Frases de la película 7:19 La hora del temblor

Frases de la película dirigida por Jorge Michel Grau, estrenada en 2016.

- Buenas, don Martín. ¡Ya sé qué se siente llegar tan temprano a la oficina!
- ¿Qué? ¿Por qué no estás entrenando?
- Pues ya ve, nos mandaron a llamar a todos bien temprano hoy.
- ¡Oh! Pero te tienes que entrenar. Tú puedes, entrenando puedes llegar a ser un Juan Paredes o hasta el mismísimo Carlos Zárate.
- ¡Esos están bien rucos, don Martín! Como usted comprenderá.

- Mira, yo conozco a tu mamá de toda la vida. ¿Eh?
-Ya sé...
- Y ella te heredó su plaza porque te quiere. ¡Porque es su patrimonio!
- ¡Ya sé!
- Y es un montón, eh. Tener una plaza es un montón, es para toda la vida. Ya no vas a tener que estar buscando.
- No estoy buscando nada.
- ¿Crees que no te veo? ¿No ves cómo te mira todo el mundo? Los que te miran cuando te pones en ese plan no te convienen. Oye, estás muy jovencita. ¡Date a respetar, chamaca! ¿O qué? ¿Ya quieres tener hijos? ¡Anda!

- ¡Ah, caray!
- ¡Está temblando!
- Así, son. Tranquilas. Se pasa.
- No se asusten, vamos a quedarnos. Les doy la hora siete de la mañana, 19 minutos...
- ¡Sálgase, Licenciado!
-Siete de la mañana, 19 minutos, 42 segundos. Sigue temblando un poquitito, pero...
-Se pasa, se pasa, tranquilos.
- Vamos a esperar un segundo...

Se me hace que se nos vino encima el techo, Juan.

- ¿Estás bien?
- Tengo algo atravesado. ¡No me había dado cuenta!
- ¡No te muevas! ¡Quédate quieto, calma! Respira hondo, eso sí lo puedes hacer. Acuérdate: no te muevas y se va a calmar el dolor.

- Yo fui de los primeros en llegar. Estaba en el cuarto piso, le digo que ahí trabajo
- ¿Hasta el cuarto? ¿En serio?
- ¿Qué tiene?
- Nosotros estamos en la planta baja. Se cayó cuatro pisos, usted.
- ¡Y me di un pinche madrazo!
- Martín, se cayó el cuarto piso, entonces se cayó todo. El edificio entero nos cayó encima. Los siete pisos nos cayeron encima.
- Es que el temblor estuvo fuertísimo.
- Pues sí, peor que el del 57 cuando se cayó el Ángel.

Hace rato se oía más gente... Se deben de haber desmayado, no sé... O a lo mejor se murieron.

¡Tranquilos! ¡Nosotros estamos vivos! Hay algunos que estarán muertos, pero a lo mejor hay otros que están desmayados.
Y a lo mejor los están sacando, a lo mejor a nosotros están por sacarnos, también, pronto.

- Dicen que...¡Que se está cayendo un edificio en la Fragua!
- ¿Ahora mismo?
- Que es mucho peor de lo que pensaban al principio. Hay gente atrapada en lugares que se incendiaron. ¡Ay, Dios! ¡El hotel Continental!
- Pero... ¿Cómo...? ¿Cómo lugares? ¿Cuántos? ¿Cuáles?
- No dice...Parece que está recorriendo la ciudad.
- ¿Y en el resto del país?
- ¡No, no, hombre! Claro que no, pues, ni que fuera el fin del mundo.

- ¡No llore, Licenciado!
- No estoy llorando. Esta mañana no me despedí...
- ¿Qué?
- No me despedí de mi hija.
- No se preocupe. Debe de estar bien.
- No la quise despertar. Seguro ya iba camino a la escuela cuando pasó esto.

- ¡No llore, Licenciado!
- ¡Que no estoy llorando!

- Puedo hacer ya un breve balance de lo que he visto en esta Ciudad de México. El número de heridos, es muy elevado. El número de vidas perdidas, lo ignoramos. Este es el peor desastre que ha sufrido la ciudad en lo que va de este siglo y no sé si de siglos anteriores...
- ¡Oigan!
- ...el número de edificios destruidos...
- Parece que sí es el peor temblor que ha habido. La gente está tratando de ayudar, pero sigue sin saberse mucho de la policía o los bomberos. Se cayó el Regis y el edificio ese, donde desayunábamos.
-¿El Superleche?
- Sí, ese.

- ¡Tengo miedo! Me duele. ¡Yo no quería este maldito trabajo de mensajero!
- ¡No me chingues Juan! ¿Sabes qué? ¡Yo nunca quise, tampoco, estar en este pinche trabajo! ¡Cuarenta años llevo!
Treinta y cinco años antes de que llegara el Licenciado. Desde el edificio viejo, 40 años. Aguantando malos tratos, ganando una miseria y a dos semanas de que me jubile. ¡A dos semanas de llevarme mi televisión a mi casa para no volver nunca más aquí! Tú no sabes...Tú no sabes qué es eso. Y además yo estoy más jodido que tú. Tú te vas a componer cuando salgas. ¡Todos queremos salir! Todos estamos atrapados, igual que tú. Todos tenemos hambre y sed y todos tenemos miedo.

