Frases de la película La Educación de las Hadas

La Educacion de las Hadas

Frases enviadas por de la película estrenada en 2006, dirigida por José Luis Cuerda, también conocida como The Education of Fairies, archivadas en Drama.

- ¿Tu padre también está muerto?
- Sí, está muerto.
- ¿Era piloto de guerra?
- No.
- Entonces, ¿qué era?
- Era natural.
- ¿Qué es un papá natural?
- Es un padre que no lleva el mismo apellido que uno, y que tiene como oficio hacerles hijos a las mujeres que no quieren maridos. Unos padres profesionales, ¿me entendéis?
- Pero, ¿que le dice al niño?
- La verdad. Te llevan mucho al cine, de paseo, al parque de atracciones... Son menos serios que los otros.
- ¿Por qué no he tenido yo uno?

Esta mañana, a las once menos diez en punto, me enamoré. De dos personas a la vez.

Lamento no poder ir a verlo porque usted no existe. Como se bajó del coche antes de que Raúl se despertara, cuando llegamos a casa se inventó que usted era un duende... y que había desaparecido. Por mi parte, aunque sé que usted es de carne y hueso, no iré a verlo porque no me conviene. Ya lo sabe. Y espero que lo entienda. No sabe cuánto lamento que no haya podido venir.

- Bueno, esa es la magia que tienen los aviadores. Desaparecen cuando mueren en el aire. Y aprovechan el vuelo para irse directamente al cielo.
- ¿Y se llevan el avión?
- Bueno, eso no se sabe con seguridad. Este castaño estaba por caerse y lo apuntalaron los gigantes.
- ¿Es verdad?
- Los árboles que apuntalan los gigantes son los que hacen más prodigios, porque chupan su fuerza. Si te abrazas con ganas a ellos, les podes pedir lo que quieras. Lo que sea, ¿eh?

- En esa casa son todos unos imbéciles...
- Y dicen que las hadas no existen.
- ... y unos irresponsables.
- ¿Cómo que las hadas no existen? A ver, para empezar, ¿de qué hadas están hablando? ¿De cuáles? ¿De las gordas torpes con la varita mágica que convierten calabazas en carrozas? Por supuesto que ésas no existen ya. ¿Pero las otras qué? Las que se levantan todos los días para ir al mercado, a las oficinas, para estudiar en las universidades... ¿Qué sería de los hombres en la Tierra si no existirán las hadas? Las hadas están por todas partes, pero se esconden porque les dan miedo los Mompó y los que son como los Mompó.
- Pero Narcís...
- Tu amigo Narcís será un genio del Nintendo pero es un ser absurdo, "con objetivos claros, con decisión y...", ¿con qué?
- "Que no huye de los conflictos".
- Sí, claro, eso mismo.

Lo de esta noche no es un cuento de hadas, estas cosas pasan de verdad. Yo empecé a quererlos a tu madre y a vos aquel día en el avión, y eso no va a cambiar jamás, aunque Ingrid conozca a alguien y deje de hacerme caso; o aunque te pases todo el día en lo de Narcís Mompó, y ya no te interesen mis cuentos de hadas. Yo siempre voy a ser tu padre número dos, aunque tu madre encuentre a un número tres.

Además, vamos a poder vernos cuando te parezca, siempre que quieras que yo siga siendo... tu padre natural.

- A las hadas. ¿Cómo se las reconoce?
- Depende.
- ¿Depende de qué?
- De uno. Todas las chicas que conozcas pueden ser hadas.
- ¿Pero cómo puedo saber si es o no?
- ¿Tengo que pedir tres deseos para ver si funciona?
- Por ejemplo.

- ¿A partir de qué edad pueden ser hadas las chicas?
- Dieciocho, veinte...
- ¿Has conocido a muchas?
- Bueno, no lo sé. Tampoco es que andan por ahí diciendo: "Soy un hada, soy un hada."
- ¿Por qué no?
- ¿Tiene algo de malo?
- No, muchas chicas son hadas pero no saben que lo son. La verdad es que todas pasan mucho tiempo sin saberlo. Es que es un trabajo tremendo, y cuando terminan uno, se olvidan de todo. Quedan amnésicas. Entonces, para que empiecen otro hay que ayudarles, hay que hacerles preguntas, cosas como las que te preguntan todo el tiempo en el cole. A eso se llama "educar a las hadas".
- ¿Educar a las hadas?
- Sí, claro. Cuanto más aprendan, mejor. Así, recuerdan lo que tienen que hacer. Bueno, déjalo. No te enrolles.
- ¿Sigue valiendo lo de agarrarse a un árbol para entrar en contacto con ellas?
- Sí, sí, claro, por supuesto. Eso es fundamental. Pero, ¿cómo se las reconoce?
- Por las cicatrices.
- ¿Qué cicatrices?
- Las de la cara. Tienen que pensar mucho para salir de la amnesia, concentrarse, y para eso se rascan las mejillas, tanto, tanto, que se hace heridas.

- Por ejemplo, ¿yo podría hacerme amigo de un hada y pedirle algo?
- Sí, claro, por supuesto.
- Y, ¿qué te gustaría pedirle a un hada?
- Eso no es asunto tuyo.

El 13 de Abril de 1978, a las 6:30 de la tarde, más o menos, mi padre me obligó a comprárselo. Me dio cien mil pesetas y me dijo: "Fírmame un cheque". "¿De cuánto?". "De cien mil pesetas". Como se lo iban a embargar, prefirió vendérmelo a mí. Esa fue la última vez que lo vi. Dos días después se tiró del quinto piso de su casa, mientras el portero y un policía le golpeaban la puerta. Dejó un papelito pegado con un imán en el frigorífico. Decía que el gas no funcionaba bien.

La alegría es más escasa, más difícil y más bella que la tristeza. Más que una necesidad natural, se ha convertido para mí en una obligación moral.

- Te quiero muchísimo.
- ¿Tanto como para irte otra vez?
- Tanto como para quedarme y esperar.

Estábamos enamorados como críos, y ahora nos hemos hecho adultos. Será todo menos hermoso, pero más completo.

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Nacido en 1977, amante de la familia, el cine y los buenos momentos...

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