelva a tocar música.
- Nunca olvides cuánto te ama tu familia. Vas a casa.

- Soy Ernesto de la Cruz. El mejor músico de todos los tiempos.
- Héctor es el verdadero músico. Eres el tipo que lo asesinó y robó sus canciones.
- ¿Asesinado? Yo soy el que está dispuesto a hacer lo que sea necesario aprovechar mi momento. Lo que sea necesario.

- No, aun podemos encontrar la foto.
- Miguel, casi amanece.
- No, no, no. No puedo dejarte. Prometí que pondría tu foto. Prometí que verías a Coco.
- Nos quedamos sin tiempo, mijo.
- ¡No! ¡No! Ella no puede olvidarte.
- Solo quería que ella supiera que la amaba.
- ¡Héctor!
- Tienes nuestra bendición, Miguel. Sin condiciones.
- No, Papá Héctor. ¡Por favor! No.
- Ve a casa.
- ¡Prometo! ¡No dejaré que Coco te olvide!

- ¿Mamá Coco? ¿Puedes escucharme? Soy Miguel. ¡Vi a tu Papá! ¿Recuerdas? ¿Papá? Por favor. Si lo olvidas. Él se habrá ido. Para siempre. Aquí. Esta era su guitarra, ¿verdad? ¿Solía tocarla para ti? Mira, ahí está él. Papá, ¿recuerdas? ¿Papá?
- ¡Miguel!
- Mamá Coco, por favor. No lo olvides.

- ¿Elena?
- ¿Qué pasa, mija?
- Nada, mamá. Absolutamente nada.
- Mi Papá solía cantarme esa canción.
- Él te quería, Mamá Coco. Tu Papá te quería mucho.
- Guardé sus cartas. Poemas que me escribió. Y...Papá era músico. Cuando era una niñita... Él y mamá cantaban canciones tan hermosas.

Y justo aquí uno de los mayores tesoros de Santa Cecilia. La casa del estimado compositor, Héctor Rivera. Las cartas que Héctor escribió casa para su hija, Coco contienen las letras de todas sus canciones favoritas. No solo "Recuérdame". Y ese hombre es tu Papá Julio. Y ahí está Tía Rosita. Y tu Tía Victoria. Y esos dos son Oscar y Felipe. No solo hay fotos antiguas, son nuestra familia. Y ellos cuentan con nosotros para recordarlos.

♫ Recuérdame
Aunque tenga que decir adiós
Recuérdame
No dejes que eso te haga llorar
Porque yo esté lejos
Te llevo en mi corazón
Canto una canción secreta para ti
Cada noche que estamos separados
Recuérdame
Aunque tenga que viajar lejos
Recuérdame
Cada vez que escuches Una guitarra triste
Sabe que estoy contigo De la única forma que puedo estar
Hasta que vuelvas a estar En mis brazos
Recuérdame ♫