- No sabía que estuvo en el otro edificio.
- Sí, el de Bucareli.
- Entonces, ¿conoció a mi hermano?
- Sí, sí lo conocí. Pues yo no sé para qué nos cambiaron de edificio. El otro estaba más cerca de mi casa y de la Arena. La verdad, sí me gusta venir.
- ¿Al nuevo edificio?
- ¡A trabajar! Me gusta venir a trabajar. En mi casa no hay nadie, siempre estoy solo. Acá todos me conocen. Por lo menos hay alguien con quién hablar.
- ¿Y su familia?
- Se fueron, hace mucho.
- ¿Adónde se fueron?
- Por lo menos usted tiene a su hija. Yo sólo tengo mi box y mi tele. No quiero jubilarme, Licenciado.
- Déjeme ver qué puedo hacer.
- Gracias, Licenciado.

¡Aunque estemos aquí abajo, sigo siendo su jefe!

- Uno puede beber su propia orina para sobrevivir. Deberían tratar.
-¿Qué?
-¡Guácala!
-¡Ay, no mame!
- En el servicio militar, teníamos un sargento que eso nos dijo que se podía hacer para sobrevivir si no había agua. Es muy asqueroso. Sobre todo cuando sale así, espumosita...

- Yo tengo la culpa de todo. Yo tengo la pinche culpa de todo.
- ¿Qué pasa, Licenciado?
- No debió de haber habido nadie a las siete de la mañana hace dos días. Pero yo los mandé llamar a todos. Los mandé llamar porque el Secretario dijo que iba a hacer una visita sorpresa. Soy el culpable. Tengo la culpa de todo. Yo tengo la pinche culpa de todo y aquí estoy. Atorado bajo tierra.
- ¡Oiga!
- ¡Por lo menos 200 muertos! Y quién sabe cuanta gente habrá que no podemos oír.
- ¡Tranquilo!
- Sí, cálmese, Licenciado. Ya hay luz, ya vienen.
- Nadie podía saber.
- ¿Cómo iba a pasar esto? Es el temblor más cabrón que ha habido en este país. Si en lugar de temblar hace tres días
temblaba cualquier otro día, pues, se habrían muerto cinco o seis gentes. ¿Cómo iba a saber?
- ¡Yo debí haber sabido que esto iba a pasar, carajo!
- ¡Claro que no! ¿Qué le pasa?
- ¿Qué me pasa? Que estoy aquí, atrapado, bajo quién sabe cuantas toneladas de escombro de un edificio al que le saqué millones de pesos. El edificio lo hizo la constructora de mi suegro. Yo lo ayudé a arreglar los permisos. Yo le aprobé el presupuesto. A mí me tocó algo del dinero que se robó ese cabrón por utilizar materiales de tercera. Los arquitectos me dijeron que aguantaba, que estaba bien. ¡Yo no soy arquitecto! ¡Yo no sé cómo se mide eso! ¡Y me valió madres! ¿Cómo chingados iba a saber que un día iba a temblar así? ¿No?
- ¡Claro! Como nunca tiembla en el D. F. ¿Cómo se les iba a ocurrir? Y ahora está contento, ¿no?
- ¡No me joda, Martín! ¡No me está entendiendo!
- ¿Y qué quiere que le entendamos? ¡Como si no tuvieran bastante dinero! ¡Bola de ladrones!
- ¡Y a ustedes qué, si es dinero del gobierno!
- No sea cínico.
- Yo no tenía idea de que hubieran hecho eso. Digo, muchas otras cosas sí. ¡Todos saben aquí, quién es usted! Bueno, ¡todos sabían! Porque ahora la mayoría están muertos por su culpa.
- ¡Oígame! ¿Qué le pasa?
- ¿Cómo hacen eso siempre? ¿Cómo siempre se roban todo?
- ¿Qué no oyeron que me siento culpable?
- ¿Eso a mí, de qué me sirve? ¿De qué le sirve eso al señor Soriano, que ya se iba a jubilar? ¿De qué le sirve a los muertos?

- Cuando nos saquen de aquí le voy a partir toda su madre.
- ¡No! Cuando nos saquen de aquí él va a ir a dar a un hospital gringo. Y se va a recobrar como si nada. Así es siempre. ¡Así ha sido siempre! Y a lo menor hasta lo ascienden. A lo mejor el Secretario se murió en alguno de estos edificios y necesitan a alguien que ocupe su lugar. Quiero mi pocillo de regreso, pinche caco, culero.

- ¡Yo no soy el peor! Hay funcionarios de más alto nivel que yo, que son peores. ¿Ustedes ven telenovelas?
- Yo sí las veo, don Martín, ¿por qué?
- Muchos en el D. F. diputados, secretarios, gobernadores...
- A mí me gusta José José.
- A mí me gustan los Bukis.
- ¡Mi suegro es el peor de todos! Ese cabrón es un corrupto de mierda y no se muere, el puto.
- ¿Los Bukis? ¡No mames!
- No me creen, ¿verdad? Ese cabrón hizo lo mismo por lo menos con tres secretarías más.

Es que me estoy acordando. La canción que más me gusta de él es la que dice: “Todo se derrumbó”.

- Yo tenía un encendedor, pero, pues, quién sabe dónde quedó. Pero si lo tuviera me estaría fumando mis cigarros.
- ¿Y entonces?
- Pues me los estoy comiendo.

- ¿Encontraron a alguien? ¡Todos están muertos!
- ¡Esta está viva! ¡Esta señora está viva!
- Abran paso. Abran paso, ahí vienen los bomberos.
-Cuidado al levantarla.
-¡Camilla! ¡Acá! ¿Cómo se llama, doña? ¿Cómo se llama usted?
- Nadia, Nadia Ramírez. Soy de las de intendencia.

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